Un hombre afortunado

Por: | 23 de diciembre de 2008

Por razones que son fáciles de deducir, me he pasado buena parte de mi vida --de manera intensa, hasta los dieciséis años-- en manos de médicos; y luego he sido amigo de muchos de ellos. De algunos he hablado aquí, y de todos tengo algunos recuerdos, generalmente muy buenos. También he conocido a los médicos de mi madre, porque mi padre rara vez fue al médico; pero durante años acompañé a mi madre a sus médicos, que fueron tres. De modo que esa frecuencia de trato con doctores me los ha convertido en seres familiares, capaces, como la poesía, de llevar alivio a los dolientes tan solo con su presencia. La deuda que tengo con ellos es de admiración, por su dedicación, por su paciencia, por su capacidad para sobrellevar sus propias preocupaciones dando la impresión de que quienes únicamente les preocupan son sus pacientes. Hay muchos libros glosando la figura de los médicos, y a esa biblioteca inmensa se acaba de incorporar un libro extraordinario, hondo y extraño, Un hombre afortunado, de John Berger. Berger es uno de los grandes narradores-poetas de la lengua inglesa, sus libros no son novelas lineales, o ensayos puros, siempre alienta en ellos un destello de vida fuera de la ficción, cuando hace novela, o de novela cuando describe la realidad. Y siempre hay, en todos sus libros, una densidad poética que estimula a meterse en su mundo como si fuera el mundo de nuestra propia alma. Un hombre afortunado es un relato reflexivo sobre el ejercicio de la medicina; nació de la experiencia de algún tiempo de su vida con un médico, el doctor John Sassall, a quien Berger --con su amigo, el fotógrafo Jean Mohr-- vio ejercer en un pueblecito inglés. Aparte de las anécdotas, o de los sucesos, que contempló con el médico y con el fotógrafo, Berger se adentra en este libro en la personalidad del doctor, en las reacciones de la población con respecto a la nobleza de su ciencia y a la esencia misma del ejercicio de la medicina como cura del dolor, es decir, como esperanza de una vida distinta. El dolor es terminante, cuando surge con toda su intensidad acaba con todo, parece que no va a terminar nunca; los médicos usan más que palabras para aliviarlo, pero sobre todo usan palabras; esa expresión que tanto me apasiona, y que nuestra amiga Elvira Lindo utilizó para titular una novela suya, Una palabra tuya, "una palabra tuya bastará para sanarme", me ha sonado siempre como la primera consecuencia de la aparición del médico en las casas. Este relato de Berger, que les recomiendo vivamente, como les recomendaré siempre a John Berger, me ha conmovido, me ha instruido y me ha devuelto a la memoria a amigos médicos que ya no están y a otros que están, sin los cuales probablemente yo no sabría que el dolor es el camino más difícil, pero más hondo, al conocimiento del alma humana.

Hay 35 Comentarios

No sé si Juan Cruz, influido por la Navidad, nos ofrece una visión amable de la medicina y de los médicos. Por lo menos, parcial. Nos habla de una medicina y de unos médicos en fase de extinción. Desgraciadamente con palabras ya no curan ni los psiquiatras, cada vez más decantados hacia la terapia química. Una palabra “tuya” puede bastar para sanarme pero esa palabra cada vez es menos la de un médico.
Voy a regalar por navidades ese libro sobre un “médico de pueblo” de John Berger. Lo haré con la intención de que la persona a quien va dirigido ( médico) complemente con su lectura una visión humanística casi desaparecida de la formación médica proporcionada por las facultades (después de Bolonia será peor).
Los médicos de ahora (en general) han perdido, en buena medida, el componente humanístico de la profesión. La competitividad creciente de la sociedad también ha salpicado – cómo no – a la medicina, la complejidad de las materias deja poco tiempo para estudiar – o simplemente leer – otras materias no estrictamente profesionales, la influencia de la industria farmacéutica ( en sus manos se ha dejado la formación permanente) es feroz, la presión asistencial convierte a los hospitales públicos en hospitales de guerra (sobre todo en urgencias), la inversión pública en Sanidad es menor que en otros países de nuestro entorno, el gasto farmacéutico desproporcionado… Los malos hábitos a que llevan todas estas cuestiones, a veces, hacen que médicos y enfermos se vean casi como enemigos ( en E.E.U.U. se entrecruzan las denuncias y ese es el modelo al que nos dirigimos).
La opinión de María Francisca está bien para equilibrar muchas de la opiniones anteriores a ella. Tiene razón especialmente en lo que atañe a la medicina privada. No todos los médicos son peseteros. Los hay entregados a la profesión, dedicados al estudio, celosos de su buena práctica. Los médicos – faltaría más – son como el resto de las personas, el resto de la sociedad. Con frecuencia mal considerados, mal comprendidos, injustamente reprochados cuando fallan como si sólo a ellos se debieran exigencias de infalibilidad.
Yo estudié medicina influido por un abuelo médico rural, de los que hacían las visitas a caballo, y por la lectura de “Cuerpos y almas”, con la sana intención de ayudar a la gente doliente, ahora – recién traspasado la frontera de los 60 - cuestiono mi elección, victima de una actividad hospitalaria febril, en servicios poco democráticos. Ya cansado lamento el tiempo que he perdido de estudiar historia, arte, leer más literatura, “enriquecerme” personalmente al margen de una profesión tan exigente. Me han operado dos veces – muy bien por cierto – lo que me sirvió para estar en el otro lado ( en el mismo quirófano donde trabajo cotidianamente), para no banalizar los dolores postoperatorios de los pacientes, para hablar con los enfermos que voy a anestesiar, para comprender lo que es sentirse incapacitado para levantarse, depender de los demás…etc.
Admiro profundamente a muchos de mis colegas, detesto – con cariño – a otros tantos, especialmente a esos que viendo caer enfermos, o morir, a pacientes y compañeros de trabajo siguen teniendo como meta en su vida el audi y el chalet adosado.

Errata: a ver no, tiene que decir haber.

Médicos, como haberlos, los hay para sanar y para provocar el infarto, pero los primeros se merecen el homenaje. Y J. Berger también, además de sus libros se lo puede seguir en numeroso y estupendos artículos y hasta en los subtítulos como colaborador de excelentes películas.


Una anécdota, un otorrinolaringólogo me dijo que el eczema de mi oído era producto de una alergia, le pregunté alérgia a qué y me dijo que al aire y al agua y claro yo me quedé pensando que ese médico o era tonto o creía que la tonta era yo. Me fui de la consulta pero a los pocos días no escuchaba, así que fui a urgencias y en urgencias no me querían atender porque lo que tenía era el oído tapado por el líquido que segregaba el eczema. Otorrinolaringólogo y yo discutimos sobre la finalidad de los servicios de urgencia, yo estaba sorda y al día siguiente tenía una reunión en el trabajo en la que tenía que necesariamente escuchar. Creo que le dije algo muy duro a ese especialista, que dicho sea de paso tenía la consulta vacía de urgencias en ese momento. Le dije a él, lo que le tenía que a ver dicho al encantador del agua, pero el hecho que para demostrarme que yo estaba equivocada me resolvió el problema. Al final me dijo, que con las gracias no alcanzaba, que un beso y yo que con un beso tampoco alcanzaba y le dejé el libro que estaba leyendo.
Pasó hace muchos años, el libro era El mundo al revés de E. Galeano.

¡Feliz navidad a todos!

En el día de La Salud, mis mejores deseos de felicidad y suerte para todos.

Una mujer desafortunada con los médicos
La unica vez que he necesitado un medico me encontré con un gremio corporativista , pagado de si mismo ,clasista donde los haya insolidario y pesetero , nada implicados con la medicina publica en la que parasitan y usan a su conveniencia y por cierto bastante machista , y algunos con cierto tufillo hipócrit amuy morales en unas cosas , pero totalmente inmorales a la hora de sacar dinero , cobrando tratamientos que ya se han encargado de hacer que no funcionen en la publica para luego ellos hacerse de oro cobrando tres veces más lo que cuestan .
No me gustan los medicos que he conocido, solo me han tratado bien y con "humanidad "a los que he pagado y bastante en consulta .
Sirvase pasar don Juan Cruz como anonimo paciente humilde por un centro de salud ,o servicio de especialidades ,en especial las que dan mucho dinero en la privada ,totalmente boicoteadas y maltratadas en lo publico por un gremio que se hace de oro en la privada pero sigue plaza en el hospital algunos como jefe de servicio, directores medicos , gerentes etc compruebe la otra cara de la medicina de la mayoria de los mortales.
Solo el dinero y bastante que pago en seguro aparte privado me hace confiar en el medico.
No tengo otra experiencia .
Feliz Navidad a todos y besos

Todo eso de Berger está muy puesto en razón, pero ¿cuándo coño lee el profesor Cruz? Aquí, en Casablanca, donde resido, apenas da tiempo para leer un libro a la y atender a los amigos. semana. Y eso que no dispongo de periódicos que pueda -relativamente- comprender.
Me hago cruces de la capacidad de Cruz.

Antonio, es muy bonito editar esos libros. A los mayores les emocionan, y a los niños les encantan las historias de sus mayores . Bueno, a mí me gustaban las postales antiguas cuando era niña, y me siguen gustando. Despiertan mucho la imaginación.

El sábado pasado contaban en Babelia que Freud aprendió español solamente para leer El Quijote, pues lo consideraba un ejemplo claro de curación por la palabra, algo que interesa mucho a los psicoanalistas. El artículo se titula "Bálsamo para melancólicos".
Al pobre Don Quijote lo molían a palos a la menor, pero esas conversaciones con el amigo Sancho lo restablecían como un dibujo animado.

Tenemos en casa la trilogía de John Berger: "Puerca Tierra", "Una vez en Europa" y "Lila y Flag", y hojeando en ellos veo que también planea el tema de la medicina. Voy a empezar por estos, cuando haya terminado todo lo que tengo entre manos y El Elefante. Muchas Gracias por la recomendación. También apetece la peli "Una palabra tuya" y el libro de Elvira Lindo, de la que sólo he leído Manolitos a mis hijos. Todo no se puede, pero se andará con suerte. Me gustará John Berger, pues la medicina es una de mis vocaciones frustradas. Tengo gripe, y me tengo que recuperar ya, para preparar la cena del solsticio de invierno a mis gargantúas. Así que, recibido el bálsamo, me voy a tomar algún medicamento que colabore. En tres días volveré.

Juan, algunos se queja de la facilidad y lo parecida que son nuestras anecdotas, es logico, somos de una generación, de unas familias que tenían las mismas dificultades economicas y las mismas enfermedades.
Y en esa época los medicos tenía las mismas formas de tratar a sus enfermos, eran medicos de familia, atendian a toda la familia, a la abuela, a la tia soltera que habia en casa, a mis padres y a nosotros, eramos 5 hermanos.
En fin, rara era la semana que no estaba alguien de la familia en el medico.
Por eso y por muchas más coincidencias, en el respeto y cariño por los medicos y nuestra pequeña nostalgia a nuestros mayores, hemos publicado un libro sobre la familias.
Se llama "Memoria Grafica de Cartagena 1939-1970", en el que los protagonistas són las familias humildes y de la clase media.
El acto de presentación lo vamos a celebrar en el Casino de Cartagena a las 19'30 horas.En el libro
aparecen las reuniones familiares, la compra en el tendero, la plaza de abastos, la comuniónes y las comidas familiares con el café y el Anís del Mono o de las Cadenas, la salida de los jovenes los domingos para ir al cine y la chicas paseando por la calle Mayor, la mili, la jura de bandEra con la familia rodeando al quinto.Todas las fotos han sido cedidas por los mismos vecinos de la ciudad.
En fin un testimonio de lo que nuestros mayores nos han dejado, su respeto por el projimo, el cariño hacia los vecinos y la satifacción por el trabajo bien hecho.
Recuerdo que mi padre me decia.- Primero trabaja bien, presta mucha atención a lo que tienes que hacer y despues interesate por el jornal.
Son imagenes de donde venimos, que no debemos olvidar para poder trasladarlas a nuestro hijos.
Salud.

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Andy.

Hay que ser muy especial para ser médico; en mi niñez me gustaba mucho pero en el momento de llegar a estudiar no se pudo, luego unos años después, sí que lo hizo mi hermana y todos estamos muy orgullosos, además de que nadie que no lo tenga no puede entender lo importante que es tener un médico en la familia.
Por cierto recuerdo a mi médico de la infancia, amigo de la familia y de todas las familias que visitaba en sus casas, iba a sus bodas, sus nacimientos; era uno más; Don Víctor Morales Ruíz fue una de las mejores personas que ha pasado por mi vida, el auténtico "médico de familia"

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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