Leer para escribir

Por: | 17 de julio de 2008

Pienso siempre en la tarea de escribir, en la pasión de escribir, en la vocación de escribir. Es como la vocación de nadar, o de volar, o de cavar la tierra. Pero es distinta; parte de una utopía, contar la vida, describirla por dentro, y precisa de unos materiales que no dependen sólo de la vocación misma, sino de la voluntad humana. La voluntad de leer, de aprender, de contrastar. Escribir es adoptar un ritmo, una determinada musicalidad, la musicalidad propia. Y ésta sólo se alcanza si se contrasta con el tono de otros, con el tono de los demás; no se puede escribir sin haber leído, o al menos no se puede escribir por dentro si uno no ha recibido el impacto de los otros, de su música. La lectura es como un diapasón, exactamente. Hay escritores, como Octavio Paz, como Julio Cortázar, o como Jorge Luis Borges, o como Antonio Muñoz Molina, que sirven como diapasón, al menos en mi caso, y en el de otros muchísimos: los lees y te dan su propio ritmo, y te contagian el ritmo, y entonces tú puedes sacar de ti el ritmo que tienes. Pero el ritmo no es connnatural, no nace contigo, se va haciendo, y se va haciendo, repito, en contraste con el ritmo de los otros. Españoles o extranjeros: es admirable la tarea de los traductores, de aquellos que son capaces también de traducir la música. Escribir no es tan solo una voluntad, pues, es un aprendizaje extraño, depende también del estado de ánimo, de la climatología, del ambiente en la casa, o en la calle; escribir es grande, pero es humilde, no responde la mano o la mente tan solo al deseo de escribir. Responde a la pulsión que tiene el alma, y eso sí que yo no lo sé explicar. ¿Lo saben ustedes? Pues díganme.

Por cierto, comparto la inquietud de otros blogueros por algunas ausencias, Adsuar, Zoilo, los que ya no aparecen y que tan buena vibración dan a este sitio, y desde aquí les hago un llamamiento para que se unan al blog estos últimos días.

Hay 58 Comentarios

Este texto como ejemplo: habla del ritmo teniéndolo.
Saludos,
Diego

Creo que era Manuel Rodríguez Rivero, al que por cierto me encanta leer, quien hablaba hace poco de la labor de los traductores, y contaba que últimamente están muy poco valorados en las editoriales, hasta el punto de que se reparte, por las prisas, un mismo libro entre tres traductores. Contaba también que se les paga poco, lo mismo que hace treinta años. A los periodistas les ocurre lo mismo, salvo a los que ya tienen antigüedad en un medio o son muy famosos.

Leer para qué: para viajar por otras vidas, comprender a los que no son como nosotros, entrar en otras mentes, conocer lo que ha pasado y hacerse consciente de que puede volver a pasar, saber por qué matan los que matan y por qué no se lavan los que no se lavan. Conocer mejor al ser humano, pensar mejor y disfrutar. Leer tiene también una finalidad evasiva. Leer es un placer.

Escribir para pasar a limpio las ideas. Es casi un deber de los que leen. También para sacar fuera las emociones, las que nos dañan y las que nos benefician. Para eso valen también otras artes, la música, la pintura, la fotografía.

Ayer leí el final de "Muchas veces me pediste que te contara esos años": La lágrima cabrona mirando solo al mar. La tristeza es literaria como la miseria es fotogénica. Y muchas veces me pregunto por qué será. Ahora me apetece leer un libro muy alegre. Tengo pendiente ir a por "Pura Alegría", que no sé si hará honor a su título, y a por "Mamá", que no tiene pinta de alegre.
Quiero un libro que me haga sonreir. Si conocen alguno, por favor, díganmelo.

Buenos días a todos,

Hoy he amanecido con una música maravillosa en mi email, el envío de las canciones que una gran amiga y compañera de profesión ha compuesto sobre unos poemas inéditos de Ángel González. Aquí les adjunto los tres poemas maravillosos, que sé que tienen música propia, pero ésta vez era la música la que necesitaba unos bellos versos para existir. Un saludo.


Si quieres que yo la encuentre,

piérdela de otro color,

amor.

En el campo de San Roque

perdiste una liga verde. ¿Y quieres que yo la encuentre?

Cómo la voy a encontrar,

si todo en el campo es verde,

desde el monte hasta la mar;

desde la mar hasta el monte,

se escucha tu voz dolida:

«En el campo de San Roque

perdí yo mi verde liga».

Piérdela de otro color,

amor.

Si quieres que yo la encuentre.

Al alba,

llevas los bueyes al agua.

Soñando estaba contigo,

al alba,

que pasabas con tus bueyes,

cantando,

debajo de mi ventana.

Tú cantabas en mi sueño.

La canción me despertaba.

Tan bella cuando la oía

como cuando la soñaba.

Las naranjas y la mar

Tiene naranjas la mar.

Las olas son verdes ramos,

la espuma es blanco azahar.

Y tus pechos, en la fronda

de las olas y la espuma,

son dos naranjas saladas

cuando te bañas desnuda.

Cuando te bañas desnuda,

tiene naranjas la mar.

Para mí escribir es una necesidad, siento que si no lo hago algo explotará dentro de mí (y eso no puede ser bueno, ¿no?).
Me ha encantado este texto y espero que, con la edad y con mucha lectura, acabe entendiendo a Borges y a muchos de los grandes, que ahora los leo pero me parece que están pelín codificados.
Mis respetos y enhorabuena por este estupendo blog.
El Guardián

Felicitémonos por la suspensión de pagos de Martinsa. Iban a perpetrar unas 400 viviendas en El Médano. Es el lado bueno de la crisis.

Es probable que la pulsión de escribir la tengamos todos y que muchos no lleguen a desarrollarla por pereza o, simplemente, por rehuir de ella. Si bien también requiere un esfuerzo para encontrar eso que Juan ha descrito como su música y que yo denomino voz propia. La originalidad es otro de los aspectos importantes porque, básicamente, ya se han tocado todos los temas que a la Humanidad le preocupan. La diferencia está en el tono, en el punto de vista. Ahí la novedad. Intentar buscar el punto de vista que nadie ha utilizado. Intentar encontrar la voz propia, la voz interior que acabe dando sentido a la escritura. Porque baste decir que la escritura sin lectura deja de tener sentido. Todo el que escribe lo hace para ser leído. En caso contrario sería como lanzar mensajes al mar sabiendo que jamás nadie los recogerá.
Un saludo.
Luis
Comparto yo también la preocupación por la huída de algunos contertulios que espero quede como un arrebato pasajero.

Ejemplo magistral de tu escritura y de tu ritmo, gracias Juan

Pues es verdad, obligaciones con los animales me han tenido apartada de este rincón tan familiar. Es que los bichos necesitan sus mimos y sobre todo que les presten atención, y se desatienden otras labores importantes.

Para paliar esta dilatada ausencia dejo unos versos gaditanos:

Esta mañana, amor, tenemos veinte años.
Van voluntariamente lentas, entrelazándose nuestras sombras descalzas camino de los huertos
que enfrentan los azules del mar con sus verdores.
Tú todavía eres casi la aparecida,
la llegada una tarde sin luz entre dos luces,
Cuando el joven sin rumbo de la ciudad prolonga,
Tú todavía eres aquella que a mi lado
vas buscando el declive secreto de las dunas,
la ladera recóndita de la arena, el oculto
cañaveral que pone
cortinas a los ojos marineros del viento.
Allí estás, allí estoy contra ti, comprobando
la alta temperatura de las olas felices,
el corazón del mar ciegamente ascendido,
muriéndose en pedazos de dulce sal y espumas.
Todo nos mira alegre, después, por las orillas.
Los castillos caídos sus almenas levantan,
las algas nos ofrcen coronas y las velas,
tendido el vuelo, quieren cantar sobre las torres.

Esta mañana, amor, tenemos veinte años.


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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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