Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Retratos canarios

Por: | 17 de junio de 2011

A las ocho de esta tarde pueden escuchar ustedes en el Espacio Canarias (Alcalá, 91, de Madrid) un diálogo sobre una novela insólita, El guanche en Venecia, que ha escrito Juan Manuel García-Ramos, compañero mío de curso en el Instituto de La Laguna, cuya peripecia personal (y profesional) lo ha llevado por los vericuetos de la política, la enseñanza y la literatura; y ésta, la literatura, es su principal abrevadero, donde se siente, lógicamente, más libre y por tanto más veloz de imaginación y de modales, pues la política, como la enseñanza, constriñe mucho, obliga mucho la voluntad del que está delante. La literatura, y esto lo muestra en grado sumo en este libro singular, le da alas, excita su imaginación, lo convierte en un testigo legítimo de lo que jamás vio, como es natural. pues la historia sucede en el siglo XV, en pleno Renacimiento italiano, y tiene como protagonista a un rey guanche, Bencomo, vencido por los castellanos en dura lucha en el norte de Tenerife, y exhibido luego como una conquista, en este caso humana, de los Reyes Católicos. Bencomo fue finalmente trasladado a Venecia, que es donde el novelista sitúa la peripecia que quería contar. El libro ha sido publicado por Artemisa, cuyo director, Ulises Ramos, entre otros, dialogará esta tarde con el autor. Les aconsejo que vayan por ese motivo, y por este otro.

En el mismo Espacio Canarias, que dirige María Teresa Mariz, está presente una exposición verdaderamente atrayente de las fotografías que Carlos A. Schwartz, arquitecto y fotógrafo, amigo mío desde los lejanos tiempos de la movida cultural canaria, los 70 del pasado siglo, hizo sobre todo en esa época especial frutífera del arte en las islas. Las fotos de Carlos son retratos del tiempo, como las llama él; incluyó en su ojo a mucha gente de lo que quedó de Gaceta de Arte (Pérez Minik, Westerdahl), escritores o artistas que pasaron por nuestra tierra o por su mirada (Lledó, Caballero Bonald, Jaime Salinas, José Saramago, tantos otros), y hay también retratos familiares más o menos contemporáneos que completan la sugerencia global de la visión que Schwartz tiene del alma del otro. Son fotos en blanco y negro, que conservan, en su estructura misma, y en su fundamento, el espíritu con el que fueron hechas: para que quedaran, para que fueran, fijas en la memoria, retratos del tiempo, memoria visual de lo que el artista fue viendo. Acaso la foto que simboliza  ese espíritu es la que le hizo Carlos al pintor tinerfeño Cristino de Vera, retratado ante un ventanal de luz muy pura, mostrando en su esqueleto simbólico la propia raíz de lo que Cristino pinta: el alma misma, lo más esencial del hombre, la pureza de la luz cuando está es el ánimo.

Doble cita, pues. Allí nos vemos, los que puedan ir.

Aprender español en Dublín

Por: | 15 de junio de 2011

Estuve ayer tarde en clase con unos estudiantes de español, en el Instituto Cervantes de Dublín, donde estoy estos días invitado a dar unas charlas. Ayer hablé de El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa, y de Vargas Llosa, y hoy participaré en un diálogo sobre Borges y Joyce. Mañana, Bloomsday, procuraré seguir las peripecias de aquel día que Joyce hizo inolvidable. Pero de todas las cosas que he visto en el poco tiempo que llevo en esta isla fundamental de la historia de la literatura tiene que ver expresamente con Cervantes, con su lengua y con quienes toman la decisión de estudiarla. Me llevaron a un aula, a charlar con alumnos, y estuve allí, contándoles palabras e interesándome por sus diversas procedencias; les estuve contando la raíz de algunas palabras que salieron en la conversación, como arisco y trapero, y estuvimos hablando de fútbol, por ejemplo, porque salió a relucir, en la conversación, el entrenador portugués Jose Mourinho, que es muy notorio en todo el mundo y aquí también. Me dijeron, sobre sus procedencias, los distintos países de los que habían venido a vivir a Dublín: Polonia, Singapur, Portugal...; hay, cómo no, muchos estudiantes dublineses, y todos son de los más distintos oficios: periodista, ingeniero, economista, publicitario... A todos les pregunté por qué aprendían español. Unos lo aprendían para poder hablar con los parientes de la novia, o para seguir una conversación con los amigos que habían hecho, para hablar en casa con la esposa española... Todos hablaban español muy bien, habían progresado mucho, y todos lo aprendían, efectivamente, por razones sentimentales, no hubo uno que me dijera que lo aprendía porque vislumbraba, en el uso de esta lengua, una oportunidad económica o comercial para el futuro. Debo confesar que la primera impresión que tuve fue de cierta congoja: o sea que el español sólo nos sirve para hablar de amistad, de amor, para comunicarse con los otros en momentos de expansión sentimental, no sirve para ganarse la vida. Luego fui un poco más reflexivo, y un poco más sentimental, y me sentí muy feliz de hablar una lengua que ya hablan tantos, y que tantos quieren hablar, cuya utilidad máxima es la conversación, no el negocio. Hablar para saber, hablar para abrazar. No estaría mal proclamar el español como la lengua universal de los abrazos. 

Lo que indigna. La corrupción

Por: | 13 de junio de 2011

La corrupción en el manejo de lo público es lo que indigna primero pues significa una falta de respeto hacia lo que es de todos. Muestra un desdén insolente hacia los otros ciudadanos y permite, en el ámbito municipal, comunitario o nacional, el ingreso de manos interesadas en subvertir el orden democrático, impuesto para que lo que es de todos sea intocable. Ahora han sido elegidos en los ayuntamientos y en las comunidades españolas cientos de ediles o diputados que han sido imputados por mala gestión en sus puestos anteriores; en algunos casos, han obtenido aún más votos que los que tuvieron para acceder a los cargos en los que se aplicaron en la tarea de desdeñar su honorabilidad para beneficiar a otros. La ley que ellos se aplican a sí mismos es de una enorme desfachatez: como han sido elegidos otra vez, eso significa que sus delitos, si los hubo, prescribieron gracias a las urnas. He leído de nuevo esta valoración casera en las entrevistas que ha dado la alcaldesa de Alicante para justificar sus relaciones con un constructor muy notorio de su zona, a quien ella le facilitaba datos oficiales, pero confidenciales aún, que eran suculentos para alguien interesado en el suelo de la localidad. Como su implicación personal con los deseos del constructor han sido ahora aireados por la prensa a raíz de una investigación judicial, ella considera que ha sido Rubalcaba, cómo no, quien ha querido levantar el caso para hundirla, utilizando para ello a la policía. Y en cuanto a los regalos que recibió del mismo constructor, ella ya ha explicado que regalos como esos los recibe la policía, la judicatura y la prensa. No eligió al azar a los recipiendarios supuestos de dádivas sospechosas, pues a ella le ha escocido que la policía investigue, que los jueces estén haciendo su trabajo (sin tener en cuenta el resultado de las urnas, ay) y que los periodistas expliquen lo que sale en los papeles que se van conociendo. Leí todo lo que pude de este caso, en medio de la estupefacción que produce el cinismo, y salí indignado de esa naturalidad con la que el hombre (la mujer, en este caso) considera impune todo lo que hace, en este ámbito de la política; pero igual impunidad se verifica en otros ámbitos de la vida. Gente que considera que todo le está permitido simplemente porque tiene en sus manos el poder del chantaje o, simplemente, el poder, que es muchas veces el poder del chantaje. Una revolución moral debe propiciar un desestimiento público de lo que hacen los corruptos. Es un camino del que depende el porvenir de una sociedad que corre el riesgo de acostumbrarse a que lo que indigna sea materia de olvido.  

La política. Una confesión

Por: | 10 de junio de 2011

Es demasiado temprano en este país para dejar que la democracia sea simplemente una expresión de la política; la democracia es una manera de ser ciudadanos en la sociedad, y entre los elementos de la democracia está la política, la conversación política, el consenso político, el desacuerdo político, la actividad política. De modo que relacionar la democracia exclusivamente con lo que se practica en el ámbito expresamente político, es decir, donde desarrollan los políticos el sistema democrático, es parcelar la democracia. Ahora hay en España un evidente descrédito de los políticos, bien ganado en multitud de casos, como se ve cada día, y como se ha visto de manera a mi parecer grosera en la inauguración del Parlamento valenciano, donde se han tergiversado muchos elementos de la conversación política y laica que es preciso mantener en una democracia cuya Constitución, en la que se basa, declara que este es un Estado aconfensional. Fue confesional en la dictadura, que existió, está ahí a nuestras espaldas, está en la experiencia también de los adultos que contravienen las normas constitucionales actuales haciendo burla de la población a la que sirven. Así que los políticos están en gran medida desacreditados, y eso lo dicen las encuestas y lo dicen los ciudadanos con los que nos tropezamos en los medios de transporte, en los bares, en las discusiones que siguen a los actos públicos, en las emisoras de radio, en las tertulias de la televisión, en los periódicos. En muchos de esos medios, donde la opinión no deja paso a la información, y donde el insulto es una agresión a la inteligencia, la desinformación es un calculado asalto a la verdad común y a la historia, se practica lo mismo que puso en marcha con éxito la derecha más violenta incluso antes de que la República empezara a andar. Eso pasa, y eso pesa en el descrédito de la democracia, no sólo en el descrédito de los políticos. Pero ese descrédito de los políticos se puede afear y se puede denunciar en este país y en este momento, incluso en las puertas del Parlamento, y aún más adentro, porque existe una democracia que permite la política; la dictadura no permitía la política, estaba en sus tuétanos, hicieron una guerra para que no se siguiera haciendo política, orquestaron, desde despachos de abogados y juristas, desde sillones de las redacciones más reaccionarias, que se parecían, en su lenguaje, al lenguaje de algunas salas de banderas, una campaña sistemática para desacreditar la política y justificar la guerra civil, y tuvieron lo que querían, una dictadura que duró lo que duró el dictador, cuya imagen tratan de limpiar ahora también aquellos que quieren derruir la política, el ejercicio de la política, es decir, una de las múltiples consecuencias que tiene la democracia. Por ese agujero del descrédito general, de la causa general contra la democracia y contra la política, podrían entrar indeseables drenajes de pus antidemocrática, que anidaría feliz en los intersticios aún no resueltos, y qué vivos están, de los nostálgicos, viejos y jóvenes de la No Democracia como sistema. Es mi opinión, la dije ayer hablando con unos jóvenes amigos que se juntaron conmigo en una plaza de Madrid. Y aunque tengo la voz rota por los cambios del aire que se han producido últimamente, como quisieron saber qué opinaba de la democracia y de la política, y fueron generosos escuchándome, les dije más o menos lo que antecede. Lo digo de nuevo, y lo digo con la pasión que dan la esperanza, la humildad y la duda.

Semprún

Por: | 09 de junio de 2011

Conocí a Jorge Semprún muy tarde en la vida, y hablé con él por primera vez un rato largo, me parece, cuando ya era ministro de Cultura del Gobierno de Felipe González. Era un mito, por su clandestinidad como Federico Sánchez, cuyo brillo en España había dejado en sombras su tiempo como resistente contra el nazismo en Francia, así como su época como preso en el campo de concentración de Buchenwald. En esa primera ocasión en que hablé con él, Semprún recibía a Juan García Hortelano, su amigo de otros tiempos y también de ahora. Íbamos a ver a Semprún porque Juan le quería proponer que el ministerio ayudara a Gabriel Celaya, que en ese momento estaba pasando por una situación angustiosa. Hablaron como colegas y como compañeros, de vez en cuando se ponían de pie, reían, Semprún tomaba a Juan del hombro, le refería anécdotas de la clandestinidad, cuando Federico Sánchez vivía frente al ministerio donde trabajaba Juan, en la casa del poeta Ángel González, compañero de oficina del propio García Hortelano. Eran dos personas, Juan y Jorge, que en ese momento hablaban como amigos que fueron y que seguían siendo, preocupados ambos en ese momento por otro escritor, de otra generación, que también, como ellos, había vivido las consecuencias del fascismo en Europa. De pronto, Juan era allí un ciudadano de un país que ya vivía en democracia, ante un ministro que había sido comunista y clandestino en la dictadura, y además un hombre condenado en las mazmorras siniestras de Hitler. Tengo muy nítido en mi memoria ese encuentro; Semprún se acababa de cortar el pelo, llevaba una de esas chaquetas de pata de gallo que entonces seguían siendo tan habituales en los hombres de su edad, y Juan llevaba una casaca marrón, que era también parte de su vestimenta habitual. Semprún tenía el pelo ya prácticamente blanco, y sobre sus hombros habían caído algunos restos del pelado. Era una imagen ciertamente poderosa para un joven que nació después de la guerra, vivió también bajo el franquismo, pero no pudo saber, era imposible, la gravedad física, el dolor verdadero, que para esas otras generaciones, la de Celaya, la de Semprún y Hortelano, había supuesto el centro mismo de la maldad del siglo. Allí estaban, Juan y Jorge, viviendo otro tiempo que en este momento es más pasado a nuestra espalda. 

El pavo en la tabla de surf

Por: | 07 de junio de 2011

He estado en la inauguración de Focus, la asamblea internacional que la Unesco ha puesto en marcha estos días en Monza, Italia, para vislumbrar el futuro del libro, si va a ser impreso, si va a ser digital, cómo va a distribuirse, cómo se va a vender, cómo se van a cobrar los derechos, si se cobrarán los derechos, etcétera. Milagros del Corral, que ha elaborado la base científica de las discusiones, abrió los debates con tantas preguntas como inquietudes, entre las cuales he citado algunas en ese preámbulo. El tema es grande como el mundo, y ya era grande cuando aún los libreros, los editores, los autores y los agentes no tenían sobre sí la certeza de este tsunami del que habló, con mucha inteligencia y con enorme gracia, el editor italiano Riccardo Cavallero, cabeza visible del imperio Mondadori. Cavallero dijo que estamos, efectivamente, en un tsunami, pero lo que había que hacer es agarrar una tabla de surf y ponerse en lo más alto de la ola. La cultura de la queja y la actitud del pesimista no le sirven a esta situación. Por otra parte, dijo también Cavallero, es preciso que el editor deje de pensar ya en su figura como la de un romántico intocable que es incapaz de pensar que muchos de los problemas que ahora afronta, aparte de la evidencia del cambio de la cultura de la edición, han sido propiciados por él mismo, por su voracidad, por su incapacidad de pensar en los derechos del lector además de pensar en los derechos del autor. Así que, dijo, el editor es como el pavo en el día de Acción de Gracias, que sabe que hay una fiesta pero desconoce que la fiesta va a acabar mal para él. ¿Acabará mal? Mi impresión, y la impresión que obtuve allí, es que después de un instante de pánico en el sector todo va a resituarse y los libros tradicionales van a convivir con los nuevos libros y todo el mundo buscará acomodo en una industria que no dirá adiós del todo a Gütenberg pero que ya tiene que asumir que su lenguaje no debe ir ya en una sola dirección. La vida es digital, eso lo sabe hasta el pavo del día de Acción de Gracias, al que le vendría muy bien ahora irse buscando una tabla de surf para remontar la ola del tsunami. Hoy hay una crónica de Miguel Mora en la sección de Cultura de EL PAÍS. Ahí se resumen muchos puntos de la apertura del simposio, del que ojalá no salgan los editores y los expertos enchumbados (esta es una palabra que usamos en Canarias) con la ola que nos mira con los ojos del pavo.

Perú y el sentido común

Por: | 06 de junio de 2011

El triunfo de Humala que proclaman las noticias relativas al recuento es una buena noticia para Perú, para el mundo y sobre todo para el sentido común. Una victoria de la marca Fujimori, que es lo que hubiera supuesto que Keiko ganara las elecciones, suponía una bofetada a la historia y a todos aquellos que fueron humillados y ofendidos por el patriarca de ese apellido, que condujo a Perú, junto con su sicario mayor, Montesinos, a los mayores atropellos, y no fue hace tanto. Fujimori, el padre, está en la cárcel, y la hija proclamaba, además con el lenguaje del presidiario cuando aún estaba en libertad, que ella no era como él. No es como él, pero se le parece muchísimo, en sus acusaciones, en la verbalización de su proyecto, en el gesto faltón y sin escrúpulos con el que quiso demoler a su adversario con la machacona idea de que Humala era el hijo de Chavez. El resultado electoral proporciona un enorme alivio al futuro de Perú, arroja agua fresca a ese país que estaba a punto de meterse otra vez en la pesadilla fujimorista que atormentó a millones de peruanos en los tiempos, por desgracia presentes en la memoria pero por fortuna instalados en el pasado, de un dictador civil que ahora pena sus maldades sin posible redención por otras vías que no fueran las que imponen las penas a las que fue condenado por un tribunal que presidió un jurista honesto, César San Martín, que en este proceso electoral fue amenazado también por los seguidores de la marca Fujimori.

Un manifiesto a favor de la vida

Por: | 05 de junio de 2011

Estoy en Monza, cerca de Milán; aquí se celebra mañana un forum de la Unesco sobre el porvenir del libro, asunto del que hablábamos esta mañana en el blog. En esta ocasión no hablaré del libro sino de otras esperanzas. Ahora se festeja en Milán la elección de un abogado progresista para dirigir la ciudad, que estaba en manos de un político de Berlusconi. Era, pues, un ayuntamiento conservador cuya política era parecida a las políticas xenófobas de algunos ayuntamientos españoles de derechas. En el avión que me trajo hasta Milán leí la entrevista que le hizo Miguel Mora, corresponsal de EL PAÍS en Italia, al nuevo alcalde de Roma, Giuliano Pisapia. Le preguntaba Mora a Pisapia cuál sería su primera decisión política al frente de la alcaldía, y Pisapia explicó lo siguiente: "Combatir la pobreza, más vivienda social. Iniciativas a favor de los ancianos y programas para los jóvenes precarios. Los gitanos que están aquí son todos italianos. No serán discriminados. Sólo desalojaremos al crimen organizado. Milán será distinta. No cerraremos nada y ayudaremos a todos a adecuarse a las leyes y a quedarse". Frente a decisiones políticas mezquinas que buscan más el amedrentamiento que la vida, frente a la visión hosca de los otros que domina en la mente de los que ganan y luego revierten lo mejor que hizo el vencido, lo que hace Pisapia es un manifiesto a favor de la vida; me pareció un soplo de aire fresco, hecho desde la política, que recuerda, en cierto modo, a lo que quieren los acampados españoles. Entre tanta mezquindad de la política (y también de los que desprecian la política), este manifiesto político me parece una ventana que merece la pena compartir para mirar con más esperanza el mundo que estamos viviendo. Subsistirá el libro, decíamos, y subsistirá la esperanza en la política si mucha más gente sigue el ejemplo de este abogado milanés que ha devuelto a cientos de miles de marginados la esperanza de seguir viviendo allí donde eligieron.

La armonía de los libros

Por: | 05 de junio de 2011

Entre las cosas que me producen armonía están los libros. Están también los museos, las papelerías, las conversaciones sosegadas, la contemplación del horizonte (del campo, del mar), el sonido del agua al caer, la mirada sonriente de un niño, el recuerdo de las bromas o de los sueños de mi madre, la risa espontánea de los niños que aún no hablan, el sol, las ventanas abiertas al sol del mediodía ante la playa... Pero de todas las cosas son los libros los que me producen mayor armonía, los libros que leo, los libros en las estanterías ofreciéndose como motivos de conocimiento, de conversación o de placer, los libros en las bibliotecas, esos libros ya leídos que han conversado con tanta gente, los libros. Ayer estuve en la Feria del Libro de Madrid. Desde la altura de la caseta 80, cerca de la calle de Alcalá, la imagen era la de un río humano desplazándose con el ritmo de los grandes peces en torno a las innumerables casetas en las que está expuesto el universo de las novedades o de los libros de fondo, las colecciones o los libros sueltos, a veces desamparados, en todo caso arropados ahora por el sol y la sombra del Retiro ante miradas impávidas o entusiastas de la gente que va a comprar o que va a ver, simplemente, buscando interlocutor o silencio en los libros que compran o que tan solo ojean. Dos días antes estuve en este mismo lugar, al atardecer, a participar en un coloquio con editores (o exeditores, este es mi caso) que organizaba el Fondo de Cultura Económica. El tema, como siempre, el porvenir del libro. Dijo Manuel Borrás, de Pre-textos, que ya está harto de que se hable tanto del soporte (si el libro va a ser de papel o si se va a leer en pantalla), porque esa discusión ha impedido que se hable de los contenidos. Tiene razón, debería hablarse más de lo que dicen los libros. Y se hace, pero es cierto que cada día hay más ruido sobre los soportes. Ahora bien, de lo que no se habla ya es de que el libro vaya a desaparecer, pues será libro en cualquiera de los soportes que se vayan imponiendo. Parece evidente que el libro en pantalla se abre paso y será en el futuro un elemento más de la vida del lector, que seguramente alternará también el libro impreso con el libro digital. Cambiarán muchos factores, y cambiarán sobre todo las librerías, a las que toca adaptarse al universo que viene. ¿En qué sentido han de cambiar? Esa es la discusión más sorda pero más preocupada, y es la que está latente en estas estanterías que ahora comparten el sol en el Retiro mientras los lectores pasean para ver quién firma o para ver qué compran o para ver. ¿Será este paisaje el habitual en los años próximos en el mismo parque o en otras plazas de España donde se exponen los libros de la feria? Lo que espero que no cambie nunca es la impresión que deja el libro en quien lo lee: que está hablando sosegadamente con alguien que o sabe más o lo está diciendo de modo que nutre tu propio entendimiento, tu capacidad de conversación o tu sentimiento de placer. En mi caso, un libro siempre, o varios libros, en el viaje, en la casa, en la lucha o en el sosiego. Leer para vivir. Decía Saramago que leer es bueno para la salud. En todo modo, en cualquier circunstancia. Para mirar de otro modo sobre lo que creemos que sabemos.

Pilar Miró

Por: | 02 de junio de 2011

Me conmovió el documental que Diego Galán ha hecho sobre Pilar Miró, a quien dedicó también hace unos años un libro que le hacía justicia a la cineasta que peleó, siendo directora general de Radiotelevisión Española, con los violentos molinos de viento de la maledicencia y de la maldad, en gran parte de su propio partido, el socialista. En este documental, que mañana emitirá La Dos, Diego Galán reconstruyó ese calvario de Pilar Miró, introdujo declaraciones suyas de entonces, declaraciones de sus hijos y de algunos compañeros de Pilar, y también intervenciones de quien fue, desde las filas del PP, su látigo principal, aquel diputado Luis Ramallo que reconstruyó, a partir de los papeles que le filtraron, el esquema que sirvió para perseguirla. Ustedes podrán ver el documental mañana, me parece que a las diez de la noche; hubo un pase en la Casa de América de Madrid. En la sala había numerosos amigos de Pilar, del cine, de la música, de la televisión, y Diego tuvo la amabilidad de invitarme. Cuando empezó la cinta se escuchó la voz de Pilar, esa voz que parecía indefensa y que de pronto se alzaba sobre sus propias debilidades; parecía esa voz el símbolo de su personalidad, acosada pero firme, llena de firmeza pero también de una difícil ternura que en vida te llegaba al alma, para amarla o para odiarla; jamás te dejaba indiferente; era un ser humano cuya fragilidad dejó en el aire de su época la metáfora de una manera de ser que se parece, vista desde ahora, a aquella frase que escribió Bertolt Brecht: también se canta en los tiempos oscuros. Ella vivió tiempos muy oscuros, pero siempre se levantó para seguir andando, filmando, cantando a su manera los versos del combativo pájaro de la felicidad, y de la soledad. Hasta que el corazón le falló, un domingo. Un documental conmovedor que te levanta del asiento como si quisieras salir a defenderla cuando el juez le lee los cargos y abrazarla cuando lee un cuento de García Márquez como última declaración ante el tribunal.

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