John Berger, Manuel de Lope

Por: | 26 de marzo de 2009

Los libros son noticias, gente, palabras a montones, caminando. Uno va hacia los libros como si en ellos, en alguna de sus palabras, estuviera la salvación, una ayuda, una lágrima común, la vida; una palabra tuya, escribían las sagradas escrituras, y Elvira Lindo, una palabra tuya bastará para sanarme. A veces hay libros que te llevan en volandas, quisieras vivir en ellos; me ocurrió con Tres tristes tigres, con Rayuela, con los poemas de Rilke, con libros inolvidables, con El extranjero, con Cesare Pavese... Ahora me han venido, casi al tiempo, dos libros, uno de John Berger (De A para X, Alfaguara) y uno de Manuel de Lope (Otras islas, RBA); son dos grandes autores a los que estimo mucho, dos personajes también importantes en mi vida; cuando fui editor, ambos fueron autores de la editorial para la que trabajé, Alfaguara; a ambos los he entrevistado; a Berger lo entrevisté en una casa cerca de París, a Manuel de Lope lo entrevisté en Aix. Berger se agarraba la cabeza como si le sonara su pensamiento, De Lope era más recatado, más sobrio, un castellano trasplantado a la ligereza del Mediterráneo. Aquí están los libros, por leer, flanqueando un ordenador que ha restaurado mi amigo Juan Saavedra; en este ordenador comencé hace algún tiempo un libro raro y grande, imagino que no grandioso, qué más quisiera, que ya va caminando como si quisiera ser interminable, y que se hace, en gran parte, gracias a la mirada estimulante de un gran autor al que también estimo muchísimo, y que me parece que también tiene casi a punto una novela nueva, Manuel Longares, el autor de Romanticismo. A Longares no lo he entrevistado. ¿Y por qué? Interesante cuestión que espero resolver entrevistándole algún día, aunque entrevistar a Manuel es como tratar de entrevistar a Salinger. Ah, ayer estuve hablando para los chicos que estudian Periodismo en El País. Ahí estaban, preguntándole a un veterano desde la voluntad de saber de los novatos. Y no saben ellos cómo se siente de novato este veterano.

Hay 28 Comentarios

Bonito aporte el de Neruda, Chavela, gracias.

maririu, y yo creo que hay un 'más allá'. Pero hablo de las palabras, los gestos, los hechos, la intimidad,...

aunque se ausenta y permanece en soledades

No sabía que decir hasta que leí a Joseca y su humor satírico, hay algo más que la palabra, también hay palabras en las inmundas "tertulias" de la tele, palabras de los culos que se sientan en Gandía,

si no se tiene nada que decir las palabras no son nada.

Por lo demás no conozco ni a a John Berger ni a Manuel de Lope y la verdad me da igual, lo siento pero es así, he leído tanto, disfruto tanto RE-leyendo y además mucho nuevo me suena a ... Por ejemplo el cuento que cita Antonio Corbalán suena a la Bestia en la jungla de Henri James, pero con un final feliz.
Lo siento, me vuelvo desabrida o "acariâtre" que tiene mucho de vinagre o acido sulfurico en la palabra
¡Ay la palabra!

Son curiosos, mas no descartables, los mecanismos utilizados para establecer relaciones entre los humanos, muchas veces los iniciales ladridos concluyen en profundas fraternidades.
Al decir de Neruda, claro.

... Por eso , si me encuentras ignominiosamente
vestido como los demás , en la calle ,
si me llamas desde una mesa en un café
y observas que soy torpe,que no te reconozco,
no pienses , no , que soy tu mortal enemigo:
respeta mi remota soberanía, dejame
titubeante , inseguro ,salir de las regiones
perdidas, de la tierra que me enseñó a llover ,
dejame sacudir , el carbón ,las arañas,
el silencio: y verás que soy tu hermano.

P.NERUDA. "Geografía infructuosa".


El año 1998 fue muy cambiante y enigmatico. Sin razón esencial y sin previo aviso hubo desplazamientos de enfermedades,melancolías,tristezas, y algo más que ya no recuerdo porque para mí lo borró, como si yo hubiera muerto,la vida.
En aquel año del que ya no queda en mi alma ni el vago esqueleto de unos ojos desquiciados le pregunté un día a un sabio de bata blanca especializado en cadaveres, qué cosa podría hacer para espantar aquellas horas preguntonas qye se cuajaban al pie de una cama como se cuajan en las ramas desnudas del invierno las gotitas de rocío por la mañana y que antes de ponerme en pie me sumergían una y otra vez en mareas de respuestas idiotas.
- "No compartas con ellas ni un segundo, ni les cuentes cosas. Vuelve, vuelvete sin tomarlas en cuenta.. tienen el corazón amarillo y son incapaces de emitir un simple latido". Mañana te traeré algo.
Es lo único que recuerdo .
Era un premio Primavera de Novela concedido por Espasa Calpe a Manuel de Lope titulado " Las perlas Peregrinas". Me gustó el ritmo delicioso de aquella narración y el humor de Kauffman y aquella intriga que mantenía en vilo la atención del lector ante la desaparición de un mítico collar llamado la "Catarata del Mar Pérsico"
Luego ,pude leer "El otoño del siglo" que había salido primero en francés y después traducido al castellano.
Sorprende lo prolífico que resultó este escritor para ser alguien con una formación académica basada en el número y la regla y lo mucho que le marcó el arte y la pintura.

Juan, lei que ahora John Berger vive en un pueblo de Savoia o Alta-Savoia, cerca de Suiza. El articulo que cito me dio ganas de leer uno de sus libros y lo que escribes hoy me ayuda para elegir cual.
Dentro de 15 dias estaré en Barcelona y no me olvidaré de comprar uno de Goytisolo; creo que hay uno vinculado con las canciones de Paco Ibanez; serà màs facil para mi.
Adrian, en Savoia vive también un autor de teatro, Valère Novarina. Escribe textos que a mi, que no soy especialista en la materia, me parecen intraducibles, porque encadena frases y frases,inventa palabras nuevas. Me encanta assistir a una puesta en en escena de una de sus obras -vi 2 veces El Monologo de ....?, ay mi memoria, un nombre muy dificil- pero es el estilo de literatura que no soy capaz de entender sola.
Si, que hay tantos libros.

"No llegan los que más corren, sino los que saben a donde van".

Obvio.

"Ni los que tienen ligeras las piernas, sino los que tienen la cabeza firme".
Me gustan las piernas bonitas y...¡pies para que os quiero!

Sí hacemos caso, seguramente la broza que salga en los lindes del camino, no nos molestara ni un segundo de nuestra vida.

Qué camino, demonios. ¿de qué va esto?

"Viva la imaginación que entretiene el camino, que es la vida".
.- pFFFFFFFFFFFFFFFF

Seamos proclives al optimismo, ello nos salvará de lo mediocre vestido de pino.
Salud.
.- Shall we die in mediocrity? Qué más da el pino. Si lo ponen, que lo hagan bien.

Qué majo eres, Juan, o quien seas en tu mundo.
Y qué bien te va.
Para mi quisiera ese disfraz lúcido de estrellas, que se asoma por tu pluma.

Queridos Juan Cruz y amigos blogueros: buenas noches.

A estas horas y con todo por hacer... Aunque visto lo visto lo más probable es que lo mejor fuera callarse...
Acabo de dejar recado en el blog de Adrián sobre el asunto, algo parecido en el tuyo Alena. Todo conduce hoy a lo mismo: Tres, dos, uno, zambullámonos en el silencio íntimo de las palabras de un buen libro: Hay tantos y tantos por leer, tantos y tantos que no leeremos.
(Yo estoy, cumpliendo vuestros sabios consejos del otro día con "La lluvia amarila". Tiene la belleza de las montañas que unen Asturias o León: una belleza durísima, reseca, rotunda, vertical, honda: una belleza que te lleva sólo al silencio de la admiración. Ya sé que la 'acción' la sitúa en Aragón, pero bueno).
La velocidad cibernética nos lanza hacia una hiperactividad mental desmesurada, y nos falta el silencio, la hondura de la contemplación bien hacia adentro. Esa meditación a la que aludía Adrián y que es tan propia de todas los místicos y da igual su religión o no religión.
Fijaos estoy escuchando música bizantina, más antigua aún que el gregoriano, y parece que estoy al lado mismo de un manantial plácido y fresco, hondo e infinito.
Y sólo al escuchar músicas así de hondas, incluso esta melodía, que sería usada en algún culto religioso, me doy cuenta de la cantidad de ruido que nos ensordece.
Y sí, estoy de acuerdo con Joseca, los libros son lo que él dice, al menos los buenos libros... Lo lastimoso es que se nos quedarán tantos buenos libros por el camino...

Feliz noche de jueves desde Segovia.

Estimados corresponsales:

¿Sabes Ingrid?, estoy de acuerdo contigo…, con tu última idea: “me gusta pensar que finalmente las palabras pueden conducirnos al silencio, a ese divino instante de paz interior. ¿Será el silencio la finalidad de la palabra?”. No tanto en las primeras aportaciones de tu intervención; cuestión de matiz no vayas a creer. Creo que nada ni nadie nos salva de nada, como mucho nos redime, por mejor decir, nos redimimos a nosotros mismos con aquello que nos consuela o nos reconforta, con aquello que nos identifica con nosotros mismos.

Hay una corriente científica que advierte, según parece, con experimentos contrastables, que nos enamoramos de la persona que tiene los rasgos más parecidos a nosotros mismos. Tengo para mí que las palabras son los átomos, el elemento más pequeño de la estructura molecular que viene a conformar los distintos tejidos y órganos de un ser vivo que llamamos libro. Este ser vivo nos habla al oído, nos evoca, recuerdos, nos chilla, nos desvela pensamientos, nos introduce en mundos recónditos, nos ampara, nos abandona, nos quiere, nos desprecia, nos emociona hasta las lágrimas, nos despierta la ira hasta el asesinato… El libro es la obra de otro alguien que escribió desnudo, sin perjuicios, emboscado en la inocencia del niño, que escribió para reconocerse a sí mismo y para sentirse querido. Y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Y cuanto más nos identificamos con el verbo de ese libro, más nos enamoramos porque es más nosotros mimos.

Era verano, la arena de Gandía atestada de culos, el sol vertía plomo amarillo y blanco, el agua del mar sesteaba como en un estanque. Tenía en las manos “Romanticismo”, de Manuel Longares y yo no estaba allí, en Gandía, el sol no vertía plomo, ni se chamuscaban mis pies en la arena, no gritaban los niños, ni la señora gorda sacó sus ubres para que se tostaran, ni eructó el gañán cuya cerveza fría reposaba en las ingles para que le bajara la calentura, ni trasteaba desde el cielo una avioneta arrastrando una vela al viento que rezaba algo así como: Rumasa: expolio. Yo no estaba allí, estaba en el barrio Salamanca, en Madrid, viviendo con los personajes de Manuel, identificándome, enamorándome. El verbo se hizo carne y habitó en mí. Me encapriché de la honda sonoridad de su prosa y de la atmósfera romántica, nostálgica, única… ¿Cómo iba a escuchar los gritos de los niños?

Con que los libros para mí son eso: Verbo que se hace carne.

Buena noche

Sí claro, el intersticio por donde se cuela ese fondo donde la figura es la palabra.

Si fuera al revés la vida sería insoportable.

En los estados meditativos el silencio es un valor preciadísimo, para conseguirlo existen técnicas para ir disminuyendo el volumen y la frecuencia del lorito parlanchín de la mente que está dale que dale...

Leyendo a Adrián, se me ocurre pensar si el silencio no será el intervalo de la palabra. Lo que queda indicto.
No es mi intención filosofar...

¿No será, el silencio, el todo en el que se inscribe la palabra y ésta, excepción circunstancial y determinación espacial. El primero, el principio y fin de todas las cosas: infinito y eternidad?

"Los libros son palabras a montones, caminando.Uno va hacia los libros como si en ellos, en alguna de sus palabras, estuviera la salvación..." Del todo de acuerdo, Juan. Tal vez no sea directamente la palabra que nos salva, sino el pensamiento que despierta en nosotros, la inspiración que recibimos a través de ella, porque la palabra es energía, es vibración. Empleada adecuadamente es una hermosa herramienta que nos conecta con los demás y con todos los mundos posibles , nos muestra caminos nuevos, nos puede despertar o hacer soñar... Y en la medida en que una palabra tiene el poder de transformarnos, tambíen nos puede salvar. Me gusta pensar que finalmente las palabras pueden conducirnos al silencio, a ese divino instante de paz interior. ¿Será el silencio la finalidad de la palabra?

Correspondo cumpliendo tu petición Paco, no vale la pena,retomare el ejercicio de la paciencia, aunque a decir vedad, nunca la he perdido. Lo cierto es que hubiera sido interesante discurrirr sobre el pensamiento de Gianni Vattimo (al que citó) y "Las aventuras de la diferencia" o "La sociedad transparente" o sobre Baudrillard y sus visiones de nuestras sociedades mediatizadas por "La transestética" donde reina la obsenidad travestida de Lo Todo Visible. Será en otra oportunidad y con algún interesado en la filosofía y su incidencia en los procesos creativos que atraviesan a los artistas y la propuesta que los folósofos hacen del arte como única salida posible y paradigma referencial del camino a retomar frente al desasosiego actual.
Entonces ¿Qué decir de Rayuela novela citada por el boss hoy y texto experimental por excelencia? ¿Cómo no iba a dejar profunda huella cada uno de nos? O del "hombre absurdo" de Camus que bien se liga con el nihilista de Vattimo quien se reconociera en la hermenéutica de Heidegger,igual ambos, como muchos de nosotros, atravesados por el insoslayable genio Nietszchiano. Lo cual hace a una particular comprensión de los fenómenos existenciales. A los que habría que sumarles los condicionamientos epocales de la masificación y la despersonalización que generan los medios de comunicación masivos, a la sazón, cada vez mas poderosos y deformantes.

Ayer asistí a la conferencia que dió Luís Goytisolo en el Palau de la Virreina ,en Barcelona.Habló sobre su familia ,centrándose principalmente en su hermano José Agustín.Disfrutamos todos los asistentes con su fino humor.¿Que hombre más encantador!

Acabo de leer un texto que me ha gustado y siempre viene al pelo.
No llegan los que más corren, sino los que saben a donde van.
Ni los que tienen ligeroas las piernas, sino los que tienen la cabeza firme.
Sí hacemos caso, seguramente la broza que salga en los lindes del camino, no nos molestara ni un segundo de nuestra vida.
Viva la imaginación que entretiene el camino, que es la vida.
Seamos proclives al optimismo, ello nos salvará de lo mediocre vestido de pino.
Salud.

Maestro Cruz

Efectivamente como dice Alena tenemos tantos buenos libros y poco tiempo para leerlos y perdón por mi insistencia creo que siempre debemos volver a los clásicos, leía el otro día ” La vida del buscón llamado Don Pablos” de F.de Quevedo y pensaba que los jóvenes deberían leer a estos genios para quizás entender mejor a este país y para que comprueben la calidad y cantidad de autores geniales de este país, no todo debe ser los vientos, las columnas y los espadachines.
PD.Un saludo a Adrián y una petición no pierdas tú valioso tiempo con milongas, te conocemos y sabemos quien eres y también conocemos a los trolls y demás descerebrados que entran no sabemos a que y porque,sabemos eso sí que entran ha fastidiar y que no acaban de irse enfins paciencia.
Saludos Paco

No he leído nada de John Berger, vaya por dioxx...tanto por leer y tan poca vida para ello...habrá que intentarlo.
Ando con Coetze y su " Esperando a los bárbaros"...magnífica novela; eso sí, asfixiante.
Y me acaba de llegar un libro con muy buena pinta " Tú dí que eres uno de ellos", de Uwem Akpan. Relatos. Editorial El Tercer Nombre.
Me entero ( en la solapa) que el autor nació en Nigeria, y que fue finalista del Premio Caine de literatura africana en el 2006, con uno de los cuentos que salen en este libro.
Promete.

Buena idea, Corbalán.

Y tachán, justo al lado, el mundo sigue siendo una aventura.

La verdad es que hay tanto tan bueno.

Me pondré puntilloso; pues es bueno que lo sepan.

Estimado Antonio Corbalán,

Este libro de bolsillo de cuentos cortos,que nos comentas, de Gonzalo Wandosell, promete.

Esperaremos que se presente y habrá que hacerse con un ejemplar. Suerte.

Salud

Juan, estoy preparando un librito de bolsillo de cuentos cortos, de Gonzalo Wandosell.
La fecha de la presentación es el 14 de Abril.
Pero solo entro para enviarte una primicia del libro, para Tí y nuestros amigos. El titulo del cuento que os mando es: "MI bósforo de almásy"
Carlos y Ana se conocieron porque la madre de él dijo que, por una vez en su vida, iba a obligar a su marido a acompañarla al cine. Hizo una llamada a una buena amiga y dejó a Carlos a dormir en casa de Ana. Desde ese día se hicieron inseparables. Juntos cruzaron las procelosas aguas de la adolescencia, como dos barcos de papel en medio de la tormenta perfecta. Ana tenía facilidad para encontrar rápidamente un buen puerto de refugio, pero Carlos solía atracar en dársenas no recomendables. Cuando todo parecía perdido, aparecía Ana con su infinita sonrisa, y con ese pequeño y ligero gesto que ella mostraba cada vez que lo sacaba de un apuro: un casi imperceptible movimiento de ese hoyito visible en la base de su cuello. Carlos lo bautizó cariñosamente “mi bósforo de Almásy”, en recuerdo de una de sus películas favoritas. Sólo él era capaz de apreciar entre la niebla aquel ligero movimiento, como un faro indicando un puerto de refugio seguro. Pero, lamentablemente para ella, ése era el único rincón de su cuerpo que lo subyugaba por su belleza.
Ana no se percató de cuando cayó prendidamente enamorada de Carlos. Sólo tenía claro que no podía evitar acudir cada vez que él necesitaba ayuda. Carlos la buscaba en la intimidad, y a ser posible a solas, pero a los sones de una balada de amistad. El problema es que ella no respondía a los cánones clásicos de belleza. La parte más amena de su vida la reservaba para aquellas mujeres que compartían una belleza más al uso de los deseos de su alocada juventud. Ella, mientras tanto, sufría en silencio un amor que no le permitía vivir. Un amor que hacía correr sus lágrimas por todo el cuerpo, y en especial, por ese hoyito situado en la base de su cuello.
Con los años, la situación no mejoró. Al borde de los cuarenta, Carlos ya habia atravesado por dos matrimonios, dos divorcios, varios fracasos empresariales, innumerables líos de faldas, y cientos de malentendidos. Mientras tanto, Ana seguía rechazando inconscientemente, como en los últimos veinte años, cualquier clase de relación sentimental con el único fin de estar perfectamente libre en el momento en que Carlos pudiera necesitarla. Ninguno de los dos cambió jamás su papel. Élla siempre esperó. Él siempre acudía en tiempos aciagos, pero no para quedarse. Volvía a marcharse al reclamo de nuevas, inquietantes y lejanas aventuras, aunque, sin imaginarlo, el poso del amor desinteresado de Ana iba minando poco a poco su capacidad de disfrutar de compañías más superfluas. Las aristas menos agraciadas del rostro de Ana, se desvanecían lentamente con el tiempo.
Un día de bronca con una de sus insulsas conquistas, Carlos cogió carretera con un último rumbo: “mi bósforo de Almásy”. Por fin sabía que ése era el único sitio del mundo donde merecía la pena atracar definitivamente su nave, después de años de navegación a la deriva.
El maestro dice: No dejes que la bruma de superfluas aventuras te impida ver lo que nunca se movió de tu lado.
Espero os guste.
Salud.

Juan, ultimamente escribe cosas muy sabias, debe ser el descubrimiento de la primavera. Suerte con el nuevo libro, el mejor libro todavía está por escribir, salud

Hace algunas semanas Elvira Lindo publicó un artículo en Domingo que tenía mucha gracia. Ella dice que es de las que se van "con cualquiera", que es "perrilla". A lo mejor la soledad de los gatos es más digna que la de los perros, pero cada uno somos como somos. Os copio un párrafo:

"Hay dos tipos de escritores, los perros y los gatos. Los perros tienen menos prestigio, los críticos suelen llamarles realistas o, si les quieren hacer más daño todavía, costumbristas. A mí no me importa la palabra, sino la mala baba con que se escupe. Pero en fin. A este carácter mío de canino el Internet le va como anillo al dedo, aunque lo haya criticado y lo critique. Como internauta que soy pienso que no está de más que los padres, a veces tan ajenos, se pongan al día en las posibilidades que tiene este juguete, porque a veces es sólo eso, un juguetito. A mí me gusta jugar con esta cosa. El placer a menudo tiene sus peligros, claro, pero los perrillos, ay, no sabemos resistirnos. Será que entre mi lista de amigos hay demasiada gente jovenzuela, el caso es que, lo confieso, soy de Facebook. Facebook es como un gran corro de la patata. La definición no es mía, se la debo a un escritor con el que comparto bastantes cosas (él es gato, por cierto), y creo que es acertadísima. "
http://www.elpais.com/articulo/panorama/Facebook/corro/patata/elpepusocdgm/20090301elpdmgpan_9/Tes

No soy escritora, pero soy perrilla. A lo mejor Manuel Longares es gato, y por eso se esconde de los entrevistadores. Me apetece mucho leer su novela "Romanticismo", que estuvo tan en boga hace un par de años. Voy con retraso en lectura. Voy con las ediciones de bolsillo. Juan Cruz, tiene de novato lo que yo de gata. Es muy loable "poner los libros en la conversación de la gente" (¿Quién dijo eso? Es bueno).

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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