"¡Templa!", grita Gómez

Por: | 02 de febrero de 2012

Tiene algo de monje este tibetano del teatro, nacido para decir solo lo que bulle en su cabeza; es decir, este José Luis Gómez, director de teatro, sobrio como un misionero medieval, es, como actor, otra cosa, una personalidad distinta; se transforma, es Azaña si le da la gana, y es el misterio de Kafka o una basura (entiéndase) de Samuel Beckett.

Como director puede suscitar el ánimo de las masas a su cargo, es un hombre colectivo, un  director racial que dice en seguida lo que teme el actor: su verdad, lo que él cree que debe hacer el otro en el escenario. Y te puede dejar temblando.

No sé cómo es como actor dirigido, pues nunca estuve en un ensayo de ninguna de sus interpretaciones. Pero el otro día me invitó a un ensayo que él dirigía, y cuya consecuencia pueden ustedes ver ya en La Abadía, Grooming, la obra de Francisco Bezerra. Aunque sea de Huelva recriado en Alemania y anclado ya en Madrid, con los intervalos de sol que se procura, es como un anglosajón del norte, un tipo fino, casi transparente en sus silencios; piensa como si su cabeza estuviera dándole vueltas a una idea fija: cómo mejorar esto.

Así que empieza, en el ensayo, por recibirte como si fueras más importante que lo sigue, pues eso aprendió también en Alemania, la puntualidad, la exquisita atención al otro, para que el otro a su vez le dé lo mejor que tiene.

Había poca gente en la sala, cinco o seis personas, los técnicos, una regidora del escenario se cayó en un momento determinado por culpa de un badén mal puesto, y tanto él como sus técnicos se preocuparon como si en efecto hubiera habido un terrible accidente.

El escenario era tan sobrio como un sueño, o mejor como una pesadilla, pero eso lo dirán los críticos, yo me limito al ensayo. Lo cierto es que Gómez de pronto (cuando era la hora en punto en que aquello tenía que ponerse en acción) dijo que apagaran las luces, que comenzara el espectáculo, aunque aún en periodo de pruebas. Por un lateral aparecieron un hombre vestido de domingo, con su corbata y su traje gris, y una chica que andaba corriendo; eran todavía dos ciudadanos que iban a su puesto de trabajo; un rato después eran actores en el escenario.

Lo primero que vimos fue al hombre que iba vestido tan sobriamente disfrazado de conejo, como si fuera una pesadilla cruzando el escenario. Y luego se desarrolló la trama. Sobrecogedora. La historia de un acosador que busca en Internet la fluencia casual de las adolescentes, y se inmiscuye en la vida de una chica que, a su vez, cuando aquello se desarrolla y se acumulan pesadillas que retumban en la memoria como un espectáculo de hoy, real, realista, abrumador, destroza al acosador con las revelaciones de sus propios juegos.

Pero, ya digo, la obra la ve el crítico, yo me limité a ver el ensayo. Junto a mi, en la misma fila, estaba el actor Javier Cámara. Al final, aplaudieron todos, y Gómez parecía satisfecho, tenía razón para estarlo: el texto es veloz, vibrante, difícil de reneter, pero los actores, Antonio de la Torre y Nausicaa Bonnin hacen un trabajo excelente, me pareció, yo me metí en la obra, eso no es sólo por el texto, es por los actores, por el director.

Al final hubo aplausos y bromas; es raro, y esto es grande en el teatro, ver a dos personas de carne y hueso, Antonio, Nausicaa, siendo ya otra vez aquellas personas que terminan su trabajo y se van, cuando antes los has visto vestidos de pesadilla. Ella se marchó, plas, velozmente, y Antonio se quedó diciendo algunas bromas; dijo:

    --¡No se preocupen, estrenamos el año que viene!

Rieron. Luego estuvo hablándome de fútbol, insinuando que este no es el año del Barça.

¿Y Gómez? Como un monje, entre Kafka y Beckett, silencioso y profundo en su asiento, disfrutando de una obra de la que se enamoró, eso dijo. ¿Y qué hizo en toda la obra? Mirar, miraba como un hurón. Y sólo dijo una cosa, en una escena en la que los dos protagonistas estaban sentados en el parque, uno muy cerca del otro. Gritó:

--¡¡Templa!!

Creo que iba dirigido al actor, ellos sabrán. Pero no hubo ninguna otra interrupción, no la creyó necesario. El espectador tampoco. Terminó el ensayo. Nos fuimos. No le he preguntado a ninguno de los implicados qué significa "¡templa!", pero ellos saben, pues estuvieron muy templados. A ver qué dice el crítico.

 

Hay 15 Comentarios

hola de nuevo, lo que está pasando con La Fura dels Baus, como sus propuestas iniciales están siendo asimiladas por la cultura de masas y está deviniendo, cada vez más, en puro espéctaculo mediático, vacío, en un nuevo teatro del barroco, daría para mucho que pensar...

más de una vez me ha pasado que queriendo venir aquí me he metido en la casa del vecino, concretamente en la de arquitectura. Y es que tienen las puertas iguales.

pienso lo mismo, Belén. Cuando hablaba de la sobreactuación en teatro, acaso no sea ese el término adecuado, pues sería pura interpretación adecuada a los condicionantes de una representación teatral, que en cine sería innecesarios. Por ejemplo, si un actor en el teatro quiere dar a entender que está escuchando una conversación entre otros personajes, para hacer llegar esto al espectador que está en el patio de butacas, sus gestos de escucha deben ser exagerados, cosa que en el cine no es necesario. En cuanto a la importancia de la voz en teatro, totalmente de acuerdo. La catarsis que produce el teatro, por esa cercanía al espectador, por esa inmediatez directa, sin trampas ni cartón, es infinitamente superior a la del cine.

Respondiendo a bmh, creo que el cine se centra en la distracción, que es lo que se combate en teatro. La utilización de recursos técnicos a disposición de un cuadro profesional para dirigir a un espectador pasivo constituye, muchas veces, la excelencia o el éxito de una película.
El actor de cine actúa para una serie de cámaras que se encuentran bajo las órdenes de un director. El actor de teatro actúa para un público que está presente. Por lo cual, el proceso de comunicación es instantáneo. No se puede mediatizar ni manipular en el tiempo. El actor de teatro se la juega de una vez, cada vez. La sobreactuación puede darse también en el cine. Entiendo que es un trabajo diferente y que se requieren cualidades y capacidades diferentes. Un ejemplo es la voz. Un actor de teatro no puede prescindir de ella. Tampoco puede un actor de cine anteponer su interpretación a la definición de la imagen.
Comenta A. Corbalán la situación que padece el juez Baltasar Garzón e - interpreto- el funcionamiento anormal de la justicia en España. En este sentido creo que la Soberanía Popular debe sobreponerse al poder gubernamental y polític,o si los ciudadanos españoles que la detentan quieren evitar que sus Derechos Fundamentales continúen secuestrados.

Tomás, 13:46:42. No me imaginaba que los políticos fueran culpables ¡Hasta de la insipidez de las hortalizas!
Pero si es lo único que me rebate, supone que considera válidas mis otras opiniones contra-trasvase.( cada una en sí, es suficiente para rechazar semejante disparate. )

Los taurinos llaman "templar" cuando el torero le da al toro, el espacio y el tiempo que requiere su embestida
para poder dominarlo...En teatro ¿Podría ser que el actor haga lo adecuado? ( solemos emplear muchos símiles taurinos en la vida diaria; " a toro pasado" " ver los toros desde la barrera"..."clavarte una puya"...

Antonio, yo tampoco olvido a Garzón.

No he estado en un esayo de teatro, pero sí he participado en "teatro de ventas" con Bruguera en Barcelona y Valencia, y es muy estimulante, no solo por mantener la serenidad, el tono de voz y sobre todo no perder la perpectiva del cometido que defiendes en el trabajo que representas.
Salud y Resistir.
PD No olvidar a Garzón, es parte importante de nuestra democrácia.

Habiendo visto al Gómez actor, me inclino a pensar que con el "templa" se refiere a evitar la sobreactuación, aunque el teatro, por sus características, requiere una mayor sobreactuación que el cine, en que los primeros planos, el punto de vista del director en como mueve la cámara y hace posteriormente el montaje "descarga" de ciertos aspectos de la interpretación que deben darse en el teatro. Por eso se piensa y se dice, que un actor se mide de verdad encima de un escenario.

No he visto la interpretación pero creo que el templa se refiere al aquí y al ahora que debe de sentir el espectador, y también los actores. Los torrentes discursivos van y vienen, y pero su fuerza no puede desviar la atención de cuanto está ocurriendo en presente. ¡Templa: desdóblate!. Hay que tocar la escena, apreciarla constantemente. Es lo que más me gusta del teatro. La presencia de un discurso comunicativo que como espectador debe de atenderte e implicarte, combatiendo la distracción y que como actor debe de obligarte.
Yo te cuento esto a ti, porque siento tu presencia. Podría decírtelo de otra forma, pero probablemente nos perderíamos. No te puedo perder.
Por eso debo de desdoblarme y ser a un tiempo actor y personaje.
En cuanto al tema del agua, tengo la misma sensación que con la reforma judicial. Para no habilitar a más jueces, se desvían por otros cauces asuntos de interés civil. Para ocultar la negligencia de siglos en cuanto a la optimización de los recursos hidraúlicos in situ, a partir de la cual se podría avanzar; se pretenden abordar algunas "reformas" o soluciones parciales. Siempre parcheando. Supongo que sobre criterios de urgencia para atender a comunidades que tienen muy poca agua y de muy mala calidad, como es el caso de la comunidad catalana

Campos de golf, tomates y berenjenas que no saben a nada... Eso es culpa de la política y de los que administran. No tanto de un opinador a favor de la solidaridad.

Gracias, Juan. Aprendo. Y cuánto le debemos a los buenos actores y buenos papeles.

Seguro que tiene usted razón, Carman-la; estuve atropellado en esa opinión, no dije bien nada de lo que dije al respecto. Lo siento. Y hace usted bien en ocupar este espacio cuando quiera

A veces el actor, inmerso en su personaje se deja llevar por la personalidad que ha extrapolado del texto, eso se nota como un esfuerzo creativo realizado desde la personalidad del personaje, me imagino que el director se dio cuenta de la impostura que fluía en ese momento y por eso dijo ¡Templa!
Recuerdo cuando era más joven, los ensayos en los que yo participaba, pues a los 22 años formaba parte de una compañía de teatro. Era hermoso comprobar como una identidad que parecía difusa se materializaba en una expresión de una identidad que de alguna forma te pertenecía si hacías un pequeño esfuerzo, había partes del personaje que estaban dentro de ti y que el director sabía cómo sacar con unos pequeños detalles. Son recuerdos muy agradables de mi vida, en las obras que participé descubrí que dentro de mí había mucho más de lo que yo creía y eso es algo muy importante porque descubres los matices de un ser que no eres tú y sin embargo forman parte de ti.
El teatro es algo maravilloso y mágico, el nivel con el que el espectador se anuda a la trama tiene que ver con esa cercanía física que los actores ofrecen al público.
Mágico y sublime.

D.Juan Cruz Por buen periodista que Vd. sea -es- no puede opinar de todo, y menos a la ligera. Anoche en TV dijo que "Los que tienen agua sobrante se la deben de dar a los que no tienen ¿Quién tiene agua de sobra? Si cada vez llueve menos....Se suele raclamar agua del Ebro
1º Desaparecería el Delta (desnudar un santo para vestir a otro. 2º.- El Ebro es "de avenidas, muy irregular (por lo mismo que aprovechen las riadas en Valencia, que también las tienen) :3º.- No es rentable llenar de cemento 800 Kms., destrozando varios ecosistemas y salvar ¿5? desniveles a base de energía eléctrica....
4º.- Su uso sería más campos de gol, y criar tomates y berengenas que no saben a ná.5º.- Aragón tiene 25 habitantes /Km2 . Valencia sobre 700...Al aumentar la producción necesitarían más trabajadores...y se caerían al mar.por falta de espacio¡Hombre! 6.- Y ¿Qué más puede pretender una región que haber llegado al límite de sus posibilidades? ¡Hala, ahora quieren llevarse tambien las de los demás. Sería querido Juan Cruz, aunmentar MÁS las diferencias regionales.¿Le parece bien? Y perdone por aprovechar este espacio,
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Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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