Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

"¡Queremos trabajar!"

Por: | 11 de julio de 2008

Ayer había huelga en la cafetería de la estación de trenes de Albacete y me fui a comer una manzana, antes del viaje de vuelta, a la estación de autobuses. Imagino que era la primera vez en la historia que había huelga en esa cafetería. Luego vi en los periódicos locales lo que sucedía: la Renfe está preparando una nueva estación y va a cerrar esta cafetería, y sus empleados se quedan sin trabajo. Gritaban los concentrados: "¡Queremos trabajar!", y deambulaban con sus banderas de Comisiones Obreras y sus papeletas explicativas; me dieron una. Además de estar cerrada la cafetería, el quiosco de prensa también estaba fuera de servicio; un empleado de la estación me dijo que seguramente la encargada del quiosco se había ido a desayunar. Como estaba cerrada la cafetería, imaginé que se habría ido fuera de la estación o a su casa. Pero tardó tanto (de hecho, salió el tren, una hora más tarde, y no se podían comprar periódicos) que deduje que se había tomado el día libre, lo cual resulta raro en un día de trabajo, que en el caso de los quioscos son exactamente todos los días, y me empecé a preocupar por los ejemplares de los diarios que estában allí dentro, encerrados, mustios. Un periódico, o está al aire libre, a la venta, o se muere, pensé. Al fin llegó el tren, Altaria, y regresé a Madrid de un viaje relámpago a la ciudad de Antonio Martínez Sarrión, acaso con Caballero Bonald el mejor memorialista literario de este país. Decía Benet que un día llegó a Albacete y al entrar en la ciudad se encontró con un comercio que se llamaba Navajas Martínez, y al irse de Albacete observó que había otra tienda que tenía este rótulo: "Cuchillos Sarrión". Yo no vi esas tiendas, quizá ya están cerradas, como la cafetería, como el quiosco. Abriré un libro de Martínez Sarrión, un libro siempre está abierto.

La nube roja

Por: | 10 de julio de 2008

Las previsiones se cumplieron; el diario que construyó el bulo de la conspiración, El Mundo, y la emisora que fue su eco, o viceversa, la Cope, han considerado que la sentencia del ácido bórico no es contra sus bulos, sino a favor, o algo así. A mi estas manipulaciones de las sentencias y de la historia me marean, me producen la misma sensación que debió sufrir aquella mujer a la que le hacían luz de gas en la película de Hitchcock. Ayer leí el editorial de El Mundo, en el que se afirmaba de entrada que la sentencia confirmaba punto por punto sus especulaciones (el periódico no las llama especulaciones), y escuché la Cope, desde la que se insultaba a la inteligencia de los jueces y de los policías que han sido exonerados. Y mantuve, estupefacto, mi posición de ayer: esta gente jamás se equivoca, esta gente nunca rectificará porque jamás se equivoca. Y no equivocarse es más cansado que caminar dando vueltas; para ellos no es cansado, debe serlo para los que siguen la sinuosa vertical de sus argumentos. Pensaba esto esta mañana mientras miraba al cielo del verano y me admiraba de la presencia quieta, pero fugaz, de una nube roja que aparece cada mañana como si fuera el saludo de un mundo de aire. Y con esa impresión de la quietud metafórica de la naturaleza me vine a escribir, antes de viajar a Albacete, donde la vida me lleva esta mañana por unas horas. Como si fuera una nube roja visitando una ciudad, y volviendo a esta ciudad de Madrid, que es en este momento la capital mundial del calor seco.

El mundo ha vivido equivocado

Por: | 09 de julio de 2008

Utilizo ese gran título del inolvidable Roberto Fontanarrosa (El mundo ha vivido equivocado) para subrayar la sentencia que acaba con el bulo (teoría, nos decía alguien ayer, es una palabra demasiado grande) de la conspiración para demostrar que Aznar y los uyos tenían razón, que había sido Eta. Pues no fue Eta, eso se sabía, pero lo sostuvieron para salvar el honor del pasado. Y ayer la justicia dijo que aquello del ácido bórico fue usado arteramente por los medios que quisieron que el mundo viviera equivocado. Ahora tengo mucha curiosidad por saber cómo esos medios, que son uno y dos, no demasiados, pero han hecho un ruido propio de su capacidad para hacer campañas, tratan la sentencia que tacha de una vez todo lo que dijeron sobre el ácido bórico y sus capacidades terroristas. Les dará igual, ya verán: ellos no se pueden equivocar, manipularán también la sentencia y la servirán en la bandeja de la confusión, a la que echan cualquier cosa, desde la patria a la lengua, con tal de mantener en vilo de crisis a esta sociedad boquiabierta. Pues ahora los jueces les han dicho que se callen, pero ya verán que no se callan, cómo se van a callar, para ellos el mundo no ha andado equivocado.

Miriam habla de Guillermo

Por: | 08 de julio de 2008

Miriam Gómez hizo ayer una emocionante evocación de Guillermo Cabrera Infante, su marido, en el homenaje que la fundación que preside Mario Vargas Llosa dedicó al autor de Tres tristes tigres en el curso de una jornada sobre Cuba a la que asistí por la tarde. Miriam subió al estrado, convocada por Mario, que había presentado la figura de Guillermo como la de un gran escritor y un gran luchador, que en la soledad del exilio siguió alimentando la ambición de ser de nuevo feliz en Cuba, algún día. El exilio de Cabrera Infante fue largo, y comenzó en torno a 1961, cuando Castro cerró Los Lunes de Revolución, su revista, se produjo la invasión de Bahía de Cochinos, a la que Guillermo fue como periodista, y él apreció que los derroteros de la revolución no eran aquellos por los que él mismo había luchado antes de 1959. Miriam contó ese instante dramático de la vida de Cabrera Infante, cuando ya era inminente su ruptura y su exilio, y lo hizo en medio de una emoción intensa que fue acogida, al final, con una ovación que era también un abrazo. A partir de aquel instante que narró Miriam, la vida del autor de Habana para un infante difunto fue la reconstrucción dificil e intensa de una memoria que jamás dejó de estar en Cuba a pesar de la decepción y de los largos años de exilio. El homenaje concluyó con la proyección de un documental sobre Guillermo Cabrera Infante realizado por su amigo Orlando Jiménez Leal, que en la juventud hizo la famosa película PM, que indignó en su día a Fidel Castro. En el documental que ahora presenta Jiménez Leal --que hizo aquella película con Saba, el hermano de Guillermo-- se incluyen algunas escenas de esa película, lo que permite comprobar la paranoia de Castro y de los suyos con respecto a lo que significaba ese filme, una sucesión de imágenes sobre una noche de fin de año en La Habana de 1960.   

Un apunte: en los últimos días observo que las reticencias aumentan entre algunos blogueros. Me gustaría que las discrepancias fueran creativas, y que nadie insulte a nadie. Me han alegrado mucho las incorporaciones recientes, y me gustaría que se quedaran, contribuyendo como hasta ahora con ingenio y esfuerzo. Y pido respeto. General, de todos y para todos. Es que si no estas conversaciones pueden terminar pareciendo tertulias de (ciertas) radios o televisiones, y para eso no nos levantamos tan temprano.

¿Qué le quita el sueño a la gente?

Por: | 07 de julio de 2008

¿Quién le hace las preguntas a Mariano Rajoy? Ayer se preguntó en Barcelona: "¿A quién le quita el sueño que voten los inmigrantes?" Se hizo otras preguntas, pero esa me llamó la atención. ¿A mi me quita el sueño que voten los inmigrantes? No, aunque quizá le quite el sueño a los inmigrantes, o a algunos inmigrantes: el voto es parte de los derechos civiles, y si tienen derecho al voto es porque tendrían otros derechos. A mi no me quita el sueño, por ejemplo, el porvenir de la familia, ni la asignatura de la educación para la ciudadanía, ni la unidad de España, y por todas esas razones que parecen quitarle el sueño Rajoy su partido (con la anuencia presta de la Iglesia católica) su partido organizó manifestaciones en Madrid durante la pasada legislatura. Y lo de los inmigrantes sí debería quitarle el sueño al menos a él, porque si los inmigrantes toman en cuenta lo que su partido hace o dice contra ellos, recuerden a Cañete, su voto probablemente no iría en la dirección del PP... Es posible que Rajoy haya hecho esa pregunta --e hizo otras, aun más delicadas: a quién le quita el sueño la eutanasia, por ejemplo, o los cuidados paliativos-- tan solo por secar la tinta de lo que había dicho el PSOE en su congreso, pero ni por razones de estrategia retórica y política (valga la redundancia) se puede ser tan desconsiderado con cuestiones que en efecto quitan el sueño a muchos individuos aunque a él y a los suyos les quite el sueño otra cuestión mucho más contingente y administrativa: la estancia en la oposición, que es el lugar de donde surgió el frío. ¿A quién le quita el sueño...? Bueno, ahí está la pregunta: ¿Qué nos quita el sueño?

El país laico

Por: | 06 de julio de 2008

El Partido Socialista hizo saber antes del congreso que termina hoy que aquello que se aprobara estos días en este convenio partidario no iba a afectar a la acción de gobierno. Nadie lo recordó ayer en público, pero conviene recordar que lo que se acordó en el congreso no es materia legislativa. Así que aun queda mucho tiempo para que se pongan en marcha, de veras, esas saludables iniciativas laicas que se anunciaron nada más comenzar este encuentro del que ha salido, y esta es una buena noticia, Leire Pajín como secretaria general. Parece que los dos partidos políticos principales han decidido competir con armas de mujer, y de mujer joven, al frente de la estructura administrativa de sus organizaciones. Leire es una mujer de gran energía, con la ambición justa para echar a andar nuevas iniciativas socialistas. La experiencia iberoamericana que atesora de su puesto anterior le puede ayudar a impulsar la solución de una de las carencias españolas, el olvido de América como objetivo principal de la política exterior de este país. Por cierto, me alegró mucho leer ayer una carta del embajador Emilio Menéndez del Valle sobre el artículo, inane, vacuo, realmente errático como dice Menéndez del Valle, del ex ministro mexicano Jorge Castañeda, un buen escritor que en este texto, crítico precisamente con la acción española en el extranjero, construyó un cúmulo de lugares comunes que dudo que él mismo se crea. Pero, a lo que iba: este país precisa urgentemente de una política laica, que tenga que ver con los símbolos del poder de la Iglesia en la vida civil y que tenga que ver con la raíz de la educación. Que el PSOE haya puesto la primera piedra está bien, pero es sólo la primera piedra, y es una piedra que no cae en el ojo del Gobierno, todavía.

La corbata

Por: | 05 de julio de 2008

Esta polémica de la corbata es una estupidez que salta al ruedo porque José Bono, el presidente del Congreso, se pasó en sus atribuciones presidenciales y le afeó al ministro de Industra, Miguel Sebastián, que no llevara corbata. La corbata no es obligatoria, en ningún sitio, excepto en algunos restaurantes cursis y en algunos clubes tan estúpidos como esta polémica. No hay ninguna consigna, ni escrita ni secreta, para que los ministros vayan con corbata, ni en ningún otro caso profesional hay ley alguna que obligue a los ciudadanos masculinos a dotarse de esa prenda para cumplir con sus respectivos oficios. Que se haya creado una polémica al respecto indica, tan solo, la falta de asuntos en el debate nacional, que da vueltas y más vueltas a temas que carecen de importancia pero que a alguien le importan. La corbata es un aditamento que uniformiza a los hombres. Yo la uso con frecuencia, y no sólo por uniformidad o por costumbre, sino porque me gusta, hay corbatas que me gustan, y hay camisas que no pueden existir sin corbata, la reclaman. Pero no se me ocurriría obligar a la gente de mi alrededor a que vaya como yo. Que vaya la gente como quiera, y que en verano, o en invierno, no haya nadie que te mande una corbata para que te la pongas como si sin llevarla fueras desnudo. Hizo bien Sebastián en enviarle a Bono un termómetro. Para que midiera el aire acondicionado, que es la corbata de los sitios oficiales.

El miedo al otro

Por: | 04 de julio de 2008

Escribo en el silencio de la mañana en Cambridge, Inglaterra, adonde llegué a medianoche, para hacer hoy una entrevista. La compañera que vino conmigo, para la misma entrevista, es norteamericana, nacida en Japón, pero vive en España desde hace muchos años. Tiene pasaporte norteamericano, curtido ya en mil viajes, algunos a Inglaterra, precisamente. Anoche pasó en el control de pasaportes (a extranjeros no comunitarios) las mismas humillaciones que en este país han sufrido todos los extranjeros (incluidos los comunitarios) desde tiempo inmemorial. Los ingleses (al menos los de las aduanas) han desarrollado una prevención con respecto al otro que no sé si es secuela del miedo al otro o rechazo del otro; lo cierto es que, como ocurría a principios de los 70, cuando yo vine por primera vez, a ella le hicieron tantas preguntas (sobre el lugar adonde iba, las compañías que iba a tener, el dinero del que disponía) que estuvo a punto de volver por sus pasos o pedir que la detuvieran para que el cacheo ya pudiera ser perfecto. Es una situación que hoy se repite para los extranjeros (incluidos los norteamericanos, que en su propio país son campeones del cacheo, aunque en esa liga ganan los ingleses) en todo el mundo, y va en aumento. Este miedo al otro, o como se quiera llamar, es uno de los fracasos de la humanidad y es la vergüenza mayor de nuestro tiempo; a veces lo encarnan los policías de la aduana y a veces lo encarnan las leyes, como esa vergonzosa ley europea que ahora nos encierra aun más con respecto a la inmigración. Cuando esta amiga salió del puesto de policía, anoche, me pidió que hoy relatara aquí su anécdota, que forma parte de la categoría atosigante de ser hoy extranjero en cualquier parte. Pero ella ha pasado, yo pasé, y ahora yo estoy sentado ante un espejo (¡por qué demonios hay espejos donde uno escribe en los hoteles!) preparando mi entrevista y aquí son en torno a las ocho menos cuarto de la mañana de un día inglés verdaderamente hermoso. A lo mejor ponen pegas para entrar para que no puedas ver que ellos también tienen días luminosos que quieren sólo para ellos. Es broma: ingleses hay de todas clases (como españoles). Y aquí están, recibiéndote con un día de sol, con yogur, cruasán y té rojo. Y una botella de agua muy fría para despejar la voz.

Simone, Ingrid, Mario, Aitana

Por: | 03 de julio de 2008

Tantos sucesos ayer. La mañana se despertó triste, tristísima; Simone Ortega, la madre de mi compañero Andrés Ortega, la esposa del hombre que tuvo la idea de fundar El País, José Ortega Spottorno, y sobre todo una gran dama, la gran dama de la cocina, como dice hoy este periódico, falleció de madrugada. De ella aprendimos todos alguna receta, de su magnífico libro 1080 recetas de cocina, que editó la editorial que fue de su marido. Ese libro proponía una cocina sencilla, práctica, posible; yo lo he abierto miles de veces por el lado de la receta del cordero, que me convirtió, en mi familia, en un experto en la cocina de esta especialidad: el cordero. Pero no había mérito alguno. Esa receta es tan precisa, tan pedagógica, como todo su libro, con la que ni siquiera un lerdo es capaz de perderse. Además, eran recetas de libertad: tú podías hacer lo que ella te aconsejaba, pero también te aconsejaba que te dejaras llevar por tu olor, por tu sabor, por tu manera de ser. Fue y es un libro imprescindible. Y ella era una gran dama: discreta, elegantísima; sonreía con sus ojos azules, y esa sonrisa producía bienestar interior, la sensación de que estabas bien donde estabas, con ella. Una vez me encargó, para uno de los libros que hizo, un capítulo sobre los quesos canarios, cuando aún no se comercializaban fuera de las islas algunos de los espléndidos quesos de nuestra tierra. Ella creía en nuestra gastronomía, y creía sobre todo en los quesos. Colaboré con ella con sumo placer. Y ayer recordé su sonrisa como se recuerdan los abrazos inolvidables de la gente que nos deja.

Por la noche, cuando iba al espectáculo Las mil noches y una noche, me encontré con dos colombianas alborozadas, Ximena Godoy y Adriana Jaramillo, amigas con las que he trabajado y con las que he compartido la preocupación por la situación de su país. Anoche, cuando las vi, me dieron la noticia de la liberación de Ingrid Betancourt, un hecho que ahora se convierte en una esperanza del fin de la guerrilla criminal de las Farc, capaz de condenar a muerte en vida a miles de secuestrados. Para el presidente Uribe y para su gobierno es también una noticia espléndida, que le viene, además, cuando más tupido era el nubarrón que se cierne sobre la relación de muchos de los suyos con los paramilitares. Que nada empañe la alegría ("no más llanto", como le decía Ingrid a su madre), pero esperemos que ahora siga sereno el ánimo para aprender del pasado lo que puede ser el futuro de ese país tan querido y tan hermoso.

Y Mario y Aitana. Las mil noches y una noche es un refrescante homenaje de Mario Vargas Llosa a la pasión de su vida, contar. A partir de los famosos cuentos de Scherezade, que encarna con vigor y gracia sutil Aitana Sánchez Gijón, Mario (que se convierte aquí en un consumado actor, preocupado por su presencia en la escena, a veces narrador y a veces personaje, siempre actor) ha construido una fábula que rinde homenaje a ese episodio fundamental de la narrativa de todos los tiempos, y se dibuja, siempre, como el escritor que también hubiera querido escribir esos relatos, y de hecho al final le vemos dibujando en el aire su propia escritura, después de haber simulado escribir en árabe los cuentos de Las mil noches y una noche. Ese detalle, que ha resaltado con mucha inteligencia Joan Ollé, el director de este momntaje producido por La Oficina del Autor, es un espléndido hallazgo que dio paso a unos aplausos que se rindieron ante el montaje y que también nos aliviaron del frío que nos entró a medianoche a los que estábamos allí, en los jardines de Sabattini de Madrid, donde hoy y mañana pueden volver a contemplar ustedes esta metáfora del cuento que ha reescrito con pasión Mario Vargas Llosa, con la complicidad divertida de Aitana y de Ollé y de muchos de los que estaban viéndoles. 

La alegría de Gavela

Por: | 02 de julio de 2008

Hoy escribe Daniel Gavela en El País un artículo en el que expresa la alegría de su equipo, el de la cadena Cuatro, que creyó más que nadie (más que nadie) en el éxito de la selección española de fútbol, ahora campeona de Europa, pero al principio, cuando empezó el campeonato, candidata a clasificarse para los cuartos de final. El triunfo de la selección sorprendió a la parroquia de españoles pesimistas o indiferentes, pero contó, desde antes de comenzarse a disputar los partidos, con la confianza de ese equipo de Gavela. Su alegría es la misma que se vivió en las últimas jornadas en la Zona Cuatro de la ahora llamada plaza Roja de Madrid, la plaza de Colón. Esa alegría es legítima; parte, en efecto, de la existencia de una incuestionable indiferencia, que se venció con la cabezonería leonesa de Gavela y de sus superiores y de sus compañeros, y ahora llena de legítimo orgullo a un medio de comunicación que nació hace nada y que aquí ha logrado tantos records como satisfacciones. Como ayer este asunto salió en el blog y sólo tuve tiempo para apuntar una frase, hoy he querido venir para subrayar la alegría que, como compañero de Gavela y de los miembros de su equipo, he sentido a medida que se iba cumpliendo ese eslogan que parecía tan sólo una imploración a los dioses: "¡Podemos!" Pudieron, y ellos lo transmitieron al público y seguro que a la selección, y fueron convenciendo a millones de indiferentes.

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