Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

La calle Domingo Pérez Minik

Por: | 21 de diciembre de 2008

Anoche estuve viendo a Nuria Espert en el teatro, en el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife. Un juguete maravilloso, divertidísimo, en escena, Hay que purgar a Totó, un vodevil de Georges Feydeau, con puesta en escena de Georges Lavaudant, que ya dirigió a Nuria en Play Strindberg.

Yo la conocí en Tenerife cuando ella no tenía más de treinta años y ya era la más experimental y la más arriesgada de las actrices o dramaturgas españoles, hombres y mujeres; con Armando Moreno, su marido, trajo a España a Víctor García, y con éste montó Las criadas de Genet, un espectáculo que maravilló en todas partes por la modernidad de su riesgo.

Juanentrevista

En esa ocasión la conocí en casa de Domingo Pérez Minik, en la calle General Goded de Santa Cruz. Anoche estuve hablando con Nuria de ese encuentro, y de Domingo Pérez Minik. Don Domingo, un intelectual rabioso al que la guerra dejó al rojo vivo, y que desde esa casa de Santa Cruz construyó un universo muy amplio de conocimientos y de controversias, fue mi maestro, y el de Nuria en muchas cosas. Fue, como dice ella, una luz en la isla.

A Nuria le extraña que en este cambio de nombres de calles que acaba de acometerse en Santa Cruz a esa calle General Goded de Santa Cruz no se la haya llamado Calle Domingo Pérez Minik. El alcalde de la ciudad lo prometió hace años, don Domingo es el personaje más ilustre (y más querido) que haya vivido ahí nunca, y su nombre está asociado a este sitio no sólo en Canarias sino entre los numerosos amigos peninsulares y extranjeros que pasaron por aquí. A la salida del teatro me encontré con Ángela Mena, que es la concejal de las Artes de Santa Cruz (igual que Alicia Moreno, la hija de Nuria, es concejal de las Artes en Madrid), y esposa del presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero, que estaba con ella; juntos fuimos a saludar a Nuria, y allí le hablamos Nuria y yo de esta injusticia, y ella prometió tratar de arreglarla.

De momento, lo que hicimos anoche fue restaurar un pequeño graffiti que algunos amigos escribimos un día de hace años en la pared frontal de la casa donde vivió don Domingo: Aquí vivió don Domingo mucho. No es nada, es apenas un rasguño en la pared, pero era nuestro homenaje, y de momento es el único sitio de la calle donde se recuerda a este hombre para muchos inolvidable. En el parque hay ahora un paseo que lo recuerda.

Domingomucho

Ahora General Goded se llama Del Perdón. Del Perdón que el alcalde le debe a don Domingo por haber olvidado la promesa de que esa calle lleve el nombre del autor de Entrada y salida de viajeros, aquel personaje.

Fotos. Ayer hubo un problema técnico con las fotos que subimos; lo arregló Rosa, que es, como don Domingo en la isla, una luz en el blog. Para hoy le he enviado una foto de Nuria hablando en el teatro y otra del graffiti que recuerda a don Domingo en la calle que no lleva su nombre. La foto la hizo Miguel García Morales, que es un apasionado. Y hablando de fotos, no se pierdan hoy el retrato de Marsé que aparece en El país Semanal. La entrevista (o por lo menos a su autor) lo pueden pasar por alto, pero vean la foto. Es un monumento al retrato. No ha salido el sol en Santa Cruz, pero hay silencio.

El fulgor de la escritura

Por: | 20 de diciembre de 2008

Me conmovió, como a muchísima gente, la muerte tan prematura del escritor barcelonés Francisco Casavella. Supe de él hace muchos años, cuando me lo nombró Juan García Hortelano, que compartía con aquel los apellidos; Francisco García Hortelano se pasó a llamar con su tercer apellido para que los suyos no coincidieran con el inolvidable amigo Juan, el autor de Nuevas amistades, uno de los seres más hondos y hermosos que he conocido. A Francisco no lo conocí; supe de él, le leí, pero jamás nos cruzamos. En un mundo tan comunicado como este en que vivimos parece imposible no encontrarse con alguien; en este caso, leo que Francisco era arisco de día y sociable de noche, y sus noches eran interminables, cargadas de tabaco y de alcohol, pero era reticente a los saraos literarios, e incluso era arisco con respecto a los editores y en general con el mundo cultural o literario, que evitaba para encerrarse junto al mar a escribir sus libros. Su dedicación, su radicalidad, le ayudaron a crear un mundo propio que muchos identifican con el mundo creado por Juan Marsé. Donde Marsé dejó la Barcelona de su vida, la de los 50 y los 60, arranca el universo de Francisco Casavella. Pero yo no quería hablar de libros o de literatura, sino de ese hueco extraño, denso, raro, que se produce cuando sabes de la muerte de alguien tan joven, como si hubieras dejado tú mismo de conversar con alguien con quien no has intercambiado palabra pero cuya experiencia o cuya escritura que sabes que vas a necesitar. La vida, a estas alturas de la mía, es un denso pasado, y el pasado es como los pulmones: Pilar del Río me decía el otro día que los pulmones son lo más contaminado del mundo, ahí se queda todo, en cada intersticio de los pulmones hay una zona de la vida, y la vida es contaminación. Pues el pasado es como los pulmones, lleno de contaminación, de hechos, de memorias, de figuras, de olvidos también,  de conversaciones no terminadas, de arrepentimientos, de culpas, de ingenuidades, de vitalidad, de melancolía... ¿Y el futuro? Anoche estuve hablando del futuro con Elvira Lindo y con Antonio Muñoz Molina, a los que hice una visita navideña; el futuro ya, para mi, es la oportunidad de poner en orden el pasado, limpiar esos pulmones, si se pudiera, de la contaminación de la que están llenos, de escribir, acaso, libros en los que ese pasado me explique qué pasó. Y el futuro tiene un extraño prestigio, como si la misma palabra remitiera a la calidad, mientras que el pasado remite a lo que ya no tiene brillo. De eso hablamos, y esta mañana, mientras recordaba esa conversación, y mientras esperaba a hacer, con cierta pereza, la maleta de un nuevo viaje (¿por qué no habrá una maleta eterna esperando a la puerta, mientras nosotros nos duchamos para decir hola al día nuevo?), me vino a la mente, otra vez, la desgraciada noticia de la muerte de Francisco Casavella, a quien nunca conocí. Mordzinsky me envió ayer un retrato que le hizo a Francisco en su casa de Barcelona. Ahí lo tienen (o lo tendrán), rodeado de libros, fumando. Un hombre vivo que ahora deja un hueco. De eso estaba pensando estos días, y de eso me desperté pensando.

Casavella_francisco

El hombre que se parece a Van Gogh

Por: | 19 de diciembre de 2008

El avión hacia París tenía que salir a las 9.05; llegué demasiado temprano al aeropuerto, y quise ir en el vuelo anterior, había; estaba cancelado, así que me fui en el que correspondía, ese seguía existiendo. Pero no saldría a las 9.05, salía a las 9.21; finalmente saldría a las 9.28, así que embarcamos en torno a las 9.05, que era la hora en que teníamos que salir; entramos en el avión, nos aposentamos a escuchar los avisos, hasta que el comandante avisó de que había un retraso adicional, causado por la tardanza con la que la compañía Iberia estaba enviando la documentación del vuelo. Inmediatamente después de esa mala noticia que parecía regular tan solo, el piloto avisó de una tragedia mayor: al retraso anterior se le iba a sumar una hora más porque al haber recibido tarde los papeles habíamos perdido nuestra oportunidad de ocupar el slot que nos había correspondido. No suelo protestar en los aviones, porque no entiendo de la aviación y sé que se producen contratiempos que uno no puede prever ni sabe analizar con los datos adecuados. Pero aquel baile de informaciones que concluía con tan mala noticia para los viajeros (a mi, en particular, me rompía la cita de una entrevista importante en París) me puso en ese lado antipático de los protestones, y protesté; cuando la protesta empezó a ser más colectiva, el piloto habló de nuevo: Aena había sopesado los datos y le daba permiso para salir. Después del alivio, el piloto me mandó a llamar, para explicarme, y me fui a la cabina. Es la primera vez en mi vida que entró en una cabina de vuelo; en los aviones suelo tomar el pasillo, porque me da pavor el abismo, y en este caso estaba en mi pasillo, leyendo un libro de Jean Daniel (¡fantástico!) sobre Albert Camus, y tuve que abandonar ese lugar que me permite pensar que no voy en un avión sino en una guagua para ir a la cabina. El piloto, Nacho Cordero, tenía ante sí no sólo el aire del cielo, la tierra, los ríos, los afluentes, el delta del Ebro, la costa, el verdor de los bosques en un día claro, sino una serie de papelitos, que eran en realidad los dimes y diretes de la compañía sobre los vuelos que él protagonizaba. Si entendí bien, la compañía está cancelando vuelos y reagrupándolos, y para eso simula que los pilotos están haciendo una huelga de celo a la que se deberían los dichosos retrasos de estos días. Según esos papeles, ese baile de vuelos se da, y la verdad es que está creando un caos que está poniendo de los nervios a los numerosos viajeros que hacen trayectos cortos o rápidos y que por este sistema se pasan cinco horas en los aeropuertos para hacer el viaje de un día. Cordero me explicó muy bien todo, yo tuve esa experiencia insólita de estar en una cabina, y volví a mi asiento, a seguir leyendo. Después de los atascos de París me encontré con mi amigo Daniel Mordzinsky, uno de los grandes fotógrafos del mundo, que si fuera norteamericano tendría tres estrellas michelin o como se llamen las estrellas que convencen a los periodistas españoles para ocuparse de la gente que realmente vale. Almorcé con él lo que siempre almuerzo en Francia, al llegar, un bocadillo de salami con agua Perrier, y mientras almorzaba me estuve fijando en su rostro, en su piel, en su oreja, en su pelo rojo..., e hizo un gesto, el que está (o estará) en la fotografía, que es igual, exactamente igual, que el gesto que tiene Van Gogh en su autorretrato. Luego hicimos nuestro trabajo, y me consta que Daniel también hace su trabajo como si fuera Van Gogh.

Senorparecido

Volví por la noche a Madrid; creí que me iba a ir a las 6.45, pero luego resultaba que era a las 7.25, y después se nos dijo que a las 20.20, y finalmente despegamos a las 9.05. ¡Por fin a las 9.05, la hora de por la mañana, pero por la noche! Y vine leyendo a Ibargüengoitia. Javier Marías lo acaba de publicar en su colección de Redonda. ¡No se lo pierdan, recomiéndenlo, leánlo! Al llegar a casa me tomé dos naranjas, como por la mañana, al irme a París.

El Premio Isabel Polanco

Por: | 18 de diciembre de 2008

Era frágil y fuerte, de una nobleza firme; fue un referente moral para todos los que trabajamos con ella; siempre respondía con sinceridad pero con educación y jamás respondía con mezquindad; siempre buscó el mejor camino para la verdad: la duda; ayudó a entender a la gente, a comprenderla, incluso cuando discrepara con lo que pensaran o hicieran otros. Martín Chirino hizo esa misma descripción con otras palabras ayer, cuando se presentó el premio que lleva el nombre de Isabel Polanco, que fue consejera delegada del Grupo Santillana, y que nos dejó en marzo de este año, una de las desapariciones tremendas de este año desapacible. Firme y serena, de gran fortaleza pero también frágil. Chirino hablaba de lo que quiso simbolizar del carácter de Isabel en esa escultura que ahora es símbolo del premio que lleva su nombre, que se constituye para ensayistas iberoamericanos que escriban (en esta convocatoria) sobre las independencias americanas. Escuché a Chirino con mucho interés, porque habiendo conocido menos que muchos de nosotros a Isabel caló en su alma, y en su actitud, con exactitud y con amor, que son conceptos que le vienen muy bien a la manera de ser de nuestra amiga muerta, exactitud y amor, rectitud y ternura, cumplimiento y comprensión. Estaban su madre, Isabel, y su hija Lucía; fue un acto breve, una convocatoria, pero en la esencia de ese acto estaba la continuidad de la mirada iberoamericana y abierta, esencial, de esta mujer de la que aprendimos tanto muchos y que ya no está. Y que ya no está.

La euforia y la vida

Por: | 17 de diciembre de 2008

Julio Llamazares Junior nació en otoño de hace ocho años; su padre, uno de mis mejores amigos, me convocó a la clínica donde lo dio a luz su madre, Cecilia, y llevé mi cámara, la que usaba entonces. Fue la primera foto de Julito, recién nacido. La última debe ser esta que le he pedido a Rosa que cuelgue hoy en el blog. El niño vino con su padre y otros amigos a ver el partido del sábado, Barça-Madrid, del que no había dicho nada en este blog todavía. Fue muy emocionante ver la euforia de Julito ante la victoria de su equipo; su alborozo cuando se produjo el primer gol contrastaba con la honda tristeza que le produjo la posibilidad cada vez más cercana de que el Madrid convirtiera en goles las ocasiones que tuvo. Cuando se produjo el fallo de Drenthe (o la parada de Valdés), Julito me miró, e hizo el gesto de alivio de los aficionados. Pero luego se abrazó conmigo cuando Etoo, ayudado por Puyol, nos quitó la incertidumbre. El fútbol tiene ese componente de emoción, de pesadumbre y alegría que resume todos los sentimientos, los buenos y los malos, con los que uno se enfrenta a la vida. Ni todo lo malo dura toda la vida ni todo lo bueno nos acompaña siempre, y sólo desde esa perspectiva resignada o luchadora, alegre o entristecida, se comprenden las cosas que pasan. Escuchando ayer a José Saramago, a mediodía, en la Casa de América, hablar de su enfermedad, de lo que le pasó hace justamente un año, cuando tuvo tan cerca la muerte, estuve pensando en estas cosas, en la lucha que precede o sucede a cualquier situación crítica, cómo se recupera uno de ella, cómo vence el desánimo o incluso la miseria física. Quizá el fútbol es la menos adecuada de las metáforas para hablar de la vida, y quizá sea la literatura, como en el caso de Saramago, la que nos lleve a resumir mejor cuál es la esencia de la vida, esa mezcla de euforia y de melancolía que marca nueestros gestos porque reflejan nuestra alma. Desde mi infancia, sin embargo, el fútbol ha tenido una enorme importancia anímica en mi vida, y aquellas reacciones de Julio Llamazares junior me recordaron muchos de aquellos acontecimientos que parecían incrustarse para siempre en mi alma y que, al contrario de la enfermedad o de la tristeza por otros motivos, duraban lo que duraba el recuerdo del partido. Pero, mientras duraban, cómo dolían. O cómo alegraban, cuando era feliz lo que pasaba, como ocurrió el sábado.

Messi

Perdón. Ayer entró en el blog una persona reprochándome mi inasistencia a un acto en San Sebastián, organizado por la UNED. Lo siento, siento no haber ido. Pedí excusas a los organizadores; lo he lamentado mucho, porque la UNED tuvo la gentileza de invitarme, porque está haciendo esta entidad una importante labor de apoyo a las literaturas españolas en sus diversas lenguas, y porque me encanta San Sebastián, de noche y de día. Pero soy un empleado, no vivo de la literatura, y la empresa para la que trabajo me hizo un encargo fijo y de improviso, y era imposible desdoblarse. Pero ha hecho usted bien en reprochármelo, porque uno debe dar cuentas de aquello en lo que defrauda.

La gratuidad de la mentira

Por: | 16 de diciembre de 2008

El Gobierno no está negociando con Eta.

Si estuviera negociando se sabría.

Los que dicen que está negociando con Eta no tienen evidencia alguna. Utilizan, para justificar su suposición, hasta lo que hace el Gobierno contra la banda.

Esta mañana he escuchado en la voz de uno de los más activos propagandistas de la idea de que el pacto está hecho --para lo cual dispone también de emisoras concedidas por la dirigente política que ha encendido la mecha de la actual campaña-- que el Gobierno está encamado con Eta.

La mentira no cuesta nada. Nadie pide cuentas.

El mismo locutor obvió, porque le venía bien, que anoche mismo la policía ha vuelto a desactivar a etarras.

Es mejor seguir con la verdad revelada que con la verdad que no les conviene.

Y eso, claro, no es periodismo sino manipulación. Y de esa manipulación vinieron estos lodos que ahora ensucian las ondas bien pagadas de los propagandistas de lo oscuro.

Los zapatos y Bush

Por: | 15 de diciembre de 2008

Intenté esta mañana introducir mi blog desde mi móvil; no pude. Se demuestra una vez más que lo lento es lo más seguro.

Había introducido un blog que decía más o menos esto.

Krshche inauguró el zapatazo, en la Onu; Manuel Rivas me recordó ayer el zapatazo de Beiras en el Parlamento gallego; y me vienen a la memoria agujeros célebres en zapatos importantes; por ejemplo, los agujeros en los zapatos de Wolfovitz (si es que se escribe así). Pero los agujeros que me han gustado siempre son los de Gonzalo Suárez, cuando se llamaba Martín Girard y escribía en Dicen la sección Las suelas de mis zapatos, ilustrada con las suelas propiamente dichas, y gastadas. Ahora han venido los zapatos que le han lanzado a Bush cuando éste menos se lo esperaba. EL PAÍS cuenta hoy qué significa el lanzamiento de zapatos en la panoplia árabe de los insultos, y por lo visto es un insulto importante, contundente, el mayor. Cuando acabó ese insulto (pregunté cómo se dice en inglés zapatazo, me pareció demasiado largo: to hurle a shoe to someone) el próximo ex presidente norteamericano reveló qué número calzaba el agresor. Y añadió que esto, lo que le pasó, es normal en países libres. Uf. Aguantar la cara alelada de Bush cada vez que le sucede algo grave es un oficio al que estamos acostumbrados; aguantar su capacidad de ironía también es un oficio gastado; su cinismo es más doloroso.

Eso había escrito en mi blog, pero me lo rechazó el móvil. Lo volveré a intentar. 

Los zapatos

Por: | 15 de diciembre de 2008

Desde Krushchev no había habido zapatos mas estrepitosos. Bush no se esperaba una agresión así, que parecía órganizada por MOnthy python o por Michael Moore. Bush era consciente de que una ocasión así merece una ocurrencia, y tuvo dos. En primer lugar, anotó el número que calzaba el periodista, un 43. La otra ocurrencia fue mas grave, pues relacionar Irak hoy con una sociedad libre es una arriesgada ironía.

Es la primera que escribo el blog desde el teléfono. A ver.

"La peor enfermedad del ser humano es la certeza"

Por: | 14 de diciembre de 2008

Estuve en Córdoba este sábado; conmemoraban allí los sesenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y allí estuve escuchando a Pilar Manjón, que recordó la manipulación informativa --y los insultos-- que aun hoy siguen sufriendo ella y los que vivieron aquella sangrienta ignominia, desde medios informativos que han compartido las actitudes arrogantes de ciertos políticos que jamás han dejado de barruntar a su favor sobre aquella tragedia. En fin, tienen sus coros y ni ellos ni éstos han bajado nunca el diapasón, y eso es lo que decía la señora Manjón; la jornada la había abierto el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, pero luego no se quedó a escuchar ni a Pilar Manjón ni a los que hablamos después, entre otras cosas de lo que supone Guantámano como insulto a los derechos humanos, y lo que supone aquella autorización española para que los aviones de la Cia pasaran por aquí. En fin, el ministro se fue y no pudo escuchar tampoco una frase de Francisco Duque, psicólogo del Gregorio Marañón que ha trabajado en todas las situaciones de emergencia en los últimos años y tuvo una importante participación en la ayuda a las víctimas del 11M. Esto dijo Duque, y es la frase que les regalo hoy, sobre todo a aquellos que tengan la tentación de vivir subidos al caballo de las certezas: "La peor enfermedad del ser humano es la certeza". La apunté y la he guardado subrayada, junto a otras historias que contó Duque con sencillez y profundidad sobre su experiencia con los pacientes que han estado y están en sus manos en el hospital.

"Atracar un banco es tan delito como fundarlo". Bertolt Brecht

Por: | 13 de diciembre de 2008

Juan Marsé me regaló el otro día en Andorra esta frase de Brecht: "Atracar un bano es tan delito como fundarlo". El encarcelamiento de un gurú de las inversiones en Estados Unidos --y por tanto en el mundo-- por haber defraudado a miles de millonarios pone de actualidad esa frase de Brecht. El empobrecimiento súbito de los ricos convierte a los pobres en miserables, y a los medianos en pobres. Es un momento gravísimo de la sociedad mundial, y los responsables del desastre piden ayuda para salir (ellos) de la enfermedad que han contagiado.

Entre las cosas graves que se han dicho estos días, subrayemos la abyecta expresión de Esperanza Aguirre sobre la supuesta negociación que el Gobierno ha iniciado con Eta. De una responsable política no debe tolerarse tal irresponsabilidad. Pero ella se tolera a sí misma, ahí la tienen, ufana.

Sí, Ferrán. La Calle contribuyó a que Triunfo desapareciera; Manolo se fue a La Calle. Fue un dolor para Triunfo y luego sería un dolor para Manuel, que volvió al final de la revista. Pero no hubo manera de salvarla.

El País

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