La lealtad de publicar

Por: | 24 de julio de 2008

Por la tarde, en medio de un calor que se parecía al de México o al de Cuba cuando se calienta la caldera del Caribe, estuve tomando agua con gas muy helada con Miguel Aguilar, un joven editor, de Mondadori, donde lleva los libros de no ficción. Estuvimos hablando de grandes editores del pasado, de Jaime Salinas, de Carlos Barral; durante una época muy fructífera de éste en Seix Barral, Salinas fue un elemento decisivo del engranaje editorial que hizo posible aquella hermosa, inolvidable aventura. Luego le prestó a Alianza su sensatez y su inteligencia, y ya saben lo que fue y lo que es Alianza, tras el impulso de gente como Salinas, Javier Pradera y Daniel Gil. De ellos dos, de Salinas y de Barral, estuvimos hablando, y de lo que la sociedad cultural española les debe, que es mucho. Y la sociedad no lo paga porque ésta es una sociedad mezquina, preocupada por el comercio inmediato más que por la creación de cultura a partir de la cultura que ya existe. Si Atapuerca fuera del año pasado ya estaría cerrada Atapuerca, porque aquí lo que importa es lo que está ocurriendo, lo que acaba de ocurrir, excepto en lo que hace referencia a Atapuerca, que de vez en cuando (como en los informes de los consejos de administración) saca sus huesos a la calle y hace recuento de sus falangetas. Pero en fin, me fui con Atapuerca por los cerros de Úbeda. De lo que hablábamos, pues, era del, tejido cultural que significa la publicación de libros, y cómo en aquellos años arriesgados, aquella conciencia increada del cosmopolitismo español fue capaz de arrostrar la negligencia del franquismo y colocar a este país en la vanguardia de las culturas literarias del mundo. De eso hablábamos en medio del calor y ante sendas botellas de agua de Vichy, que tomamos como si acabáramos de abandonar el desierto. Y esta mañana me encontré (en el blog dedicado a Carlos Barral, precisamente) una deliciosa entrada de Pedro Ávila sobre un lance que se produjo en México cuando Barral observó que alguien ponía a Octavio Paz a caer de un burro. Y Barral, indignado por los insultos al gran poeta, retó a duelo al inquisidor. Y esto me trajo a la memoria uno de los elementos más valiosos y perdurables del oficio de editar: la lealtad, a los libros y a sus autores, y esa lealtad la mantuvo Barral por sus autores (y por los que no eran sus autores) hasta el fondo de sus obligaciones. Que Pedro (cantante, él le puso música a los versos de Ángel González, lo pueden ver en Youtube, les aconsejo que lo vean en Youtube) haya recordado esa anécdota, que yo no conocía, me ha llenado esta mañana de alegría y de reconocimiento. A Pedro y a Barral. Y eso quería decir esta mañana en que creía que iba a escribir sobre la placidez con la que Rita, la perra, duerme a los pies de la cama de Eva, que anoche se quedó a dormir en casa. Como Rita.

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Buenos días, Juan.
Me ha gustado leerle estos días, recién llegada de Madrid, y me ha gustado que rememorara de la manera que lo ha hecho a Carlos Barral.

Cuando yo era joven volví a vivir a la ciudad que me vio nacer, de la que había huido en cuanto se dio la oportunidad. Y ésta se presentó en forma de una sobrina recién nacida en Barcelona. Tuvo un problema chiquito, que luego se resolvió sin complicaciones, pero era mejor que ese primer tiempo de vida lo pasara en casa y la guardería quedara temporalmente descartada. Así que se me presentó la ocasión: ayudar a mis hermanos y estudiar mi carrera en el horario de tarde-noche. Mis padres pensaron que era una buena solución para todos y yo me sentí feliz por poder dejar atrás esa ciudad tan chica que me ahogaba, que me agobiaba.

Le decía que al cabo del tiempo regresé -vueltas que da la vida- ya casada, con un hijo y otro por nacer. Eran otros tiempos. Franco había dejado de jodernos la vida. Teníamos ayuntamientos democráticos. Y uno de los mejores profesores que yo he tenido -era profesor de Lengua Francesa en mi instituto y fue el responsable de que la Alliance Française abriera sus puertas en mi ciudad- fue elegido concejal y nombrado resposable de cultura. Lo fue durante muchos años porque era el mejor, no le quepa duda. Él fue la persona que me formó y acompañó ideológica y políticamente en esos años. Su vida no había sido fácil. Niño de la guerra, acompañó a sus padres al exilio, estuvo internado en los campos de concentración franceses...

Y él, mi profesor respetado y hasta admirado, era muy amigo de Carlos Barral. Siempre le agradeceré las palabras con las que me explicaba cómo era ese hombre, qué había hecho por los ciudadanos de nuestro país, en qué consistía eso de 'crear cultura con la cultura existente' como usted bien dice, y en lo poco que se apreciaba el trabajo de algunas personas como Barral. Se lamentaba de que, en general, este país se quedaba nomás con 'los adornos', con lo que se podía apreciar a simple vista y olvidaba lo que había detrás, dentro de eso. Como la manera de hacer y mostrarse de Barral era la que era se quedaban únicamente en eso, en lo manifiesto. En sus gustos, en sus 'locuras', en sus aficiones, en su apariencia y sobre todo, sobre todo, en sus errores ¿o no se le recuerda más por lo que se le fue de las manos, como por ejemplo García Márquez, que por lo que creó, como la 'Biblioteca Breve' donde por primera publicaron en España Carlos Fuentes, Vargas Llosa, Cabrera Infante? ¿O alguien lo recuerda por aquellos encuentros en Formentor, donde se daban la mano editores de todo el mundo y escritores de acá y de allá? Eso sucedía en medio de la negra y larga noche española, en 1959, y pudo ser gracias a su 'locura', a la RAUXA que le dicen los catalanes. Porque eso decía mi querido profesor: Carlos Barral era la RAUXA, era ese espíritu sensual, anarcoide como él se definía, tan necesario frente al mundo sórdido, gris y pacato que nos ha condicionado y nos sigue condicionando.

En fin, Juan, que le agradezco el ejercicio de memoria. He sentido un reconocimiento por partida doble, a Barral y a mi amigo y profesor, Jaume Magre, que fue el mejor dinamizador cultural y político que he conocido, en mi ciudad y en general. Y porque se fue hace ya unos años y le echo de menos. Usted no era consciente de eso pero a mí me ha sabido a gloria.

Hoy me extendí en exceso. No debiera pero me hacía falta decirle.

Y también quiero decirle que compré su libro, 'Muchas veces me pediste...' y lo estoy leyendo a sorbos, sobre todo a última hora de la tarde, en la playa, porque me parece el mejor lugar y la mejor hora para hacerlo. Y a sorbos, porque quiero que se alargue.
Gracias otra vez. Buen día para usted, para todos.

Se puede ser infiel pero no se puede ser desleal , éso si que es muy grave y degrada la condición humana. La lealtad de un editor con los autores que representa siempre suena a dinero, aunque pienso que en muchos casos se convierte en una relación tan estrecha que el editor hace las veces de padre.
Por decir padre hoy se me ha encogido un poco el corazón cuando has hablado del agua de Vichy Catalán, como decimos por estas tierras; recuerdos de mi querido padre, creía firmemente que ese tipo de agua le curaba todos los males y siempre me decía "vete a la farmacia y traeme una botella de agua de Vichy", tristes recuerdos del pasado.
Mi hijo me ha contado- llevan desde el domingo en Madrid- que no soportan el calor, extraña mucho las noches de Santa Cruz, qué cosas y yo quejándome del calor ,de vicio.

La lealtad... qué hermosa palabra.
Es estupendo encontrar cada mañana un texto recién salido del horno.
El Guardián desde los cerros de Úbeda

Desde que hablas de Barral estoy pensando como ha cambiado ese mundo editorial, ahora conozco a alguién que escribe por encargo de una editora, no una editorial, un best seller antes de publicado ya estaban pactadas sus traducciones y claro es un best seller y él ya no es conserje y el chico escribía bien, digo escribía bien porque yo no leo los best seller hasta que el vecino de París dejó el Código da Vinci al lado de la basura no lo leí y ¡mira que está mal escrito!

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¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

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Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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