Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Día gris

Por: | 21 de agosto de 2008

Ayer fue un día totalmente nublado en el Médano. Como si la atmósfera quisiera parecerse al tono fatal de la jornada, el día se fue tornando oscuro, ventoso y húmedo, caliente, limitaba con una oscuridad que parecía de plomo. A mediodía se supo la terrible noticia, y el cuentagotas cruel de la incertidumbre fue despejando hacia la nada las primeras esperanzas de que fuera un accidente leve. Pero los medios informativos, la radio, la televisión, las webs, fueron marcando la verdad de los hechos, y éstos son tan contundentes como la muerte. El silencio con el que ahora se rinde homenaje a los fallecidos es un silencio denso, aterrorizado; la casualidad sin tino de la muerte pende sobre todos y cada uno de nosotros, diariamente, de la mañana a la noche, cubre con un manto gris e invisible la posibilidad certera de que un día será el nuestro. Sólo nuestra capacidad de olvido, nuestra liviana certeza de que hay que seguir viviendo, nos permite olvidar o posponer la urgencia de este cruel, inevitable recuerdo de que estamos vivos, y gozosamente, tan solo porque la casualidad, como la esperanza, nos mantiene. Mi recuerdo a las víctimas, mi solidaridad con sus familiares, y este minuto de silencio se agranda para abrazarlos.

Fuego, horror, horror

Por: | 20 de agosto de 2008

La sensación de impotencia que produce todo accidente se dispara hasta la paranoia cuando ocurren hechos como el que esta tarde llena de horror a la gente que ha tenido noticia de la tragedia de Barajas. Hacía mucho tiempo que no sucedía algo así; la frecuencia de sucesos como este disminuye cada vez, pero cuando sucede uno solo, cuando tan solo se muere un hombre, una mujer, un niño, cuando pasa algo de esta categoría terrible, uno ya se olvida de la estadística; y la mueca de asombro, y luego el llanto, la constancia de que acaso uno de los nuestros iba allá arriba, y a estas alturas ya todas las víctimas son nuestras víctimas, convierte el suceso en una angustiosa noticia que ya afecta a todo el mundo, estén o no implicados en la lista final que seguramente será el corolario inapelable de este accidente. Muchos estamos en el aire cada día, sabemos que los aviones son seguros, creemos en los profesionales que los llevan, en los aparatos que manejan. De pronto viene la miseria de la casualidad, el fallo mecánico, cualquier cosa, y se produce esta desesperación que ahora nos tiene a todos atenazados, pegados a las noticias como quien espera que el horror en algún momento se atenúe. Y va en aumento. Y va en aumento.

Los hombres que no amaban a las mujeres

Por: | 20 de agosto de 2008

Img_0067 He leído estos días, por indicación entusiasta de mi hija Eva, la novela Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson; la ha publicado Destino, es la primera novela de una trilogía, cuyo autor falleció prematuramente sin haber llegado a disfrutar del éxito que ha tenido el inicio de su saga, del que yo también he disfrutado. Aparte de algunas consideraciones que seguro que compartiré (o no) con quienes la hayan leído ya, la novela es desde el punto de vista de su estructura y de sus objetivos muy convincente, te mete de inmediato en la historia que cuenta y te traslada a universos que ahora están de plena actualidad y que te arrastran a reflexiones que no son ajenas a las que podrías hacer en este país. Entre otros elementos que constituyen la extensa novela está en primer plano el periodismo, y en este caso el periodismo económico, al que Larsson (o el narrador de la novela) ataca porque no se vale de los códigos deontológicos que han de regir en el ejercicio del periodismo; el periodista económico, dice el narrador, da por bueno lo que dicen los empresarios, sin someterlos a la presión inquisitorial a la que se somete, por ejemplo, a los políticos o a otros actores de la vida institucional, social o cultural. Por otra parte, está el mundo empresarial, en este caso un mundo empresarial en crisis descompuesto por la historia y por su propia parte en la historia. Y en tercer término están las relaciones humanas, de la que forma parte el maltrato, que es el eje central de la novela, y que es una cuestión que sangra en todo el mundo, también en Suecia, y de qué modo, y aquí mismo, como es obvio cada día. La terminé anoche, después de la medianoche, y aquí está, doblado el libro primero por la avidez de la hija y luego por la avidez del padre. Recomendable.

Mi sobrino Bernando Marín ha insertado hoy la foto de Rita que me han pedido algunas personas. Es de Jesús Olmo, cineasta y escritor.

Reivindicación de la melancolía

Por: | 19 de agosto de 2008

La Gomera es una tierra melancólica; los primeros historiadores que pasaron por aquí vieron en sus habitantes a gente ensimismada y melancólica, y aun hoy la vista de esos enormes riscales y la conversación pausada con los habitantes de los pueblos minúsculos y de las villas más grandes parece corroborar el parecer impresionista de esos lejanos visitantes. ¿Y de dónde viene la melancolía? Acaso de la propia lejanía, que es doble: de todo el mundo y de sí misma, La Gomera está alejada de sí misma y de todo el mundo. Los enormes barrancos, esos desfiladeros espectaculares, traspasados por el aire, por la soledad y por las palmeras, convirtieron a la isla en una sucesión de islas pequeñas, que se comunicaban entre sí, y aun ahora, por el silbo o por el silencio; y esta isla ha sido la última del Archipiélago en tener un aeropuerto, cuya limitada actividad lo convierte aun hoy en una reliquia del futuro y en una metáfora construida de su pasado de soledad en medio de un océano que a veces es quieto, como en San Sebastián, y a veces es abrupto y arriscado, como en Hermigua. En Hermigua hay una obra arquitectónica en ruinas, el pescante, que nos lleva a las décadas primeras del siglo XX, cuando los visitantes venían a La Gomera por barco hasta allí, hasta aquellos riscales magníficos, unos farallones que ahora producen la sensación de ser una mano que contiene el mar más que un balcón al océano. En medio de esas atmósferas y de esas metáforas estuve pensando en la melancolía gomera, y tuve la sensación de que no es tan solo un efecto de la lejanía o de la soledad o de la historia, sino de la propia geografía física; la melancolía está adherida al cuerpo de La Gomera como la sal es del mar y la sed es de la tierra. Y los gomeros viven con la melancolía como otros pueden vivir con el pasado o con el futuro o con los Juegos Olímpicos o con la nostalgia de un mundo que aún no es ni siquiera olvido o recuerdo.

Celtiberia Show

Por: | 18 de agosto de 2008

La ETA atentó ayer otra vez en el sur, en Málaga. El primer atentado que hizo ETA en Málaga, en la época predemocrática, aun en los estertores del franquismo que no se acaba de morir, y ETA es una expresión de que el franquismo forma parte de ETA y mientras ésta no se muera no se habrá muerto el franquismo, causó estupor en la sociedad española, porque atacaba en la línea de supervivencia a la economía del país, aparte de poner en peligro vidas humanas, como es natural. Los andaluces se lo tomaron muy en serio, pero como se toman muy en serio las cosas los andaluces, y en concreto los malagueños, e hicieron una pintada en Málaga que recogió el inolvidable Celtiberia Show de Luis Carandell, mucho más inolvidable aún. La pintada decía: "Vascos, qué raros zois". Ahora, cada vez que ocurre un atentado así, y ayer hubo uno de nuevo este verano, me acuerdo de esa pintada y del Celtiberia Show que el gran Carandell hacía en la revista Triunfo, de tantas memorias. Carandell trasladó a la prensa y a la radio su sabiduría y su paciencia; paciencia para explicar, para narrar. Para contar es preciso tener paciencia, esperar a que el otro esté en silencio, y luego explicar lo que se sabe. Aquel Celtiberia Show era como el blog multiforme de Carandell; se hacía con aportaciones muy diversas, y muy divertidas, de gente que le enviaba recortes, anécdotas, fotos, sucesos, y él componía una amalgama que en aquellos momentos de la España que se desarmaba ayudaba a armar la psicología de otra España, a veces cutre y a veces muy inteligente que se abría paso en contra de la España impaciente que no quería el tren en el que estuvo asentado. Y ahí, en esa amalgama, apareció esa célebre pintada cuya memoria me la refrescó ayer, otra vez, este nuevo atentado de ETA en el sur. Mientras surgían las noticias del atentado, ayer a mediodía, leía yo aquí en La Gomera la entrevista excelente que le hizo mi compañero Ander Landáburu a Txema Montero, el abogado que fue de Batasuna, en El País Domingo. Ahí Montero le habla a Ander, precisamente, de esos vascos raros de los que hablaba aquella pintada malagueña, y concluía el antiguo abogado abertzale diciendo que en este momento, para lo que ocurre y para mucho de lo malo que ocurre, hay que tener paciencia democrática. Es un concepto que subrayé, para que hoy lo comentáramos. Paciencia democrática.

Juan Marichal

Por: | 17 de agosto de 2008

El libro de Domingo Pérez Minik del que hablaba aquí el otro día, Entrada y salida de viajeros, concluye, en la edición que está a punto de aparecer, con sus encuentros con Juan Marichal, el tinerfeño de 1922 que mejor ha estudiado las figuras políticas más notables de la España de la República, Juan Negrín y Manuel Azaña. A él se deben la reivindicación del político grancanario y la edición de las obras del último presidente de la República, además de otros estudios sobre el pensamiento y la literatura hispanoamericana. Marichal vivió el inicio de la guerra en Madrid, en el barrio de Chamberí, y en seguida su familia y él hicieron el calvario del destierro, primero hacia la España republicana, y luego hacia América, Puerto Rico, México, Estados Unidos... Yo le conocí con Pérez Minik y sus amigos de generación en el aeropuerto de Los Rodeos, creo que en 1968. Don Juan era ya entonces un intelectual dubitativo pero firme, un hombre muy interesado en la creación poética y en la creación literaria como elemento fundamental para entender la psicología de los pueblos y de los hombres. En el momento en que yo lo conocí acababa de ser nombrado director del departamento de Lenguas Románicas de la Universidad de Harvard, y venía a la isla, con Solita Salinas, su mujer, para reencontrarse con parientes y con amigos. Fui testigo del recibimiento; allí estaban, con Pérez Minik, José Arozena, Pedro García Cabrera, Eduardo Westerdahl..., el núcleo duro de aquella generación republicana cuya obra no ha sido igualada por las generaciones posteriores. Ojeando esta mañana el capítulo que don Domingo le dedica a Marichal en su libro, y Marichal es ahí, en el libro, el único superviviente de la nómina, con Carlos Orosa, estuve reflexionando sobre algunos de los elementos de aquella generación. Pienso que el principal, el que los unió del todo, el que hizo de amalgama, fue el sentimiento de amistad, la ausencia incluso de la envidia razonable, la permanencia en el afecto por encima de la discrepancia, el olvido de la inquina como factor de recuerdo; la alegría de aquella gente por el éxito de Marichal, por su reciente nombramiento, por lo que este hombre significaba, y significa, en el ámbito de los estudios hispánicos, políticos y literarios, es un ejemplo mayor de la profundidad de ese afecto. La amistad es como una línea de manos que no acaba, y si acaba es que alguien le cortó el resuello a la ansiedad de tener al otro como un cordón y como una referencia. La amistad es una gimnasia, decía don Domingo, pero no se puede hacer a solas. Ahora don Juan va a ser homenajeado en México, donde vive con su hijo Carlos y con su familia, lamentablemente Solita murió el otoño pasado, por la embajada española, cuyo titular le va a entregar la medalla de oro de Isabel la Católica, por todo lo que ha hecho por la cultura de la que viene. Y la cultura de la que viene no es exactamente la cultura española, sino la cultura de todos los que hablamos o leemos, o creamos, en español. Se hubiera alegrado don Domingo mucho de este homenaje, y se alegran sin duda mucho los que creen que la amistad subraya el éxito; aquella gente se hizo, en España, en Canarias, en medio de enormes dificultades, buscando la razón del futuro en la sinrazón del pasado. Han pasado los años, y aquella búsqueda interrumpida sigue suspendida en el aire.

Miriam Cabrera-Infante me pide desde Londres una foto de Rita. ¡Es que no sé poner fotos en el blog! Pediré ayuda. Alguien lo hará por mi.

El humor de los perros

Por: | 16 de agosto de 2008

Hay una frase injusta, tiene un humor de perros. No necesariamente los perros tienen peor humor que los que dicen esa frase, los humanos. Pero los perros se deprimen, pierden el humor, se cansan (como decía Neruda de los humanos) de ser perros, se cansan; probablemente les aturde no tener otro modo de expresión que el de su rabo, o probablemente en su alma inasible hay frustraciones que amargan su vida como nos amargan la vida las cosas que no comprendemos. Rita, la perra, en concreto, pasó unas horas de muy mal humor; estaba deprimida y caótica, no sabía si andar o echarse, estaba triste, desganada, tenía la mirada perdida en la distancia sideral en que se pierde la mirada cuando nada de lo que está cerca nos interesa. Eva le daba fuet, queso, alimentos que en otro tiempo la hubieran levantado de un profundo sueño, y Rita seguía sumida en su letargo, melancólica y alejada, triste a veces de estar triste, me pareció a mi. Luego supimos que era fiebre, alguna infección, y el consiguiente periodo de inapetencia. Cuando volvió en sí, gracias a la química (se tomó unas pastillas para el apetito y le pusieron una inyección para calmar su proceso infeccioso, el que causó la fiebre) y al veterinario, Rita volvió a ser la misma y anoche recibió a Eva, en la puerta de la casa, como si su dueña llevara un mes fuera de la casa, y había faltado tan solo una hora. Y eso es lo que distingue a los perros de los humanos, la alegría que no ahorran cuando te ven y te quieren. Rita deprimida, ha sido difícil verla así, tan triste.

En el corazón del bosque

Por: | 15 de agosto de 2008

En unos kilómetros hay invierno tórrido, incluso desapacible, en La Gomera, e invierno profundo, lluvia, niebla, y te metes en el corazón del bosque, eres una sombra en medio de una foresta extraordinaria, en el Cedro. Eso pasó ayer, dejamos San Sebastián a la una de la tarde y a la una y media estábamos metidos en una atmósfera de sombra y de sereno; por senderos solitarios, ensombrecidos por árboles, por frutales y por helechos, cruzamos hasta el centro del monte del Cedro, y allí hallamos un restaurante que te ofrece lo que es tradicional en las comidas gomeras, incluidos el almogrote y el potaje de berros en la mortera o en el mortero, según le digan. Una mujer extremadamente amable, Juana, y sus hijas, una pedagoga futura y otra futura periodista política, nos atendieron como si hubiéramos llegado a un refugio, solícitas y tranquilas. Ella, Juana, vive allá arriba todo el año, ha visto pasar incendios y penalidades, y también disfruta de la felicidad vespertina del silencio, cuando allá arriba están ella y los pájaros lejanos, y se oye de vez en cuando la voz de un senderista o el silbido de un gomero que se comunica con otro a través de los profundos barrancos pardos, a lo lejos. Había una pareja que venía de Valle Gran Rey y regresaba a Tenerife, Pepi, matrona, y Tomás, radiólogo, y allí estuvimos hablando un rato de lo que aun le queda a esta isla como un tesoro, el silencio, esa piedra de oro que se halla como en un ningún sitio en el corazón del bosque, y de ese bosque precisamente, el Cedro, en el Garajonay.

El regreso de los niños

Por: | 14 de agosto de 2008

Dramáticas imágenes ayer en Barajas: el regreso de los niños de la guerra, escapando, a los ochenta años la mayoría, de otra guerra, de la guerra de Georgia. Se fueron de España cuando no tenían diez años, en busca de refugio, cuando aquí estalló la guerra civil, y ahora vuelven huyendo de una guerra de parecidas características. Su destino entonces fue Georgia, su destino ahora es su propio país, donde ya no tienen ni familia ni amigos ni nadie, sólo tienen los primeros olores de su vida y la paz. Estremecía escuchar a una mujer de apellido Llopis describiendo las escenas que vivió en Georgia, ahora, tan parecida a la descripción que pudo haber hecho al salir de aquí hace setenta años. Para ella, y para tantos de los que la han acompañado, y que entonces se fueron a México, a Chile, a la URSS, la historia se interrumpió entonces, de manera brutal, fue una rasgadura moral en la memoria y en la vida entera; para algunos el edificio se volvió a hacer, pero para otros ahora se ha roto de nuevo. Conmueven las imágenes, conmueve la historia y es nuestra.

La perplejidad de Rita

Por: | 13 de agosto de 2008

La perra, Rita, jamás había viajado en barco; nunca había estado en una casa muy grande, una casa con patio y con grandes árboles, jamás había visto caer frutas de los árboles, y nunca había tenido a su disposición tantas hojas con las que purgarse. Nunca le habían puesto la comida tan lejos de la cocina, y en su vida había tenido tantas dudas sobre tantos lugares para elegir uno en el que echarse. Y eso le ha pasado ahora. Eva la ha traído en un barco a la isla de La Gomera, y aquí está, igual de perpleja que Colón. No para en la casa, busca su aposento, elige entre los lugares, husmea, huele como si estuviera oliendo el pasado o el mundo, y al final del día quedó rendida, ofendida porque Eva tardaba en comerse un trozo de jamón de pavo que ella hubiera querido para sí. La perra descubre mundos, me pregunto qué pensará de lo que encuentra.

El País

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