La edad de la literatura latinoamericana

Por: | 14 de mayo de 2012

Le dice hoy en El País Santiago Gamboa a Pablo Ordaz que la literatura latinoamericana ya es mayor de edad. De lo que dice el escritor colombiano, que ahora publica en Mondadori su novela Plegarias nocturnas (en algún sitio leí que su obra se titulaba Plegarias atendidas, y me vi de pronto a Gamboa vestido de Truman Capote), me llamó la atención, sobre todo, esa partícula "ya", pues es bien notorio que la literatura latinoamericana es mayor de edad desde hace rato.

Lo que se entiende es que ahora la literatura latinoamericana viaja más y se confronta principalmente con la otra literatura de su lengua, la española. Creo que esa confrontación no era imprescindible para certificar la edad de la literatura que se hace en América en nuestra misma lengua. España ha vivido demasiado tiempo dando certificados a lo que hacen los otros países de nuestro ambiente o de nuestra memoria; como si por este fielato tuvieran que pasar todas las cosas.

En la época del boom, a la que alude Gamboa como un parteaguas del avance internacional de la literatura de su zona, España abrió su frontera estrechita y se dispuso a leer a los latinoamericanos que venían como una explosión escrita. Pero después no hubo boomerang, no era posible; España vivió tan cerrada a la llegada de "los otros" que incluso hubo que hacer en este país una campaña contra la xenofobia (no sólo literaria, general) que se había instalado en sectores muy diversos de la sociedad. Y esa xenofobia estaba destinada sobre todo a los emigrantes latinoamericanos, incluidos sus productos, artísticos también.

La literatura latinoamericana, que cubre ya más de un siglo de fantásticos escritores, es mayor de edad desde hace mucho rato, y basta mirar las estanterías de la memoria que cada uno tiene en sus recuerdos o en sus casas. Lo que ha ocurrido, es cierto, que el otro lado, el lado de acá, el lado de España, vivió un divorcio empobrecedor del cual despertamos cuando empezaron a publicarse acá los libros de Alejo Carpentier o Juan Carlos Onetti mezclados con lo que fue la más notoria producción literaria del siglo, la que propiciaron hallazgos como Rayuela, Cambio de piel o Cien años de soledad. Ah, ¿es que escribían antes del boom?

Pero la literatura latinoamericana ya era mayor de edad. La que estaba detenida, me temo, era la edad literaria de España, a la que le costó mucho despertarse a la evidencia de que la literatura española no es tan solo la literatura de la parte de la Península que habla español.

Y ahora, a leer a Gamboa y a seguir leyendo literatura latinoamericana. O cualquier literatura. La literatura, dice Julio Llamazares, es para detener el tiempo, la edad, la escoria de los temporales. La literatura no tiene edad. Ni las bibliotecas.

Hay 7 Comentarios

Todos somos hermanos y víctimas de una misma Lengua. Lo dijo Neruda: "Todo se lo tragaban (los españoles) por donde pasaban, quedaba arrasada la tierra...Pero a los bárbaros se les caía de las botas, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandescientes. Se llevaron el oro, nos dejaron el oro... nos dejaron las palabras." Porque la literatura es un inmenso taller donde todos trabajan en base a los demás. Borges, en una conferencia dijo, "La Poesía es eterna", y ésto es un hecho: Cervantes, Bécquer, Góngora, Lorca, españa tiene tanta magia como América Latina. Solo es cuestión de afinar el corazón y tomar la literatura con la universalidad que requiere. :) Les dejo una frase de Julio Cortázar: "Ningún poeta mata a los demás poetas, simplemente los ordena de otra manera en la trémula biblioteca de la sensibilidad y la memoria." Seamos todos trabajadores de éste Idioma que no deja nada más que desear, porque es completo y universal.

Hola, amigos. Pues sí, la literatura latinoamericana es adulta desde hace mucho tiempo. Estoy de acuerdo con Juan, ni más faltaba. Yo creo que el elemento divisorio de esa madurez está en el modernismo de RUBÉN DARÍO y sus múltiples seguidores, secuaces, imitadores, prolongadores y aventajados discípulos. Y no solo en la poesía sino en el relato, corto o largo. Aquí, en Colombia, antes del reconocimiento universal de GARCÍA MÁRQUEZ, existen por lo menos dos ejemplos de excelentes narradores, que ya representaban otra manera muy distinta de narrar que lo simplemente folclórico o terruñero o costumbrista: son JOSÉ EUSTASIO RIVERA, con "La vorágine" y EDUARDO CABALLERO CALDERÓN, con "El buen salvaje". Lo que vino después no hizo sino internacionalzar más aún esa madurez que desde el Modernismo de Darío no ha hecho sino ofrecer espléndidos frutos, hasta los más recientes como "El país de la canela", de WILLIAM OSPINA.

Desconozco el contexto de las palabras de Gamboa pero así, al pronto, suenan a reproche o, por lo menos, parecen ser la expresión de cierta incomodidad. Como si el adjetivo latinoamericano, a estas alturas, tras años de intercambio y relación con los ámbitos literarios de fuera del continente, debiera de importarnos mucho menos que el sustantivo. La literatura latinoamericana no necesita que le busquen excusas coloristas o exóticas para demostrar su dimensión; es literatura hecha en español, escrita por nativos de América del Sur pero que habla no sólo de la realidad local - o de la magia que le infunde el hecho indígena- sino de la dimensión común, planetaria si se quiere o humana en general, que preocupa a cualquier escritor consciente del hecho creador que supone laborar con el lenguaje en el preciso momento que vive. Borges fue de los primeros que trascendieron esa dependencia del adjetivo; luego han venido muchos más: Cortazar, etc. Basta leer a Volpi, Ospina, Piglia, al tristemente desaparecido Bolaños, al propio Gamboa y a tantos más para percibir que el hecho de ser latinoamericano ya no importa tanto como la intención estética de dar consistencia a una obra sobre la consciencia del acto de la escritura y que, así, el escritor latinoamericano hace de demiurgo universal sobre sus criaturas pensando que no viene a ser alguien esencialmente diferente de cuantos han hecho carrera a este lado del Atlántico.Sí, en ese sentido, se podría decir que la literatura latinoamericano "ya" se ha hecho mayor.

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Menos mal que Lautremont era francés.

Yo soy de los que piensan que un solo libro puede determinar “esa edad” con la que se califica cierta evolución de la literatura. No uno, sino muchos han sido los libros de literatura latinoamericana los que he leído y todos y cada uno de ellos me han demostrado que el universo latinoamericano tiene su propia identidad desde hace mucho tiempo. Incluso comprendo y reconozco cómo ha influido esa literatura sobre la nuestra que denominamos española (Catalán, Euskera y otras lenguas de nuestro territorio).
Creo que no es necesario a estas alturas determinar que la edad de una literatura que lleva con nosotros tanto tiempo es por fin adulta, prefiero que sea joven e impetuosa como ha sabido demostrar en estas últimas décadas, gracias a esa frescura y capacidad de innovación todos hemos podido aprender algo, o cuanto menos sorprendernos.

Muchas personas sotienen que el mejor castellano se encuentra en latinoamérica...
De todos modos, el titular no deja de ser eso: la elección de una frase en su contexto que, puede (o no) coincidir con el punto central del discurso de Gamboa.
Pero sí, viva la literatura latinoamericana!

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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