La comedia musical y las ruinas de la edad

Por: | 27 de marzo de 2012

Parece raro que un tipo hable y en seguida pase a cantar; no ocurre en la realidad, sólo pasa en la ficción, sobre las tablas, en las grabaciones televisivas o cinematográficas. Tú no vas a la lavandería y pides que te laven la ropa y lo dices cantando. Por eso alguna gente (el cronista incluido) ha padecido reticencia ante la comedia musical, en teatro o en cine. Hasta el punto que dejan de verla, la rechazan. Y están (hemos estado) en un maldito error que nos ha impedido o nos impide contemplar obras maestras.

Un día, Rafael Azcona, que murió por este tiempo, el 24 de marzo de hace cuatro años, me sacó del error. El gran amigo, cuya ausencia es siempre un hueco hondo en el mundo del cine y sobre todo en el mundo de los que tuvimos el privilegio de conocerlo, estaba convencido de que el mejor de siempre, o gran parte del mejor cine, era el cine musical, y en concreto para él era una obra maestra, la mayor de todas, Cantando bajo la lluvia.

Con ese recuerdo, y esa persuasión que me hizo contemplar la comedia musical, en cine y en teatro, con ojos más ávidos y curiosos, fui el domingo al Teatro Español a ver Follies, calificada aquí de obra maestra por el crítico Marcos Ordóñez. Es un montaje formidable, y es el retrato, a partir de las ruinas de un teatro que en 1971 iban a convertir en un garaje, de la ruina que le espera a casi todo. Frente a eso cabe una defensa: que sepas en qué momento las cosas terminan. Así lo dice el protagonista, un productor teatral legendario que interpreta en la versión española el directora de la obra (y del teatro, todavía, Mario Gas... Casi cuando acaba la función exclama Wiesseman: "Si algo he aprendido en esta vida es a saber cuando las cosas terminan".

Imagino que Gas no sabía, cuando se le ocurrió montar esta obra de tantos registros filosóficos y poéticos sobre la crueldad que guarda el sigiloso paso del tiempo, que el montaje iba a representar en cierto modo su despedida de un teatro que él ha llevado con mano muy inteligente durante los últimos ocho años. Pero así es la vida, como decía Fernando Arrabal, "el porvenir actúa en golpes de teatro", y ahora uno contempla esa magnífica interpretación colectiva (actores, cantantes, bailarines, libreto, vestuario, luces, director, músicos, allí en el foso) como si estuviera viendo un retrato de esta época en la que la crisis amenaza con convertir en garajes casi todo lo que está construido (Esta misma mañana escuché en la radio que el Café Gijón podría ser una tienda de ropa)...

Coyunturas aparte, lo cierto es que la obra te lleva, con la cadencia de la música, a contemplar a la vez lo que fuimos y lo que somos, en un ágil juego de simetrías y asimetrías en las que se mueven los actores (encabezados por los espléndidos Carlos Hipólito y Vicky Peña...)

Las obras son grandes, decía Azcona, cuando detrás tienen amor y tiempo; y Follies va sobre el amor y sobre la despiadada azada del tiempo, que cava y cava hasta destruir el equilibrio que en la juventud se sintió inmortal. En realidad, en la vida se desmorona todo, quedan láminas que se van superponiendo, sentimientos que dejan de existir y que ya son solo recuerdos o resquemores. Son tres horas de reflexión sobre el amor, el desamor y las burocracias del tiempo, y se va de allí uno con la conciencia de que sólo la música y la poesía, es decir la canción, son capaces de transmitir esa asimetría que se produce cuando ya sabe uno, como exclama Mario Gas en la obra, cuando las cosas terminan...

Hay 11 Comentarios

De nada. Me olvidé de West Side Story, Quadrophenia o El mago de Oz.
Soome wheeeeere over the rainbooowwwww... Creo que la música de Follies es del autor de Sweene Todd. Tiene que estar bien.

Ojalá pudiésemos cantar o ponernos a bailar en determinadas situaciones, la vida es a veces tan aburrida, monótona o cruel que una canción o unos pasos de bailes ayudarían a sobrellevarla de otra manera. El musical es el sueño de todos los que, como yo, añoramos esa realidad paralela que sabemos que no vamos a vivir nunca a riesgo de acabar en un psiquiátrico. http://historiasen3d.blogspot.com.es/

Bueno, no era la estrella peregrina, era la estrella errante. Lo he visto porque ¡ah!... acabo de escuchar "I was born...

A mí me pasaba lo mismo con los musicales, aunque hacía una excepción en el caso de "Cantando bajo la lluvia" por la escena genial que le da su título. Pero ¡ah!... no me acordaba de "La leyenda de la ciudad sin nombre" (gracias, Lola). La vi una noche de verano, siendo una cría, y me gustó tanto que no la tenía en el registro de musicales. Habíamos salido por la noche al cine del pueblo, los primos pequeños con los primos mayores, y de vez en cuando dejaba de verse, o se veía la mitad de arriba abajo y viceversa, pero no dejaba de oírse la voz grave de Lee Marvin (que a mí me llegaba mezclada con el olor a humedad de las paredes) cantando aquello de la estrella peregrina.
"Follies" tiene muy buena pinta, quizás tenga que ver yo también este género con otros ojos que, también quizás, ya sean los que tengo ahora.
Saludos,

La cultura debe morir para que pueda renacer. Es deprimente que se llame alta cultura a tanto majadero cultureta y adoctrinado ideológicamente. Muera la falsa cultura, quede enterrada en garajes y tiendas de ropa, muera la falsedad mediocre, el timo, la sopa boba. VIVA LA CULTURA.

Pues yo no me desmorono, al revés, me engordo, me engordo, me engordo... Gracias por seguir distrayendo al público con culturilla casposa, cotilleos rancios y reflexiones sin sustancia. Dios te lo pagará, Juan, porque yo no pago ni a Dios. Faltaría más.

Yo sí pido cantando que me laven la ropa en la lavandería XD

En los musicales de Sábado cine y Sesión de Tarde las canciones eran para levantarse e ir al baño o a beber a la cocina, con honrosas excepciones singing in the rain. La cosa empezó a mejorar con Hair, Jesucristo Superstar, Grease, Fiebre del Sábado Noche, Fame, FlashDance, La leyenda de una ciudad sin nombre (genial) y ya la caña el mejor musical ¡Cabaret!

Eso de la asimetría, pues yo no lo veo así. El tempo de la vida no se mide, ni se conoce cuándo llega su final. Cuando leemos a Proust nos cambia la visión del tiempo, es curioso. Qué título tan bien tirado, en busca del tiempo perdido.Hasta hay que detener el tiempo para leerlo. Paren los relojes que voy a leer.
¡Mario Gas no es tan mayor!

Maestro Cruz
Azcona, Gas y el café Gijón para hablar de teatro musical y de actores Peña, Hipólito inmensos, geniales que redondo y bien traído todo para desembocar en lo que yo llamo, la felicidad que nos da la cultura, un libro, una obra de teatro, una película ¿cuanto valen en el mercadeo este de los neo com?, ¿A cuanto está la acción de sentir un inmenso placer, al ver y oír estas joyas tan precisas y bien interpretadas?
Saludos Paco

Juan, has tocado un tema que me toca muy de cerca, pues como ya he comentado en otras ocasiones, estoy escribiendo y componiendo un musical. Ahora que han pasado más de dos años de trabajo compositivo, porque no valen todas las canciones que compones, tienes que crear un montón de ellas para seleccionar las que cuadran con el argumento y el tema central de la obra, ahora que estoy terminando con las letras, voy por la decimo octava canción de un total de 22 canciones, ahora, que cuando paseo cada vez me queda más claro el guión de la obra y el encadenado de las canciones motivadas por escenas con cierta emocionalidad, ahora que ya tengo las melodías de las letras (cosa que tiene un trabajo terrible).
Ahora comprendo el inmenso valor que tienen todos los musicales que han nacido desde una idea o tema central (no me interesan los musicales que recolectan u popurrí de canciones y montan una obra). Y por eso les tengo un respeto imponente.
Querido amigo Juan, no se puede describir la sensación de imponencia que se siente cuando ves que todo empieza a ligar, que las letras tienen un carisma poético y la música una fuerza expresiva que se alimentará del timbre y de las voces de los/las cantantes (TAN IMPORTANTES)
Me ha gustado lo que dice Belén Mtnez. Oliete en lo que respecta a la aceptación popular, pero mi musical tiene otro carisma más dramático y por eso he tenido que hacer un esfuerzo compositivo, porque el drama necesita de una armonización muy meticulosa aunque no todo sea orquestal, (mi musical tiene orquesta e instrumentos eléctricos y acústicos).
Para mí fue un reto que acepté concierta ligereza, ahora que casi lo estoy terminando me alegro del inmenso trabajo que he tenido que afrontar y realizar.
Cuando lo termine mi compañera será la primera persona que lo pueda leer y escuchar, pero luego pondré un enlace para que la gente pueda escuchar algo y entender de qué va, ni el título puedo descubrir, porque lo dice todo.
Mi más sincero y humilde reconocimiento a los compositores y escritores que han colaborado en la creación de un musical. De veras.

A mi me encantan, siempre y cuando la obra esté bien construída. Durante muchos años, se ha tendido a dar el O.K. a cierto "purismo" en el arte. A separar. Yo creo que la voz se ha contemplado sin apelar a su trascendencia. Pero también se ha huido del romanticismo aún a sabiendas de que la música es capaz de abordar la historia. De conducir la acción. Lo cierto es que los musicales tienen ,en general, éxito de audiencia. Público. Gustan porque alegran. Y funcionan aun descuidando el trabajo actoral. ¿Quizá por discriminar los caminos que conducen a la ópera?

¡Un abrazo, Juan!

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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