Los traductores

Por: | 16 de abril de 2011

Ayer murió en Almería, donde traducía a Samuel Beckett, Miguel Martínez-Lage, de 49 años; era uno de los mejores traductores literarios de la lengua española; traducía del inglés. En él cabe hoy homenajear a los traductores españoles de todos los tiempos. Los traductores son los que abren las fronteras de un país a otras culturas. Martínez-Lage lo hizo, y lo hacen muchísimos traductores, cuyo esfuerzo durante años no estaba premiado sino con las migajas de la industria editorial, pues sus sueldos han sido (y siguen siendo, me temo) de verdadera miseria. Por lo menos consiguieron hace años el reconocimiento que durante años les fue negado. A finales de los años ochenta, gracias al esfuerzo de Esther Benítez, traductora del italiano, lamentablemente ya fallecida, los editores comenzaron, con Jaime Salinas al frente, a colocar los créditos de la traducción en la portada de los libros. Sin los traductores, y sin las editoriales que a lo largo de la historia se arriesgaron con voces nuevas de literaturas distintas, nuestra cultura hubiera sido mucho más chata, menos atrevida; hubiera sido la cultura española animada por algunos sucedáneos. La traducción es la expresión literaria de nuestra curiosidad, el alimento de lo extranjero como elemento de comparación y de emulación o de reto. Ese reto no sería posible sin la complicidad entre el editor y el traductor; cada vez se hacen más y mejores traducciones en español, y cada día las traducciones directas se hacen en más alto número, pues hubo una época en que las lenguas difíciles nos venían traducidas a través de las versiones inglesas. En esto cada día son más serias las editoriales y cada vez son más serios los traductores, pues también ha habido traductores que no se sabían directamente los idiomas de los que se suponía que traducían y hacían en realidad versiones que les prestaban personas que sí conocían esas lenguas raras e incluso cercanas. Eso ya no pasa, o uno imagina que eso ya no puede pasar. En una entrevista que publicará mañana EL PAÍS, en su suplemento Domingo, la editora Inge Feltrinelli, ilustre dama de la edición europea, cuenta que hace algunos años el editor (y poeta) Michael Krüger decidió que la traducción al alemán de Lolita, la novela de Nabokov, ya resultaba obsoleta. Y se encerró con un grupo de traductores en un hotel, del que salieron unas semanas después con una traducción nueva. Martínez-Lage era un editor exigente, un profesional consciente de que sólo el entusiasmo del traductor puede poner el altavoz justo de la creación literaria a la que da palabra española. En varios españoles se le hace justicia hoy. La vida no le hizo justicia, se lo llevó demasiado pronto, cuando se ocupaba, además, de uno de los retos que con más entusiasmo había abordado. Vaya en este blog este homenaje a él y a sus admirables colegas.

Hay 14 Comentarios

Para Francisco Gomez: Afortunadamente no sólo hay traductores que corrigen erratas de los propios autores. También hay miles de editores que previamente corrigen a los autores en su propia lengua. Martinez Lage, entre otros muchos, se habría echado las manos a la cabeza con este "a rectificado"...

Aparentemente acerbo, de trato humano no siempre facil, creo que lo hizo sufrir la filosofia del cinismo imperante en las ultimas decadas, y que no consideraba la humildad como una virtud. Logro uno de sus anhelos, que su labor fuera respetada como la de cualquiera de los grandes autores que tradujo. Algo de lo que muy pocos traductores literarios pueden enorgullecerse.

Juan,
Sabes...nos habiamos hecho amigos...era un personaje en si mismo, entusiasta, ahora, de su propia vida, esa que ha perdido en silencio, mientras dormia. Íbamos a hacer cosas juntos en mi libreria, era un poeta recuperando su propia voz, siempre hablando con la de los demás...Gracias en su nombre por este sincero homenaje al que me uno.
Un abrazo desde Vera.

La muerte es lo que es: dolorosa, la muerte temprana lo es más. Para la literatura, para el arte en general, hay profesiones imprescindibles y sensibles por la calidad que precisan. Perder a uno de esos profesionales es hasta riesgoso
La de traductor es una profesión dificil y muy esforzada, tanto como mal pagada suponemos.
Hoy justamente vi un video de esos "rosa"; se veía a Z Jones, gritando como una sacada porque un fotógrafo le había rosado su cara y a su marido saliendo a la puerta del hotel a prepotear al fotógrafo. Yo me preguntaba "¿Quién se piensa que es esta tía para que no se pueda rozar su cara, si ni siquiera le quedó una marquita? No le habían hecho nada, solo que un plebeyo la había rosado a ELLA, una ACTRIZ y ni siquiera de las mejores. Me parece muy injusta la diferencia de sueldo y trato por lo que aportan unos y otra al arte y su industria
Bibiana Fernández Simajovich

PD: ¿"La traducción es la expresión literaria de nuestra curiosidad"? Buenísimo

Estimado don Juan Cruz, si hacemos el elogio de los traductores que vierten a la lengua española el sentido de las obras de arte de la Literatura universal, ¿qué no decir de los traductores británicos o franceses que pusieron al alcance de los lectores anglófonos o francófonos una versión inteligible y esmerada de obras como de "El Quijote", "Cien años de soledad" o la "Historia de los heterodoxos españoles", por poner tres ejemplos cualquiera de entre los que podrían ser citados de las infinitas cumbres literarias en lengua española producidas a lo largo de los siglos a uno y otro lado del océano Atlántico?

Tan importante es que se nos traduzca para que podamos leer como que seamos traducidos para que se nos lea. Quizá sea más importante esta última premisa del silogismo. Desde siempre ha existido un interés de conocimiento de lo español, de lo ""hispánico" (el entrecomillado es mío), de lo ibérico, de lo iberoamericano, con todo lo que este último témino significa, y eso, esa atracción hacia lo nuestro por parte de muy diferentes estudiosos y especialistas de la cultura de casi todos los países del mundo (hispanistas y latinoamericanistas, gentes que escriben traducciones de las grandes obras de la Literatura en lengua española para comunicarlas a los hablantes de otras lenguas), eso, debería hacernos reflexionar sobre nuestro ridículo complejo de inferioridad ante las culturas europeas.

El complejo de inferioridad español es patrimonio de inútiles de derecha (¡qué pena de derecha!), como Rajoy, señoritos de chicha y nabo que se siguen creyendo la película "Raza". Aquí manda España, no Rajoy. Y nada más.

Un saludo

Maestro Cruz

Me consta que hay traductores que han encontrado erratas é incluso incongruencias en personajes y que gracias a eso el autor a rectificado.Un ejemplo lo tenemos en la Colmena donde creo recordar que el traductor al alemán encontró una incongruencia de personajes y Cela lo rectifico y se lo agradeció.

P.D.Un muy cordial saludo a Alena, es muy gratificante su presencia y su inteligencia.

Saludos Paco

Merece la pena leer el obituario de Javier Rodríguez Marcos. Qué bien escribe.
Morirse de repente, sin despedirse, a destiempo, es una putada muy grande. Da mucha rabia que ocurra.

La traducción es de una importancia vital, gracias a las traducciones que nos llegan de libros escritos en otros idiomas podemos comprender el pensamiento de fuera de nuestras fronteras, y lo mismo se puede decir de nuestros escritos traducidos a otros idiomas. Es una labor que parece impagable y por lo que veo está mal pagada.

Hay buenos traductores en España, Hilario Barrero, Gema Moral, por citar dos que se me vienen a la memoria inmediatamente. Y a menudo son silenciados y poco reconocida su tarea.
Descanse en paz alguie que ayudó a difundir cultura.

Pues hay que ver, Juan, que un servidor tradujo un libro y el editor con una cara de tapa de alcantarilla declaró que la traducción era tan pero tan horrosomamente mala que no se la iba a pagar. Y no pagó. Pero el libro sí salió. ¿Consultas por las razones de haber traducido al texto de tal o cual manera? Nada de nada. Absoluta autosufiencia. Y el traductor que vaya a los juzgados, pague a un abogado, etc. etc. Y este es solamente un extremo de lo que suele pasar con los traductores. Si una traducción de un libro es mala, se puede deducir con toda seguridad que los honorarios para el traductor se movian más o menos por el mismo nivel. Mala paga, mal trabajo. Eso es lo que hay. Así que no se quejen los lectores de las malas traducciones, que las hay, mejor preguntar previamente en la editorial cuanto le pagaron al traductor o traductora. De repente se llevan un susto.

La torpeza, el abuso, la mediocridad, la jodienda, la malidicencia, hasta la falta en puerta grande o chica malintencionada suelen ser,

De una traductora, gracias por este artículo y por rendir a Martínez-Lage este merecidísimo homenaje.

Algo huele a podrido,

Juan, estoy totalmente de acuerdo, siempre se ha silenciado el trabajo intelectual de los Traductores.
Por ello, en mis tres libros, en Inglés, Francés y Alemán editados por Editorial Corbalán, pongo los nombres de los traductores debajo de los autores, de forma que el lector sabe perfectamente quién escribió el libro y quién lo tradujo.
Es una pequeña gratitud por una profesión que como bien dices, cobran una miseria dentro del tríste panorama del libro en España.
Salud y Resistir

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¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

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Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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