Que viene Rita

Por: | 26 de diciembre de 2008

Rita cumple ahora ocho años y hoy viene a casa. El asunto es que no sabemos exactamente cuándo nació, pero sabemos que fue en una playa, en El Médano, y que Eva, mi hija, la encontró abandonada en la playa, y era evidente que tenía pocos días. Creció en Madrid, y de vez en cuando ha vuelto a la isla; no sé si los perros recuerdan, así que no sé si recuerda Rita que nació en aquella orilla, frente a la casa donde vivimos muchas veces a lo largo del año. Padeció una época de violento crecimiento; perseguía el olor de la carne, y perseguía la comida, hasta que poco a poco Eva la fue domesticando y ahora es una perra noble y grande, un poco perpleja, creo que muy buena gente; se alegra como nadie de ver a los otros, y encontrársela en casa es una fiesta. Pero cuando llega, como ahora, hay que tomar precauciones que ya están codificadas: los muebles han de estar cubiertos, los sillones han de estar vedados a su presencia perezosa. Pero verla llegar es una fiesta; daría cualquier cosa por tener a Rita siempre aquí, pero Eva manda, y es suya, la encontró en la playa.

Rita

Hay 34 Comentarios

Peeeermiso a la vecindá, se puede pasar?
Es que me ha gustao la Rita, y las letras del patrón... Me declaro nueva allegada por estos pagos y me invito a mí misma a tomar café.
Un abrazo de Navidá a los presentes -en cuerpo real o virtual-.

Juan:
Por qué no comentas nada sobre la huelga de El País??? No apoyas a tus compañeros?

Padre: Silencio.
No aclare que oscurece y todos advirtieron que usted es un falso profeta.


San Juan de la Cruz:
Las memorias de Adriano te las compra Rita-

A mi también me gusta Rita, y esa pose tan modosa con esos enormes dedazos. Yo también tuve una época en que perseguía a la carne tras su embriagadora fragancia, ¿y quién no?

Dicen que Losey pintaba cada escena que iba a rodar. Muchas de sus películas eran casi teatro filmado. Por eso, sin verlo representado, son muchos los que pueden hacerse, a través de los guiones que Losey filmó, una idea del teatro de Pinter. Yo tuve la suerte de ver representadas ( México, 1994) dos de sus obras cortas, “Tiempo de fiesta” y “Luz de luna”, traducidas por Carlos Fuentes, interpretadas – entre otros – por grandes actores y actrices mexicanos, Julieta Egurrola, Luisa Huerta, Gerardo Moscoso y – sobre todo – dirigidas por Ludvik Margules. De la prensa de entonces guardo el recorte de una entrevista en la que Margules decía: “El teatro es una maldición que yo cultivo. Odio la ornamentación, la pirotecnia, busco el comportamiento humano que siempre es misterioso, que está oculto”. Frase que demuestra la sintonía entre autor y director, probablemente Pinter la hubiera asumido como propia y como síntesis de buena parte de su obra.

Tenemos que aprender a vivir con un nuevo invento: laicos pero sólo un poquito y no entiendo.
Estoy escarmentada por discutir con dioses del olimpo de manera educada y como reivindico los argumentos, en espera de que eso no se confunda con falsas devociones, ¡ah si a Rita no tuviera que ser supuesta por todos!, me voy a meter con el doblaje (que esto está lleno) del dios celestial que anda preocupado escribiendo cartitas y que nadie le va a censurar por ese ejercicio de libertad, pero no debería preocuparse que si la laicidad fuera como debe: sería otro con todos los derechos.
Si de verdad tiene algún poder celestial es aconsejable una vueltita por la tierra a ver cómo y desde dónde se violan los principios que debieron responder a buenas intenciones. Mire las condiciones en las que se reproduce el sida y diga si no le parece absurdo que todavía no lluevan condones, mire la vida de las mujeres violadas y maltratadas condenadas a más de lo mismo, mire el hambre y la riqueza y díganos si no se espanta con la brutal diferencia. Si escribió para los mismos le llamará la atención que no parezcan los mismos, algo podrá rectificar después de los milenios de experimento. Mire la guerra y cuéntenos cómo se siente al constatar la degradación humana. Después de tanto sometimiento ya es hora que siente a una mujer a su lado, pero no solo para lo que está deseando, que lo vemos venir y le será permitido sólo contando con ella, eso sí tendrá que valorar que primero tiene que ser ella para luego convencerla, de igual a igual sin miedo. Ahora que los biberones han entrado hasta en el ministerio de defensa y no es malo, no tenga falsos temores.
La psiquiatría le ayudaría bastante a superar esos miedos, ya sabemos que se puede usar tan mal como los confesionarios, como la pólvora, pero ponga atención sin sentirse obligado que es la mejor predisposición para aprender.
Anímese a mirar al miedo a la cara, así verá como lo sienten los otro(a)s. En vez de sesiones, le propongo traspasarle las herramientas de base con que hemos sido dotados un poquito más elaboradas, respetando el libre albedrío de que no le sirvan para nada. Si se ha revelado para la humanidad es porque sabe que humanamente somos lo que somos y sabe de todas nuestras limitaciones, por eso no se enfade con las palabritas que son de pozo (de pozo donde está todo mezclado y confundido), ni con las comas mal puestas que son mías y le pido por favor que no se las atribuya a otra. Con la laicidad me resisto, porque es radical o no es laicidad, pero no es mala porque es en donde se sostienen todos los derechos de todos.

Espantoso título, Maririu, de "La mujer del teniente francés"...traducido al idem. ¡Qué manía con cambiar las palabras del título, que forman parte de la obra, por si no se han enterado. Maravillosa novela, maravillosa película...¡Cómo odié a Meryl Streep al final!

Para Maririu


Murió Harold Pinter, dramaturgo central del Siglo XX
Con la mira en el poder, la traición y la injusticia
A los 78 años, el ganador del Nobel de Literatura de 2005 fue vencido por un cáncer al que definió como “su pesadilla personal” y que lo agobiaba tanto como “la ignorancia, arrogancia, estupidez y beligerancia de los Estados Unidos”.
Por Silvina Friera

Harold Pinter perteneció a la denominada generación “de los jóvenes iracundos”.Diciembre tiende a convertirse en un mes maldito. No sólo para aquellos espíritus reticentes a las fiestas navideñas. Siempre muere un intelectual que deja un vacío imposible de compensar, si es que acaso se cree en la compensación como un alivio o un modo de reparar esas heridas que emergen con las pérdidas de miradas críticas, de esas pequeñas lucecitas que son faros en medio de la oscuridad. Según informó su segunda esposa, la historiadora Antonia Fraser, en una breve declaración, ayer murió el dramaturgo británico más importante del último medio siglo, Harold Pinter, a los 78 años, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2005. Desde el 2002, el autor de piezas como Fiesta de cumpleaños, El amante y Polvo eres (ver aparte) luchaba contra un cáncer que definió como “su pesadilla personal”, en ocasión de un homenaje que le hicieron en Turín a fines de ese mismo año. Pero había una pesadilla superior que le quitaba el sueño: la ignorancia, arrogancia, estupidez y beligerancia de los Estados Unidos. “Creen que tres mil muertos en Nueva York son las únicas muertes que cuentan. Son muertes norteamericanas. Las otras muertes son irreales, abstractas, sin consecuencia. No hay referencia alguna a las tres mil muertes en Afganistán. Los cientos de miles de niños iraquíes muertos a causa de la falta de medicamentos provocada por el bloqueo de Estados Unidos y el Reino Unido no merecen referencia”, afirmaba el también guionista, poeta y actor, preocupado por esas omisiones imperdonables para un artista que siempre descargó su “rabia, horror y asco” por las situaciones de opresión que veía en el mundo.

“Los pueblos no olvidan la muerte de sus semejantes, no olvidan la tortura y la mutilación, no olvidan la injusticia, no olvidan la opresión, no olvidan el terror de los poderosos. No sólo no olvidan. Retribuyen”, agregaba Pinter en ese formidable discurso de Turín, prestando siempre su voz –aun cuando pudiera quedarse afónico de tanto gritar con sus palabras– para conjurar el silencio. En las últimas fotos se lo veía caminar con bastón, pero no necesitó ningún apoyo para denunciar abiertamente los abusos del poder político, a pesar de la fragilidad de su salud. El enfant terrible de la generación denominada “jóvenes iracundos” nació en Hackney, un barrio humilde en el East End londinense, el 10 de octubre de 1930. Hijo único de un sastre y de un ama de casa, sus cuatro abuelos fueron judíos askenazis que habían huido de los pogroms polacos y rusos a fines del siglo pasado. No sólo había una memoria ancestral de persecución, sino que a temprana edad vivió los bombardeos sobre Londres, cuando la muerte formaba parte del aire que se respiraba. Apenas bastan los dedos de la mano para encontrar trayectorias similares a las de Pinter. Tenía una cuchilla especialmente afilada para desmontar en gajos las capas de contradicciones de los vínculos humanos, para indagar en la naturaleza del poder y en los riesgos de que el fascismo penetre en los pliegues más íntimos, como si no se tratara tan sólo de un movimiento político, sino de un aspecto del alma. Hombre de convicciones y compromisos políticos inclaudicables, de esos que nunca tuercen el brazo hacia la derecha, se opuso al gobierno de Margaret Thatcher y rechazó el título de sir porque le parecía “sórdido”.

En la biblioteca de Hackney, el joven Harold devoró al azar todo lo que encontraba. Dostoievski, Kafka, Joyce, Eliot y Pound fueron su primera escuela; por ellos, o gracias a ellos, tuvo la primera certeza: la vida era algo incierto. El fascismo seguía vivo en el mundo de posguerra londinense bajo la forma de librerías, diarios ultranacionalistas e incluso grupos itinerantes. Y peor aún fue comprobar la tolerancia pasiva de un gobierno laborista que en 1945 no hacía ningún intento por frustrar el resurgimiento del antisemitismo inglés. El ADN de su identidad artística, de ese brazo que siempre pulseó hacia la izquierda, se encuentra en estos años de formación. Después de su bar mitzvah, el adolescente Pinter, que ya mostraba alta presencia hormonal de inconformismo, renunció a la religión a los 13 años. Su rechazo a la estructura estatal lo impulsó a negarse a cumplir con los dos años de servicio militar obligatorio en 1948. Fue su primer acto de resistencia política.

Pinter llegó al teatro de Londres en la segunda mitad de los años cincuenta. Inició su carrera como actor (bajo el seudónimo de David Baron), oficio al que ha vuelto cada tanto a lo largo de los años. Cuando comenzó a escribir, hacia fines de los años ’50, supo que las privaciones y la necesidad existen aun en la opulencia y la satisfacción que anestesiaban a la sociedad inglesa. En 1957 publicó su primera pieza breve, The Room (La habitación), en la que abordó la historia de una mujer casada que no quiere bajar al sótano de su casa en el que está viviendo un extraño, un hombre que la llama por otro nombre, como si la conociera de otros tiempos, como si ella hubiera vivido otra existencia que ha tratado de olvidar. Un año más tarde, con La fiesta de cumpleaños, adquirió notoriedad explorando el tema de los que se rebelan contra el establishment y de los que lo defienden. El dramaturgo inglés mostraba cómo los defensores del establishment son sus víctimas inconscientes. El éxito llegaría con El cuidador (1959), pero aún quedaba un largo camino por transitar en la dramaturgia con La colección (1961), El amante (1962), La vuelta a casa (1964), Traición (1978), Un tipo en Alaska (1982), Un trago para el camino (1983) y Polvo eres (1996), entre otras de las más de 30 obras que escribió, a las que se suman los 21 guiones cinematográficos, incluidos La mujer del teniente francés y Betrayal, candidatos a los Oscar; la novela Los enanos; decenas de relatos cortos y cientos de poemas. En los ’80, Pinter publicó obras más abiertamente políticas, que versan sobre la crueldad, la tortura, la violación de los derechos humanos o lo que el dramaturgo consideraba la duplicidad de las democracias occidentales. Pinter examinó la relación entre verdugo y víctima en One for the Road (1984), inspirada en Tomando té con el torturador, incluida en el libro del periodista Andrew Graham-Yooll Memoria del miedo, una crónica de la violencia política que se vivió en la Argentina de la década del ’70.

La dramaturgia pinteriana está cincelada por un profundo sentido de la territorialidad, del poder y de la traición entre hombres a causa de la mujer. Su recurso más habitual consiste en interrumpir los diálogos con silencios misteriosos y pausas, pero también se ha señalado el inexplicable comportamiento de los actores, las pequeñas habitaciones, un número reducido de personajes y las permanentes apariciones de extraños amenazantes. Cuando la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel, en octubre de 2005, el jurado subrayó que en la habitación típica de Pinter “se encuentran seres que se defienden contra intrusiones foráneas o contra sus propios impulsos, atrincherándose en una existencia reducida y controlada”. Andrew Graham-Yooll, en el prólogo de Guerra (Ediciones de la Flor), advierte que la dramaturgia de Pinter se sitúa a mitad de camino entre dos extremos brillantes. “Si James Augustine Joyce (1882–1941) metió todo en la creación literaria para nunca más dejarle palabra libre disponible a nadie, y Samuel Beckett (1906-1989) le sacó todo como para que la dramática quedara liberada de las palabras, Pinter usó el idioma en la medida y filo justos como que una breve oración tuviera la fuerza de penetración de una daga.”

En sus primeras obras se percibía una marcada influencia de Samuel Beckett, con quien mantuvo una larga amistad. “Lo conocí una noche en París. Me llevó de bar en bar y terminamos tomando sopas de ajo a las cuatro de la madrugada. Bicarbonato a la mañana siguiente”, rememoró. El vínculo del dramaturgo con la Argentina no es menor. Pinter apareció en un video homenaje a las Madres de Plaza de Mayo en el que les dedicó unas emotivas palabras. Pero además, actores y directores teatrales locales lo admiraban y representaron casi todas sus obras en los teatros argentinos (ver aparte). En los ’70 criticó la actuación de EE.UU. en el golpe que derrocó a Allende en Chile. En 1988, Pinter y su segunda mujer, la historiadora Antonia Fraser, crearon el Grupo 20 de Junio, formado por intelectuales de izquierda, con el objetivo de derrocar al gobierno de Thatcher. En los últimos años sus críticas políticas más ácidas estuvieron dirigidas contra la violación de los derechos humanos y contra la guerra de Irak, en la que Reino Unido fue fiel seguidor de la administración estadounidense. Del ex primer ministro británico Tony Blair llegó a sugerir, en su discurso de aceptación del Premio Nobel, que era un “criminal de guerra” que podría ser sentado ante el Tribunal Penal Internacional por las atrocidades cometidas en Irak. Y de Estados Unidos dijo que era un país “dirigido por una pandilla de delincuentes”. Muchos extrañarán las “granadas” que arrojaba Pinter.

Maririu: The servent...!

La recuerdo de los cineclubs de lóbrego franquismo, cuando Losey nos sirvió, con Pinter, para analizar las relaciones de dominación y la ambigua forma en que el amo se convierte en el esclavo (Hegel decía algo al respecto, pero cualquiera lo entiende...!). En esa relación de dominio...¿eran Bogarde y Fox? se encontraba la ambigüedad de la relación afectiva interceptada por la clase, la profesión, el espacio determinado del hogar, la función de cada uno. Las transgresiones de Bogart, su sonrisa de superioridad ante el aristócrata crispado, cada vez más a solas con sus sentimientos de altiva humillación...Toda una lección sobre el Poder con mayúscula. Cuando, en aquellos comienzos de los setenta, sólo podíamos pensar sobre el Poder como algo extraño a nosotros. No he vuelto a ver la película. No he querido. Porque el Poder, precisamente, no es algo donde habitan los otros, los ajenos totalmente a nuestra edad y a nuestras ideas. El Poder ha pasado a ser un espacio que nos reconoce, que nos señala como el cartel de propaganda del tío Sam: "I want you...". Y que recuerda cómo hemos apostado porque uno u otro lleguen a ese espacio que Pinter y Losey convirtieron en una metáfora doméstica y sexual. Ahora, quizás me mirarían Bogarde y Fox desde la pantalla y, mientras recitaban sus papeles, algo en sus ojos me diría: "¿Os creíais a salvo, estúpidos?"

Es verdad, Juan, que al teatro de Harold Pinter se le ve toda su fuerza cuando lo ves puesto en escena.
y también que El País lleva grandes artículo sobre él para los que no tengan la edición impresa :
http://www.elpais.com/articulo/cultura/Adios/mirada/rebelde/elpepucul/20081226elpepicul_2/Tes

Pero lo que todos hemos visto son las películas basadas en sus guiones : todos seguro "La mujer del teniente francés" (en francés es la maîtresse!!!) lo que yo recuerdo sobre todo son las películas de Joseph Losey Accident y The servant en particular.
Ésta es la que mejor representa el talento de Harold Pinter, como sabía sacar a luz el abismo de la naturaleza humana, metáfora de la fascinación entre verdugoy víctima ¿entre amantes?

Yo también tuve una casa y un perro. Se llamaba Isidoro. Vino ya de mayor (dos años) porque unos amigos se lo regalaron a mi hija. A mí nunca me habían gustado los perros, incluso les tenía miedo. Con Isidoro me reconcilié con esa raza, era un fox-terrier independiente (¿es una redundancia?) que se escapaba todos los días. Al principio – ya estaba”bautizado” – no me gustaba que tuviera nombre de hombre, luego me acostumbré e Isidoro fue mi amigo, un amigo que me comía en la mano (y no me daba asco) y que me lamía. Me hizo recuperar ternuras que se remitían a la niñez de mi hija. Primero me fui yo de casa, algún tiempo después él volvió con sus antiguos dueños. Supe que ya murió. Cuando veo su foto siento emoción y tristeza, cuando veo un fox-terrier por la calle me alegro. La alegría que produce lo vivo. La vida y algunos recuerdos.

Tiene razón Maririu; no suelo escribir en el blog de personajes que ya están suficientemente tratados en el periódico, a no ser que yo haya tenido alguna relación con ellos, o me hayan afectado por su literatura o por su vida; mi contacto con Pinter es muy superficial; desde el punto de vista de la dramaturgia, leí obras suyas, nunca lo vi representado, me parece; a él lo conocí en los años 70 en londres, muy fugazmente, cuando acababa de hacer pareja con la historiadora Antonia Fraser. Pero eso no me daba para escribir de él, y hay hoy muy buenos textos en el periódico sobre Harold Pinter.

Precioso texto, Ferran, tanto que no puedo añadir más que gracias.Y aunque tú hablas de perros si yo susbtituyera esa palabra por gatos no cambiaría gran cosa el significado de tu texto.

Cruz ¿y porqué no adoptas un perro? un coleguita para Rita.

Ferran, gracias por tus palabras, tu perra debió ser muy feliz; yo quisiera que la mía durara siempre, pero sé que no será; ya tiene 9 años "no conocéis la pereza, pero os llega la debilidad" eso se lo noto, es tierno.
Has hecho un homenaje precioso a aquella que seguro te acompañó, y con tu permiso, me lo guardo.
Felices días a todos

Ya sé que son fiestas familiares, ya sé que es inglés pero ayer murió Harold Pinter y ¿ni Rita se acuerda de él?

Juan, tu Rita tiene manos de pianista.
Se le ve noble y confiada ante la camara, no te estrañe que te salga artista.
Felicidades y paz en estos días de tanto movimiento de gente por llegar a casa por Navidad.
Salud.

Rita: ya que has querido dirigirte a nosotros, habituales moradores de este recinto de afecto (con algún que otro enfado familiar), te respondo. A quienes nos gustáis los perros o las perras hay personas que nos miran con la prevención de un andamiaje de prioridades que sólo está en su propia tiranía amorosa. No queremos a los animales a expensas de las personas. Porque no queremos a todos los animales: nos gustan, y a veces queremos a alguno con el que hemos convivido o han convivido nuestros amigos. Igual que nos ocurre con las personas. Pero lo cierto es que, cuando se trata de vosotros, estáis dispuestos a una serie de cosas que sólo os pertenece. No podemos decir: "Rita es redonda, pequeña, suave, tan blanda por fuera que se diría que es de algodón, que no tiene huesos...", pero sí podemos llegar a hablaros cuando nadie nos escucha y vosotras nos miráis atentamente, a sabiendas de que confiamos algo, que os prestamos una atención especial. No comprendéis un argumento, pero sentís la emoción que lo contiene y el ánimo que lo transmite. Quizás no sepáis lo que es la tristeza, pero sabéis cuando estamos tristes. Y eso os coloca en un espacio de tristeza que deseáis ocupar o que no podéis evitar invadir con vuestros ojos, que nos miran sabiendo que algo ocurre, algo malévolo que nos aturde. Eso os obliga a echaros a nuestro lado, a quedaros mirándonos con una ternura curiosa, sin saber de qué modo entregarnos vuestro afecto. Y ese no saber es plenitud, porque ni siquiera os planteáis que no tenéis recursos para poneros en nuestro lugar, para entenderlo todo. Simplemente, os dejaís llevar por vuestro instinto, por algo parecido a la compasión y por una solidaridad incondicional, de una autenticidad que desborda cualquier precaución de los humanos. Ni siquiera os protegéis del dolor que compartís, porque no es una decisión meditada, sino un acto coherente con vuestra dependencia. Esa dependencia no es servidumbre, sino la vinculación que os ata a quien habéis entregado vuestra vida, seguros (pobres de vosotros) de que esa persona os quiere de una forma absoluta, como queréis vosotros, incapaces de imaginar cualquier otra manera de entregaros a un ser humano.

Llegáis a formar parte de la familia con esa presencia constante, que llena los lugares comunes. Vuestra alegría cuando regresamos a casa es siempre la alegría infantil sin temor alguno, que os lleva a tropezar, a gritar, a correr como locos por el lugar al que regresan vuestros seres queridos. Esa felicidad de niño la conserváis durante toda vuestra vida, incluso cuando la vejez se interpone entre vuestra conciencia y vuestro cuerpo, haciendo que todo sea un poco más difícil para expresaros, pero sin que nunca dejéis de hacer todo lo posible. No conocéis la pereza, pero os llega la debilidad.

Invadís la vida de tal modo que luego, cuando ya no estáis, la familia diezmada reconoce lo que es una muerte injusta completamente. Pensamos que habéis sido felices para consolarnos o, de forma egoísta y petulante, pensamos que os hemos hecho felices. Y debe de ser cierto que una de las virtudes que os distinguen de nuestra especie es que sólo alcanzáis la felicidad (esa felicidad instantánea, cercana a las cosas, inmediata, que nosotros no conseguimos tener) cuando podéis intuir que estáis con quien os quiere: esos extraños seres humanos a los que, por alguna oscura razón, habéis decidido entregar vuestra vida breve.

Pero siempre, incluso con ese consuelo de recordaros, pensamos que la vida ya no es igual desde que se agotó vuestro plazo. Sabíamos que tenía que llegar, ´habíamos visto la desesperación y el dolor tan profundo en tantos amigos. Pero pasamos por ello como una experiencia que nadie ha podido comunicarnos. Y os echamos de menos casi cada día. Como si, en cada lugar, hubiérais dejado el rastro de una mirada vuestra, de un gesto que no vimos en ningún otro perro, de una extravagancia que considerábamos nuestra. Debe de ser la forma que tenéis de recordarnos.

Que pases, Rita, unas felices fiestas.

Ayer escribí "profesías" por "profecías", hoy "descancillo"por "descansillo" y además tartamudeo repitiendo que "puedes puedes".
Y qué ? Hago lo que se me da la gana, para eso soy el único omnipotente.
Hasta autocorregirme, con lo cual queda demostrada y como ejemplo para la inflexibilidad reinante, la modestia celestial.

Amén Amén Amén Amén

Me gustan los perros; a menudo mucho más que las personas. Responden a un solo nombre y si se les llama por otro ni se dan por aludidos.
Entre otras muchas cosas buenas que tienen.
Además, cuando ladran suelen tener razón. Los humanos a menudo ladramos con razón o sin ella y muchas veces por molestar.
Sí; definitivamente me gustan a menudo mucho más los perros que las personas.

El cielo 26-12-008

¡Cómo me he equivocao con esto del libre albedrío!¡Hombre por Mí!
Es que no se relajan ni un día.
Ya, supongo que por cuestiones de conciencia, no le quitaremos el cuerpo y regresaremos, como yo mando, a las miserias del mundo, las crisis, los desempleos y la hostia bendita.
Pero hoy un descancillo...
Ayer nos tropezamos con la queja del “no acabar jamás con el ciclo de la previsibilidad masculina decadente” escrito por la deliranta sudamericana, hoy con la agresión de “uno en crisis” que a juzgar por los temas del blog al que remite mas que “uno en crisis” es “una en crisis” con transfusión de género y tufillo a la misma persona, y que en realidad está en crisis por la imposibilidad de erectar su clítoris al tamaño de la Torre Eifel, o sea que andamos con el universal paradigma de la eterna insatisfacción con nombres diferentes.
¡Hay que aguantarse un poquitín el vacío del agujero, mujé, que no es pa tanto!
Y sinó puedes pues: haz calcetas.
¡Acabemos ya!
Y si tampoco puedes puedes como has reconocido, criatura de Dios, o sea mía, sigue fingiendo y relájate como si hubieras descargado un poquitín del veneno que te agobia!


Tu padre que te aconseja por que bien te quiere.

Maestro Cruz
Espero que pases unos días muy felices en el Médano con la familia y con Rita,el amor a los animales es un reflejo en muchos casos de que clase de ser humano somos y entrar a este blog a decir imbecilidades con manifiesta mala baba también demuestra la clase de persona humana que pululan por nuestra sociedad haciendo el más grande de los ridículos.La nieve y la lluvia que nos acompañan en estas fiestas espero que sirva para que en primavera las semillas broten una solución a la mala racha económica y sirva para entender que el modelo económico y el egoísmo de los países ricos hacia los más desfavorecidos nos pueden conducir a la miseria no solo económica.Tambien espero respeto y consideración hacia los administrados por una clase de políticos(los menos) que hacen declaraciones y ejecutan políticas manifiestamente deleznables,me gustaría que estos elementos corruptos de los ayuntamientos en particular,sufrieran el rechazo de sus conciudadanos y no esas muestras de apoyo, por todos entendida como clientelismo y que mancillan ese pueblo ó ciudad por una minoría de chorizos y sus adláteres.
PD Carmen te deseo que disfrutes mucho a tu familia en estos días y que seas muy feliz con ellos, un besazo guapísima.
Saludos Paco

...no siempre se está en los templos, para algo se plantan las alamedas y se cultivan con curiosidad los jardines... dice cervantes en el prólogo a las novelas ejemplares. Cito de memoria, que para un perro no está mal.
Me alegro que se hable de mí, mal o bien, y no de la crisis. Más aburrido todavía que no tener dinero es hablar de no tener dinero. Menos mal que los perros ni tenemos dinero ni hacemos más fiestas que las de ladrar al encontrarnos con los amigos. Dénse por aludidos.

Se acaba 2008 y dentro de pocos días cumpliré años. Son dos buenos motivos para hacer un repasito. Tu blog fue una novedad. Lo conocí en Abril; participé, motivada por tu alusión a la biblioteca, y entró a formar parte de mi día a día. Te comprometiste públicamente a donarnos unos libros y agradezco públicamente que cumplieras tu promesa. Varias pesadas cajas de libros que hoy se encuentran en nuestras estanterías y en los rincones de lectura de las casas de nuestros usuarios. Me agradó presentarte (que no hacía falta...)en tu esperada charla de El Médano. He leído tus últimos libros y he seguido, en lo posible, tus lecturas recomendadas. Con un poco de agobio, tengo que decirlo, pues me recuerdas todo lo que he leído y he olvidado y todo lo que me queda por leer. He conocido a Rita. Resumiendo... este año ha tenido un poco de color "juancruciano". Gracias, Juan.
P.D. Y del Barcelona ¿qué me dices? Lo mejor. Dicen que Pedrito participará mañana en el triangular benéfico, Amigos de Vitolo, en La Orotava, junto a políticos, periodistas y demás.
Margot Padrino

Jo, millones de personas amenazadas por la crisis, la ruina, el paro y vienes tú a hablarnos bucólicamente de la per-Rita.
Cómo se notan las diferencias sociales en lo que a cada cual le preocupa.

Rita, ese gran invento...

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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