Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Habemus Papam

Por: | 13 de noviembre de 2011

La película de Nani Moretti que exhiben ahora los cines españoles muestra a un actor enorme (en todas las dimensiones de la palabra), Michel Piccoli. Con humor contenido, con la rabia precisa, con la mirada perdida de los locos pero también con la mirada distraída de los hombres lúcidos que saben por donde no han sido llamados, interpreta a un Papa confundido y finalmente dimisionario, un Papa que dura en el Papado lo que un suspiro de monja. Disfruté mucho de la película; disfruté del papel del psicoanalista ateo a quien encargan que saque al cardenal elegido del ostracismo en el que lo mete el terrible trauma infantil que lo acompaña, y disfruté, en general, de ese clima de respetuoso cinismo con el que el cineasta (Moretti, que hace también de psicoanalista) aborda este viejo tema de las mil caras de la Iglesia. Hay abundante materia para reír, pero logra siempre Moretti poner esa risa en remojo, así que uno ve la película esperando constantemente la sorpresa de una carcajada, pero ésta nunca es plena, porque desata, al contrario, una sonrisa que apela más a la inteligencia que a la burla. La música es excelente, y la forma física de los (que hacen de) cardenales es realmente conmovedora, pues practican deportes con una destreza que sólo se entiende si proviene de la fuerza que les da Dios. Siempre en estas películas en las que la inteligencia domina sobre el chiste me acuerdo del gran amigo Rafael Azcona, que iba al cine los domingos por la tarde y buscaba en la cartelera filmes de este género. Si ya la vieron, pues buen provecho, y si no la han visto y se dejan aconsejar, vayan. Lleva tiempo en el cartel, y aquello estaba lleno, de modo que quizá hay mucha gente pensando que, en efecto, vale la pena, pues en esto del cine ya no sé qué va a ser de mucho público o no. Ah, y vayan sobre todo para ver a Piccoli. Qué actor, qué personaje.

Un rato en Barcelona

Por: | 11 de noviembre de 2011

He estado un rato, día y media, en Barcelona; hay algo de muy estimulante para mi en esta ciudad que fue, en mi adolescencia, un sueño y un objetivo, aquí estaba (está) mi equipo de fútbol, aquí estaban algunos de los escritores con los que empecé a familiarizarme con la ficción, aquí estaban los cantantes cuyas primeras estrofas canté en otro idioma, el catalán... Y ayer, precisamente, estuve aquí hablando del Barça con uno de esos escritores, Juan Marsé, que es del Barça, y con Joan Manuel Serrat, que es del Barça también... De modo que durante un buen rato el asunto fue el Barça, animados por Antonio Franco, periodista que, al frente de El Periódico de Catalunya, ayudó a que creciera el sentimiento popular hacia el club en la ciudad; con nosotros estaban también Anna Sellés, la viuda de Manuel Vázquez Montalbán, el escritor que más hizo por revitalizar la historia sentimental del Barça, Daniel Vázquez, el hijo de ambos, también escritor, John Carlin, cuyos artículos dominicales en EL PAÍS son una síntesis del sentido común aplicado al fútbol, y Jordi Soler, el novelista de Los rojos de ultramar, que alimentó de niño su afición al Barça gracias a una foto dedicada que le mandó a la selva mexicana una prima de Barcelona... Con ellos era inevitable que habláramos del Barça, de lo que significa la afición al fútbol cuando ésta nace, y que suele ser en la adolescencia, y de las consecuencias (sentimentales, personales) de esta pasión que permite conocer muy pronto las huellas melancólicas que dejan las derrotas... Encontré a Juan Marsé muy rejuvenecido, muy saludable y feliz, y a Serrat lo vi muy ilusionado con el disco que está terminando de preparar con su amigo Joaquín Sabina. Es probable que sea, me dijo, el mejor trabajo de su vida. Se había comprado mucha música y algunos libros, y andaba con esos paquetes de un lado a otro. Mientras ocurrían estos encuentros y estas conversaciones tuve algún tiempo para pensar en lo que significaba este rato, este reencuentro con la ciudad que era, en aquellos tiempos en que el periodismo y el fútbol iban juntos en los sueños, como el lugar sin límites en el que quise vivir. Ahora me voy, a Tenerife, precisamente, de donde vine por primera vez hace ahora 41 años, después de haber leído Últimas tardes con Teresa. Esa vez venía leyendo La oscura historia de la prima Montse. La terminé de leer en una casa de la calle Buhigas. Le faltaba un cristal a la ventana de mi cuarto, y pasé un frío tremendo que luego sería inolvidable como la ciudad húmeda y abierta. 

La despedida de Silvio

Por: | 09 de noviembre de 2011

El ruido que hacen las cosas al caer: cae Berlusconi, poco a poco ha ido siendo empujando fuera del cuadrilátero, o de la bota, de la política italiana; ha hecho falta un impulso final, económico y político, para que uno de los grandes bufones de Europa, distinguido por sus bravatas y por sus burlas, por sus indecencias morales y políticas, por haber utilizado el poder para blindar su poder empresarial, hincara al final la voluntad de sobrevivirse a sí mismo. Se va, se ne va. Es un momento de alivio en Italia, un primer paso hacia la normalización previsible de la vida política. En este momento es lógico, entre los recuerdos de este tiempo que precede a la decisión del Cavaliere, que la memoria se vaya al trabajo del compañero Miguel Mora, que por esa actitud suya de seguimiento sin desmayo de los desmanes de Berlusconi ganó recientemente el premio Cuco Cerecedo de Periodismo. Ahora Berlusconi será una reliquia en el lado oscuro de la breve historia de Italia; mientras duró (mientras está durando) periodistas como Mora y como tantos periodistas italianos y de todo el mundo han ayudado a poner la lupa sobre gestos que rompían el noble ejercicio de la política y que protagonizaba este empresario que se despide ya de la política. Miguel está ahora en París, como corresponsal del periódico; y en Roma está Pablo Ordaz, qué gran trabajo hizo en México. Una nueva generación de excelentes periodistas que están escribiendo en esos sitios el futuro del oficio. Contando la vida que pasa y de cuyo lado (oscuro) político se va al fin Silvio Berlusconi. 

Muerte del poeta

Por: | 08 de noviembre de 2011

Entre todos los poetas que he conocido, el que más era poeta, en su espíritu y en su práctica de la poesía, en el aire artesanal de sus gestos de poeta, en su manera de ser, en sus costumbres cotidianas, en su manera de andar en la poesía, en su singularidad etérea, incluso en su risa o en su burla, y en su ternura también, era Tomás Segovia, que acaba de morir en México. Lo cuenta hoy Javier Rodríguez Marcos en El País, y la noticia me transportó en seguida a su rincón favorito, ese lugar con sol en el que él se situaba en el Café Comercial de Madrid, a medias entre la calle y el aire, en ese trozo de claridad serena que buscaba cada día como si allí tuviera un refugio más, otro refugio, como el que halló, republicano rojo en México, en un exilio que marcó su vida hasta este final en el que la metáfora de las coincidencias lo ha visto morir precisamente ahí, donde fue su otra patria. Allí, en México, halló premios y prestigios, y aquí, a la vuelta, estuvo siempre entre haber sido mexicano y ser español, o viceversa, de modo que este viaje último, que le había sobrevenido en medio de su enfermedad más grave, es como el punto y final de una metáfora que tiene que ver con el terrible destino, aire y ahogo, de su generación herida. En los últimos días coincidió allí con Juan Gelman, con quien tantas similitudes guardan su voz y su experiencia. Por alguna razón que sólo el alma conoce, ese hecho, que Juan estuviera con él en ese tiempo final, en Aguascalientes, donde fue Tomás a recoger uno de los numerosos premios que mereció, y la certeza de que también estaba con él, como siempre cercana, su voz bellísima calmando siempre todas las circunstancias, María Luisa Capella, alivió la enorme soledad que producen siempre noticias así, la evidencia de que ya ese rincón con sol estará más solo en el mundo. 

Unas memorias deslumbrantes

Por: | 07 de noviembre de 2011

Las he recomendado en una respuesta a un multinick que expresaba, en su firma, su deseo de suicidarse. Que no se suicide, le he dicho; que hay muchas cosas que hacer en la vida. Por ejemplo, y este es un consejo imperativo, salir a la calle, entrar en una librería y comprar un libro fantástico, unas memorias que no nos debemos perder, Hitch 22, del periodista y escritor británico Christopher Hitchens, publicadas en español por Debate. El arranque del libro, sobre su propia muerte falsamente atribuida, sobre el suicidio de su madre, sobre la personalidad de su padre, y todo lo que se avecina en ese libro deslumbrante permiten recomendarlo con todas las garantías de que contribuyo así a la felicidad de lectores que busquen en la vida de los otros espejos de sus propias maneras de pensar o de ver la vida. En este tiempo en que uno titubea tanto a la hora de recomendar, esta es una recomendación sin recovecos; a mi me lo recomendó Juan González, con quien he compartido muchas lecturas; me dijo que había estado unas semanas sumergido en ese mundo proteico, difícil, contado con una alegría de texto que se agradece todo el tiempo. Le hice caso, y ahora recomiendo a mi vez esa lectura. Ya me dirán.

Los multinicks

Por: | 06 de noviembre de 2011

He vuelto de Nueva York. Vine en avión. A mi lado dormían o leían personas de cuyo viaje sólo supe que lo hacían; ignoro sus identidades, como ellos ignoran la mía. Somos una multitud de seres anónimos viajando; a mi alrededor habría, seguramente, personas preocupadas por el destino que acababan de dejar, por el tiempo que se les avecina; habría ciudadanos felices o tristes, seres humanos dominados por pasiones grandes o chiquitas, ciudadanos capaces de superar la envidia o el odio, u otros intimidados por sus propios defectos, o ignorantes de virtudes que nunca han puesto de manifiesto, ilusionados por las lecturas, las películas,la música o el amor que los precede o que esperan en el destino al que llegan poseídos por el cansancio, el sueño y el jet lag. Un universo fantástico de opiniones encontradas sobre la vida, sobre los otros, sobre las ideas o sobre las cosas. Pero no hablé con ninguno de ellos. No pude, no supe, mi cansancio era atroz, como si viniera de un largo viaje a mi vez, antes de emprender esta travesía; había padecido un catarro fuerte mientras estuve en Nueva York, pero no pude parar, era un trabajo el que me había llevado allí. Y ya en el avión, al entrar, era como si hubiera regresado a casa, en silencio, buscando el refugio en la penumbra, buscando el sueño como quien busca una mano. Tenía un amigo que preguntaba, en cualquier circunstancia, sobre el estado de ánimo de aquellos a los que se encontraba en las calles, preguntaba a las taquilleras del cine, a los que lo que atendían en el banco, a la librera, a la panadera, al tendero, al carnicero, preguntaba y preguntaba y hallaba siempre, en medio de la oscuridad de su curiosidad incesante, de dónde venían, qué hacían, qué esperaban de la vida, cuál era la esencia de sus preocupaciones, sus esperanzas, cómo se sentían. Y hallaba respuestas a sus preguntas veniales o incómodas, interesadas o punzantes. A veces lo imito; pregunto y pregunto y pregunto; un día reciente, una joven profesora (en paro) en Tenerife me preguntó: "Y ya que tú preguntas tanto, déjame que te haga una pregunta: ¿por qué te hiciste periodista?" Le dije: "Por preguntar". Mi madre me decía: "Este chico está toda la vida preguntando". Preguntando, preguntando, como si con las respuestas yo me hiciera a mi mismo una gran pregunta y una gran respuesta. Cuando empecé este blog, hace más de cuatro años, fue para hacerme preguntas, para escucharlas, para responderlas, si supiera responderlas. Debo reconocer que me he llevado una gran decepción, pues concibo este lugar, internet, los blogs, como una gran oportunidad para intercambiar, ante la cara de los otros, o al menos ante sus nombres y ante sus voluntades, las preguntas, las experiencias, el desarrollo de las inquietudes de unos y de otros; sin embargo, he comprobado a lo largo de este tiempo que es muy difícil hablar cuando al otro lado el antifaz sirve para devolverte bruma donde tú esperas por lo menos un nombre propio. Pero, en fin, parece que es un peaje. Me niego a sentirme preso por ese peaje. Así que, tranquilos los que se preocupan de los multinicks que usan este sitio para borrar la intención de volver a entrar, desde ahora en adelante aquellos que se sientan intimidados por ellos, un solo consejo: hagan como que no existen; si existen es porque el interés ajeno les levanta las ganas de seguir incordiando. Yo estoy harto, cómo no, porque me encantaría tener aquí, en este sitio, un diálogo normal con tanta gente inteligente (multinicks incluidos, no me cabe duda) pero es que no sé quiénes son porque, sobre todo, no puedo adivinar sus intenciones. Sigamos hablando, pero dejemos de preocuparnos por los que no hablan sino tachando. Ah, y esta palabra, tachando, es la última que escribo al respecto. Así que tachando.

Las preguntas del extranjero

Por: | 05 de noviembre de 2011

Unos amigos norteamericanos me preguntaron anoche por la situación española. Les desgrané algunas de las dificultades que tuvieron a España en agosto al borde del rescate financiero, les conté las cifras del paro, les hablé de la burbuja inmobiliaria, y les relaté las perspectivas que daba el CIS: mayoría absoluta del PP, que se haría cargo del Gobierno en medio de un panorama que parece aterrador y del que saldría el PSOE mucho más que trasquilado. Les pregunté por Estados Unidos, por Obama y por el porvenir. Obama no ha convencido, en ningún momento se hizo con las riendas del país, la economía fracasó con él, y arrastró al mundo entero a esta crisis que ahora padecemos todos, y tendrá muy difícil hacerse con la reelección. Al contrario que en España o que en los países europeos, su responsabilidad no es directa, pues el presidente de Estados Unidos sólo tiene poder para iniciar guerras o repelerlas, pues de resto son las cámaras las que mandan, y si no tiene la mayoría en las su partido sus iniciativas se pueden ir al garete, como ha ocurrido en algunas de las medidas esenciales que quiso llevar a cabo. Pero fue incapaz de convencer a los adversarios para que se pusieran a su lado, y eso aquí se paga para siempre. Por otra parte, una de sus promesas más espectaculares, que se acabaría la cárcel de Guantánamo, cuya desaparición era un símbolo de su política de derechos humanos, no se pudo cumplir, porque no pudo, no quiso o no supo. Luego hablamos de Grecia. Uno de los reunidos dijo que probablemente habría que perdonarle todo a Grecia, porque nos dió a Platón. En serio, dijo otro, cómo es posible que Europa le diera tanto si mintió tanto el Gobierno que precedió a Papandreu. De algunas de esas cosas, de algunas de esas preguntas, sobre todo en lo que se refiere al incierto porvenir de la Europa antes pletórica y unida, hablé por la tarde con Orhan Pamuk, el premio Nobel turco, cuyo libro El novelista ingenuo y sentimental (Mondadori) recomiendo vivamente a los que quieran leer las confesiones de un excelente lector. Y ya me voy; hoy comeré poco porque el avión sale pronto, de modo que los blogueros que han expresado su consternación porque ceno pueden estar tranquilos. Ya comeré mañana en mi casa, en Madrid, antes de ver el partido del siglo de esta semana, Athletic-Barcelona. Ahora, desde mi cuarto en Soho, la luz de la mañana es pletórica, pero sé que debajo de ese disfraz hace un frío que obliga a caminar como si uno fuera un oso abrigado.

Nueva York y el ruido continuo

Por: | 03 de noviembre de 2011

Últimamente he venido varias veces a Nueva York, una ciudad llena de energía y de entusiasmo; los bares estaban, en el Soho, atestados anoche; siempre están atestados; la calle, sin embargo, heredera de la oscuridad y del frío, estaba como esas medias noches del cine triste, aquel blanco y negro de las películas que ahora adoramos y que reflejaban la enorme depresión americana, el ascenso de la mafia y las consecuencias de una crisis que le puso ojeras a América. Fui con Javier Rioyo a Fanelli, un viejo restaurante que me descubrió Barbara Celis y que está decorado como aquel cine, con fotos de viejos héroes del boxeo, y atendido por gente amabilísima que va de una mesa a otra con el deseo evidente de que la fiesta nunca acabe. Durante nuestra conversación, que era soñolienta (yo acababa de llegar a Manhattan, después de un largo viaje, y de una cola inmigratoria verdaderamente inhumana, Javier se tenía que ir de madrugada al otro lado del país), Rioyo, que ahora es aquí director del Instituto Cervantes, evocó la crisis mundial, esta peste financiera que nació aquí precisamente y que ahora, ahora mismo, llena de dolor de cabeza a Europa y, por supuesto, a la España de la que venimos. Le dije que estábamos en un momento que evocaba justamente esos tiempos oscuros en los que Brecht escribió que sería preciso cantar también; pero eran también los tiempos de la peste y de la lenta desaparición de cualquier motivo de felicidad o de alegría. Luego salimos a la calle, una calle de adoquines, amplia y abierta como las calles viejas de Manhattan, y debajo de los camiones de la basura empezaron a salir, como de los adoquines, ratas enormes, cuya visión me aterró, pues nunca había visto ratas así, tan grandes, libres, tan acostumbradas a la claridad humilde de la calle. Y me he despertado esta mañana mirando el sol que ahora baña los tejados pero no me he podido quitar esa visión inquietante que parecía un símbolo demasiado evidente de lo que sucede, como si estuviéramos, en medio del sonido continuo que es la música de esta ciudad, en la parte más alta de las olas que llenan las pesadillas. 

Estamos completamente confundidos

Por: | 01 de noviembre de 2011

Me decía esta mañana Nuria Espert, cuando le hablé de la dificultad para entender nada de lo que ocurre: "Es que estamos completamente confundidos". La confusión es ahora un estado de ánimo; no es exactamente una depresión, ni un puro malestar, aunque la situación nos lleve a la depresión y al malestar. Lo peor es no entender, no tener las claves adecuadas para sentir que la vida no se pone completamente fuera de control. Y está fuera de control. Las claves del entendimiento contemporáneo son la razón y el sentido común, pero ahora la razón y el sentido común van disfrazados. La razón se escurre, el sentido común se oculta, y la mirada se extravía. La crisis comenzó siendo (y sigue siendo) un asunto económico, que afectaba primordialmente a las economías más golpeadas; poco a poco se instaló en la vida común, y ahora el desánimo es el corolario que afecta a todo el mundo. ¿Qué hacer? Núria me decía que es preciso volver a aprender lo que sabíamos, regresar a lo básico, a aquellas cosas sencillas que alguna vez nos hicieron felices. Capear el temporal leyendo, buscando en el teatro el espejo de la vida, viendo buenas películas, escuchando música, y esperar que el temporal amaine. Un amigo mío decía que había que hacer fuerza con los pies en la tierra mientras circulara la ventolera. No renunciar a lo básico, y por tanto no renunciar al básico optimismo, a la esperanza básica, que nos debe amparar mientras dura remolino de temporal que nos tiene completamente confundidos. Y me voy, me marcho a un largo viaje que tiene una estación simbólica, Logroño, la patria del gran Azcona, y que luego me llevará por esos mundos. Hasta el domingo, cuando en este país ya estén sonando los clarines de la campaña. ¿Qué pasará? Sobre eso parece que sí hay certezas, pero conviene esperar. Ahora es cuando este país empieza a hablar consigo mismo, espero que luego no salga un galimatías de esta conversación que conduce a la urna.

El País

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