Umbral, escritor íntimo, cronista público

Por: | 22 de octubre de 2012

En agosto de hace cinco años murió Francisco Umbral, escritor íntimo y cronista público; lo que hirió su corazón está, por ejemplo, en Mortal y rosa, y también en las cartas a su mujer, María España, que se publicaron póstumamente. Su faceta pública fue inabarcable, y no tiene que ver, en la escritura, en la expresión, con la herida que marcó su corazón de manera indeleble y privada; pero acaso por esta herida, para escapar de ella, para silenciar su intensísimo ruido, existió el otro Umbral, el que la gente recuerda por sus negritas y también por sus exabruptos.

Como muchos de los escritores o artistas tronantes de todas las épocas, en Umbral latía esa doble actitud, la sístole y la diástole de su manera de ser, lo extravagante y lo melancólico, la salida de tono y el tono, la sintonía con el mundo exterior para que el mundo interior no lo enloqueciera, y el silencio descrito de su alma.

Con los materiales inagotables de la melancolía escribió aquel libro personal y memorable, la memoria de lo que más quiso cuando ya no lo podía recuperar jamás, cuando solo se reflejaba en los ojos de la mujer a la que al fin, en una carta que se dio a conocer tras la muerte del escritor, confesó su amor y su extravío.

En su vida personal, cuando le escuchaban o le veían solo los más allegados, Umbral cubría de silencio los ratos de la tarde, se interesaba por los otros, era un ciudadano dedicado a buscar en la amistad y en lo interior; de cara a la galería y en su crónica pública de lo que sucedía era un hombre de multitudes, o eso decía. Era una ficción; en realidad su mundo era de otro mundo; la abundancia de negritas (de personajes) era más bien la impostura con la que Umbral reflejaba el ruido, pero él no sentía de veras el ruido, simulaba ese interés.

Todo cronista es, en definitiva, el eco de un eco, el eco de un resplandor, y a montar y desmontar ese resplandor se dedicó Umbral con una profesionalidad tan ilimitada que hasta la historia de su biografía llegó a acompañarle, pues jamás faltó a su cita diaria, ni en El País ni en El Mundo, sino en momentos de gran perturbación física, y fue a morir cuando empezaba agosto, que era cuando todos los años dejaba de escribir crónicas y se ponía, cómo no, a escribir un libro.

Esta noche a estos dos Umbral que existieron juntos le dedican sus amigos, que tuvo muchos, y algunos muy verdaderos, un homenaje en el Centrocentro de Cibeles. Y esa convocatoria me lleva a esta crónica, en homenaje al cronista de lo íntimo, en recuerdo al laborioso, incombustible, escritor de lo público.  

Hay 10 Comentarios

Me gustaba más Umbral como periodista que como escritor, más como anecdota que como fundamento, y menos como idealista que como elemento común.
Se le veía bien caminando con la barra del pan bajo el brazo y peor en los platós de televisión luchando por hablar de su libro, pues su simpleza le salia de la bufanda.
Creo que los hombres no mejoran cuando nos dejan, talvez logren compasión y cierta perdida de memoria entre los que tratan de recordarle.
Mejor se podría decir que" cierta memoria selectiva" entre los que tratan de recordarle.
Salud y Resistir.

Acabo de ver las fotos del homenaje en El Mundo:
http://www.elmundo.es/albumes/2012/10/22/umbral_homenaje/index.html
Por cierto, que lo busqué en Google y no estaba enlazado. ¿Será que El Mundo no quiere salir en Google? Será.

A mí no me parecen exabruptos, Belén. Son pensamientos que llevó al papel, solamente disculpables por su edad y la educación que le tocó recibir. La misoginia ha hecho mucho daño a muchas mujeres. Las personas tenemos virtudes y faltas. No creo que Umbral fuera un villano, pero sí que ese carácter que tenía ensució su virtud.

La verdad es que si. Esa cercanía, sensibilidad que le hacía tan amable; y a la vez, la lúcida provocación atacando y burlándose de la indiferencia, evidenciaban una personalidad pública inconfundible.
Los exabruptos que menciona Lola originaban corrientes de manifiestos. Si generaba más polémica que otra cosa, creo que era porque ilustraba todos esos pensamientos que se ocultan en favor de los políticamente correctos. Esos que no consiguen frenar ni la inercia ni la resistencia.
Hasta finales del siglo pasado (por lo que se considerará un accidente en cantidad de historias clínicas) un paciente era hombre, y no macho. Pero una mujer no era mujer, sino hembra. Esta disciplina parece ser menos figurativa que la de la electricidad, por lo visto.
Cuántos ocultan que no están dispuest@s a tolerar que las mujeres que la tienen, encuentren reconocida y celebrada su personalidad pública (y su valía) en lugar de silenciada. Claro que me hubiera gustado que Francisco Umbral hubiera nacido mujer, pero no me cabe duda de que no la hubieran tolerado. Me llamó la atención en la calle, en la tele, en los periódicos y en los libros. A mi me parecía amable, accesible, triste, combativo, resuelto, sabio,leal. Pienso lo que dice Lola pero no lo consideré cómplice de la cobardía ni del crimen. Se le necesitaba. Por eso se le echa de menos. Cuántos enmudecen o simplemente callan, se apartan, ocultan la infamia. Pero no él.

A Umbral se le atribuyen frases como éstas:

“El odio violento es la manera más pacífica que tiene de expresar su amor un marido, un amante, un enamorado”

“A uno la violación le parece el estado natural/sexual del hombre (...) El violador del Ensanche (...) llevaba navaja para persuadir a sus víctimas, si es que puede llamarse así a la beneficiaria de un polvo inesperado, azaroso, forajido y juvenil (...) La hembra violada parece que tiene otro sabor, como la liebre de monte. Nosotros ya sólo gozamos mujeres de piscifactoría”.

“Nos lo dejó dicho el árabe español con alma de nardo: “Azota a tu mujer todos los días, que ella sabrá por qué”. Un poco machista, el dicho, pero a los árabes tenemos que disculpárselo todo, porque son nuestros espónsores de Platón, de la arquitectura y de tantas cosas”
“La Tani ha sido condenada a 14 años de cárcel por matar a su marido, que la sometía a malos tratos (...) El movimiento popular a favor de la Tani está muy bien, y los hombres debiéramos hacer algo semejante cuando un marido, tras dejarse los cuernos contra una puerta, se mantea a la santa en plan jarrapellejos. Como dicen los árabes, “ella sabrá por qué”. De todos modos, uno cree que lo más civilizado y pacífico es tener otra de repuesto”.
Las citas las airearon las feministas que protestaban por la concesión del Cervantes. Vamos, que ni Sostres ni Juan Manuel de Prada se atreverían a tanto. El estilo, eso sí, magnífico, como si lees a Céline. Con todos los respetos. Para los medios de derechas debió ser un triunfo arrancar a Umbral del rojerío. Salud

Si escribes sobre Umbral y le hacen un homenaje, no es para recordar lo negativo, que seguramente no lo era, eso como lo mirases, he leído cosas de él y algunas me gustaron más que otras.
Lo conocia más porque no sé que temporadas pasaba en Sitges y yo trabajaba y vivia en Vilanova y La Geltrú y con frecuencia íbamos al lado. Umbral se sentaba en una de las tantas terrazas de la avenida con la Iglesia al fondo.
Sabía de ese luto que pocos sabían , contribuia a esas posturas bipolares y abusos que no le convenian. Siempre creí que era por un hijo, eso me contaron, un hijo que se le había muerto y lo dejó en esa tristeza anclada. No sabía nada de su mujer. Bueno, el caso es que quede para el recuerdo su faceta de escritor y no cuando las aguas ya habían crecido y era sombra y no luz.
Espero que el acto sea agradable y en su recuerdo se encuentren los que siempre le entendieron y reconocieron.Saludos.

A mí Francisco Umbral me parecía una de esas personas que ponían una especie de muralla entre su persona y el resto del mundo, supongo que solo sus amigos incondicionales sabrían interpretar su identidad, que a veces parecía burlona y otras de una transcendencia profunda.
He leído al Francisco Umbral cronista, y en esas lecturas he descubierto que las opiniones del columnista tenían muchas y variadas vertientes, sobre todo era contestatario casi con todo y contra todo, de esa forma se dejaba ver un poco cuál era la visión del mundo de un escritor que yo interpretaba a la antigua usanza.
Mi afinidad con él está en ese desgarro que encontró en la separación de su compañera, accidental, dramáticamente natural como la muerte misma. Eso convirtió la imagen que de él tenía en una de alta estima, porque quien ama y no puede ya compartir su vida con el ser amado es un ser errante que encuentra demasiado afilados los brillos que la vida muestra. Yo le comprendo cómo creo que pocas personas pueden comprenderle en esa faceta, y tal vez al entender su forma de interpretar esa separación, comprendo en qué medida se comportaba de la manera que le caracterizaba.
A veces no me gustaban sus puntos de vista, y otras me parecía atinado como pocos, Francisco era de esas personas que pasan por la vida dejando surco, una de esas personas que poseían un centro de gravedad muy sólido y denso en cuyo alrededor había esa muralla que él ponía, tal vez para soportarse, tal vez para soportar la vida.

Hola, amigos. Muy bueno tu comentario y tu homenaje, Juan. La medida del valor de Francisco Umbral está sin duda en Mortal y rosa, una obra tan llena de profunda tristeza, de poesía, de ternura, de esa visión terrible de la vida que tenía Umbral, hecha de cotidianidad y de trascendencia, de poesía y de desengaño, de amor y desgarro. Además, era un gran trabajador. Yo no sé si se continuarán editando sus obras, pero la bibliografía es impresionante y sería bueno poner al alcance de la gente un buen número de obras de Francisco Umbral. Cordial saludo

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Juan, mis disculpas por utilizar este medio. ¿Puedes comentar algo al respecto de esto?. Saludos.

http://www.jotdown.es/2012/10/enric-gonzalez-con-todos-mis-respetos/

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¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

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Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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