Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

El guerrero de Internet

Por: | 20 de marzo de 2009

Mi amiga Rosa J. C. me reenvió ayer un enlace de Internet en el que se daba cuenta de que The Washington Post se había pasado a Facebook y se añadía que este servidor de ustedes estaría, más o menos, temblando de rabia. Durante una serie sobre periodismo que hice con grandes maestros del oficio, un periódico digital aventuró que yo llevaba una cruzada contra Internet. Y para corroborarlo recogían de mis preguntas y de las respuestas aquella que viniera bien a su conclusión.

No estoy contra Internet. En concreto, utilizo Internet desde que nació; en una ocasión, el periódico EL PAÍS, conocedor de mi adicción a esta tecnología, y a otras ligadas al teléfono, me propuso un reportaje sobre lo que sentía un adicto como yo sin los artilugios que se inventaron después de Internet, por ejemplo, el correo electrónico. Estuve una semana ´desconectado`, me sentí como un convaleciente de una enfermedad infantil, y luego escribí el reportaje, que debe estar perdido en las hemerotecas del ciberespacio.

Y estoy en Facebook. Me hice hace poco, por la insistencia de mi amigo Miguel García Morales, que además ahora me dice que ya se está aburriendo del artilugio. Me hice porque iba a hacer un reportaje sobre la amistad y me dijo Miguel que de ahí podía tomar muchas deducciones. Muchas no he tomado, seguramente porque aun es temprano, pero seguiremos en el empeño hasta que le encuentre el intríngulis.

Así que yo no llevo ninguna guerra; consulto blogs, escudriño en algunos elementos del proceso internáutico, y me interesa tanto como me interesan los libros o los diarios de papel, es decir, muchísimo.

¿A qué viene, pues, que uno se haya convertido en lugar común de los que profesan, o dicen profesar, como servidores únicos, a la causa de Internet? Pues ni idea. Aventuro sólo una hipótesis: toda iglesia necesita fabricarse un enemigo, y yo soy propicio, en este caso, a figurar en las filas de la enemistad. Pero no insistan, búsquenme las cosquillas por otra cosa, pero no porque tiemble porque el Washington Post esté en Facebook. EL PAÍS también está en Facebook, y no se me ha puesto roja de ira la cara. Ni roja, ni verde, ni nada. Un poco más morena quizá, pero es por el sol. Y el sol no sé si está en Facebook.

En cuanto a los links, cuando aprenda vuelvo. Agur, amigos, y adversarios.

Carencias del Titular, Las Manos Cortadas

Por: | 19 de marzo de 2009

En este blog había ayer varios reproches bien fundamentados. Procuraré responderlos uno a uno:

1. El uso del blog. El uso técnico, me refiero. A veces he puesto negritas, titulares más grandes, titulares más chicos; de eso he sido capaz. Soy incapaz de otras florituras. No sé hacerlo. No tengo excusa. Yo me engaño diciendo que este es un blog de palabras y no de otras virguerías, aunque sigo pensando (sigo pensando, no significa que sea verdad lo que pienso) que una palabra vale más que un enlace. Estoy errado. Lo siento. Que alguien me salve de la ignorancia. ¿Rosa? Tiene mucho trabajo, pero le pediré ayuda.

2. La amistad. Dos blogueros, al menos, Alena y Antonio, se pronunciaron aquí ayer sobre un fallo lamentable que he tenido. Pedí a los amigos que me enviaran frases o consideraciones o experiencias de amistad, y luego no saqué ninguna. Bueno, saqué una, de Candelaria; algunas personas blogueras, que entrán en este blog, intervinieron también en el reportaje. Tuve un problema, que tengo habitualmente cuando me dispongo a hacer un reportaje sobre asunto tan diluido como este: pido mucho material, pregunto a mucha gente, y finalmente se rompen las costuras, tengo demasiado. Y dejé fuera, precisamente, a los que ya habían publicado esas experiencias, consideraciones o frases en este blog. Lo siento. Siento mi ansiedad del vacío, y siento que ustedes se hayan molestado. Pero todo ese material está aquí, en este blog, y fue un contexto muy importante, es decir, una inspiración, para mi trabajo. Gracias.

3. Las manos cortadas. Estoy leyendo un libro, una novela, de Luisgé Martín, Las manos cortadas. Por lo que llevo leído, unas cien páginas, me parece una novela excelente; es una ficción que tiene a Salvador Allende como ficticio personaje principal, y el Chile de 1973 como asunto, en contraste con la propia experiencia del autor 33 años después. El ritmo novelesco es el de la narración en primera persona de una experiencia singular, que al principio te choca como un puñetazo pero luego adquiere el vuelo alto mde una ficción; Luisgé Martín, que publica este libro, como los otros suyos, en Alfaguara, a la que yo pertenecí, ha adquirido una voz novelística muy poderosa, su ritmo es ya el ritmo de un escritor importante, y yo recomiendo el libro porque creo que aquí tenemos un narrador de los que vamos a tener como referencia en los próximos años.

Y me voy a escribir, a ver si lo emulo.

El Libro de Estilo de los blogs

Por: | 18 de marzo de 2009

Imagino que nunca existirá un Libro de Estilo de los Blogs, eso supongo que será imposible. Pero se podrían apuntar algunas posibilidades de normas para la convivencia bloguera. Los libros de estilo de los periódicos o de los medios impresos trabajan sobre elementos fijos, diarios, semanales o mensuales, y el trabajo en internet goza de una instantaneidad cuyo tráfico interior es de muy difícil vigilancia, en realidad es de imposible control. Esa, al menos, es su naturaleza, tan difícil de gobernar porque a lo mejor no es bueno gobernarla. Algunas veces he comentado aquí algunas de las cosas que no me gustan en el uso de los blogs por parte de los que comentan en ellos, pero no he logrado mucho más que reprimendas. Me refiero a mi propuesta sobre los nicks o apodos, o seudónimos; entendí el otro día, y me pareció interesante la solución, que cuando un nick o seudónimo se hace habitual debe tomarse ya como un nombre que los demás asumimos como se asumiría un nombre propio. De vez en cuando saltan nicks que yo no conocía anteriormente, y aparte de alegrarme de que surjan, porque es muy bueno que las comunidades se vayan agrandando, siempre que no se construyan más casas que las que caben en una parcela junto al mar, que esa es la estructura de un blog, una parcela junto al mar, aparte de alegrarme, digo, me gustaría saber de donde viene, qué hace en la vida, cuáles son sus inquietudes, sus dudas; imagino que el paso del tiempo aclarará esos extremos. Pero también me preocupa que con ese primer seudónimo ese alguien entre diciendo: oiga, que usted lo hace muy mal, y que luego no añada qué es lo que tendríamos que hacer para hacerlo mejor. Ayer, en concreto, hubo una interesante aportación en aquel sentido, pero no añadió las normas de estilo que deberíamos seguir aquí para colmar los criterios de calidad que él, o ella, echa de menos. Sería interesante, y quizá sería un buen punto de partida para crear un libro de estilo de este blog, al menos.

En Canarias, las palabras

Por: | 17 de marzo de 2009

Estoy en Tenerife, ayer estuve en Gran Canaria. Un jurado del que yo también formaba parte otorgó ayer el premio Canarias de Literatura a José María Millares Sall, poeta de una gran dinastía de artistas, autor, entre otros, de un libro del que muchos lectores canarios hacen memoria, Liverpool, con el que rompió con los modos de la poesía social. Por la tarde vine a Tenerife, y participé en la presentación de dos tomos que recomiendo a todos aquellos que aman los diccionarios, y no sólo a los que se quieran zambullir en los canarismos, en el modo de hablar de nosotros, los canarios, pues de eso van los libros que presentamos. La obra son dos tomos de más de dos mil páginas (Úrsula Siemens, escritora, que entra a veces en este blog, lo contó anoche, pero no del todo, ya diré por qué) que se debe al trabajo "de titanes" (eso dijo Olimpia de Andrés, lexicógrafa, adjunta de Manuel Seco en varios diccionarios, sobre todo en el del Español Actual) de Cristóbal Corrales y Dolores Corbella. Han rastreado periódicos, libros, se han preocupado por encontrar en el habla cotidiana la médula de ese Diccionario Ejemplificado de Canarismos que ha editado el Instituto de Estudios Canarios y que ahora se presenta como un verdadero tesoro del habla que usamos los canarios. Un diccionario como este es un viaje a la infancia, o a la adolescencia, a los vocablos que escuchaba en el patio de mi casa y en el barrio, aquellas palabras que me hicieron, desde magua a amargor. Conté un cuento que contaba mucho mi madre. Por qué los chochos (altramuces) son amargos. Mi madre me lo explicó. La Virgen cruzaba una huerta de chochos, con el Niño, huyendo de Herodes. Y los chochos secos, en la planta, hacen un ruido ensordecedor, que la delataba. Cuando cumplió su trayecto, volvió el rostro hacia la plantación, y dijo, como dirigiéndos a los chochos: "Amargos se vean como yo me he visto". Debe ser una historia que ella escuchó en alguna huerta de las que había en su infancia, y me puso en la memoria. Al término, en la sala de Caja Canarias, donde presentamos los dos tomos, un señor de mi edad se me acercó: "Yo escuché de niño esa misma historia". Y luego vino Úrsula Siemens a contarme una historia. Pero ella ha prometido aquí contarla, así que le dejo paso. Cuando entre, la contará. De momento, perdonen por haber entrado tarde, pero es que los hombres no somos escopetas.

Esa visible oscuridad

Por: | 16 de marzo de 2009

No había leído ´Esa visible oscuridad` de William Styron. Narra su doloroso proceso depresivo, que alcanza su momento culminante, su conocimiento verdadero, en 1985, un otoño de París, ante el hotel donde se quedó en 1952, la primera vez que llegó a la capital francesa. Es un libro fulgurante, bellamente escrito, y hondo, hiriente; lo que cuenta, los detalles de su enfermedad tan severa, que de manera tan evidente le quitó del mundo hasta el borde del suicidio, le ha pasado a gente como él, escritores o artistas, y le ha sucedido a millones de seres humanos que no han podido contarlo quizá porque no tuvieron el instrumento que él domina magistralmente, la palabra. La palabra nos puede salvar, y nos puede hundir, y también puede servir, sirve, para dejar una metáfora del dolor, para que los demás hallemos el consuelo o la vía para entendernos hacia adentro. Él relata en este libro (que ahora ha publicado aquí Belaqua, en su colección La Otra Orilla) algunos de los nombres que, en el siglo XX, tuvieron su padecimiento pero no su solución, porque acabaron con el suicidio. Es verdaderamente emocionante lo que narra de Albert Camus y de su amigo Romain Gary; decía Camus que el suicidio es el verdadero problema de la filosofía, y deducen Styron y muchos otros que aquel accidente que él sufrió y que le costó la vida a los 46 años fue una forma sustitutiva del suicidio. Un libro escalofriante y bello, auténtico, que debe resplandecer con su visible oscuridad en las estanterías pero sobre todo en la memoria.

La contumacia del argumentario

Por: | 15 de marzo de 2009

Parece que el argumentario contiene esa frase: "Informaciones filtradas a un determinado medio de comunicación". Los que la lanzan, mayormente desde el Partido Popular, pero también desde medios que alternativamente quieren que se salve o que se hunda por sus escándalos actuales, aluden al juez Garzón y a EL PAÍS. Garzón sería el que filtra, EL PAÍS el que recibe. Lo dijo anteayer en Málaga Ana Botella: Son infundios basados en "informaciones filtradas a un determinado medio de comunicación". Lo dijo ayer el presidente de Castilla León: a Camps lo persiguen con "informaciones filtradas a un determinado medio de comunicación". Ellos saben que es mentira, lo conocen perfectamente, pero han pasado el argumentario completo y han subrayado esa frase, que es mentira, para lanzar contra el juez (y contra "un determinado medio de comunicación") tinta de calamar con la que embarullar el asunto para que la gente no se fije en otra cosa, un escándalo que sólo ha merecido esta reflexión de Camps: "Estoy indignado". Otros medios han lanzado por su cuenta informaciones no desmentidas, como no lo han sido las de EL PAÍS, pero el argumentario sólo habla de "informaciones filtradas a un medio de comunicación". Es irritante, desde el punto de vista democrático, la falta de respeto que tienen, los que han hecho al argumentario, a la judicatura y a la información. Hoy hay en EL PAÍS una éntrevista altamente relevante con un testigo de la operación Gürtel que implica al presidente Camps. Imagino que el argumentario conocerá hoy variaciones, porque una entrevista no se filtra, una entrevista se hace, y esta de hoy no sólo está entrecomillada sino que proviene de la propia voz del sastre cuyas manos hicieron los trajes.   

El factor humano de John Carlin

Por: | 14 de marzo de 2009

El título que John Carlin le ha puesto a su libro sobre Nelson Mandela (El Factor HUmano, Seix Barral) sirve también para hablar del periodismo del propio John Carlin. Como el periodismo de los mejores anglosajones, de Inglaterra y de Estados Unidos, es un periodismo esencial, se basa en los verbos y en la gente, en el factor humano; desde el punto de vista del estilo, muestra la conciencia radical de que delante tiene un lector, y que a ese lector no hay que decepcionarle nunca. Que todas las historias tienen un leit motif, y que es mejor que ese leit motif esté centrado en una mirada, en un individuo, en un asunto que tiene que ver con la esencia humana del propio lector. Este libro, en el que Nelson Mandela es el personaje, muestra el periodismo de Carlin en su más alto nivel de autoexigencia: en primer lugar, le cuenta al lector cómo lo hizo, de dónde vino su convicción para hacerlo, y de inmediato el lector entra en la historia como si estuviera allí. Es literatura, porque atiende a la exigencia mayor de la literatura, el ritmo, y sobre todo el ritmo interior, y es periodismo porque atestigua, prosigue un asunto como si estuviera acompañando a un lector que ya está entusiasmado con la manera de apropiarse de la materia que tiene el autor. Da gusto leer este libro, y da gusto leer a Carlin. Para alguien que ama el periodismo es un festin, así que lo recomiendo muy vivamente, como se recomienda una obra maestra o un viaje o lo que ven los ojos de alguien que uno quiere. 

La melancolía del entusiasta

Por: | 13 de marzo de 2009

Al principio del hermoso volumen que contiene la poesía completa de José Agustín Goytisolo que publica Lumen, Carme Riera y Ramón García Mateos, responsables de la edición, recogen este verso de José Agustín: "La evocación perdura/ no la vida". Resume como un subrayado en rojo la personalidad del poeta y también su poesía. Era un hombre hondamente melancólico que guardaba detrás de la expresión de una rabiosa alegría la energía de su tristeza. Le vi en ambos momentos, arriba y abajo, alegre y triste, o alegre y triste a la vez; las circunstancias confusas de su muerte, se cayó desde la altura de su casa, mientras arreglaba una ventana, o no se cayó, lo trágico es que murió antes de tiempo José Agustín, han añadido argumentos del lado de la tristeza. Pero hnay otro factor de su vida que no es común, y que él derramó con una extremada sinceridad: era generoso, estaba atento a los que venían, y también a los que se iban; era curioso, tenía despiertos sus ojos soñolientos y grandes, oscuros; siempre le recuerdo fumando, obsesivamente; en esta Poesía Completa que publica Lumen él aparece en la portada, fumando. Así le recuerdo en su casa, en los bares; recuerdo muy vivamente una de las últimas veces que le vi, con Juan Cueto y Charo López, en una taberna asturiana, comiendo fabes de madrugada; él está allí y cantamos, y él está con su cigarro humeante y su voz rota, creo que le pedimos algunas canciones y él las cantó, con todos; estábamos felices. En algún momento he pensado, y se lo he contado a Juan Cueto, que quizá ese fue el último instante en que fuimos completamente felices. Luego él murió, y de eso hace, maldito marzo, inolvidable marzo, el 19 de marzo, día de san José, diez años. Su poesía puede acompañar con su melancolía entusiasta, con su honda tristeza involuntaria.


He hablado de José Agustín Goytisolo, y de su poesía. Ahora algunos de ustedes tendrán la intención de usar el anonimato o el seudónimo --respetables en los dos casos-- para hablar de cualquier otra cosa, y estarán en su derecho. Ahora bien, no insulten a los otros. Y si insultan prepárense para ser borrados, que es lo que se hace también en las conversaciones en vivo: se silencia al que insulta, nadie tiene derecho a insultar.

Julio Alonso

Por: | 12 de marzo de 2009

Esta mañana he conocido la noticia de la muerte de un compañero de los primeros años de EL PAÍS, de mi amigo Julio Alonso Cardenete. Él fue el autor del primer libro de estilo del periódico; cuando llegué por primera vez a la Redacción me recibió sonriente, él era muy sonriente, veloz, obsesionado con la pureza del estilo periodístico. pero lo que recuerdo de aquel primer momento, y lo recuerdo siempre, siempre lo he recordado, es que todos aquellos periodistas a los que ya veía como mis mayores, y lo eran, en la entonces casi deshabitada sede de la Redacción de EL PAIS, vestían con camisas blancas. Años después, cuando regresé al periódico, y como homenaje íntimo a aquel primer momento de mi vida en este diario, vine vestido con una camisa blanca. Ahora ha muerto Julio; le recuerdo diseñando, rediseñando, guardando como un forzado las esencias que el periódico había creado y que estaban en el Libro de Estilo. Aquel libro de estilo, que creció luego, y fue agigantado y perfeccionado hasta su actual configuración, llevaba en la portada el principio de una crónica de Juan González Yuste, que era uno de los periodistas más puros, sintáctica y profesionalmente, de la Redacción. Juan murió ya también. Es como si de pronto la acumulación de memoria se resumiera en nostalgia, o en melancolía, como si ese tiempo en el que el periodismo y la felicidad iban juntas se encontrara de pronto con el rumor opaco de las muertes. Marzo maldito siempre emitiendo las señales del final como si la oscuridad nunca se cansara de emitir sus terribles sonidos. 

La memoria mala

Por: | 11 de marzo de 2009

Aquel día, un 11 de marzo como hoy, hace cinco años, estaba escribiendo un artículo sobre Francisco Ayala, cuyo cumpleaños iba a ser cinco días más tarde. Escribía en la cocina de un hotel de Barcelona, porque era el único lugar donde había cobertura en ese sitio donde me alojaba. Había quedado luego con Malcolm Otero, editor, el nieto de Carlos Barral; y después había quedado con Alfredo Bryce Echenique, para una entrevista. Me bajé el transistor al sitio donde iba a escribir, y cuando el artículo iba mediado empecé a escuchar noticias confusas que iba concretando Iñaki Gabilondo en la Ser. La mayor tragedia. La vida siguió unos minutos, incluso unas horas, en aquel día ventoso de Barcelona, como un vendaval sordo, tristísimo; a mediodía comenzaron a llegar noticias de España desde México; hablaban de la autoría, y empezaban a apuntar dudas sobre la versión que manejaba el Gobierno en Madrid. Esa tesis gubernamental, que fue desmentida pronto por los hechos, dio pábulo a que los que ahora siguen embarullando las mesas de los hechos para ponerlos a su disposición lanzaran una teoría conspirativa que ya ha teñido la vida nacional desde entonces, a pesar de los juicios y de las evidencias. Pero hablemos de la tragedia: la tragedia sigue, porque la mala memoria de aquel momento persistió en las muertes y en las heridas, y en el dolor posterior. La desgraciada utilización de esa tragedia por los que han querido manchar los paños de la vida con sus mentiras interesadas es como un ruido opaco debajo de la verdad que se mezcla con la rabia y el lamento por la desgracia que le cayó a este país ese tremendo 11 de marzo que hoy acude a nuestro recuerdo como una herida mayor, inolvidable y dura.

El País

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