Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Dentro de nada en México

Por: | 20 de noviembre de 2008

Imagino cómo serían los viajes antiguos; ahora estoy haciendo mi maleta, dentro estoy metiendo lo que juzgo necesario para pasar doce días, o quizá más, fuera de mi casa; y uno empieza a introducir elementos domésticos, libros, material de escritorio, etcétera, como si se fuera a ir para siempre, o como si se fuera a trasladar por entero a otra vida, y no sólo a otra ciudad. El avión sale a mediodía, he guardado esta mañana para hacer la maleta, y ya está casi hecha; sin embargo, mi cuerpo y mi ánimo me van diciendo que aún queda tiempo, que no es preciso ducharse aún, que quedan horas para el viaje, que calma. El cuerpo siempre está hablando, y cuando no habla el ánimo el cuerpo toma su relevo. Llevo libros, claro, muchos libros; luego me daré cuenta de que eran demasiados, pero si no llevo libros, si no acumulo, es como si viajara solo. Las palabras, y en este caso las palabras ajenas, constituyen un abrazo raro, como una fotografía que uno llevara estampada en lo más claro de una carpeta escolar. En fin. Un viaje largo. Ayer tarde me encontré en la calle a Juan Gabriel Vasquez, y a su esposa, Mariana, que iban al periódico, de visita. Vasquez es un escritor excelente, un gran novelista; colombiano. Ella es periodista, lleva la prensa de Belacqua, una editorial fantástica que acaba de publicar ahora una colección de entrevistas fabulosas de Lawrence Grobel a escritores norteamericanos. Les ínvité a mi cuarto, en el periódico, y allí les fotografié, a Juan Gabriel ante mi propio ordenador, porque él estaba arreglando unas cosas de su correo para trasladarme a mi una información; y están Mariana y Winston Manrique, un querido compañero de El País, de Babelia. Por la noche cené con un gran periodista, Jon Lee Anderson, con mi hija Eva y con Jan Martínez Ahrens, subdirector de El País, responsable de la edición del Domingo. Hablamos de periodismo, de política, de viajes, e hicimos un recorrido entusiasta por la vida, por lo que ésta nos enseña si estamos atentos; Jon es un pozo de experiencia, y por tanto de sabiduría. En la conversación surgió una referencia a Ferrán Gallego, cuya presencia atenta y honda en este blog agradecemos todos mucho. Cenamos jamón, calamares, tomamos manzanilla, como si estuviéramos en Andalucía, donde Jon vive parte de su tiempo. Y, en fin, luego me vine a casa, con ganas de que aquella conversación de la cena hubiera durado por lo menos hasta el momento en que sale el vuelo. Pero las cosas acaban, como los helados de los niños.

Photo

Lo de Garzón

Por: | 19 de noviembre de 2008

La decisión que ha tomado el juez Garzón siembra un gran desconcierto entre las víctimas del franquismo. La batalla no ha terminado, pero esta es una derrota para los que quieren recorrer el camino de su propio dolor para aliviar la herida que ha sufrido en la vida su memoria. Esta mañana he escuchado a un tertuliano de radio decir que lo que hizo Garzón (no lo que hizo ayer: lo que hizo con respecto a la memoria histórica) bastaría para mandar a alguien al manicomio. Eso sólo, esa descerebrada afirmación, basta para que me ponga al lado de alguien, en este caso al lado de Garzón. Lo que ha hecho ayer, sin embargo, me ha desconcertado, como a muchísima gente. Y hoy me gustaría preguntarles a ustedes qué piensan de lo que ha hecho, y qué piensan de todo. ¿Qué piensan de lo de Bono? ¿Y de lo de Barceló? Los ataques contra Barceló también me ponen al lado de Barceló. Siempre me pasa: cuando insultan a alguien, me pongo en la piel del insultado. Y así sucesivamente. Anímense, opinen ustedes. Tengo fatiga de opinar.

Parar el tiempo y hablar con los amigos

Por: | 18 de noviembre de 2008

Es preciso parar el tiempo y hablar con los amigos. Muchas veces la vida nos echa a andar como si la respiración cotidiana no tuviera frenos; como si todo estuviera aún por hacer, y como si aún no hubiera caminos ya hechos. El ser humano improvisa un hogar en el aire, y ahí vive, hasta que esos ramalazos de los que hablaba Vallejo le hacen descender a las preguntas más naturales del mundo, ¿qué hago yo aquí? Fue la primera pregunta de las cavernas, y yo la vi escrita en una puerta rara en Saignon, al sur de Francia, junto a la casa en la que vivía Julio Cortázar los veranos. Qué hago yo aquí. Las preguntas se acumulan, y a veces uno halla la respuesta sólo parando el tiempo y hablando con los amigos. Eso hice ayer, y me junté con Manuel Longares y con Luis Mateo Díez, amigos entre ellos, y amigos míos, con quienes comí pacíficamente en un restaurante que se llama La Ópera al lado del Teatro Real. Comimos carne con papas, ellos bebieron vino y yo tomé agua de Vichy, mi agua. Luego ellos se tomaron dos coñacs, y yo les conté multitud de historias, ellos hablaron de la escritura. Algo luminoso dijo Mateo: "La escritura se hace sola si uno la tiene dentro". El asunto es ponerse a escribir. Al final les hice una foto, que es la que aparecerá aquí en cuanto le diga a Natalia (Rosa está de viaje) que colgué (hoy tardíamente, perdón) mi blog.

Amigos

Esa boca. Y punto y aparte

Por: | 17 de noviembre de 2008

La boca de Cheroki. Hay bocas que lo dicen todo. Me he fijado. Fruncida. Reconcentrada. Cargada de razón. Terrible. Más que las manos, dicen las comisuras. Ahí están, escondidas, traicioneras; la boca de un asesino. Una boca cerrada; el silencio es también la mirada. Cerrada la boca, los ojos expelen odio, y quedan las manos. Para disparar. Del hombre miro siempre las manos. Y la boca.

Y punto y aparte. Borau en la Academia. Un discurso divertidísimo; lo cuenta hoy Rocío García en El País. Tenía carraspera, tuvo que tomar mucha agua; se le traspapelaron las últimas páginas del discurso, se las procuraron, siguió. Quizá la Academia podía aligerar estos actos, para que fueran más dinámicos, acortándolos. Los discursos los dan al final, se pueden recoger, se publican. Los señores académicos podían leer un resumen, o decirlo. Borau no es solemne, nunca lo fue. Una vez, para hacer un discurso contra Eta, precisamente, se pintó las manos de blanco, las mostró así, en la entrega de los Goya. Fue su protesta contra el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Sin palabras. Sus palabras en la Academia, contestadas por Mario Vargas Llosa, fueron el resultado de una investigación concienzuda sobre lo que el lenguaje del cine le ha dado a la conversación cotidiana, que es muchísimo. La gente disfrutó con Borau, y lamentó su carraspera. Por solidaridad. Se le quiere muchísimo.

¿Me pueden ayudar? Una muchacha muy bien vestida, agarrada a un bolso oscuro, se dirigió a nosotros, que caminábamos por la Gran Vía:

--¿Me pueden ayudar?

La miré a los ojos: "¿Cómo quieres que te ayudemos?" Entonces me miró ella, fijamente, se quedó en silencio, y yo le repetí la pregunta: "¿Cómo quieres que te ayudemos?" Siguió mirándome, y nos fuimos. Ignoro si es una de esas personas que te abordan en los aeropuertos o en las estaciones para pedirte dinero con el que completar el importe de su viaje a cualquier sitio. Y es una petición fraudulenta, no van a ningún sitio.

Seguí hasta una gran librería, había mucha gente. Pregunté por dos libros. No es sencillo buscar libros en una gran librería. Y después me perdí entre la gente. La Gran Vía es una calle vital, bella, sorprendente, representa lo que queda de Madrid, esa cola extensísima ante doña Manolita, la gente buscando la suerte huidiza. Pero esa calle aloja ahora una sensación extraña, no la sé definir. Inquietante. Quizá ustedes me pueden decir qué sensaciones les produce la Gran Vía. Quizá hay que leer a Manuel Longares para saber qué dice la Gran Vía. Acaso sólo dice esa frase: "¿Me pueden ayudar?" Las calles tienen su frase, son gente.

Hace un día hermoso en Madrid, lo veo desde la ventana, y aun no he terminado el té verde. Siempre que desayuno, y muchas veces más, me acuerdo del doctor Lozano.

Granvia

Granvia2

Granvia3

"La Gran Vía es un reflejo de la vida. Ya sé que estas fotos no la muestran en todo su esplendor. Sólo muestran una parte del retablo que cada día se representa en su aceras, en sus bares, en sus cines... en cada uno de los lugares que la ocupan. Éstas quizás tratan de mostrar un pedacito de esa vida y tal vez un poco de soledad. Se las he querido mandar porque me gustan, sólo por eso. Como la otra vez, son fotos de mi esposo, Lope Serrano, en esos paseos que nos damos por Madrid, cuando podemos callejear, disfrutar de la ciudad..."  (Estrella)

Muerte en la discoteca

Por: | 16 de noviembre de 2008

Esta barbaridad que acaba de suceder en una discoteca de Madrid, donde un grupo de tres porteros golpearon hasta la muerte a un joven de 18 años, pone de manifiesto la existencia verdadera de la bestia en el hombre; tipos que consideran que no es lícito pero es posible golpear a otro hasta matarlo; gente que porque tiene la placa que le autoriza a guardar la entrada de un lugar público cree que puede humillar y hasta maltratar a aquel que no le resulta grato; personajes que con el uso de la fuerza bruta, y brutal, garantizan el estado de su autoridad, la blindan; personas que abandonan a gusto su esencia de personas y arremeten contra sus semejantes como si sus golpes fueran a ser impunes. Los atacantes han sido arrestados. Qué pensarán en sus celdas, cómo justificarán lo que hicieron; el ser humano, también estos seres humanos, hallan siempre explicación hasta para lo más abyecto, qué dirán para justificar este horrible ataque que tuvo como víctima, otra vez, a un joven en la puerta de una discoteca. ¿Y qué dirán los jefes de la discoteca, y de las discotecas, que alquilan a estos energúmenos para hacer efectivo el derecho de admisión?

La foto en la Casa Blanca

Por: | 15 de noviembre de 2008

De los defectos humanos el que más lamento es el de la envidia; imagino hoy el efecto que tendrá en la mirada de los que se han burlado durante cinco años de Zapatero porque Bush no le quería ni le recibiría nunca la fotografía de ambos presidentes, juntos en la Casa Blanca, en la apertura de la cumbre de los del G-20. La perspectiva de que Bush no iba a recibir tampoco ahora a Zapatero desató todo tipo de bromas y de lugares comunes entre los comentaristas políticos y también entre los políticos de la oposición. Y el hecho de que lo iba a recibir gracias a la intervención de Francia fue un nuevo motivo de mofa. Todo me ha resultado muy estomagante, infeliz, representativo de ese carácter colérico y estúpido de los que envidian lo que otros hacen incluso cuando éstos no lo han hecho aún. Y ahí está Zapatero, representante de España, que de eso se trata, en la reunión de Washington, recibido por el presidente norteamericano que dentro de dos meses ya será el ex presidente Bush. Me ha alegrado que esa foto termina normalizando una relación que se entorpeció cuando el presidente español defendió la dignidad de cumplir su promesa electoral y sacó las tropas de una guerra que se montó sobre lo que finalmente se reveló que era una mentira: la guerra de Irak.

El libro de Lluis y los libros de Bush

Por: | 14 de noviembre de 2008

Lluis Bassets presentó anoche su libro, La oca del señor Bush, del que ya les hablé aquí cuando salió a las librerías. Le acompañaron Basilio Baltasar, Julián Casanova y Fernando Vallespín, y para mi fue una lección de política, de historia y de periodismo. Las intervenciones de los presentadores subrayaron el trabajo de Bassets para crearle al libro un nuevo entorno, para proyectarlo, y para eso están las presentaciones; Bassets escribe, y lo hace desde hace veintiséis años en este periódico, con un rigor casi insólito en el periodismo, internacional, cultural o nacional; ha pasado por varias secciones del periódico, y en un tiempo fuimos colegas en la sección de Cultura; le he visto (le hemos visto) escribir ese libro, impulsado, como dijo anoche, por Basilio Baltasar, y animado por Javier Pradera, ambos escritores, ambos periodistas, y ambos editores; y le Lluishe visto (le hemos visto) recopilar artículos, subrayar datos, buscarlos; Lluis es un google en sí mismo, una especie de enciclopedia que en ningún momento cesa en su curiosidad, sino que la amplía con nuevas interrogantes. Creo que fue Vallespín anoche el que expresó su admiración porque, teniendo tantos datos como un historiador y tanta capacidad de análisis como un  profesor, Lluis no pierde jamás el sentido del ritmo periodístico. Eso es porque Bassets sabe que el periodismo es ritmo, y es, en cierto sentido, música, experimento sobre lo que está pasando para fijarlo en páginas que al día siguiente serán sustituidas por la urgencia de las otras noticias. En el tono del libro está esa manera cotidiana de indagar que tienen los buenos periodistas. Baltasar y Casanova tuvieron luego, y ya fuera de la presentación propiamente dicha, una sabrosa conversación sobre un aspecto del trabajo de Bassets, la posible capacidad de Bush para estudiar o para leer, que había sido subrayada por el propio Casanova, extrañado de la voracidad lectora que declara el inmediato ex presidente norteamericano. Bush ha dicho que en un año leyó 87 libros, y Karl Rove, su asesor presidencial, leyó en ese mismo periodo 103. ¿Los leyó de veras Bush? Bassets duda, los demás le ayudamos a seguir dudando. Porque, si no le creemos en lo de las armas de destrucción masiva, ¿por qué le hemos de creer en las lecturas?  Para leer el libro de Bassets calculo que hacen falta dos días más o menos completos; para leer la biografía de Churchill (que dice haber leído Bush, 701 páginas) harían falta tres días de vacaciones, o cuatro. Y dice Casanova que muchos de los libros que Bush afirma haber leído tienen el grosor del libro sobre el líder británico de la guerra. En fin, quizá alquiló los servicios de lectores rápidos. Vallespín me dijo que a lo mejor los ha oído (audiolibros) mientras jugaba al golf. Qui´za. Lo cierto es este libro, La oca del señor Bush: ritmo, periodismo, análisis y perspectiva; la perspectiva de Bush (su pasado, su futuro) es el fracaso, pero detrás deja una sombra que se seguirá proyectando sobre lo que pase ahora, decía Bassets. La sombra está aquí; en el libro se explica. Por cierto, se me acabó la batería del teléfono y para hacerle al autor la foto que acompañará a estas líneas me serví de la ayuda de mis amigos Yolanda Olivares y de Pepe Verdes; de ellos es el crédito.


Una luna para Susi

Por: | 13 de noviembre de 2008

La luna llena de esta mañana, a las ocho menos diez de Madrid, parecía un punto central del cielo; donde quiera que fueras, allí estaba la luna, dominando el firmamento con una consistencia de cristal, abierta, perfecta, como si fuera un césped blanco, un destino. Venía hacia la radio, a Radio Nacional, a hablar de lo que le ocurre al mundo, y de pronto vi ahí ese homenaje que el cielo se daba a sí mismo, la luna rompiendo las olas de nada que siempre es el azul del firmamento. Anoche estuve en un acto muy hermoso, y muy íntimo, el homenaje a Susi Ansorena, que fue directora de la Casa de América y que murió a los 56 años en julio de este año. Se dijeron cosas muy hermosas sobre ella, sobre su capacidad de gestión cultural, abierta, delicada y coherente, al frente de una institución que simboliza, que quiere simbolizar, la reunión de un mundo diverso al que une la lengua pero a la que tendrían que unir las iniciativas de los hombres. Y como se me quedó en la mente y en la memoria aquella sonrisa confiada, interior y a veces herida de Susi, quise decicarle esta mañana esa contemplación de la luna. Ojalá entre la foto que hice; aunque se ve lejos, ustedes se pueden imaginar la emoción inmediata que produce, cuando aún no son las ocho de la mañana, mirar al cielo y encontrarse un mundo tan pleno y tan misterioso como la luna llena en pleno amanecer de un día más, un jueves del que tengo ya el recuerdo.

Luna

La dedicatoria a Pilar del Río y la afrenta a García Montero

Por: | 12 de noviembre de 2008

Primero, la dedicatoria a Pilar del Río. Ayer recibí, por gentileza de mis amigos, y compañeros, de Alfaguara, la edición verdaderamente bellísima de la última novela de José Saramago, que aparece unos días antes de que el Nobel cumpla 86 años, el 16 de noviembre. La novela se titula El viaje del elefante, y está escrita al final de una tormenta, que postró a Saramago en su casa y en un hospital hasta que su propia fuerza le devolvió a la vida. ¿La fuerza de este hombre? Saramago sostiene que fue la dedicación profesional de unos médicos que acertaron, y que finalmente le recuperaron para la alegría de volver a vivir, en el Hospitén de Lanzarote. Allí le vi aquellos días de diciembre del año pasado, y puedo corroborar lo que él mismo ha dicho luego: recuperarse fue un milagro. Pero sobre todo fue --lo dice él, es verdad-- la naturaleza indesmayable de Pilar del Río, su mujer, su traductora, la que le atrajo otra vez a este mundo. Todo eso que está dicho ahí con el dramatismo (sin vuelo en el verso, que decía José Hierro) que resalta tan solo de la situación, está dicho por Saramago en la dedicatoria de este Viaje del elefante de una manera más directa, simple y terminante: "A Pilar, que no dejó que muriera". Nunca había visto una dedicatoria más sencilla y más conmovedora. Cuando lo vi, el libro, como objeto, me pareció maravilloso, y le llamé a Pilar y a José para decírselo, y también llamé a los editores para felicitarles. Cuando hablé con Pilar, que estaba en Lisboa, con su marido, aun no habían recibido el primer ejemplar que les enviaron a Portugal de esta edición española, de modo que le hice una foto a la portada y se la envíe por correo electrónico. Esa es la foto, debajo hay periódicos del día, y ahí resalta el color amarillo, el elefante. Pero no se ve la dedicatoria, y la dedicatoria me impresionó. Quería decirlo.

Y la afrenta a Luis. Han condenado a Luis García Montero por un exabrupto que lanzó contra un colega suyo en la Universidad de Granada, donde da clases desde hace veintisiete años. La historia viene hoy en El País, contada desde Granada y desde Sevilla, donde estaba Luis anoche. Durante años, ese profesor zahirió a Luis en clases y en publicaciones, y un día García Montero no pudo contenerse más. Como consecuencia de esta sentencia, y como consecuencia del clima que se ha creado en aquella facultad donde él se hizo, y donde luego ha contribuido a hacer el gusto literario de tantísima gente, García Montero ha decidido pedir una excedencia y dejar la enseñanza universitaria. Es una desgracia, para la Universidad, y una afrenta (nueva) para Luis García Montero, un poeta importante, un profesor riguroso, un estudioso que ha dedicado su vida a contar lo que sabe con la generosidad de un maestro, con la maestría de un profesor. Espero que después de las primeras impresiones que produce cualquier afrenta judicial, lo reconsidere y vuelva a enseñar. Lo hace escribiendo, lo seguirá haciendo lo que haga.

Librería

Viertel

Por: | 11 de noviembre de 2008

Acabo de estar con José Luis Borau, esta mañana. Hemos hablado de la vida, de la suya, de la vida alrededor, de la Academia de la Lengua, donde ingresa el domingo. Mientras hablaba con él recordaba algunos descubrimientos que alcancé gracias a su generosidad; entre otros, el de la figura de Peter Viertel, el guionista de cine, el escritor, un personaje extraordinario a quien tuve ocasión de entrevistar en Marbella hace unos años. Murió recientemente, sin haber conseguido uno de sus últimos afanes, venir a Madrid a estar con su amigo Borau, el editor de las memorias de su madre, Salka Viertel, y con Rafael Azcona, del que tenía grandes y cálidas referencias. No pudo ser, y ya no puede ser tampoco con Azcona, qué gran rabia. Pues volvía yo de encontrarme con Borau, y con su ingente, poderosa, genuina humanidad, cuando veo que en este blog tardío de hoy hay un mensaje de Bianca Viertel, que busca a sus antepasados, entre los que podría estar aquel hombre extraordinario que heredó de su madre una relación y una memoria, pero que hizo su propia obra cinematográfica y literaria. Por una carta así valé la pena hacer un blog. Bianca: el libro existe, se llama Los extranjeros de Mabery Road, y está publicado por Ediciones El Imán, la editorial de Borau. Seguro que él, que es además un tipo generosísimo, te hace llegar un ejemplar si quieres saber de tus (posible) antepasados. Es fácil localizarle: es el presidente de la Sociedad General de Autores de España. Le he leído tu mensaje.

El País

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