Manual del demagogo o la demagoga

Por: | 08 de septiembre de 2012

Esta es una modesta aportación al manual del perfecto demagogo, o de la perfecta demagoga.

[Y ya que hemos empezado por ahí, digamos que esa distinción masculino/femenino para lo que es genérico es uno de esos instrumentos que son imprescindibles para llegar a ser un perfecto demagogo.

Ellos y ellas, trabajadores y trabajadoras, maestros y maestras.

Si en un discurso, en un artículo o en una conferencia el buen demagogo no usa esos latiguillos puede encontrarse que empieza con mal pie ante su audiencia].

En todo caso, ahí va una lista de elementos que debería tener en cuenta un buen demagogo para acercarse a la perfección en el ejercicio común de su aspiración máxima: convencer al otro de golpe y sin perderse en argumentos (aunque también habría una lista de argumentos demagógicos).

1. Desprecio de la política y de los políticos. Un buen demagogo ha de tener muy presente este aserto y ha de usar adecuadamente estos adjetivos: Los políticos son indecentes, corruptos, ladrones, sus acciones son indignantes, y siempre son sospechosos, aunque se demuestre lo contrario. Son los culpables, y no es preciso indagar demasiado: son los culpables, el lector o el oyente ya entenderá. Para qué perderse en argumentos si todos estamos de acuerdo (y ahí la palabra TODOS es esencial). Este rasgo de la demagogia (la TOTALIDAD de los que piensan distinto está equivocada) ataca por igual a izquierdas y a derechas. En la derecha ha habido ahora un conspicuo ejemplo de ese desprecio demagógico de la política en María Dolores de Cospedal, que un día fue famosa por los sueldos que percibía y que ahora, como presidenta de Castilla La Mancha, ha tenido la idea (oportunista, dice El País, en su editorial de hoy: el oportunismo es demagógico) de obligar a los políticos a trabajar gratis.

2. El demagogo ha de mostrar indignación en el discurso oral. Cuanto más gritas, mejor se entiende, parecen creer los demagogos. Es rasgo del demagogo tener asumida ya la respuesta del contrincante, de modo que no importa lo que éste diga. Según de donde venga, además, ya se sabe qué va a decir el adversario, y aunque matice el demagogo ya tiene asumida su respuesta, pues su cerebro de demagogo no consiste de interrogantes sino de respuestas. Y ya él sabe que la razón la asiste. El que está enfrente generalmente actúa de la misma manera, por eso hay este guirigay que observamos.

3. Cargarse de razón. Es justamente este extremo, cargarse de razón, lo que convierte al demagogo en un espectador de sus propios argumentos, independientemente de los que traiga el otro. Es rasgo común de su actitud, por tanto, la sordera. "Sí, ahora me vas a convencer, si ya sé lo que me vas a decir".

4. La ideología del demagogo. No hay demagogos en un solo lado del espectro; hay demagogos de derechas y hay demagogos de izquierdas. Hay demagogos que dicen, desde una perspectiva ideológica, que los demagogos son los otros, y viceversa. En este juego de demagogias nadie puede tirar la primera piedra, pero lo cierto es que las piedras silban. Y también hay demagogos que suelen decir de sí mismos que no son ni de izquierdas ni de derechas. Esos suelen ser los más peligrosos, pues no hay peor demagogo que el demagogo de la neutralidad.

5. El lenguaje del demagogo. El lenguaje del demagogo está teñido por adjetivos mejorativos para los suyos y despectivos para los otros. Unos y otros abrevan del mismo diccionario, pero las intenciones son en un caso y en otro totalmente opuestas. Pero el efecto es el mismo. Lo menos que le apetece al demagogo es ponerse a conversar a ver si el argumento ajeno le arruina su propio pensamiento.

6. La demagogia es una enfermedad sorda. Solo sabemos que la tenemos cuando ya es incurable. Mientras tanto sólo somos capaces de verla en los otros.

7. Como decía Sartre del infierno, los demagogos son los otros.

Hay 23 Comentarios

Un muy buen y concreto articulo, gracias pos su aporte.

La palabra demagogia se utiliza como arma arrojadiza. Sin embargo, la demagogia es un arte, y en política, rentable. ¿Por qué digo esto? Vayamos a su significado exacto. Demagogia: 1ª Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular. 2ª Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder. Bien, qué hemos conseguido con esto, descartar de un plumazo esas frases manidas entre tertulianos de decir :" eso que has dicho es demagogia", haciendo ver al contrario que no se está de acuerdo con él, zahiriéndole. Ya no se debe decir eso porque sólo los políticos pueden hacer demagogia, nadie más. Yo si digo una frase en una tertulia que no conviene a mis escuchantes,no pueden insultarme con que estoy haciendo demagogia. Yo no soy político. Habrá, pues que imaginarse otra frase que quiera significar lo mismo y que zahiera igualmente. Pasa lo mismo con la prevaricación. Algunos periodistas que no se han molestado en averiguar el significado de las palabras, dicen que, por ejemplo, Urdangarín ha prevaricado en algunos de sus presuntos delitos. No, Urdangarín no puede prevaricar porque no es funcionario o juez o autoridad, que son los únicos que lo pueden hacer, es decir, dictar a sabiendas una resolución injusta. Puede que Matas, como autoridad si prevaricó pero no el yernísimo. En fin, la palabra demagogia dejémosla para los políticos, que en su segunda acepción, sí que son maestros.

Técnicas avanzadas de demagogia: los principios de Goebbels: http://www.grijalvo.com/Goebbels/Once_principios_de_la_propaganda.htm

Me encantaría tener esa capacidad de convocatoria, ese buen verbo, ese don de la oportunidad y esa claridad de ideas. Francamente, es de agradecer la cintura que ha demostrado descarando a Cospedal, personaje siniestro que dejará pequeña a la mismísima Aguirre.

Pero quisiera poder decir que me encantaría añadir un apartado 8. a su lista y relacionar a aquellas plumas que ahora enarbolan la bandera de Chaves Nogales para confundir a despistados y vender más libros.

El Pais, su diario, nuestro diario, desde su nacimiento, ha acogido a varias columnistas que se han dedicado a fustigar al lector desde sus garitas para que se avergonzara de los males del mundo.

¡Quisieran tanto esas garitas con vistas al río, al parque...!

Un saludo,

Ah, aveces la demagógia pasea del brazo del populismo.
Solo hay que escuchar a cualquier portavoz del Gobierno para ver el disfrute de ambos en la saliva saliente del politico.
Se nota su crecimiento conforme salen sus perlas.
Salud y Resistir.

Bien, de la melancolía pasamos a la demagogia. Sin embargo, el cinismo no quedo tan épico.

Saludos varios (por genéricos)

¿Es este artículo, demoledormente crítico con la clase política, demagógico?

http://politica.elpais.com/politica/2012/09/08/actualidad/1347129185_745267.html

Me parece que no. Cuidadín con confundir crítica con demagogia y si tanto se critica a políticos y financieros por algo será.

La sordera es incurable, pero no una fatalidad. Existen medios técnicos para encarala. Si la demagogia es un mal del que todos debemos cuidarnos, en el cual todos podemos deslizarlos; no es menos cierto que podemos enfrentarla con la razón y, pragmáticamente, con la demostración empírica de la realidad. La demagogia es rentable a corto plazo.

¿Es demagogia decir que Eurovegas va a crear riqueza y empleo? Mentira no es, pero demagogia creo que sí.
¿Merecen los políticos una defensa? Yo estoy con lo que dice hoy Manuel Vicent en su columna. La mala política ha convertido el lenguaje en una charca putrefacta.

En el aspecto formal, habla de adjetivos mejorativos y despectivos. Lo de mejorativo me produce disgusto. ¿No sirve ponderativo o apreciativo? Me gustaría conocer la razón para crear ese neologismo, que creo innecesario.

En cuanto al contenido, me parece buscar el sol por las bodegas. En estos tiempos está claro quiénes son los demagogos. Y otra cosa, no veo pecado mortal en el desprecio de la política y de los políticos de un momento y lugar determinados. Todos conocemos el caso del que se siente ofendido cuando se critica a uno de su profesión. Se llama corporativismo. Y en este momento, para justificar lo injustificable, algunos políticos recurren a calificar de antidemócrata a quien no está de acuerdo con su concepción de lo que es democracia. Verdades absolutas cuantas menos mejor... aunque sean de un demócrata.

Hay algo que no entiendo en las lecciones de este manual. Respetuosamente pregunto lo siguiente. Cuando se dice "1. Desprecio de la política y de los políticos. Un buen demagogo ha de tener muy presente este aserto y ha de usar adecuadamente estos adjetivos: Los políticos son indecentes, corruptos, ladrones, sus acciones son indignantes, y siempre son sospechosos,..."... Cuando se dice esto, cuando se predica esta teoría sobre la demagogia y el demagogo, ¿se está queriendo decir que los políticos son la víctima de la demagogia del ciudadano?

Si fuera así estaríamos ante un mundo al revés, ¿no?

O sea, ahora resulta que demagogo es el ciudadano corriente y moliente, pero no el político, que de golpe se ha transformado en el objeto de la demagogia...

O sea que la demagogia es un vicio de los ciudadanos, no de los políticos...

O sea que finalmente resulta que demagogia es criticar al político, o lo que es lo mismo, que don Juan Cruz no está criticando la demagogia que pueda haber en las palabras de los políticos, sino la demagogia de los comentaristas de los blogs... Vaya, vaya, vivir para ver...

No sé, don Juan, pero me parece que usted maneja una empanada mental de mucha categoría... Le ruego que no se tome a mal estas palabras. Saludos

Escúchenme, señores, lo que les voy a decir.
Si alguien se siente ofendido,
que levante la mano.
Así su mano
será mi santo y seña y mi camino.
Sabré que mi argumento, indiscutido,
provoca que afligidos se compunjan.
Viva la democracia,
siempre y cuando, en un punto coincidan
el versus y el aplauso.
Estaré con ustedes en toda hora,
saciando mis placeres a deshora.
No dejaros engañar
por los que no están conmigo,
dignos representantes de su
ombligo.
Y como digo verdad,
os pido que viváis en la omertá.

Vaya Huberto excelente definición, creo que un poco yo me he visto en el demagogo que no es de derechas ni izquierdas, me lo haré mirar y gracias por rebelarme el camino,no se nace enseñado.

Juan, inteligente definición de como se manifiesta la Demagógia en los politicos, es su más perfecta unión.
Y yo diria que otra faceta del/la es su nula exposición de razonamientos que apoyen sus diatribas contra el "otro".
Hoy España es el gran escaparate global de su modelo más reaccionario.
Hemos pasado del Pulgatorio de Zapatero al Infierno de Rajoy, donde el destrozo del bienestar social, cultural, sanitario de los ciudadanos costara una generación recuperar, incluido quienes les votarón, a ellos que como nosotros, se encuentran prisioneros de "su mayoria parlamentaria" que tan demagogiamente declaman en sus discursos, en prensa, radio, televisión y mítines.
Salud y Resistir.
PD. Hacia años que no desfrutaba con el ciclismo.

Se puede hablar de demagogia y de los demagogos como personas a las que no interesa el diálogo y el entendimiento y sin, aparentemente, tiempo para pensar. Más que hombres que usan la razón parecen máquinas expendedoras de eslóganes. Las redes sociales, por su inmediatez, e incluso por la limitación de caracteres impuesta a los mensajes, parecen fomentar el discurso demagógico, que acaba siendo adoptado como habitual expresión de los ciudadanos.
Sin embargo, nada hay que propicie más el florecimiento de este ciego y sordo proceder que una realidad difícil de la que son fundamentales responsables, y por eso cobran lo que cobran en función de la responsabilidad, sus dirigentes, no sólo políticos sino prensa, empresarios, financieros, etc....
Mirando objetivamente esa realidad, sin demagogias, no cabe duda de que, esos dirigentes, nos han conducido al desastre. Por tanto, habría que tener cuidado con tachar de demagógica una actitud y protesta más que justificada ante quienes no cumplieron con su trabajo por ineptitud o corrupción.

Pero el no va más, es el demagogo como Dios manda. Esos están llenos de sentido común.

El NUEVO método para PERDER PESO. ¡¡Un éxito en USA!! http://sn.im/24o439v

Excelente.-

Vaya, ahora resulta que "esa distinción masculino/femenino para lo que es genérico es uno de esos instrumentos que son imprescindibles para llegar a ser un perfecto demagogo. Ellos y ellas, trabajadores y trabajadoras, maestros y maestras. Si en un discurso, en un artículo o en una conferencia el buen demagogo no usa esos latiguillos puede encontrarse que empieza con mal pie ante su audiencia", ya podía haberlo dicho cuando se lo explicábamos a las Leires, Bibianas, ZPs, etc y nos llamaban fachas, machistas, franquistas, etc. El periodismo progresista calló durante años ante un gobierno de inútiles porque éstos se autodenominaban "progresistas" y así le ha ido a España, en manos de demagogos y demagogas...

Muy buen manual, gracias por compartir http://goo.gl/fb/Pd9DI

La demagogia busca el aplauso popular como el mendigo las monedas que le permitan subsistir un día más. Los demagogos/as son oportunistas, pues saben cuando hincar el diente en la presa, pero no nos confundamos los demagogos/as necesitan de la aceptación sin ningún tipo de hándicap y necesitan de la ignorancia y del fervor de la fe, porque su audiencia, que le vitorea, acepta los argumentos demagógicos con total aceptación, por lo tanto hay una labor de ejemplificación por parte del demagogo/a del microcosmos que desea transmitir y para ello se fundamenta en el refranero popular para ofrecer una imagen de sí mismo pulida y sin grietas para encontrar la empatía sin fisuras.
La aceptación popular de los argumentos está asegurada, pues el ideograma procede de esa sociedad que está expectante de descubrir en boca del político de turno, esos valores ancestrales que el demagogo/a ha cultivado con esmero y delectación.
Demagógica ha sido la actuación de la Sra. de Cospedal, pues ha manifestado en un tempo determinado lo que la ignorancia popular quería oír, y siento referirme a la ignorancia popular, pero la crisis es un caldo de cultivo demasiado espeso al que cuesta hacerle una disección adecuada.
Los tiempos de crisis, son los tiempos de los demagogos/as, en tertulias, en aforos, en el congreso de los diputados y sobre todo en la televisión.

La demagogia es una práctica política, pero a la hora de opinar, todos tratamos de ganarnos el favor de los demás a la hora de defender algo que consideramos justo. Yo, de serlo, sumaría en el balance de los malos demagogos. No tengo en cuenta las reglas de juego. Mi discurso no es revolucionario y me muestro políticamente incorrecta. Cuando voy al ataque, como respuesta a una actuación oral o escrita que considero violenta o me hace daño, no trato de disimular. Y creo que un buen demagogo lo haría. Considero un buen discurso demagógico el del PP. Son unos políticos excelentes. En algunos casos, llega a parecer que no están manipulando. Siembran la duda mientras ganan tiempo de una forma en absoluto afectada, para alcanzada la meta, ceder el protagonismo a la ciudadanía. Van cambiando las estrategias, pero no la imagen, para subrayar o centrar la atención en el discurso, que finalmente también modifican, pero eficazmente: calificando la cesión como una fórmula democrática o como la mejor carta o alternativa para la "convivencia".

Hola:

Muy acertado el artículo. Podríamos decir que el demagogo [o demagoga] es aquel [ o aquella] que mira sin ver, escucha sin oír y habla o argumenta sin dudar. Un pesado y triste personaje.

Un saludo.

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¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

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Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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