Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

El paisaje en las nubes

Por: | 10 de mayo de 2009

Está por aparecer en Argentina un voluminoso tomo con las crónicas que hizo Roberto Arlt, el gran escritor, para el diario argentino El Mundo, y he tenido la fortuna de leerlo en galeradas. El tomo se llama El paisaje en las nubes, e incluye crónicas que escribió Arlt desde 1937 hasta 1942, cuando murió de un infarto exactamente a la edad que tenía el siglo. Como su literatura (y el periodismo es literatura, como decían desde Rubén Darío a Manuel Vicent y a Antonio Muñoz Molina), estas crónicas son sabias y sagaces, se adelantan al tiempo y utilizan materiales de la actualidad para trascender el tiempo y llegar hasta hoy con la frescura de un humor imbatible. Me han hecho acordar de las crónicas de Julio Camba, a veces, pero sobre todo de las crónicas de Jorge de Ibargüengoitia, y a veces también de las de Juan Carlos Onetti y de Carlos Casares, por citar tan solo autores que ya no están con nosotros y en los que el ejercicio de la literatura se combinó con el de la escritura periodística. Arlt, que fue con Borges y Cortázar uno de los grandes escritores argentinos del siglo XX, no hacía en sus crónicas ni autobiografía ni ocurrencias, ni las utilizaba para enviar mensajes a sus amigos o a sus parientes; su periodismo era un ejercicio de inspección de la realidad, y en esa búsqueda picassiana alcanzó hallazgos memorables que hoy forman parte de los mejores hallazgos del periodismo escrito. Leí el libro en varios viajes, luchando con la voluminosidad de las galeradas, y ahora está sobre esta mesa como un hermoso regalo. Cuando aparezca les cuento, por si ustedes quieren tenerlo ya como libro en su biblioteca.

Pudor del estornudo

Por: | 09 de mayo de 2009

Estornudamos, así es la vida. Yo no estornudo, no estornudo casi nunca. Veo estornudar, lo escucho; en mi casa se estornuda mucho. La palabra estornudo tiene algo de nombre de pájaro: es-tor-nudo; hay también en el vocablo estornudar algo que refiere a desnudar, incluso a mudarse. Desata pudor el estornudo. Mi madre respondía al estornudo: "¡Jesús!" Y se suele responder: "¡Salud!" Ahora no sé si se dice "¡Salud!" porque se deduce que no la tienes o porque la deseas. Pero la verdad es que, quizá equivocadamente, siempre relacioné el estornudo con la salud: estornudas, pues estabas saludable. Y fíjense cómo van las cosas que ahora a la gente le produce pudor el estornudo, al que lo produce, al que lo oye, como si el estornudo fuera un modo procaz de desnudarte. No esturnudo nunca, pero estos días, quizá acuciado por los temporales que hay fabricándose en la atmósfera primaveral, he estornudado algunas veces, y he mirado a los lados como si hubiera molestado a alguien, yo mismo he sentido cierta vergüenza, como si sintiera que me estaban reprobando. La histeria que hay por el mundo vuela como las miasmas de los catarros, y ahora si estornudas se echan sobre ti miradas aviesas que te miran como si fueras un portador de no sé cuántas enfermedades. Creo que el sosiego le vendría bien a esta humanidad azotada, como decía ayer mi farmacéutico preferido, por la hipocondria. Es bueno cuidarse, cómo no, la salud es lo que importa, antes que el amor, porque sin salud no hay amor, o viceversa, pero conviene confiar en la vida, y aceptar que el estornudo, si bien no es un aliento del alma exactamente, también es un noble desahogo del cuerpo, que busca con esa manifestación libre del aire empozado la posibilidad de renovar la respiración. Estornudo, estornino, estar, estupefactos, estático, estertor. De todas esas palabras estar es la mejor. Pues dejemos estar el estornudo, no nos quedemos estupefactos porque el estornudo no es el estertor ni es el estornido ni la desnudez ni una mudanza, es simplemente eso que se hace para que lo ataje la mano mientras uno hace esfuerzos por impedir que a esa respiración rara le siga el ruido que se transcribe atchiss y que la gente suele (solía) saludar diciendo ¡Jesús! o ¡Salud!

Los mexicanos sabios

Por: | 08 de mayo de 2009

José Emilio Pacheco, que ayer ganó el premio Reina Sofía de Poesía, es uno de esos mexicanos sabios dotados de una sabiudría que viene de la prehistoria y que es capaz de verlo todo al mismo tiempo; su poesía es similar a su humor, y tiene que ver con esa cantidad de cultura que almacenan en una memoria divertida (la mirada distraída de la que habla mi maestro Juan Cueto). Ahora dice que se va a gastar el premio en medicinas, porque ya tiene 70 años. Es una broma suya. Ha hecho de su hipocondria una manera de ser, y de reírse de sí mismo; siempre me pareció, a pesar de que ahora, en efecto, ha adoptado esa actitud del hombre que es ya mayor y lo dice, un tipo joven, huidizo (como Monsiváis, por ejemplo), pero extremadamente juvenil, como lo fue Octavio Paz (otro sabio), pero es tan sabio, y tan huidizo como Juan Rulfo, que era la sabiduría antigua, e irónica, de México. Y ha sido joven toda su vida. Lo disimula, quiere disimularlo. Cuando supe que le habían dado el premio fue poco después de asistir al homenaje que le hicieron a México en la Casa de América artistas, diplomáticos y ciudadanos. Mientras estuve en ese homenaje, escuchando a las niñas del Coro del Estado de México (una de ellas, Evelyn, lloró escuchando; lo conté en una crónica aquí), pensé en los mexicanos a los que conozco, y pensé en ese momento especial que está viviendo el país, y la verdad es que me emocioné mucho. Luego, cuando supe que José Emilio había ganado este premio, me llevé una gran alegría, y me acordé mucho de él, de sus poemas, de su simpatía tímida, y me acordé de una anécdota que él odia que yo cuente tanto, pero que cuento porque quizá no sepa que la he contado otra vez. Estaba él en el Hotel Suecia de Madrid, observó algunos desperfectos en su cuarto de baño y llamó a recepción: "Que suba, por favor, el plomero, que se dañó la tina y no me funciona la regadera". La escuché contar en una reunión de académicos, para explicar las diferencias que hay entre el lenguaje de España y el lenguaje mexicano, tan diverso y tan rico. Les dejo a ustedes la responsabilidad de la traducción, a los que sean españoles, porque los mexicanos saben perfectamente qué es tina, qué es plomero y qué es regadera.

Mire usted ahora que tiene la pupila fresca

Por: | 07 de mayo de 2009

Gran gesta anoche la de Iniesta, el futbolista de la mirada fresca.

Como terminaba aquel hermoso poema de José Hierro, Requiem, no he dicho a nadie que estuve a punto de llorar. Su modo de celebrar el gol, su modo de repartir el éxito de sus compañeros, su humildad paciente.

Su entrenador, que tanto tiene que ver con este sentido colectivo que tiene el fútbol del Barça, y que tan bien representa la actitud de Iniesta, decía que el futbolista albaceteño siempre se autocritica porque no hace goles. Ya tiene uno para la historia.

Vi el partido en la soledad de mi casa, sufriendo los diversos titulares que debía escribir para mi crónica de As. Uno de ellos era El insoportable peso del vacío. Encontraba que el resultado que eliminaba al Barça de la Copa de Europa dejaba en mi ánimo la misma sensación que dejan otras injusticias, y ese vacío rondó mi alma durante la mayor parte de la agonía final, hasta que Iniesta marcó el gol, y entonces la emoción pobló muchas gargantas como la mía propia.

Soy aficionado al Barça desde que tenía diez años; es una atracción que nació de mi pasión por la radio, que se escuchaba muy mal en mi casa, excepto las emisoras que emitían desde Barcelona, y ahora ignoro por qué.

Lo cierto es que me crié escuchando las retransmisiones barcelonistas de Miguel Ángel Valdivieso y José Félix Pons, y eso tiñó mi alma de azulgrana. Y siempre me han gustado futbolistas como Iniesta, que también hubo en el Barça de otras épocas. Uno de ellos fue el propio Guardiola, que siempre tuvo con el equipo una relación realista y emocionate: jamás despreció al adversario, jamás se rió de otros, sentía que el Barça es también una institución sentimental que no debe mezclarse (aunque muchos la mezclen) con la mezquindad.

Así que esa victoria me emocionó, aunque fuera un empate. Y brindo por ella con una frase que me regaló esta mañana don Emilio Lledó, y es de Ortega y Gasset: "Mire usted ahora que tiene la pupila fresca". Es curioso, ayer estuve escuchando a Antonio Muñoz Molina hablando con los estudiantes de Periodismo de EL PAÍS, y les decía eso: "Miren". Y estuve leyendo el libro de Julio Cortázar, Papeles inesperados, que aun no ha salido en España pero ya se vende en Argentina, y ahí encontré un texto que me recuerda mucho la manera de mirar del autor de El jinete polaco, y es curioso también porque lo que les dijo Muñoz Molina a los chicos era que se fijaran, por ejemplo, en el metro, y ese artículo de Cortázar que me recordó al escritor de Mágina era precisamente sobre el metro de París y Baudelaire.

Así que todo se junta y todo tiene que ver con esa frase que me regaló Lledó esta mañana en que amaneció el cielo mejor que cuando me fui de viaje y al fin hoy he podido verlo.

Qué raro, Lugones

Por: | 06 de mayo de 2009

He venido en el avión desde Sao Paulo leyendo y releyendo la nueva edición de Lugar común la muerte, de Tomás Eloy Martínez, que ha publicado Alfaguara en Argentina. En la reedición hay novedades, pero en todo caso el conjunto es un libro singular, hermoso, hondo, un libro que realza la técnica narrativa de Tomás Eloy como una de las más eficaces de la lengua castellana hoy; acopia datos, pero construye su relato con un ritmo que se te mete en los huesos y no te deja; escribes con él mientras le lees. Lo recomiendo muchísimo. Aparte de otros textos narrativos, incluye algunos retratos memorables, de Lezama, de Felisberto Hernández, de Macedonio Fernández... Son textos que fueron períodísticos, pero él los ha salvado para el libro porque en efecto pesan como textos propios, de los que se posan y se quedan ahí para siempre. En medio de la niebla del jet lag que ahora me domina, y antes de sucumbir en los brazos de un sueño que no quiero, resaltaré de las muchas cosas que subrayé una maldad de Macedonio que subrayó, en un texto que viene en el libro, su amigo Jorge Luis Borges. Macedonio pasó a la historia más por las frases célebres que dejó dichas que por lo que dejó escrito. Y hablando de Leopoldo Lugones, escritor argentino del tiempo de Borges y de Macedonio, dijo un día este último, según Borges: "Qué raro, Lugones: un hombre tan inteligente, de tantas lecturas, ¿cómo nunca pensó en escribir un libro?" Ya había escrito Lugones, claro. Borges comentó así la ocurrencia: "Hablábamos poco de Lugones, de quien Macedonio había sido muy amigo en la juventud. El único comentario que recuerdo es una broma bondadosa, sin mala intención". Y ahí viene esa frase: "Qué raro, Lugones: un hombre tan inteligente, de tantas lecturas, ¿cómo nunca pensó en escribir un libro?" Hacía mucho tiempo que no leía una descalificación tan escueta y tan sinuosa de un escritor hacia el trabajo de otro. 

Hablar de periodismo

Por: | 05 de mayo de 2009

Cuando era aun un adolescente iba a la plaza de mi pueblo, el Puerto de la Cruz, a escuchar a los mayores, y sobre todo a un viejo periodista republicano, don Luis Castañeda, hablar de la actualidad y de periodismo. Cuando ya colaboraba en el diario La tarde de Santa Cruz de Tenerife me hacía el encontradizo con un periodista veterano pero joven, Alfonso García-ramos; esperaba a que él terminara su jornada en el periódico, que como queda señalado en su nombre era vespertino, y volvía con él a La Laguna, donde ambos vivíamos. Durante el trayecto él hablaba de periodismo, contaba anécdotas, hechos que él había presenciado, chascarrillos de la profesión, me daba consejos; al llegar al Colegio Mayor donde me tenía que dejar, ponía el freno de mano en aquel viejo automóvil Citroen, o Peugeot, de color verde, y seguía hablando. Recuerdo con nitidez una conversación sobre Ernesto Guevara, que había sido asesinado poco antes, y que entonces era el más que naciente ídolo de nuestra generación universitaria. Y después, ya mayor, sigue siendo el periodismo mi asunto más habitual de convertsación, con él que gozo más, incluso más que hablando de literatura o de las memorias que cada uno guarda para estas épocas, como si fuera un animal raro que tuviera que guardar recuerdos para arroparse. Esa reflexión me hice ayer, en dos ocasiones, o tres, en Sao Paulo. Por la tarde hablé de periodismo con los asistentes al I Congreso de Periodismo Cultural, y al anochecer estuve hablando ante redactores y alumnos de la escuela de periodismo de la Folha de Sao Paulo, que es un gran periódico que tuvo la gentileza de pedirme que compartiera con ese auditorio mi experiencia. Como siempre ocurre cuando los jóvenes ven a un tipo que ya cumplió por última vez 60 años, me preguntaron qué aconsejaría a los jóvenes periodistas de hoy. Y yo dijo que aconsejaba leer poesía. ¿Qué poesía? Depende del ritmo interior, de la ansiedad. Pero no hay mejor antídoto contra la pereza intelectual, contra la falta de ritmo y contra la falta de interés por lo que ocurre, que la lectura de poesía. ¿Y además? Curiosidad, humildad y paciencia. ¿Y el futuro? Que los periodistas seamos mejores, eso aliviará muchísimo la crisis en la que ahora estamos anclados. Hablamos mucho más, pero ustedes ahora no resistirían, con razón, que yo les diera la conferencia (o las dos conferencias), que por cierto terminé improvisando: a los asmáticos nos viene muy mal leer en voz alta en público; se produce en seguida una enorme ansiedad, la voz es un esfuerzo, y no sólo en sentido metafórico. No sé si les pasa a los asmáticos que me leen.

Heaven

Por: | 04 de mayo de 2009

Vi anoche Heaven, en la televisión, con subtítulos en portugués de Brasil, hablaba en italiano; una película extraordinaria; quería trabajar, y lo hice, pero un cansancio atroz me impidió seguir, así que temprano en la noche me puse ante el televisor y hallé esa joya que desconocía, un poema de amor y culpa, en el que una interpretación ajustadísima te va poniendo los pelos de punta y en el alma una rara emoción. Después dormí y ya esta mañana parece que soy otro, colgado de un hotel altísimo de Sao Paulo, a la espera de que empiece el congreso que me ha invitado acá a hablar de periodismo y cultura. Les voy a decir que no existe eso que se llama periodismo cultural: es como si dijéramos cirugía quirúrgica. He escrito la conferencia, pero prefiero improvisar, y ya veremos qué me sale improvisando. Por cierto, hoy, tan lejos de allá, se cumplen 33 años del nacimiento de EL PAÍS. Mi amigo Julián Martínez, corresponsal entonces de Informaciones, y luego compañero nuestro en el periódico, me llevó el primer ejemplar. Había querido estar en EL PAÍS, Juan Luis Cebrián me propuso que fuera a Londres, y a lo largo de los años he atesorado aquel momento y aquella experiencia como una de las grandes alegrías continuas de mi vida; estuve fuera del periódico desde 1992 a 2005, pero jamás dejé de estar en contacto; ahora hace cuatro años que volví, y siempre tengo con el diario, cuando estoy dentro y cuando estoy fuera, la misma sensación de que cada día me he de ganar el sitio, como si fiuera el joven periodista en pruebas que fue a Londres. Y eso a veces es atosigante, pero muchas veces es una felicidad.

Un apunte sobre el libro de Cercas y sobre EL PAÍS, ahora que llevamos unos días hablando de esto. A mi el libro me parece un monumento narrativo; su técnica me recuerda la de uno de los grandes libros que se han escrito sobre un suceso concreto, la muerte de Trujillo, en La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa. Pero debo confesar que hay un aspecto del libro, un ´mínimo aspecto por la dimensión que adquiere, en que quizá Cercas podía haber ido más al fondo, y es sobre lo que hizo EL PAÍS esa noche, de qué manera su salida temprana a la calle influyó en los diputados y en los propios golpistas. Sé que esta es una cuestión endogámica, pero a los que vivimos allá adentro este tremendo episodio aquello nos pareció crucial. Claro, a nosotros nos puede parecer crucial y al novelista no, y él está en pleno derecho. Ferrán, tengo verdadero interés en saber tu opinión (y las de otros, claro) sobre este excelente libro en el que Cercas acomete un trabajo que honra a la narrativa, según mi modesta manera de verlo.

Ah, y perdonen las incorrecciones: he de irme rápido a la conferencia y no tengo tiempo de volver a las líneas. ¿Me disculpan?

Pablo Lizcano

Por: | 03 de mayo de 2009

He llegado a Sao Paulo, he visto desde el aire ese enjambre que constituye una de las poblaciones más grandes del mundo, y cuando he abierto el teléfono móvil, llamadas desacostumbradas en días como hoy, y en trayectos como este, trajeron a mi mente y a mi memoria el sesgo de las malas noticias. Y esta es muy mala noticia. Ha muerto en Madrid Pablo Lizcano, que durante años fue para muchos de nosotros, gente de su generación, el cincel de una inteligencia pertinaz, elegantísima; la desarrolló en la prensa, en la radio, en la televisión, en las tertulias; era un hombre de un ingenio valiosísimo, puesto al servicio de un análisis riguroso, rabiosamente independiente, de la realidad. Escribiré de él, pero ahora quería dejar ese apunte como un abrazo a los que, tan lejos, en Madrid, empezando por Rosa Montero, su compañera, disfrutaron de su compañía sabia durante los años que la vida le ha acompañado en el desarrollo de una existencia lúcida, elegante y feliz. Lo siento muchísimo.

Y un apunte, otra vez, sobre el blog; vi en Buenos Aires, ya en el aeropuerto, el post de Ferrán; entré yo mismo con uno, en el que trataba de explicar la extrañeza que me produce que una escritura como la suya, y la de tantas, afronte esas circunstancias que él deduce; y le decía que seguro que han sido razones técnicas que imagino que ya sabremos. Pues ese mensaje no entró, como pude comprobar al aterrizar en Guarrulhos. Espero que en seguida nos comuniquen qué ha sucedido con su post, y con el mío, por cierto. En todo caso, déjenme decir, si esto se me permite, que antes de averiguar qué sucedió no me parece de lo más conveniente dar por sentado lo que ocurrió, querido amigo Mora.

En todo caso, quería compartir ahora un estado de ánimo. Lamento mucho la temprana muerte de Pablo. Lo siento.

El blog

Por: | 02 de mayo de 2009

Acabo de ver el partido Real Madrid-Barça. Creo que jugaron las dos esencias de la temporada, la esencia del Madrid y la esencia del Barça. El Barça está en el puesto 6 de la calidad, y el Madrid está en el puesto dos, y eso se ha puesto de manifiesto en el resultado, me parece. No es bueno subrayar las derrotas ajenas, pero en este caso creo que la justicia (poética) del fútbol se ha impuesto, y esta es una satisfacción que sería hipócrita ocultar. Y quería felicitar a los barcelonistas porque la calidad del juego desplegado justifica una acción y una táctica, y también una entrega que a veces se encuentra enfrente con juicios mezquinos. Me dijo mi compañera Sol Gallego, que vio el partido conmigo en un local de Buenos Aires llamado Locos por el Fútbol, rodeados de gentes que defendían ambos colores, que había sido un placer inesperado. Y así quedó el título de la crónica que escribí para As: El placer inesperado.

Mañana viajo a Brasil, muy temprano. Antes de salir, y porque probablemente no tendré tiempo de acercarme al blog, debo decir que me ha resultado muy interesante la reflexión de Miguel Mora, y me parecería muy desconsiderado no decírselo en este estribo. Independientemente de los comentarios que suscite, que siempre son bienvenidos, me gustaría decirle que el libro de Cercas no defiende las tesis de El País con respecto a la transición, simplemente porque El País nunca ha defendido una tesis sobre la transición, en concreto; ha defendido la democracia, como es natural, pero no recuerdo que El País haya defendido una determinada acción, personal o colectiva, que se pueda defender también en el libro de Cercas., en el que por otra parte El País tiene el protagonismo que a mi juicio mantuvo aquel 23 F del que Cercas hace su libérrima anatomía. Por otra parte, a mi me gustó el libro de Cercas, y eso no presupone que la tesis de Cercas sea la mía, ni tendría por qué, ni tengo yo una tesis que sea concreta, esencial, única. Me gusta Moby Dick, y nunca he visto una ballena. Aparte de eso, sí me gustaría decir, en honor a la interpelación de este muy estimado bloguero, que a mi me emocionó, por razones hondas, personales, históricas, sentimentales, no especialmente ni esencialmente políticas, la foto de Suárez con el Rey. Sacar más interpretaciones de ese gusto personal (como que quizá si yo la defiendo es porque mi periódico la premió) es atribuir intenciones que sin duda pueden advertirse, por Dios, todo el mundo es libre, pero no estaban ni mucho menos ni en el marco de mis ambiciones ni en el de las atribuciones que le doy a mi modesta contribución diaria a la discusión que propongo cada vez que entro aquí.

En todo caso, gracias, Miguel Mora, y gracias a todos los intervinientes que han querido comentar estos días sobre ese particular.

Y me voy a Sao Paulo. Ya les contaré, si ustedes quieren que les cuente de Sao Paulo. Ahora les he querido contar de Buenos Aires y de Montevideo, y en este preciso instante del Barça. Así son los blogs, creo, espejos en el camino. Seguiremos caminando. Ahora estoy un poco cansado de caminar, la verdad.

El poeta mejora

Por: | 02 de mayo de 2009

Mario Benedetti, el poeta que ha hecho mejorar la vida sentimental de tantos que se han enoramorado o que hn enamorado con sus versos, está mejor, ha experimentado una visible mejoría con relación al agravamiento de su estado del pasado martes. Ayer estuve con él en Montevideo; tiene noticia de los homenajes de que ha sido objeto estos días, sabe de esa cadena poética que se ha organizado desde Lanzarote (Pilar del Río) para animarle, y responde al tratamiento que los médicos han aribtrado para hacerle regresar del dolor que le producía una renuente afección intestinal. Reciçen afeitado, en cama aún, el poeta reposa y espera regresar a su domicilio en la calle Zelmar Michelini; ayer pasamos por allí, por los quioscos, por el restaurante donde almuerza (San Rafael), y Montevideo era luminoso y feliz, un 1 de mayo, una fecha tan importante para la izquierda uruguaya que sufrió la dictadura que persiguió a muerte al poeta. Paz en Montevideo, alivio en la habitación donde cuidan la salud de Mario Benedetti. Y yo he vuelto a Buenos Aires, donde sigue la feria como un ramillete frenético de actividades: 1.200 en quince días, un ritmo que no resiste un asmático como yo (y como Benedetti).   

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