Lo de Las Madres

Por: | 20 de junio de 2011

Aparte del reportaje de Sol Gallego en EL PAÍS leí ayer otros artículos en la prensa argentina, entre ellos uno de Jorge Fernández Díaz en La Nación, sobre el caso de las Madres de la Plaza de Mayo. La acumulación de datos y de sobreentendidos sobre el fraude que, en el nombre de estas mujeres que hicieron de su heroicidad un emblema moral contra la dictadura y después, resulta tan abrumadora que no hay resquicio por donde se pueda explicar la irresponsabilidad con la que actuaron los presuntos delincuentes y tampoco la ceguera con que dejaron hacer Hebe de Bonafini y quienes la acompañan. Estamos ante el cruel desmoronamiento de una imagen que fue guardada con un celofán que parecía transparente, y esta es una nueva tragedia para la Argentina, tan propensa a mitificar su propia historia cuando no a sufrirla como la sufrieron, sin duda alguna, esas señoras que, con sus pañuelos blancos en sus cabezas también blanqueadas, pasearon su dolor y su denuncia en épocas en que hacer eso tan simple como caminar era vigilado por una dictadura sanguinaria. Mataron a sus hijos, las amenazaron a ellas, y ahora reciben en pleno rostro la ignominia de haber creado en su seno un negocio fraudulento que defraudaba a sus propios benefactores, el Estado. Lo que sucede ahora es gravísimo también porque pone en riesgo lo más noble de memoria que atesoró la Argentina herida por la bota militar, por la continuada burla de los derechos humanos. La verdad es que he leído estas denuncias francamente sobrecogido. Son unánimes y describen con todas las señales el proceso que siguieron los delincuentes que controlaban las finanzas de las Madres a un desfalco continuado del dinero que el Estado les daba para realizar sus actividades. Se ha emborronado una efigie, y lo que leo aquí no tiene que ver con la vergüenza ajena, tiene todo el aspecto de reflejar una enorme vergüenza propia, porque, como decía Sol en su escrito, eso se sabía, se iba sabiendo y nadie ´hacía nada hasta que ahora lo que se sabía y no se decía se convierte en un alud ya insoportable.  

Hay 15 Comentarios

Gracias por la entrada, es muy interesante.

Juan, perdona pero tras leer los comentarios, largos y cuasi sentencias, me marcho a la playa a dar un baño y tomarme unos refrescons con mi familia.
Salud y Resistir.

PD.No solo de pan vive el hombre, tambien de palabras sinceras y llenas de bondad.

No creo que llegue el día en que pueda dejar de sorprenderme ante la ingenuidad de palabra y la incoherencia de fondo de cuantos se dicen de izquierdas. La corrupción no ha sido nunca un defecto exclusivo de la derecha. Al contrario, hay tantos corruptos entre los izquierditas como entre los derechistas. Hay corrupción en los caciques políticos de a Andalucía parapetados tras el demagógico "to pal pueblo"; hay corrupción entre las ONGs subvencionadas por el poder porque se declaran afines a la ideología progresista; hay corrupción entre los partidos de izquierda, que viven de la connivencia con el poder financiero...Aún recuerdo cómo en lo últimos momentos del gobierno de FG fue revelada toda una catarata de escándalos relacionados con individuos y organizaciones vinculadas a la "ideología de progreso" y ,sin embargo, la oposición apenas pudo ganar por unos miles de votos. Esta estafa platense no es sino una reedición transatlántica de la PSG ugetista, que costó millones a incautos cooperativistas deseosos de conseguir a bajo precio una casa propia. Tampoco creo que esta apropiación desvergonzada desmerezca los hábitos corrientes entre el peronismo kichneriano. Desde hace mucho, Argentina puntúa muy bajo en limpieza pública en el Indice ed Corrupción de Transparency International ( como lo hace casi toda Iberoamérica, por cierto; con las honrosas excepciones de Uruguay, Chile y Costa Rica). El afirmar sin rubor que desconcierta la corrupción netre la izquierda, y aún más entre la izquierda sudamericana, es una muestra o de la más arrebatada ingenuidad o del más disimulado cinismo.

el universo espía, porquie no nos fiamos de la compañia que tenemos. El espía es un comentario, el universo espía es una forma de decir de declarar las mentiras que hay en el mundo.
Pues las mentiras se cuecen a fuego lento para no quemarsen.
El ecuador es la medida aproximada de las mentiras, porque pasan desapercibidas, las mentiras dan de comer fisicamente, no asi espiritualmente. Las mentiras son codiciosas, ruines, y amargadas. Las ideas exclusivistas quieren indicar porcentaje de mentiras.
La exclusivista idea principalmente no tiene base común con la humanidad. La exploracion universal quita la idea de posibles seres vivientes extraterrestres por lo tanto según la ciencia no hay vida despues de la muerte, según los cientificos. La idea por tanto parece indicar que no hay vida por tanto incredulos o no creyentes estan en la gloria, que listos son, que cerebros tienen, son joyas de listos y de sabios, segun ellos.
La idea central es la muerte, parten de la incredulidad, la muerte es un acto involuntario real ficticio pero real, es decir la mentira y la verdad juegan con el ser humano. La maldad se consigue con la mentira.

MAESTRO CRUZ

Como se comprueba soy un minuspchíquico,y tengo una asoción formada por una sola persona pero ya estoy excindido (yo antes era un cindido). Ese es otro tema,grave,pero otro tema por el que debere dar explicaciones y aguantar a titulo personal nuestro más firme rechazo (no represento a nadie pero me gusta decir nuestro porque me siento mas hiportante).

Saludos Paco
PD Ademas beso el culo de jente hiportante si se dejan pero siempre se dejan poque son hiportantes.

INTRODUCCIÓN

La Tía Tula es la tía que se convierte en la madre de 5 niños, tras la muerte de su hermana Rosa y de la segunda esposa de su cuñado Ramiro, Manuela. Personaje fuera de lo corriente, mediante el cual se explora la dicotomía virginidad-maternidad ligada a los fundamentos del cristianismo a través de la perspectiva de una mujer paradójica, compleja y de gran fuerza sexual.

RESUMEN

Gertrudis y Rosa son unas hermanas muy unidas. Vivían huérfanas de padre y de madre desde muy niñas, con un tío materno, sacerdote, que no las mantenía, pues ellas disfrutaban de un patrimonio que les permitía sostenerse en la holgura de la modestia, pero les deba consejos y era buen tío.

Rosa le preguntó a Gertrudis su opinión respecto a su pretendiente, Ramiro Cuadrado. Gertrudis, también conocida como Tula, era respetada y admirada tanto por su tío Primitivo, como por su hermana Rosa y su opinión era respetada y escuchada. Respecto a Ramiro, objetiva por demás, aprobaba la unión entre ellos, pues ambos se querrían bien. A Primitivo, sólo le bastaba la opinión de su sobrina Tula para saber que Rosa estaría en buenas manos.

Pasaron un par de semanas y Rosa estaba preocupada porque Ramiro se mostraba distante cada vez que ella mencionaba el matrimonio, así que se lo comentó a Tula y ella tomó la determinación de hablar con él. A la mañana siguiente Ramiro fue a casa de las hermanas esperando encontrarse con Rosa, pero en su lugar Tula le recibió con mucha dureza y firmeza, cuestionándole si amaba a su hermana y presionando para fijar el día de la boda. A la mañana siguiente ya se había estipulado el día del compromiso.

Primitivo casó a Ramiro y a Rosa. Gertrudis disfrutó mucho la boda y se divirtió mucho. Tula visitaba a la pareja de vez en cuando, iba a comer o a platicar con su hermana. Un día, Rosa recogió a un perro de la calle y Tula desaprobó esa chiquillada, pues su mayor anhelo es que su hermana tenga hijos. Un día Rosa fue a visitar a Tula porque ella había disminuido sus visitas, y le dio la noticia de que había regalado al perro porque ya estaba embarazada. Desde entonces, Gertrudis empezó a frecuentar más la casa de su hermana.

En el parto de Rosa, que fue durísimo, nadie estuvo más valerosa y serena que Gertrudis. El doctor estaba desesperanzado y Tula exigía, con su carácter fuerte, que nadie saliera muerto. Ramiro estaba muy angustiado, pero finalmente conoció a su pequeño hijo. Tula le sugirió a su hermana que lo llamaran Ramiro y que al próximo niño, el cual sería niña, la llamara Gertrudis. A partir de ese día, Tula iba diario a casa de su hermana para cuidar y criar al pequeño Ramiro. Era como una preocupación en la tía la de ir sustrayendo al niño, ya desde su más tierna edad de inconciencia, de conocer el amor de que había brotado. Le colgó en el cuello una medalla de la Santísima Virgen, de la Virgen Madre, con su niño en brazos. Con frecuencia, Rosa se impacientaba en acallar al niño o al envolverlo en sus pañales, pero Tula tomaba al niño bajo su cuidado y enviaba a Rosa con su marido, para así, repartirse el trabajo. Y así pasaba el tiempo y llegó otra cría, una niña.

Al poco tiempo de nacer la niña, encontraron un día muerto al bueno de don Primitivo. Gertrudis lo bañó, limpió y vistió para su entierro. Ella sufrió mucho su muerte, pues en cierta forma él se había convertido en un padre para ellas, quien las educó de una manera religiosa y correcta.

Rosa le pidió a su hermana que fuera a vivir con ellos, pues ella se encargaba enteramente de la crianza de sus hijos; no obstante, Gertrudis se rehusó afirmando que no quería estorbarles. Tula siguió yendo a su horas para ir enseñando a los niños y atender todo aquello de lo cual la pareja no podía ocuparse.

Venía ya el tercer hijo del matrimonio y Rosa se quejaba de su fecundidad. El embarazo fue muy molesto y la dejó casi sin fuerzas. Gertrudis la observaba caminar con dificultad y en cierta forma, presentía algún mal. Ramiro estaba preocupado porque veía que Rosa no tenía más entusiasmo por vivir después del parto; su salud se desvanecía y le acongojaba pensar en su soledad. Rosa le pidió a Gertrudis que cuidara de sus hijos y de su marido, proponiéndole que ella ocupara su lugar en la familia, no obstante, Gertrudis le prometió que cuidaría a sus hijos, mas no se comprometió en casarse con Ramiro.

Tula trataba de alimentar con el biberón al niño, pero éste gemía y rechazaba el alimento, así que se encerró en un cuarto con su sobrinito y le pidió a la Virgen Santísima un milagro para poder alimentar al niño con su seco pecho. Oyó unos pasos acercarse a la puerta, recogió su pecho y dejó pasar a Ramiro, quien le daba la noticia de que Rosa había fallecido. Tula le dijo que ahora habría que cuidar y criar a los niños.

Ramiro repasa retrospectivamente su vida de casado con Rosa, aprecia el papel y la actitud de Gertrudis durante el proceso de noviazgo y el matrimonio y se muestra incrédulo ante la muerte de Rosa. El dolor se le espiritualizaba y sólo cobraba el sentido cuando entraba Gertrudis. Al parecer, Ramiro está pensando en Rosa, y luego en Gertrudis como continuadora del papel de compañera y madre de sus hijos.

Gertrudis que se había instalado en casa de su hermana desde que enfermó, le dijo un día a su cuñado que recogería su antigua casa y que vendría por completo a vivir allá para poder cuidar a los niños. Ramiro emocionado, le llamaba Tula, pero ella le pedía que siempre le llamara Gertrudis, especialmente frente a los niños y ella procuraba que estuviera un niño cuando estaba cerca de Ramiro. Un día Ramiro descubrió que Gertrudis había mantenido una relación secreta con su primo Ricardo, pero ésta terminó en cuanto Tula tomó la determinación de dedicarse de lleno a la educación y cuidado de los hijos de su hermana a quienes llamaba sus hijos. Ricardo fue a visitar a Tula para pedirle que recapacitara y se casara con él, pero ella estaba determinada en que no se casaría nunca y su única misión era cuidar a los niños, pese a que la gente piense que vive ahora en casa de Ramiro para casarse con él. Ramiro le insinuó a Tula la posibilidad de unirse, pero Tula, tajantemente, dijo que no deseaba casarse y sólo quería cuidar a los niños de su hermana. Ramiro creía que en dado caso Tula debió ser monja, pero ella decía que no le gustaba que nadie le diera órdenes.

Después de varios días transcurridos, Ramiro seguía observando a Gertrudis con la misma intención hasta que un día él le dijo a Tula que era imposible que ella estuviera en la casa, llenándola de su calor y siendo alma y cuerpo, sin que él sintiera nada, además, si ella decidía marcharse, los niños sufrirían mucho porque la quieren a ella más que a su padre. Gertrudis le pidió que le diera un año para pensar las cosas y entonces le diría si se casaría con él o no.

Ramiro decidió meterse en la política y nominarse candidato para ser diputado local, lo cual hizo muy feliz a Tula, pues de esta forma él se mantendría ocupado.

En el alma de Gertrudis se desencadenaba una guerra entre el corazón y la razón. Ella sentía que su hermana no querría que fuera mujer en carne de su marido, y todas las tardes rezaba en su cuarto recatado ante la Virgen Santísima. Hacía esfuerzos para acallar sus pensamientos y calmar el deseo de su cuñado. Ramirín, uno de sus sobrinitos, llamaba a Tula mamita, aunque su padre le pidió que la llamara tía Tula, pues argumentaba que todavía era su tía pero que pronto sería su madre. Ante esto, Tula le pidió a Ramiro que no confundiera a más a los niños.

La familia fue a pasar las vacaciones al campo, pues Ramiro buscaba momentos para estar a solas con su cuñada, y el campo, en lugar de disminuir el deseo, incrementaba conforme a los hermosos paisajes que veían. Una noche, al ver la luna rojiza, Ramiro hizo una comparación entre la luna, inalcanzable, misteriosa y con su parte oscura, y Tula, quien trataba de frenar el tema. Gertrudis sentía que el campo no era puro, en la ciudad estaba su convento, allí adormecería a su cuñado y por ello debían marcharse de regreso cuanto antes.

Tula sufría tal confusión que fue con el Padre Álvarez al confesionario. Éste le dijo que la actitud de Ramiro era natural, que ella debía entenderlo y ayudarle, que no había nada de malo en casarse con él y le cuestionó su amor por él y qué hubiera pasado si desde un principio él la hubiese pretendido a ella en lugar de Rosa. Tula salió muy desconcertada y enojada porque creía que el Padre no la entendía del todo, no obstante, continuaron confusos sus sentimientos por Ramiro.

De pronto, observó Gertrudis que su cuñado era otro hombre, que celaba algún secreto, que andaba desconfiado y que salía mucho de la casa. Y a fuerza de paciente astucia logró sorprender las miradas de conocimiento íntimo entre Ramiro y la criada de la casa, Manuela, una joven huérfana de 19 años. Un día Tula descubrió a la muchacha saliendo de la habitación de Ramiro y en ese momento fue a pedirle que se casara con ella. Ramiro no comprendía lo que le pedía Gertrudis e incluso le recordó que su hermana Rosa había pedido que los niños no tuvieran madrastra, no obstante, Tula fue firme en su petición porque Manuela estaba encinta y aclaró que ella continuaría criando a los niños y seguiría siendo como su madre, pero ahora Ramiro debía cumplir con el deber, pese a que fuera una criada, pues debió haber pensado bien sus actos antes de embarazarla.

Manuela y Ramiro se casaron, pero en la casa parecía ella más la criada y Gertrudis más el ama de casa. Pese a la vergüenza que sentía Manuela, Gertrudis solicitaba que ella se sentara en la mesa con todos para que los niños comprendieran que eran familia y que no debían seguirse ocultando, pues ello impulsaba pensamientos impuros. El embarazo de Manuela fue muy incómodo y difícil y Gertrudis hizo lo mismo que en los embarazos de su hermana, tomó al niño y se lo presentó a su padre, quien lo veía con lástima.

De nuevo, la pobre Manuela, la hospiciana, se hallaba preñada y Ramiro muy malhumorado con ello. El doctor, don Juan, auguraba que la madre no sobreviviría mucho tiempo después de dar a luz. Gertrudis también lo veía en el aspecto de Manuela. Don Juan parecía dedicarle un cortejo platónico a Tula, a quien admiraba y consideraba una mujer especial, fuerte, sagaz y con hermoso cuerpo.

Cuando en la casa temían por Manuela y todos los cuidados eran para ella, de pronto cayó Ramiro en cama por una pulmonía. Una tarde en que la fiebre lo dejó más tranquilo llamó a Gertrudis a solas y le dijo que él la amaba desde el principio, cuando Tula insistió en casarlo con su hermana, era a ella a quien admiraba y veía una vez estando cerca. A Gertrudis se le llenaron los ojos de lágrimas, confesó que ella lo había rechazado por temor a los hombres y juntaron sus bocas para besarse.

Al siguiente día llevó a los niños al lecho de su padre ya moribundo y sacramentado. Luego fue Manuela y de poco se muere de la congoja que le dio sobre el enfermo. Ramiro rindió su espíritu despidiéndose de su Tula. Y ella, la tía, vació su corazón en sollozos de congoja sobre el cuerpo exánime del padre de sus hijos, de su pobre Ramiro.

Hubo abatimiento en aquel hogar, pues los niños eran incapaces de darse cuenta de los que había pasado y la pobre viuda luchaba por mantener vivo al ser que llevaba adentro, más como estaba previsto, falleció en cuanto nació la pequeña niña, sola y huérfana, tal como había venido al mundo. Y fue esta muerte la que más ahondó el ánimo de Gertrudis, que ya había asistido a otras tres ya. Era como si esta muerte recordara las otras tres y las iluminará más. Tula se sentía culpable por la muerte de Manuela, creía que había matado aquella pobre hospiciana huérfana, se le figuraba que era como Eva, quien también murió sin madre. Y ahora se quedaba Gertrudis con sus cinco crías, cuidando en especial la última y considerándolas a todas sus hijos. El mayor, Ramirín era la viva imagen de su padre, en figura y en gestos, y su tía se proponía a evitar en él los malos hábitos que tenía su padre.

Gertrudis, molesta por las insinuaciones de don Juan, el médico, le anunció un día estar dispuesta a cambiar de médico. Don Juan le confesó que él deseaba casarse con ella y adoptar a los niños, que tanto le gustan, pero Gertrudis se negó rotundamente, lo llamó puerco y así se despidieron para siempre.

Tula cuestionaba el papel del hombre en el cristianismo, como éste siempre ha estado fundado en el hombre y no en la mujer, la Virgen, la madre, Magdalena. El cristianismo, se decía Gertrudis, al final es religión de hombres.

Corrieron unos años apacibles y serenos. La orfandad daba a ese hogar una luz de serena calma. La tía Tula procuraba tratar a todos sus hijos sin distinciones, pero tenía preferencias por Ramirín y por la más pequeña, la hija de la muerte, Manuelita, por quien se sentía mucho más responsable.

A todos los educó recordándoles a sus padres, pero le preocupaba pensar en la diferencia que podían sentir entre ellos al saber que son medios hermanos, así que les inculcó que todos son sus hijos y su única madre ahora era ella.

Mientras educaba a los niños, descubrió que le gustaba la geometría porque le inspiraba pureza y perfección, por el otro lado, no quería saber de anatomía o fisiología.

Gertrudis iba a confesarse con el mismo padre que iba Ramirín, pues de esta forma, también podía controlar y guiar sus pasos. Cuando una vez creyó observar en el muchacho inclinaciones ascéticas y místicas, acudió alarmada al padre Álvarez y reveló la culpa que sentía al haber hecho caer, en dos ocasiones, al pobre Ramiro con su hermana y con la otra, por soberbia y por amor propio.

Logró sacar a su sobrino de aquellas inclinaciones ascéticas y lo fue guiando para unirse con una mujer que ella ya había escogido para él, Caridad.

Tula y Caridad se hicieron muy amigas, platicaban mucho y juntas se encargaban del hogar. Gertrudis le pedía a Caridad que cuidara de Manolita, tan débil, inocente y enfermiza. Caridad creía que Manolita tenía los mismos ojos que Tula.

Gertrudis empezó a enfermar, sufría mareos y desmayos constantes y su salud decayó. Poco después Manolita también se enfermó, así que la tía sacó fuerzas y se recuperó para cuidar a su pequeña, quien no tenía deseos de seguir viviendo si su madre Tula moría. La salud de Manolita mejoró notoriamente y Gertrudis contrajo una bronconeumonía. Caridad quería cuidarla, pero Tula le pedía que se encargara del hijo que llevaba dentro y que con la ayuda de Manolita, quien revitalizada cuidaba de su madre, Rosa y Elvira, cuidarían bien de ella.

La tía Tula no podía ya más con su cuerpo. Comenzó por despedirse de Manolita, a quien le pidió que no volviera a temer a la vida, que cuidara de sus hermanos, así como ella lo había hecho. Antes de morir, Tula les aconsejaba a sus hijos que no hicieran cosas de las cuales se arrepentirían y menos de no haber hecho algo y les pidió que rezaran por sus padres y por ella, asimismo, empezó a hablar del purgatorio y del fango ardiente con el que son lavados los que pasan por allí.

La tía Tula murió finalmente, pero siempre permaneció en la casa viva eternamente con la familiaridad inmortal, ya no como la madre, ni como la tía Tula, sino sólo Tía, una especie de reverencia santificada.

Manolita adoptó la actitud de la Tía, era quien mantenía la familia unida y se preocupaba por sus hermanos. Pronto se hicieron bandos entre hermanos y se formaron dos grupos: de un lado, Rosita, la hija mayor de Rosa, aliada con Caridad, su cuñada y no con su hermano. De otro, Elvira, la segunda hija de Rosa, con Enrique, su hermanastro, el hijo de la hospiciana, y quedaban fuera Ramiro y Manolita. Ramiro vivía atento a su hijo y a sus negocios y Manolita atenta a mantener el culto de la tía y la tradición del hogar. Manolita se preparaba a ser el lazo entre cuatro probables familias venideras.

La alianza entre Elvira y Enrique, los dos hermanastros, era mucho más estrecha que cualquier otra, siempre estaban juntos, cuchicheando, no se separaban un solo instante, hasta que un día Manolita sugirió que ambos debían buscarse una pareja porque se comportaban como chiquillos.

Rosita buscaba mucho a Caridad para llevarle sus quejas, sus aprensiones y sus suspicacias. Parecía que requería mucha atención y al no tenerla, se quejaba constantemente. Caridad le dijo a Manolita que ya no sabía qué hacer con las constantes quejas y críticas de Rosita en contra de su marido Ramiro, así que Manolita enfrentó a Rosita, con tal dureza y fortaleza, que pareciera que venía del otro mundo, del mundo eterno de la familia inmortal. Manolita heredó el alma de la Tía Tula y el respeto por parte de sus hermanos al considerarla la Tía, a través de ella.

PERSONAJES

GERTRUDIS: Personaje principal. También conocida como Tía Tula. Una mujer de carácter fuerte, religiosa, mandona, de gran fuerza sexual, imponente, compleja, autoritaria, individualista y tenaz. Juzga la naturaleza del hombre y la compara como la de los zánganos en la naturaleza de las abejas. Es la fundadora de la convivencia familiar, una mujer ejemplar que se sacrifica casi hasta la santidad. Nunca se deja influir por el qué dirán y busca la pureza absoluta.

RAMIRO: Personaje secundario. El amor imposible de Tula, marido de Rosa, la hermana de Tula y de Manolita, la criada de la casa. respeta y venera a Tula, desea casarse con ella tras la muerte de su primera esposa, Rosa. Se deja llevar por sus impulsos, como hombre y no se conoce mucho de personalidad más que a través de la perspectiva de la feminista Gertrudis.

ROSA: Personaje secundario. Hermana de Tula. Amigas inseparables, de gran belleza y simplicidad en su carácter. Obedecía y escuchaba con atención todo cuanto su hermana le decía.

MANUELA: Personaje secundario. Criada de la casa que se convierte en la segunda esposa de Ramiro porque queda preñada y Gertrudis sugiere que deben de casarse. Huérfana de nacimiento, débil, miedosa y frágil.

MANOLITA: Personaje secundario. Hija de la hospiciana y de Ramiro. La hija consentida de Tula. En un principio era la más triste, débil y enfermiza de los hermanos, pero en cuanto su tía cae enferma, cobra valor a la vida y tras la muerte de Tula, se convierte en la heredera de su alma y su espíritu, la unificadora familiar.

RAMIRÍN: Personaje secundario. Hijo mayor de Rosa y Ramiro. Favorito de la Tía Tula porque era la viva imagen de su padre.

CARIDAD: Personaje secundario. Esposa de Ramirín y confidente de Tula cuando ésta se muda a la casa con la familia.

ELVIRA, ROSITA Y ENRIQUE: Personajes secundarios. Elvira y Rosita son hijas de Rosa y Ramiro, mientras que Enrique es hijo de la hospiciana.

PARA QUE TE LUZCAS

La Tía Tula es una novela que explora los temas de la sexualidad, la familia, la maternidad-virginidad, la pureza del ser, la fortaleza sexual en el sexo femenino y el cristianismo. A lo largo de la novela se presentan varias críticas al papel de la mujer en la religión cristiana y cómo ésta es una religión de hombres, así como la comparación entre el mundo animal de las abejas, donde hay una reina y una serie de zánganos y la relación familiar que Tula conlleva, mantiene y sostiene como parte de su única misión en la vida. Un curioso detalle en esta novela es que Unamuno llega a cambiar por equivocación, y en varias ocasiones, el sexo de los hijos de Rosa, así como los nombres de éstos, hasta que finalmente, y por orden de edades, quedan de la siguiente manera: Ramiro, Rosa y Elvira (hijos de Rosa) y Enrique y Manolita (hijos de Manuela).Fue publicada por primera vez en 1921, aunque el proyecto ya existía desde 1902.

MAESTRO CRUZ

Las Madres de Plaza de Mayo es una asociación formada durante el último gobierno militar de la República Argentina con el fin de recuperar con vida a los detenidos desaparecidos, inicialmente, y luego establecer quiénes fueron los responsables de los crímenes de lesa humanidad y promover su enjuiciamiento. Posteriormente tratan de continuar lo que ellas entienden como la lucha que intentaron llevar a cabo sus hijos, mediante la misma asociación,con su propia radio universidad (UPMPM),café literario,plan de vivienda social,guardería infantil y programa de televisión.
Las Madres de Plaza de Mayo se encuentran actualmente divididas en dos grupos: el grupo mayoritario, denominado«Madres de Plaza de Mayo» (presidido por Hebe de Bonafini), y las «Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora» (presidido por Marta Ocampo de Vásquez).
Wikipedia

P.D.Como se comprueba no es una asoción formada por una sola persona y está incluso excindida por lo que su labor inmaculada de desenmascarar a los fascistas,genocidas no tienen nada que ver en este desagradable incidente y si la señora aludida es ó no pro ó antisemita,ese es otro tema,grave,pero otro tema por el que debera dar explicaciones y aguantar a titulo personal nuestro más firme rechazo.

Argentina debe ser el único país que tiene el extraño poder de dejarme sin palabras (¡A mí! ¡A mí sin palabras! Ni yo misma me lo puedo creer)
Bibiana Fernández Simajovich

PD: Más o menos siempre pasa lo mismo (¡ya me parecía a mí que algo iba a poder decir!)

Por cierto, Hebe Bonafini es una tipa que sufre mucho por los que mataron los militares argentinos pero se caga en la madre de las víctimas de ETA, a la que ha apoyado. La cosa se califica por sí sola. Además, por si faltara algo, la buena señora se declara antisemita. Maja la chica, ¿verdad?

Bien, ahora un esfuerzo más para quitarte el sectarismo de encima, Juan, que tú puedes. Es sencillo: coges tu texto, al que no pongo ni un pero, y sustituyes las Madres de la Plaza de Mayo por las Damas Blancas cubanas. Queda exactamente igual, con el mismo sentido y acusa también por igual a otros cabrones que lo merecen. Prueba, que no mata.

Esas madres han perdido a sus hijos, a sus nietos, son conmovedores monumentos de dignidad y de dolor… Juntas ”habrían podido formar un río con su llanto”. Ahora las han estafado dos miserables a los que la abuela Hebe quiso rehabilitar. Para mí nada ha cambiado. La dignidad no está en el pañuelo sino en la frente alta a pesar del dolor y las ruinas. La frente es la misma. Para ellas todo mi respeto y admiración.

LA MADRE

(A las madres de la Plaza de Mayo)

Va. Viene. Va.

Ni pájaro. Ni rama. Ni cielo. Solo manos.

Dos que la madre leva de las cenizas duras

al rostro aniquilado. Dos espectros nervudos

que sublevan terribles los hangares del pecho.

Desoladas astillas entre escombros de muerte.

Tal ayo castellano

que enjuga, besa, contra su corazón oprime

las cercenadas testas de siete infantes idos,

siete flores que solo en su dolor son, persisten,

así la madre pasa, desempolva afligida

los cadáveres mudos. Húndese en las cloacas.

Y allí remira, atisba, desesperada inquiere:

¡Nada! ¡Todos! Descansa.

La sangre entera yace junto a su cuerpo oscuro.

Desde el último nervio súbele un temblor lento,

una chispa rebelde que levanta la ruina que es ella,

un acto que soleva todos los astros en su sangre.

Y ciegamente yergue en la sombra su figura.

Ase una mano. “Y no. No es esta”. Musita a sola.

Doblase. Escarba. Saca. Deja. Desordena. Abisma:

Jirones que se pegan en sus pupilas fijas.

Muertos colgados en los desvanes de su alma.

Perdida entre los muros como un cuervo nocturno,

la madre salta, corre, casi aúlla en lontananza.

Va. Viene. Va. Del llanto a las vacuas tinieblas.

Del dolor a la muerte.

Y no sabe ya por qué busca, quién mora enterrada

en la desahuciada carne que un día fue ella.

Sus ojos fulgen en el desencajado rostro

tal fósforo en las tumbas,

y ahora, mudamente, posa su índice pétreo

en cada cuerpo seco, rendido en los escombros.

Y nada sabe. Solo cuenta helados racimos,

torturas que vomita la tierra atormentada.

Secuelas de la infamia. Horror de los canallas.

Notario de la noche que numera los bultos

para nadie. Que para nadie cuenta, enloquece,

va, viene, va…

(Mayo de 1983)

La hermosura posee una gran dosis de fragilidad, eso es lo que está pasando con el caso Bonafini y las madres de la plaza de Mayo. Todo el trabajo realizado queda en la intemperie a las bocas de las hienas que están resueltas a demoler la belleza acreditada en estas décadas en las manifestaciones que fueron un pictograma de lo que verdaderamente Argentina tenía en sus entrañas. Yo tampoco daba crédito a lo que leía cuando llegué al artículo mencionado porque durante tanto tiempo el valor de esas mujeres ha enjuagado la putrefacción de una sociedad pisoteada como bien dices con la bota militar de la ignominia. Solo queda que se esclarezca adecuadamente y que las protagonistas de la historia queden a salvo de la canalla subrepticia.

MAESTRO CRUZ

Me queda claro que las madres hicieron una labor justa y que desenmascararon a los verdugos de una represión inhumana .El esclarecimiento y la aceptación y dimisión de las que callaron y miraron para otro lado,es lo que toca ahora.Me queda claro que su labor no debería ponerse en solfa y que los fascistas asesinos y sus amigos usaran este tema para desacreditar a las madres, es en estos momentos cuando la prensa desempeña un papel de unan gran labor social, al aclarar con una información veraz quienes y como delinquieron y se aprovecharon de este movimiento.Con este comentario de hoy se vuelve a demostrar por qué llamo Maestro a Juan Cruz Ruiz, llega a Argentina y lo primero que comenta es la noticia más importante de ese querido país, así son los periodistas que muchos pensamos deben existir en nuestra sociedad, noticia de interes, veracidad y respeto.


Saludos Paco

Así que lo de la avizora proetarra Bonafini era "ceguera". Vamos anda, no se pasen tanto aburriendo con sus corruptelas mediáticas.

Tambie he leído ese articulo y me dio una gran tristeza, por lo que supuso "las Madres de la Plaza de Mayo" como revulsivo contra la Dictadura, la desapariciones de niños y personas mayores en la Argentina dictatorial.

Pero por otro lado, pensandolo friamente, me salto el recuerdo de "MARADONA", SANTO Y AMADO POR TODA LA NACIÓN ARGENTINA.
Salud y Resistir.

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Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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