Libros para huir de todo esto

Por: | 29 de marzo de 2012

Entrevisté ayer a Rosa Conde, que hasta ahora era la directora de la Fundación Carolina, obligación que la llevó durante años a viajar sin fin entre España y América, ida y vuelta, hasta completar una ruta de 120 viajes, más o menos. En esos trayectos leyó muchísimos libros, y en tierra, claro, siguió leyendo, pues esa es una de sus maneras de enfrentarse a la realidad, leyendo, y leyendo, sobre todo, ficción.

Me dijo que en el último viaje, de ida y vuelta, a Argentina, se había leído Madame Bovary. Y después de la novela de Flaubert, ya en tierra, y cesada en el cargo que la hizo viajar tanto, quiso comenzar "el primer día del resto de mi vida" leyendo otra vez El gran Gatsby, de Scott Fiztgerald, y La peste, de Albert Camus.

Mientras ella hablaba, yo tomaba notas en un cuaderno de EL PAÍS, pero ahí, cuando pronunció el título de la novela de Fitzgerald, por dentro de mi memoria empezaron a saltar las escenas inolvidables de ese libro que yo leí al principio del primer verano que pasé creyendo que iban a venir muchos más veranos y que siempre sería el tiempo de la juventud. Era la época en que creíamos, aún, que la vida era inmortal, que los paisajes bellos nos iban a acompañar siempre, y ese libro que mezclaba ingenuidad y drama, belleza y credulidad, y también maldad, era, en su belleza literaria, la muestra de que incluso los dramas podían sobrellevarse gracias a la estética.

Había leído a Baroja, a Unamuno, a Camus, a Sartre, a Pavese..., pero hasta la lectura de Fitzgerald no me sentí tan atrapado personalmente por un libro, como si viviera en él; había pasado, claro, por Tres tristes tigres y por Rayuela, pero las novelas de Cabrera Infante y de Cortázar eran parte de nuestras vidas, entre caribeñas y sudamericanas, formaban parte de nuestros sonidos insulares e hispanos, como Cien años de soledad; El gran Gatsby venía de fuera, por así decirlo, te llevaba a una atmósfera muy especial, era un viaje al extranjero con todas las consecuencias, y en ese extranjero literario viví muchos años, volviendo de vez en cuando al libro como si ahí hubiera dejado a un amigo muy querido e inolvidable.

Me impresionó mucho que para cambiar de vida, para iniciar el primer día del resto de su vida, Rosa Conde fuera a la librería a comprar, para releer, en particular esa novela que tanto efecto tuvo sobre mi en tiempos en que, quizá, yo mismo estaba iniciando un día del resto de mi vida. He estado pensando en eso esta mañana: a veces la vida te impone cambios que tú no sabes que se están produciendo, repasas tu biblioteca y tu memoria, y sabes que algún libro anda por ahí esperando por ti para iniciar contigo esa huida hacia otros universos.

A veces es, como en este caso, un libro que ya leíste; suelo volver, ahora, a El extranjero, o a alguna de las obras de Albert Camus, y suelo volver a la poesía, o busco y rebusco en las librerías hasta que, al fin, encuentro algún libro para huir de todo esto. Ahora voy a buscarlo; quizá está a mi lado, o quizá no está escrito, alguien en algún lado está escribiendo el libro que es el espejo que espera por nosotros. 

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Bueno, creo que ya estoy en el resto de mi vida, aunque nunca se sabe, pero lo que sí sé es que por primera vez estoy donde quiero estar, y me dicen que parece que estoy aquí desde siempre. El primer día me pilló en la Feria del Libro y estaba un poco desorientada, había parado la lectura y retomé esa necesidad con algunos libros que compré allí. Entre ellos estaba "Ojalá Octubre" (aunque me cueste decirlo, porque no me gusta hacer la pelota a nadie, ni tampoco que lo parezca) y cambié de rumbo.
Hoy he estado en la Biblioteca, me llevo un montón de libros de vacaciones, no para huir de mi vida, sino para hacerlo mejor en el tiempo que me queda.

Hola señor juan cruz:
Hacía muchísimo tiempo que no pasaba por aquí y veo tal cambio en el diseño del blog que ya no recuerdo como era el otro. ¿Será un cambio productivo o uno político (de esos que cambian para no cambiar nada)?
Estaba leyendo este post mientras me acordaba de "El extranjero" y, cual telepatía, usted lo nombra al final.
Yo no recuerdo de que iba, solo recuerdo su portada (nunca recuerdo lo que leo, es verdaderametne lamentable, por eso, ultimamente, me dedico a subrayar términos y estructuras que me permitan escribir mejor, porque de todas formas sé que el argumento jamás volveré a recordarlo). ´
Es una portada de una edición que tuve que leer para un trabajo de una asignatura. Es una pena, pero probablemente, solo me queden portadas como recuerdo de eso veranos (¿o era invierno?) juveniles

Todos esos libros, El extranjero, Cien años de soledad, Rayuela, Tres Tristes Tigres, El Gran Gatsby, los empece´, varias veces, y avancé mucho en su lectura, varias veces también, de casi niña, de joven, de adulta, pero ninguno lo he terminado, no llegué al final porque no son los míos. Son los de mi entrenador de lectura. Cada cual tiene los suyos, los libros en los que ha vivido y que han conformado su pensamiento. Sorprende volver a hojear libros manchados por nuestras manos infantiles, y cómo seguimos viviendo en ellos de alguna manera. La relectura, como la escritura, nos ayuda a conocernos mejor.


LA REALIDAD ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.
Yo también me quedo con la ficción.
Más que de huir yo diría SOPORTAR.
Si todos huimos de la realidad no podremos cambiarla.

Estimado señor Cruz,

Muchas han sido las ocasiones en las que he pasado delante de cierto libro, mirando su portada. Jamás lo había hojeado hasta que, con ocasión de hacer hace unos días un regalo, compré la última novela de Carmen Riera, mi paisana, y en cierto modo, allegada pues su padre y el mío fueron amigos o, al menos, mi padre tuvo siempre gran admiración por Don Eusebio Riera, gran intelectual y gran conversador, y creo que mucho afecto entre ellos.

Bueno, el caso es que hice el regalo de "Naturaleza casi muerta" y me puse a buscar en Internet acerca de Carmen Riera. Esta me llevó, por sus comentarios acerca del libro al que me refiero arriba, "Nada", de Carmen Laforet, canaria de crianza y catalana en muchos sentidos.

Es el libro que en una "posguerra" como la que vivimos, en un momento de rodillo ultraderechista que aplasta y, al parecer, destrozará la sociedad española tal como la conocemos, me ha hecho sentirme feliz de ser quien soy, con mis virtudes y mis defectos, que son muchos.

Por eso, como dice usted, ese libro que te acecha, que te ronda, lo tienes toda tu vida a tu lado, en casa o en la librería de la esquina pero llega el momento que te enamora, te seduce.

Un saludo,

Bartolomé.

Juan, parece que tuvimos lecturas y autores casi paralelos,
menos el Gran Gasbit que lo leí más tarde, cuando llegué a la Universidad de La Laguna era el Boom de los escritores latinoamericanos, reccuerdo Cien Años de Soledad como algo de lo mejor que me pudo pasar, ya desde el Instituto y en una librería clandestina por dentro puede leer a Baroja, a Blasco Ibañez., a Unamuno que había estado desterrado en Canarias, lei a Shopenhauer, que no me gusto mucho su versión de las mujeres, leí a Camus, 1º la Peste, a Lefebreve, ¿Qué es la Dialéctica?, leí a Zorrilla , a Becquer desde 5ª de Bachillerato, y ahorré para pedir ese librito como un misal, tapas de cuero y hojas de Cebolla, , para mi un tesoro. Leía a Larra, a Espronceda, y a Rubén Darío, de su Margarita nunca me pude olvidar. "Esta linda la Mar y el viento....leva....Ya desde el Colegio me sabía poemas y partes de algún libro porque si recitabas te daban un punto más en la nota. Leer y leer, Descubrir mujeres escritoras, y recuerdo una vez desesperada porque creía que me lo había leído todo, le pedi, a un PNN de los entonces, ¿¿¿QUé Leoo? y me dijo Gabriela Clavo y Canela, y Mararia, recurrí mucho a él, y otras veces entre nosostros descifrábamos lecturas que no iba con nuestra edad, como Marcuse, etc etc..Libros que te marcan y que ahora ya hay otros, aunque a mi me espante que haya gente que no haya leído una Habitación Propia, pero bueno, leer es aprender. Y mezclaba a autores de Serie Negra que en el cine los interpretaba Bogart, un largo recorrido por este mundo de la lectura. En fin que no acabaría.

Me acuerdo de un libro que leí cuando quise cambiar de vida. Se titula Cuando yo tenía cinco años me maté, de
Howard Buten.
Ahora estoy buscando un libro que ahonde en las relaciones parasitarias. Se que este tema está presente en todos los libros del mundo. En los cuentos infantiles, sobre todo. Y sobre todo, de forma aplastante, en la vida misma. En todas las sociedades. Claro que , evidentemente, la realidad supera a la ficción en cuanto a suspense, maquinación del crimen, latencia u olvido. Pero estoy convencida de que para superar es importante leer más. Sobre lo mismo por lo que se está luchando. Porque todos tenemos deberes y entorno. Y para estudiar es preciso aislarse de un entorno que por modificarse constantemente, nos lo impide. Por eso me parecen tan importanes los libros. Son ese mensajero universal al que no se puede matar. Y suplen, muchas veces, el calor que se nos va cuando mueren o nos matan las compañías.

‎"El primer hombre a quien, cercando un terreno, se lo ocurrió decir esto es mío y halló gentes bastante simples para creerle fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos; cuántas miserias y horrores habría evitado al género humano aquel que hubiese gritado a sus semejantes, arrancando las estacas de la cerca o cubriendo el foso: «¡Guardaos de escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y la tierra de nadie!» (Origen de la desigualdad entre los hombres.) Rosseau
Vida absurda, sociedad absurda, hombres abominables y patéticos.
Se trata de respirar con lo absurdo, de reconocer sus lecciones y de volver a encontrar su carne. A este respecto, el goce absurdo por excelencia es la creación. "El arte y nada más que el arte —dice Nietzsche—. Tenemos el arte para no morir de la verdad." Camus

Hola Juan, llevas un tiempo en el que estás muy afinado con las entradas que introduces en este blog, te noto algo, no sé, puede que sea una necesidad inherente en ti de mediar con algo extraordinario que vas descubriendo o que pertenece a la esencia de tu ser. De cualquier forma es hermoso y puede que sea la antesala de algo que debas transmitir desde tu faceta de escritor, si es así será bienvenida por mi parte.
Leí a Fitzgerald también cuando era joven y por supuesto me gustó y me mostró un lenguaje nuevo construido en el arcano de la sociedad norteamericana, pero el libro que me marcó de la forma que describes fue “La mansión” de Faulkner, fue entonces cuando entendí que para comprender y sentir había mucho que leer del extranjero y hoy sigo con esa especie de disciplina blanda que es procurar descubrir algo nuevo, tanto en lo referente al autor como en la narrativa que emplee.
Somos muchos escritores, (quizás demasiados), tal vez la teoría de la evolución natural rija los designios de cada uno de nosotros incluyendo el tan apreciado descubrimiento por parte de Darwin del hábitat de las especies. Pero lo que sí es cierto, es que cada uno de nosotros ofrecemos esa especie de diadema que a veces quema la sien y que brilla fulgurando el sonrojado calor de una pavesa, ese ópalo es lo que ofrecemos todos y es de seres civilizados no menospreciarlo u olvidarlo.
Seguro que existe un libro en un estante que me descubrirá cuanto de ser humano hay en mi.

Preciosa idea, la búsqueda de nuestro libro. Ojalá lo encontremos.

sr. Cruz no le he escrito nunca , pero le leo.
Hoy me decido porque me apasiona la lectura y ella ha sido mi mejor compañera en los ultimos años...yo tambien estoy en la etapa " el primer dia del resto de mi vida" y tambien releo algun amigo especial... busquelo ..la señora de las especias.
Me encanta sus comentarios, siga asi fresco, renovandose cada dia...Una canaria

juan cada vez me parece que estas mas fino en tus opiniones , es un gran placer leerte y espero que este verano vuelvas a hacer ese maravilloso programa en la ser..gracias

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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