Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Silogismo de Cotino

Por: | 20 de julio de 2009

Me ha resultado muy interesante escuchar ese silogismo de Cotino, Juan Cotino, el vicepresidente tercero del gobierno de la Generalitat valenciana, quien, por cierto, fue subsecretario de Interior en los tiempos de José María Aznar. Sé que he llegado hoy tarde a la cita (hubo diversas circunstancias inesperadas que rompieron por completo mi ritmo de trabajo) pero no quería prolongar la espera para proponer comentarios sobre ese silogismo. Decía Cotino, saltando de la cama para defender a Rita Barberá, que si Zapatero no salía a decir quiénes filtraban el sumario Gürtel resultaría claro que el presidente del Gobierno es el señor X. No sabíamos que hubiera un señor X también en esto, yo creí que el señor X era el que había pagado los trajes y los bolsos, que ahora ya hay bolsos además de trajes. A mi el silogismo me ha parecido psicológicamente interesante: es decir, si Zapatero no sale de inmediato a decir quién fue, Zapatero fue el que hizo las filtraciones. Acaso Cotino hace esa implicación basándose en su propia experiencia de Gobierno. O no, que diría Rajoy. Si algo no se sabe, lo sabe el presidente, y si algo huele a podrido, son los pies del presidente. O las manos. Está muy bien analizar este silogismo, pero es peligroso para Cotino, porque podríamos usar, siguiendo esa lógica, el propio nombre del tercer vicepresidente valenciano para establecer este otro silogismo: si Cotino no dice inmediatamente si Camps pagó o no los trajes de los que tanto se habla es que no los pagó, se los regalaron. Y si no enseña la factura del bolso de la alcaldesa, es que Cotino la tiene oculta. O Camps. El mundo del silogismo es muy resbaladizo: es como un caramelo, hasta el final crees que es sólo sabor, pero cuando acabas de chuparlo se te queda un enorme vacío en la boca. No sé cómo se le habrá quedado la boca a Cotino, pero tiene difícil enderazarla, al menos que venga en su auxilio Esteban González Pons que, por ser poeta, y buen lector, sería capaz de desenredar esta madeja que en Valencia ya parece el sudoku de una fideua.

La mala educación

Por: | 19 de julio de 2009

Me reprochaban en casa que estuviera viento en youtube algunas de las apariciones estelares de este personaje de la televisión que se llama Risto (o Evaristo) Mejide. Sé que era una pérdida de tiempo, y probablemente lo que voy a escribir sea una pérdida de líneas. Pero de lo que quería hablar es de la mala educación. Lo que hay en el fondo de esas intervenciones, aparentemente acordadas según el guión prescrito por los programadores, es mala educación. Lo mismo que dice Risto sobre los cantantes se puede decir de otra manera. En la vida cotidiana (también en este blog) eso sucede: lo que se puede decir, muy libremente, de modo que ni hiera ni insulte se dice para que hiera e insulte, y entonces argumentos que son muy válidos, que son críticas perfectamente legítimas sobre opiniones o hechos, caen en el lado en el que cae Risto Mejide. A Risto lo han expulsado para darle otro programa. Su actuación, sobre todo la última, me parece ineducada y patética; cuando ya se queda sin argumentos con los que continuar su actuación grandilocuente y despectiva, lanza a un lado los papeles y le dice a la concursante que haga lo que quiera. Creo que una sociedad que permite que este valor de la mala educación se desarrolle es una sociedad condenada a acabar con la conversación para convertirla en un artificio en el que se supone más débil (el que no insulta) pierde la vez y la voz. Quería hablar de eso y no he encontrado mejor ejemplo, el más extralimitado, que esa figura rutilante y simbólica de este señor maleducado que tantas visitas tiene ahora en la tele y en su sucedáneo apocopado, youtube. Todo insulto lleva implícito un chantaje; en la sociedad española abundan los chantajistas, en los medios y en la vida diaria; una militante actuación contra ellos debe contener también el desprecio.

La modestia

Por: | 18 de julio de 2009

Quería escribir hoy de la modestia, y lo haré, pero me ha venido la noticia de Walter Cronkite y quiero decir antes unas palabras sobre lo que supone este gran periodista que nos deja. Contar noticias, que es lo que hizo Cronkite, es un oficio de enorme responsabilidad; en primer lugar, no puedes contar lo primero que sabes, y eso los buenos periodistas lo tienen como elemento principal de los primeros mandamientos de su oficio; debes contrastar todo lo que oyes, porque las noticias se contaminan nen seguida: alguien quiere que lo que ocurre se lea según sus intereses, y el periodista ha de limpiar de excrecencias los hechos, para que lleguen tal como fueron; en la prensa de siempre, esta que ahora se somete a tanto debate, eso era más fácil de hacer, aparte de que era (¿era?) obligatorio; había filtros en el oficio, y esos filtros se están rompiendo; ahora la urgencia de los nuevos medios ha ido aligerando los filtros y la obligatoriedad se ha ido diluyendo como un azucarillo en un lago turbio, y tanto la red como otros medios más habituados a la información se la saltan cada vez que pueden. Hay, sin duda, muchos profesionales, de todos los medios, que siguen teniendo como divisa la confirmación como método indispensable de trabajo, y el patrón de esos profesionales, en el campo de la televisión, es este gran periodista que acaba de morir de viejo en Estados Unidos. Si figura se asocia a la tradición del mejor periodismo; casualmente ayer escribía de él Guillermo Fesser en las páginas de EL PAÍS, hablando de Jesús Hermida, otro gran periodista español que crió su experiencia a la sombra, o al sol, de Cronkite. Es un periodista mítico del que muchos periodistas tomaron prestadas no sólo frases célebres sino una experiencia que se basó siempre en el rigor, la esencia del periodismo.

Y ahora vamos con la modestia.

Creo que la modestia es la base de todas las virtudes. Es la base de la humildad, porque permite contrastar lo que creemos saber con lo que otros saben; nos permite la autocrítica, nos permite el silencio cuando no sabemos. La modestia está en un rincón de las virtudes y eso no es justo. Es la base, también, de la bondad: desde la modestia verdadera se puede llegar mejor a la perfección como persona, se puede perdonar, se puede olvidar, se pueden hacer y rehacer amistades, se puede olvidar la ofensa, se puede vivir en el recuerdo pero no en el rencor. La modestia es una manera de ser, no tiene que ver con la modestia falsa, de los seres humanos que exhiben recogimiento y son soberbios en su alma.

Venía pensando en estas cosas. Sé que pueden parecer un poco clericales, pero a veces creo que conviene pararse un poco y pensar, en medio de las arrogancias habituales, qué hace uno también para evitarlas. Y he caído en la modestia, que es un asunto que me preocupa mucho. No sé cómo lo ven ustedes. Y ahora que venimos a este punto, pienso en realidad que la modestia es la virtud más grande del periodismo. Kapucinski, otro grande del periodismo ido también ya, decía que los periodistas tenían que ser buenas personas. Pues eso, modestos, conscientes de que nadie debe hacer de su sabiduría tacones para su arrogancia.

¿Dónde de veras está el culo del mundo?

Por: | 17 de julio de 2009

Se escucha mucho esa expresión; cada uno cree saber que hay un sitio "en el culo del mundo". Y cada uno tiene su "culo del mundo". Anoche escuché esa expresión hablando de un lugar del sur del mundo. Y le dije a la persona que mostraba esa certeza: "¿Y cómo sabes que ese es el culo del mundo, que no hay otro?" Eso me llevó a pensar que quizá le debería preguntar a ustedes cuál es el culo del mundo de cada uno. Iba a hablar de la modestia, pero lo dejo para mañana. ¡Recuérdenmelo! Y me voy a Barcelona, que no es precisamente el culo del mundo. Vamos, eso pienso yo.

El caso del escritor desleído

Por: | 16 de julio de 2009

Mariano Rajoy debería leer ahora aquel estupendo cuento de Juan Marsé en el que un escritor famoso asiste sin saberlo a su propio desleímiento. Acude a fiestas, a presentaciones de libros, y a medida que él se cree más alto, más crecido, más hermoso y más admirado, los demás empiezan a no verlo. No tengo el cuento al lado a esta hora de la mañana en que escribo, pero recuerdo que su sustancia era esa. Rajoy habló ayer en Málaga, en el Foro Abc, y fue desgranando sus razones para sentirse satisfecho de su trayecto reciente, sobre todo en lo que se refiere al caso Gürtel y su afluente principal, el tesorero Bárcenas, y mientras hablaba debajo de sus palabras se iba notando su desleímiento. Él ha apostado durante todo este trayecto por la inocencia de Camps y por la inocencia de Bárcenas; Camps ha mantenido intacta su fidelidad a Rajoy, por lo que parece, y éste le ha devuelto la generosa moneda, mientras que Bárcenas parece que le traslada a Rajoy mensajes inquietantes que viajan en cajas de cartón. Y la respuesta de Rajoy ha sido esa: a mi no me chantajea Bárcenas. Su respuesta ha sido desléida, no porque en sí mismo lo sea, sino porque él se ha desleído. A veces nos desleímos porque llegamos a destiempo, y yo creo que este es el caso de Rajoy: a este asunto ha llegado siempre a trompicones. Ha dejado que Camps reciba un trato excepcional de su partido, y eso es lo que le reprocha Bárcenas, a quien algunos de los marianistas le han pedido que se vaya. Que se lo pida Beteta él se lo iba a imaginar, pero que lo pida Basagoiti, o Feijóo, no lo ha soportado. Y ha mirado hacia Rajoy con una espada fría en la mano. El círculo se cierra y al líder lo están desnudando, que es a lo mejor lo que se quería obtener. Y él ha colaborado. Queriendo alentar a uno ha desalentado al otro, y él mismo se ha quedado colgando de los hilos que ahora maneja, parece, L. B., llamado también L. B. Así que a Mariano lo encuentro desleído, algo desleído, como aquel cuento de Marsé que les recomiendo.

Esta es una historia de amor

Por: | 15 de julio de 2009

Photo Nada más llegar al Centro de Arte de la Caja de Burgos, donde iba a hablar de Madame Bovary, la novela de Gustave Flaubert, vi muebles volando: camas, sillas, mesas, cómodas, sillones... Bajo la luz cenital muy clara, esos muebles emprendían una danza obsesiva que esa claridad cambiante convertía en una especie de abrazo del aire, en el que los objetos se fundían como seres animados. Era una obra de Pamen Pereira, artista a la que no conocía, y la instalación se llama This is a love story. Al tiempo que era cautivadora y misteriosa, la instalación desprendía un espíritu de alegría, de revolución y de búsqueda, así que seguí mi camino con Ventura Pérez Mariño, el amigo que me había invitado a los cursos veraniegos de la Universidad de Burgos. Estuve escuchando, muy interesado, una conferencia del arquitecto Iñaki Ábalos sobre los edificios de la sostenibilidad: escuchar hablar de arquitectura a quienes tienen detrás una teoría y saben decirla es como leer una buena novela, pues detrás de todas las casas y detrás de todos los edificios hay una historia, nada queda al azar, el entorno, el pasado, la vida entera de un lugar queda afectada por una edificación nueva, por un trazado distinto. De lo que dijo me impresionó mucho lo que está haciendo en Logroño, para recibir al Ave. Y como hizo el viaje con nosotros, le escuché decir algo más que yo no sabía: para reconstruir la Casa del Cordón, en Burgos, tuvieron que rehacer los cimientos; hallaron que el agua no les permitía profundizar, así que congelaron el agua, y ahora esos cimientos son de hielo. Me parece una historia fascinante. Lo presentó a Ábalos Chus Arribas, arquitecto burgalés, junto a cuyos cuadros almorzamos luego. MIentras estábamos allí sentados me vino la noticia triste de que había muerto Eduardo Chamorro, escritor y periodista de voz recia y risa grande, que en los años históricos de Cambio 16 marcó muchas páginas de la historia cultural del periodismo español; luego escribió novelas, artículos, memorias. Vivió una historia muy intensa con la literatura; fue íntimo de Juan Benet, a quien seguía como a Benet lo seguían los amigos: con devoción. Lo contó como una historia de amor y risa. En fin. Se fue desarrollando el día como suele ocurrir, con la alegría de saber y con la tristeza de despedir. Y por la noche cenamos con unos amigos..., pero eso ya es otra historia. Hoy sólo quería resaltar el desconcierto de aquella Historia de amor, This is a Love Story, como trasunto de la historia desconcertada que uno vive cada día mientras espera que se atenúe el calor para seguir viviendo la historia. Mientras nos deje la alegría dubitativa del tiempo.  

El error

Por: | 14 de julio de 2009

Un error fatal, el que provoca una muerte, debe dejar en el causante una huella terrible. Creo que para hablar de eso, y hoy un motivo espeluznante en la vida española, hay que ponerse en la piel y en el alma de la persona que esté en esa situación. Cortázar tiene ese cuento, No se culpe a nadie, que es un título que siempre evoco para aliviar la pasión por culpar que hay en el género humano. Culpa es antes que perdón, pero perdón debe ser al tiempo que culpa. En este error, por otra parte, se juntan hechos que hacen más dramática si cabe la muerte del niño, nacido de una mujer que murió a consecuencia de la gripe A. Cuando nació el niño, alguien dijo: "De aquella muerte nació otra vida". Sí, era una metáfora consoladora. Ahora la desgracia ha convertido aquel bello deseo en otra tachadura. Estamos rodeados del error que nosotros mismos cometemos; nadie en la vida está privado de cometer errores. Hay gente que va por la vida como si jamás lo hubiera cometido; somos hijos y padres del error; cometerlo no nos hace menos humanos, ni más, nos hace simplemente humanos, reos de nuestra condición radicalmente imperfecta. Un error fatal. Cualquier profesional lo puede cometer. Cuando ocurre conviene que alrededor el coro no grite culpa: quien lo causo ya lo sabe.

Un día del verano

Por: | 13 de julio de 2009

Estos días de calor intenso en Madrid me ha aliviado el sofoco en primer la quietud y en segundo lugar la lectura que me ha permitido esta quietud, Madame Bovary, de Flaubert, a la que he vuelto para hablar de ella mañana en Burgos. Es un calor sofocante; he escuchado que hoy será aún peor. Pero hay que salir a la calle, afanarse otra vez bajo el sol, en las aceras horneadas, en los despachos refrigerados y en los cafés ruidosos. Pensaba en esto, en la necesidad de seguir, cuando escuché en la radio esta frase de Luis Bárcenas: "Pongo la mano en la Biblia por la financiación del PP". Es una novedad en las jaculatorias; escuché muchas veces la expresión "Pongo la mano en el fuego". Son dos modos de expresar la fe en lo que uno ha hecho, o en lo que hacen los otros para nosotros. Rajoy dice "Pongo la mano en el fuego por Bárcenas [o por Camps, o por Costa] ", y Bárcenas dice "Pongo la mano en la Biblia por la financiación del PP". ¿La financiación? ¿Había un problema con la financiación? Pero yo no quería hablar de esto. Yo quería hablar de un recuerdo del verano; hace unos años, en las islas Cíes; aquellas playas prehistóricas, aquella arena blanca e impoluta, y el agua fresca mojando el cuerpo como una caricia. Eso recordaba esta mañana, cuando se interpuso la frase de Bárcenas entre mi memoria y las teclas del ordenador. Recordé también que al volver, en lancha, de aquella playa tan hermosa, estuvimos escuchando a Luz Casal cantando una de las más hermosas poesías de Rosalía de Castro, Negra sombra, una de las grandes canciones de Luz y una de las que más me emociona, volviendo de una playa, en una playa o en los sueños en los que aparece una playa como la de Cies. Negra sombra. Ahora tenemos en la calle la sombra del fuego, y no hay una playa cerca para caminar por ella al tiempo que la brisa nos sopla como nos acariciaría una mano fresca.

Jugar, ganar, saber perder

Por: | 12 de julio de 2009

Adsuar (véanse los comentarios al post de ayer) hizo lo que yo tenía que haber hecho, leer el libro de Peter Handke en el que Eva había escrito aquella frase, "Siempre se gana algo, a no ser que no se juegue", para hallar la clave de la procedencia de esa sentencia que ella escribía el mismo día en que se celebraba el centenario del suicidio de Ángel Ganivet. Le pregunté a Eva, ella no recordaba por qué la había escrito. Pero Adsuar ha buceado en el libro de Handke y ha encontrado razones para imaginar que lo que hizo Eva fue trasponer algunas ideas del escritor y escribir su propia frase. El libro acaba, precisamente, con una expresión de Goethe, que también resulta inquietante: "...todo está ahí, y yo no soy nada". Con respecto a ganar: pues tampoco es tan decisivo; ganar es simplemente haber ganado, porque depsués de ganar habría que ganar otra vez; sobresalir siempre lleva a la competición y por tanto a la venganza, blanca o negro. Lo que hay que intentar, aparte de ganar, para tratar de volver a ganar, es saber perder. Hay un libro, Saber perder, de David Trueba, que es una buena reflexión (de ficción) sobre lo que habría que hacer para sentir que la derrota no es sino una parte del camino. No hay que obsesionarse por ganar, pues al fin sucede lo que decía Hierro en su famoso soneto sobre la nada, y ahí tienen lo que dice Goethe: por mucho que hayas acumulado, por mucho que tengas, ahí estará todo y tú no serás nada.

Gracias, Adsuar, como siempre, por tomar las palabras para darles sentido, histórico o actual.

Siempre se gana algo, a no ser que no se juegue

Por: | 11 de julio de 2009

De los primeros libros que programamos para la colección de bolsillo de Alfaguara, cuando comencé a ser editor, recuerdo La tarde de un escritor, de Peter Handke. Siempre me gustó Handke, sincopado, melancólico, difícil, solitario, esquinado, atrabiliario en sus opiniones, arriscado como Bernhard... Y La tarde de un escritor me parecía una especie de aproximación melancólica a su propia aventura de pensar para escribir, o de escribir pensando. Ese libro se publicó, anduvo por las librerías, por las estanterías y por la casa; y ahora que Pilar ha entrado a poner orden en ese emporio del desorden que es la acumulación de libros que yo llamo biblioteca, contraviniendo todos los cánones de lo que debería llevar ese ilustre sustantivo, La tarde de un escritor ha reaparecido, con el viejo diseño de la colección de bolsillo que con tanta ilusión como despiste pusimos en marcha en 1994 para salvaguardar derechos que de otro modo se perderían para siempre. Lo que me ha conmovido del loibro, aparte de haberlo reencontrado, fue una misteriosa anotación que hizo Eva en la página de creídotos; ella no suele escribir en los libros, o al menos en esa zona de los libros. Pero ahí escribió, el 29 de noviembre 1998: "Siempre se gana algo, a no ser que no se juegue". La frase tiene mucho sentido, y adquiere sentido, más sentido aún, aislada ahí, en el contexto misterioso de un libro que se ha perdido y ahora se ha hallado cuando quizá Eva ya puede adivinar en el pasado lo que quiso decir en ese momento preciso.

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