El Formentor de Fuentes

Por: | 28 de agosto de 2011

La prensa mexicana de hoy dedica buen espacio al premio Formentor que ha resucitado en Formentor, Baleares, en la figura de Carlos Fuentes. El premio Formentor, que ganaron Borges, Sábato y Semprún, entre otros, estuvo en silencio muchos años, y ahora lo restituye, con buena onda, el Hotel Formentor, donde durante años se celebraron unas conversaciones que restituyó recientemente Basilio Baltasar, un intelectual balear que junta silencio y mesura con inteligencia y tino. Las conversaciones de Formentor y el premio Formentor que ahora revive en la persona (y en la personalidad) de Fuentes son, juntas, noticias que animan a pensar que el pasado no está del todo perdido como factor del presente. Fuentes tenía que estar en esa nómina, pues su obra es la síntesis que se propusieron Barral y Salinas cuando pusieron en marcha aquel ambicioso proyecto balear: juntar el mundo en el pañuelo de Formentor, hacer hablar al mundo (al de la literatura, primordialmente) con una sola voz doble y ambiciosa: la voz de la ficción y, entonces, la voz del compromiso. En Fuentes se dan la mano la ficción y el compromiso; es, entre los autores latinoamericanos que leíamos cuando éramos muy jóvenes, una altísima representación de la ambición europea y universal de los escritores del boom sin perder la esencia americana, y es, sin duda, uno de los grandes escritores de este lado, el lado de América. Él es, en su identidad civil, un hombre preocupado (desde siempre) por lo que ocurre en su país, México, y su intervención aquí es bienvenida y sujeto de controvertida; pero es también, en el sentido en que lo pensaba y lo decía Susan Sontag, un intelectual universal y también europeo, por su formación literaria y por la síntesis, ideológica, sentimental, cultural, que ha logrado completar gracias a sus dos pertenencias, la latinoamericana y la europea. Formentor responde a esa síntesis, a la que él mismo aludía ayer en el texto con el que presentó, en Babelia, su canon literario latinoamericano y la ideología que marca el nuevo libro que ahora presenta. Así pues, en tiempos tan turbulentos para su país y para el mundo, bienvenido sea el Formentor para Fuentes y ese nuevo libro en el que revisita la literatura de América, en la que él es un factor aglutinante y también singular.

Hay 9 Comentarios

Señores Zapatero y Rajoy: reformar la Constitución no puede ser nunca un asunto privado que se pacte en la opacidad de las trastiendas políticas a espaldas del pueblo, por sorpresa, con las Cámaras de vacaciones y prácticamente disueltas tras el anuncio del anticipo electoral. Mucho menos debe ser algo tan intranscendente como para que se pueda llevar a cabo en el plazo inverosímil de quince días. Eso, permitan que lo diga, eso no es democracia. Eso es más bien una suerte de neo-despotismo ilustrado trasnochado y humillante para un pueblo al que se le ignora y del que se prescinde a la hora ni más ni menos que de abordar asuntos trascendentales que competen en exclusiva a su soberanía. ¿O es que la soberanía del pueblo español radica en las personas de Zapatero y Rajoy?

Por otra parte, consagrar constitucionalmente el principio de estabilidad presupuestaria equivale, en mi humilde opinión, a convertir el Estado en una empresa mercantil, y viene a significar la vulneración del carácter SOCIAL que tiene el Estado español (art. 1).

Y eso de que no figuran cifras o límites en el texto que van a aprobar unilateralmente Zapatero y Rajoy (abusando de su posición política como líderes de sus respectivos partidos, que no en un ejercicio de democracia y de debate), eso es otro cuento chino, porque la estabilidad presupuestaria equivale a CERO, y por la tanto esa cifra, CERO, se está consagrando en el texto constitucional.

O sea, vaya, que nos la están metiendo doblada, doblada y multiplicada, con rechifla y con cachondeo, con ese cinismo tan habitual del que hace gala Rajoy y del que parece que se está contagiando Zapatero.

¡Qué pena...! ¡Quién te ha visto y quién te ve, Presidente Zetapé!

Victorio, y el otro que no me acuerdo. Yo lo he leido es verdad, vosotros creeis que las personas mortales son capaces de hacer eso, si no pueden salvar ni su propia vida de la muerte, van a ser capaces de hacer todo eso. Son pruebas duras, durisimas, pero que no nos ciegue la ira, ni la venganza, porque entonces seremos como ellos

Claro no leen la biblia, porque al ver lo que hacen la secta en el mundo, ven que no hacen el bien, y entonces deploran las escrituras, porque al ver lo que hacen los que dicen ser representantes, esto produce un desprestigio de Cristo, porque la gente ve lo que hacen. Pero en la biblia viene la palabra de Dios, lo quieran o no lo quieran Y contra esa no se puede hacer nada, porque es la voluntad de El.

Vamos a ver sr. cruz, sr. Victorio, y alguien más que no me acuerdo de su nombre. Parece señores que ustedes no se han leido la biblia , porque carecen de conocimientos que ésta expresa, yo lo he leido en la biblia se lo digo, si mintiera me estaría haciendo daño a mi mismo por mentiroso. Yo lo he leido, y es verdad, que pasó con Cristo, cuando Cristo vió lo que se lel venía encima, se apresuró a orar con Dios, y al final le dijo que se hiciese su voluntad, y asi fuese, la voluntad fue esa, los que lo mataron creían que era un mentiroso y lo mataron, pero ellos no son culpables, pues hacian sin saber lo que hacían, asi quien mata hoy en dia, tampoco sabe lo que hace, por lo tanto no es culpable, aunque tenga que ir a la carcel, por bien de todos,

Juan, lo de Carlos lo leís ayer en El País y es muy merecido, son tantos años haciendo literatura, que esta bien que se lo dé.
Os dejo una biografia de Francisco Rabal que hoy hace 10 años de su muerte en burdeos, la casualidad quiso que fuera en dond emurio Francisco Goya, biografia que él plasmo en el cine.
Francisco Rabal Valera nació en 1926 en un coto minero de Águilas (Murcia). Hijo de minero, cuando tenía seis años su padre emigró a Madrid, y, cuando la Guerra Civil terminó, ayudó a su padre y hermano vendiendo mercancías infantiles por las calles: pipas, caramelos, etc. Más tarde, trabajó en una fábrica y asistió a las clases nocturnas de los Padres Jesuitas de Chamartín de la Rosa, donde montaba cuadros teatrales, haciendo de actor y director con obras de la Galería Salesiana o alguna escrita por él mismo.

Por aquella época se inauguraron los Estudios Cinematográficos Chamartín donde fue admitido como aprendiz de electricista. Allí también encontró sus primeras oportunidades como figurante y luego como actor de reparto en dos películas de Rafael Gil: La pródiga y Reina santa (1946), y en otras tantas de José López Rubio, El crimen de Pepe Conde (1946) y Alhucemas (1947), a las que seguiría ya un papel principal en María Antonia 'La Caramba' (1950), de Arturo Ruiz-Castillo.

Después de varios papeles pequeños logró entrar como meritorio en los Teatros Infanta Isabel y María Guerrero, donde conoció a José Tamayo, quien le contrató como actor profesional de la Compañía Lope de Vega, con la que debuta en 1947. En la compañía estaban Carlos Lemos, Alfonso Muñoz, Maruchi Fresno y María Asunción Balaguer, con la que contrajo matrimonio tres años más tarde, en 1951.

Más tarde Luis Escobar, director del María Guerrero, le contrató como protagonista de La honradez de la cerradura. Interpretó también Luna de sangre, de Rovira Beleta, y regresó a la compañía Lope de Vega para estrenar en Madrid La muerte de un viajante, de Arthur Miller.

Alterna a partir de entonces los trabajos cinematográficos con su presencia en los escenarios hasta que, en 1953, fue contratado en exclusiva por Vicente Escrivá para interpretar algunas de las películas de corte religioso o político que producía Aspa Films, como La guerra de Dios (1953), El beso de Judas (1954) o Murió hace quince años (1954), dirigidas todas por Rafael Gil.

Desde ahí en adelante, amplió su sus registros interpretativos con trabajos a las órdenes de José Luis Sáenz de Heredia (Historias de la radio, 1955) o José María Forqué (Amanecer en Puerta Oscura, 1957), a la vez que dio sus primeros pasos en el cine extranjero a través de varias coproducciones como Marisa la civetta (1957), de M. Bolognini, o Prisioneros del mar (1957), de G. Pontecorvo, llegándole a finales de la década uno de los momentos decisivos de su dilatada andadura: el encuentro con Luis Buñuel en Nazarín (1958). Su interpretación intensa y sincera del sacerdote protagonista se convierte así en la puerta que abre su colaboración con el maestro aragonés, prolongada luego en Viridiana (1961) y en Belle de jour (1966). Su proyección internacional alcanza en estos años la etapa más interesante gracias al trabajo con creadores como Michelangelo Antonioni en El Eclipse (L'Eclisse), 1961, Leopoldo Torre-Nilsson (La mano en la trampa, 1961), Jacques Rivette en La Religiosa (La religieuse, 1966) o Luchino Visconti, en el episodio La strega bruciata viva (1966). Desde España se le reclama tanto por reconocidos directores como Rafael Gil o J.A. Nieves Conde, como por debutantes del Nuevo Cine Español (Carlos Saura, Miguel Picazo o Claudio Guerín).

La década siguiente supone, sin embargo, una relativa inflexión en su brillante período anterior. Iniciada con las obras polémicas y desiguales de Glauber Rocha (Cabezas cortadas, 1970) y Silvano Agosti (N.P. il segreto, 1972), la etapa está dominada por trabajos alimenticios, fundamentalmente en el cine italiano, por su dedicación a la realización de documentales sobre Machado, Alberti y Dámaso Alonso, y por sus trabajos en televisión, así como por un cierto alejamiento del cine nacional a pesar de sus notables interpretaciones en películas como Goya, historia de una soledad (1970), de Nino Quevedo, o Tormento (1974) de Pedro Olea. Cerrado este paréntesis, la madurez artística y personal de Rabal coincide con el periodo más fecundo y creativo de su extensa carrera y se inicia en los años ochenta, en especial a raíz de su aparición en la película coral La colmena (1982) y, sobre todo, por su creación del personaje de Azarías en Los santos inocentes (1984), ambas de Mario Camus, y por la segunda de las cuales obtendría (conjuntamente con Alfredo Landa) el premio a la mejor interpretación masculina en el festival de Cannes.

A partir de estas fechas, el actor aguileño desarrolla en el cine español toda una gama de personajes de amplio registro interpretativo que generan capacidad de identificación, desgarro y vitalismo, y a los que su rostro cuarteado y su personalísima voz no son ajenos: desde el intelectual Rocabruno de Epílogo (G. Suárez, 1983) hasta el pícaro Ginés de Truhanes (M. Hermoso, 1983). De esta época son también sus excelentes trabajos en Padre nuestro (F. Regueiro, 1985), Tiempo de silencio (V. Aranda, 1986), El disputado voto del Sr. Cayo (A. Giménez-Rico, 1986), ¡Átame! (P. Almodóvar, 1989), y El hombre que perdió su sombra (A. Tañer, 1992).

A raíz de sus interpretaciones en diversas series de televisión, en especial Juncal (1998) y Una gloria nacional (1992), escritas y dirigidas por Jaime de Armiñán para TVE, acrecienta todavía más su popularidad. Junto a su extraordinaria profesionalidad, Paco Rabal demostró siempre un talante solidario y de izquierdas, fiel a sus fuertes convicciones políticas y sociales. Entre la larga serie de premios recibidos, figura el premio Nacional de Cinematografía (1984), la Medalla de oro de las Bellas Artes (1992), y la Medalla de Oro de la Academia de Cine de España. Obtuvo el Goya al mejor actor por su creación de Goya en Burdeos, de Carlos Saura y fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Murcia en 1995, siendo el primer reconocimiento de tal clase que recibía un actor cinematográfico en nuestro país.

Entre sus últimos trabajos destacan El evangelio de las maravillas (1998) bajo la dirección del mexicano Ripstein, Divertimento (2000) opera prima de José García Hernández, Dagón (2001) de Stuar Gordon y Alla rivoluzione sulla due cavalli (2001) del italiano Mauricio Sciarra.

Acompañado de su entrañable Asunción Balaguer, Francisco Rabal moría sobre el cielo de Burdeos a su retorno de Montreal, donde acababa de recibir su último homenaje, el miércoles 29 de agosto de 2001. Sus cenizas reposan en el panteón familiar de su ciudad natal Águilas.

Salud y Resistir.

Creo que es un premio muy merecido, es un escritor genial que debería tener en su haber algún premio más importante si cabe de los que posee. Es un hombre integro con un vocabulario riquísimo y muy cercano al pueblo. Yo lo sigo desde hace bastante tiempo y estoy muy satisfecho de lo que he leido, tiene un ritmo trepidante con esos vocablos mexicanos que sacan lo mejor del ser humano. En fin enhorabuena para una persona que se merece ese premio Formentor con todas sus bondades.

No pensaba hacer ningún comentario... Pero estamos hablando de Carlos Fuentes.
Uno de mis escritores favoritos.
Pasé gran parte de mi vida entre las páginas de sus libros.
Lo merece
Me alegro. Abrazo

A mí me parece que están todos muy viejitos, y que la vejez es injusta (con injusticia de género), y que en Formentor algo huele a podrido, ¿por qué no se dedican a cuidar a los nietos?

¿Saben hacer bolillos?, ¿aprendieron a cocinar?, ¿enseñaron a pensar a alguien muy cercano?, ¿y a vivir? (si citaron de memoria a Savater están fritos).

Me parece maravilloso que le hayan concedido el Premio Formentor al autor de La muerte de Artemio Cruz. Su máximo galardón literario es el Príncipe de Asturias de la Letras de 1994 ya que el Nobel lo recibió Octavio Paz.
Lo que nunca, como amante de la Literatura, he llegado a comprender ha sido el que ningún escritor argentino haya conseguido el Nobel de Literatura. Y candidatos no han faltado: Borges, Cortázar, Bioy Casares, Sábato y una larga lista de extraordinarios escritores. ¡Misterios de la Academia sueca!
Un saludo literario desde Tenerife, la isla del Teide.

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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