Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

La foto de primera

Por: | 21 de mayo de 2009


Foto Hoy he estado por esos mundos --comprando libros, entre otras cosas, haciendo una entrevista, volando por lo menos ruidoso de la ciudad, equivocando de sitio las direcciones, burlando el asma entre las nubes de polen que habitan ahora las orillas de Madrid-- y no me dio tiempo para comentar nada de lo que ocurre; uno va de su corazón a sus asuntos, pero siempre se queda en la retina, o en la memoria, una imagen, una fotografía, un chispazo. Y esta imagen de hoy es la foto de primera de EL PAÍS. Un compañero me decía que era como un fresco de España. De una vieja España. La foto es de Carles Francesc, un fotógrafo tranquilo y silencioso, que está siempre esperando que una imagen le sobresalte. En su memoria personal debe haber muchas imágenes como estas, de cuando era un niño y las veía o se las contaban: entonces las protagonizaban gente como las que describe Manuel Vicent en Tranvía a la Malvarrosa y libros aledaños. Pero esto es ahora, y de nuevo en Valencia, pero ahora, al contrario de lo sucede en las ficciones de Vicent, no hay capitán general sino president. La alcaldesa se agarra, como a un clavo suave, al president de la Generalitat, y éste le da la mano a un solícito agente del orden, mientras a su alrededor igualmente solícitos políticos celebran la vida del Jefe que sonríe. En una zona que está entre la expectación y el saludo, otros dos agentes del orden están separados por una dama que viste de verde y blanco y tiene el aspecto de haber llegado allí por casualidad, y acaso por eso mismo está feliz. El agente del orden más dotado abdominalmente parece contemplar un ángulo destacado de las gafas de la señora, y le da al conjunto un extraño e inesperado equilibrio. La alcaldesa viste de rojo, y lleva un bolso rojo, de modo que es lícito imaginar que entre tanto luto y tanto verde ella representa lo que a este país le queda de Zurbarán. El presidente hace de Greco, con su aspecto de dudosa alegría. Pero en todo caso no hace de nada, porque en torno a él gira una ceremonia del pasado, una memoria que parecía tachada y que se parece a las de las antiguas adhesiones inquebrantales. Él está encantado de que esto suceda, y su boca convoca la ansiedad de que los demás le vean tal como es: un hombre feliz a punto de deponer La Verdad. Inquietante imagen que representa a España. ¿A la que se quedó o a la que se va? Dejémosla en inquietante, y volvamos la vista hacia lo grande, que en este caso sólo está en la manera como el fotógrafo fue capaz de arrojar en una instantánea lo que a García Márquez, o a John Carlin, o a tantos buenos escritores, les costaría describir mucho más que mil palabras.

Foster, Eco

Por: | 20 de mayo de 2009

Le acaban (le acabamos, yo formaba parte del jurado) de otorgar a Norman Foster el premio Príncipe de Asturias de las Artes. Un artista del siglo XX, una energía especial, un hombre que ha tendido puentes (la palabra preferida de su mujer, la activísima Elena Ochoa) entre los siglos para convertir el oficio de la arquitectura en un oficio del renacimiento otra vez. Su obra pública, como su obra privada, es reflejo de su sensibilidad, y de esa energía que domina hasta su apariencia. Un artista que a los 74 años sigue corriendo la maratón, y esta no sólo es una metáfora. Vinculado ahora a España a través de Elena Ochoa, y de sus obras (entre ellas, la reforma del Camp Nou), Norman Foster es una presencia benéfica, estimulante, en el arte social del siglo XXI. Estuve en ese jurado del Príncipe de Asturias, en Oviedo, y por la tarde vine a Madrid a escuchar a Umberto Eco al Círculo de Bellas Artes. Otra presencia estimulante de la cultura europea del siglo XX, incrustado con su humor y su sabiduría en la biblioteca borgiana y clásica de todos los siglos. Esa expresión suya ("prefiero dejar un testimonio en un libro que en un diskette; el diskette quedará obsoleto, ya ha ocurrido, el libro permanece, está demostrado") ) encierra el germen de una polémica que aún no se atrave a aflorar en nuestro mundo, donde la reverencia eclesial impide que se discuta en serio sobre el porvenir del formato libro; se habla del libro que conocemos como si fuera a desaparecer de golpe simplemente porque las nuevas tecnologías han inventado un soporte distinto. Nadie dijo que desaparecían los libros y las bibliotecas cuando surgió el audiolibro, ni hubo un terremoto cuando apareció el libro de bolsillo, que era un concepto distinto, que popularizó el invento de Gutenberg hasta extremos insólitos y beneficiosos para la difusión de la cultura escrita. No se puede cambiar una iglesia por otra, y si bien es cierto que no es bueno atrincherarse en el formato que ahora hay, desde hace medio milenio, tampoco es serio que no se pueda decir, siquiera, que en el futuro van a coexistir los distintos formatos, y es muy difícil mandar este que ahora tenemos a la hoguera. Uf, no me fusilen por estar de acuerdo con Eco. Y felicitémnosos por tener en esta civilización a un artista como Foster. 

Defender la alegría

Por: | 19 de mayo de 2009

Se han hecho muchas alusiones ahora a esa expresión tan afortunada de Mario Benedetti, defender la alegría. Y la alegría, ¿qué es?  ¿Qué defendemos cuando defendemos la alegría? La alegría no es la risa; la alegría no es la felicidad. La alegría es algo muy especial; la buscamos como algo inasible, casi ajeno, como si fuera el rayo verde; la alegría no existe nunca del todo; dentro de todo sí hay un pequeño no y dentro de todo no hay un pequeño sí. Entonces, la alegría también tiene dentro un ángulo oscuro, o un sector ciego; la alegría es la inquieta permanencia de una duda que uno cree estar despejando. Y si no, ¿qué es la alegría? ¿Ustedes tienen una idea clara de lo que es la alegría?

Me voy a Oviedo, al fallo de los premios príncipes de Asturias de las Artes. ¿Algún candidato?

Ya es primavera total. Con una esquina rota. Ayer se entregaron los premios Ortega y Gassett que da el periódico en el que trabajo. Hermoso discurso de Almudena Grandes, sobre periodismo y memoria. La memoria es el alimento principal de este oficio. Y la cultura. Sin saber no sabes decirlo.

Mario

Por: | 18 de mayo de 2009

Avisó anoche Chus Visor, su editor de poesía, su amigo, de la muerte de Mario Benedetti, en Montevideo; escribí para EL PAÍS una crónica sobre él, la tienen en elpais.com, está en EL PAÍS de papel. Su mirada es para mi su patrimonio mayor; sus libros son su mirada, su rara tristeza, su rara alegría, la ingenuidad con la que fue superando barreras de humo y de sangre, su humor. De todas las anécdotas que conservo de la riquísima memoria que nos deja está esa que cuento ahí de cuando se afeitó en el hospital, hace años, en Madrid, para parecer menos enfermo, más alegre. La casualidad de la vida --las casualidades eran un alimento, también, de su literatura, como en Cortázar-- quiso que la última vez que le vi también estuviera recién afeitado. Había pasado su terrible crisis del 24 de abril, que hizo temer por su vida. Y cuando se repuso un poco, como para volver a casa, le afeitaron en el hospitalñ. Me lo dijo Ariel Silva, su entrañable ayudante: "Lo han afeitado y todo". Aunque ya cualquier ilusión era un vacío, rememoré aquel momento que viene ahora a mi mente como una de las veces en que Mario me regaló la metáfora de su ingenuidad, su manera de tocar con los dedos los ojos del niño que a veces amanece en sus poemas.

Pep/ y van dos

Por: | 17 de mayo de 2009

Hermosa victoria en la liga. No fue un paseo. Hasta hoy, que ya puede pasear como campeón el Barça. Enhorabuena por el juego que han hecho los futbolistas. Y enhorabuena a Pep, que concibió una manera de dirigir al equipo que ama, sufrió al principio la habitual ridiculización que se dispensa a toda novedad, y finalmente ha demostrado que la sensatez es un grado de la inteligencia, en el fútbol y en la vida. Ahora corresponde celebrar el éxito como a Guardiola le gusta: con decoro, respetando al adversario, sin ridiculizar a quien pierde, sin renunciar a la alegría, pero sin convertirla en una manera de recordar a los otros que el Barça fue mejor. Eso ya se sabe. Ahora tiene que saber ganar igual que supo jugar.

El pájaro canta porque tiene una canción

Por: | 16 de mayo de 2009

Estuve anoche en el concierto de Joan Manuel Serrat; estaba lleno el Circo Price. Ámbito raro. Los circos evocan melancolía para mi. El concierto fue también melancólico, emocionante; detrás había una señora que tarareaba las canciones; una amiga que me acompañaba le pidió silencio, y la señora se indignó: todo el mundo debe cantar en los conciertos. Según. A veces es mejor escuchar en público, dejas que los demás se confundan con sus propios ritmos. Serrat canta desde que yo empecé a escuchar canciones, y muchas de sus letras son las letras de mi vida, y de la vida de tantos, en España y en América. En uno de los ratos estupendos en que reflexionó sobre la música y la vida, dijo por qué cantaban los pájaros. Los pájaros no preguntan, cantan porque tienen una canción. Les dejo esa frase, la apunté, la quise rescatar para dejarla ahí, sola, como un regalo de sábado de mayo, en medio de la astenia primaveral que ha puesto mi ánimo al nivel del mar. Disfruten del día, lean, paseen bajo el sol, y si tienen arena conviértanla en la orilla de una playa.

Carlos Castilla del Pino

Por: | 15 de mayo de 2009

Cuando muere alguien de esta edad, y de esta experiencia, profesional, humana, intelectual, puede decirse que en efecto muere un tiempo, una manera de afrontar la realidad, de vivirla y de sufrirla, con todas las contradicciones, frustraciones y esperanzas que tuvieron en España las personas de su edad y de su actitud. Carlos Castilla del Pino fue un hombre de muchas facetas, entre las cuales sobresalió últimamente la faceta del hombre que recuerda. Su libro de memorias, La casa del olvido, le dio oportunidad de ordenar su experiencia al tiempo que ordenaba su tiempo, que era el de mucha gente que, como él, había sufrido la intolerancia religiosa, la intolerancia política, e incluso la intolerancia académica. La larga etapa del franquismo marcó a quienes habían estudiado o aprendido bajo un régimen que marcaba a los jóvenes con la posibilidad de hacer con su libertad lo que estimaran oportuno; la dictadura cerró esa posibilidad, y causó la larga frustración que él narra en ese libro, y que estaba presente también en su mirada, irónica o huidiza, juvenil o desesperanzada. Conocí muy bien a un paralelo suyo, y amigo suyo, Eduardo Haro Tecglen, que inventó un modo sincopado de hacer memorias; los dos las hicieron, los dos vivieron experiencias (dolorosas) parecidas, pero ambos afrontaron esa memoria (las que les hicieron felices, las que les dolieron) desde perspectivas literarias distintas: Haro escribió como si estuviera rehaciendo el tiempo hasta convertirlo en una sombra de ficción, pero Castilla tenía una voluntad barojiana, omnicomprensiva, se quería acordar de todo. Fijarlo todo para que quedara no exactamente en el olvido, pero sí en el archivo del tiempo. Recomiendo volver a sus memorias, son circulares y centrales, ayudan a entender una figura que ahora se hace insustituible para reconstruir el pasado tachado de España. Su manera de ver fue esquinado e independiente; vamos a echar mucho de menos estas perspectivas.

Pep

Por: | 14 de mayo de 2009

Una manera nueva de concebir el fútbol; un modo distinto de conducirse desde el banquillo; una responsabilidad exigente con la calidad del fútbol; una memoria en marcha a favor de un concepto que renueva un deporte que parecía destinado al aburrimiento.

Primer triunfo de Pep. Un motivo para celebrar algo más que una forma de estar en el fútbol. Una dignidad que empieza por tachar lo que no sirve para mejorar el espectáculo. Pep ha triunfado. Y aunque no hubiera ganado nada ya hubiera triunfado.

El oscuro después de la ventana

Por: | 12 de mayo de 2009

Ha muerto una de las voces que hizo posible la alegría melancólica de una época que en un instante parecía que iba a durar toda la vida. Antonio Vega. Mañana estaré volando a las siete de la mañana hacia Alemania; un viaje corto, en busca, como siempre, de la consecuencia de mi vieja vocación, que tiene ya 47 años de vida. Esas canciones que simboliza Vega nos hicieron creer en los ochenta y en los noventa que la alegría iba a durar siempre, y la buscábamos por las noches; la oscuridad brutal esperaba después de la ventana ("Demasiado tarde para comprender..."); decía el poeta José Luis Pernas: "Comprendo entonces que hay que buscarse una esperanza para seguir viviendo", y escribió Albert Camus: "Comprendí entonces que había roto la armonía del día, el silencio excepcional de una playa en la que había sido feliz". Un machete inclemente cae desde la oscuridad del tiempo sobre las ilusiones que había dentro de las canciones, y seguimos volando como si no fuera oscuro el paisaje que se ve desde la ventana.

Vuelvo mañana, pero no quería dejar de aparecer este día de mayo a decir hola y hasta pronto.

Latinoamericano de más cerca

Por: | 12 de mayo de 2009

Yo soy latinoamericano de más cerca; ese es mi territorio, ese es mi acento; adoro la energía latinoamericana; siento, con su música y con su literatura, que se abre una esperanza hacia el pasado y un entusiasmo hacia el futuro; todo ello me da energía; me dan energía sus libros, sus lectores, sus librerías, sus teatros, sus discos, su comida, sus orillas, sus plazas, el café, el grito de los niños, los edificios, el césped, las vacas, me da energía todo lo latinoamericano. Y habría que abrir este país tan ensombrecido a la energía latinoamericana. Eso dije ayer, más o menos, en mi intervención en el foro que marcó el inicio de las conmemoraciones de las independencias iberoamericanas. Hubo mucho boato, y muchas palabras; modestamente contribuí con un canto a la energía americana. Citaron versos Zapatero y María Teresa Fernández de la Vega. El primero citó a Unamuno y a Vallejo. Y ella citó a Jorge Luis Borges. Ella dijo el nombre; de los que citó Zapatero tuve que averiguar, aunque la cita de Vallejo (España en el corazón, para decir América en el corazón) era bastante obvia. La de Unamuno me la descubrió una compañera que asistía: "Hay dos cosas que podemos legar a nuestros hijos: la primera raíces, la segunda alas. Seamos más padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado".

Perdonen que haya estado ausente. Me metí ayer en ese foro y no tuve un minuto de sosiego todo el día. Y además sentía calor, desasosiego, como si la atmósfera me estuviera ahogando, e hice lo imprescindible. Por la noche me alivié tomando manzanilla en un bar con un amigo mexicano, Héctor Aguilar, que no tiene gripe, o gripa, como dicen allí. Ah, gracias por haber seguido viniendo en mi ausencia. Por cierto, echo de menos a mucha gente, pero he echado mucho de menos a Adsuar: hubiera dicho mucho de Arlt. Qué gran escritor.

El País

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