Los Beatles y el cansancio del siglo

Por: | 30 de septiembre de 2013

El siglo XX nació cansado y, en el caso de España, triste y amodorrado. Avanzó en manos de las guerras, una de las cuales nos afectó en el corazón y en la sien, y dañó la facultad de pensar y de ser. En el mundo, mientras tanto, la costumbre se convirtió en un antídoto ante la sorpresa terrible de las invasiones y de los asesinatos.

Cuando ya se hizo irrespirable ese hábito de vivir tristes, cerrando y abriendo conflictos a la vez, ocurrieron algunas cosas que desembocaron, por ejemplo, en las pintadas que inauguraron la playa hallada bajo los adoquines del 68.

Mientras tanto habían elegido a un papa simpático y popular, Juan XXIII; se había inaugurado, para romperse en seguida, la esperanza de Cuba, y todos teníamos en las habitaciones el poster del Che junto a un retrato mojado de Brigitte Bardot. Mataron a Kennedy, es verdad, y nos dieron algunos días libres en este país que no renunció a la caspa a pesar de que el verano tibio nos trajo a los turistas.

En esta atmósfera vinieron los Beatles (literalmente, vinieron a España, y descansaron en mi pueblo, Tenerife, por ejemplo; Lennon vino a rodar a Almería, además).

Ahora algunos consideran (siempre hay precipitados del juicio lento) que aquella fue una música domesticada. Al contrario, vista en el momento exacto en que empezó a existir fue una combinación sabia, casi arriesgada, de melancolía y transgresión; glorificó la libertad de recordar (Yesterday es una buena memoria) y de romper (Strawberry fields forever inauguró la psicodelia de Hoffman llevada a la música, antes de Pink Floyd), hicieron cine y baile, e inundaron el mundo de un símbolo que ahora es tonto y que entonces era como abrirle una cicatriz a una sotana: el pelo largo.

Estaba tan cansado el siglo que hasta lo más simple parecía una ventana abierta. Hasta el origen de los Beatles era simbólico: de una cueva salió la luz, como en los recuentos metafóricos de Platón, y además salió esa luz en Liverpool, que no era nada más que un agujero oscuro en aquella Inglaterra a la que la guerra la dejó preguntándose por el porvenir de su empobrecimiento. Fueron recibidos, es verdad, por Su Majestad La Reina, pero ellos se burlaron de lo más alto y de lo más solemne, como harían después los Monty Python por otros medios, igualmente sarcásticos.

En ese sentido jamás me olvido de una escena larga de Qué noche la de aquel día, que parecía concebida para los hermanos Marx y que protagonizaron ellos. La broma terminaba lanzando por el váter de un tren al caballero gris que simbolizaba ahí lo rancio de Inglaterra.

Hicieron que Londres fuera swinging (y con qué genio hizo Guillermo Cabrera Infante el retrato del ascenso y el descenso de esas calles, Carnaby St sobre todo) y que todos nos pusiéramos a cantar como si el siglo se hubiera despertado para siempre. Luego no fue cierto, el siglo siguió muriendo, como el cadáver en el poema de César Vallejo, pero qué feliz pareció el tiempo en que la música de los Betales nos convención de que hasta la melancolía era un ritmo moderno.

Hay 9 Comentarios

Creo que nos tenían ganados, un pueblo que con el tachin, tachin se divertía , llegaron ellos y todos los guateques se animaron con sus música y canciones.

Se elevo el listón de calidad de nuestros bailes y la chicas eran más propensa a salir al centro de la sala a bailar.

Son un referente con los Rolling, Mustang, Sirex, Pequeniques, Bravos y los Canarios.
Salud y Resistir.
PD. Mariano sigue sin atreverse a dimitir, porque será.

La pela es la pela

"la melancolía era un ritmo moderno"

Más artículos sobre Los Beatles, en Pop Thing. Son contenidos exclusivos, nada de cortar y pegar: http://www.popthing.com/zona_pop/beatles_archives/index.php

Mi favorita es Let it be. Voy a jugar, a ver si me toca el viaje a Liverpool. Chao.

Yo creo que una de las enfermedades más acuciantes y la que más ha penetrado en las mentes de la sociedad que vivieron en el siglo XX es, la masa silenciosa.
El quejarte en el mostrador del bar y no asociarte al resto de los perjudicados para salir a la calle.
Aún perdura en las mentes de la clase trabajadora media, los universitarios con sueldos basura, el miedo a que les vean quejarse por la calle.
Parecería que pedir lo que te están quitando, asociados con otros vecinos, compañeros de trabajo, es deshonroso y pierde "caché".
A tal punto hemos llegado que los treinta añeros no se deciden a tomar responsabilidades y buscan cobijo bajo las faldas de sus madres o padres, antes que ser critico al Gobierno y su forma de administrar nuestros impuestos.
Porque debemos de estar de acuerdo que informados están, por la cantidad de medios técnicos, (móviles, televisión, radio, prensa, etc.) pero han heredado la idea que en casa se esta mejor y que corran los demás, que reciban los palos y las amonestaciones.
Y de esta idea, repito heredada del siglo XX, es la fuerza que presume el Gobierno tras las huelgas de 100.000 manifestantes, que en esa ciudad hay 500.000 habitantes y no han salido ha protestar. Suman sus votantes más los que no salen a la calle a manifestarse.
En Cartagena han estado durante dos años quejándose que el Hospital de Ntra. Sra. del Rosell lo cerraban y la Consejera de Sanidad, salía después negándolo hasta hoy que el Gerente de la zona sanitaria de Cartagena ha manifestado que "cierran urgencia, y tres plantas que pasan al hospital de Santa Lucia.
Noticia ya manifestada desde el 2010 por los sindicatos, la asociaciones de vecinos y las plataformas sanitarias.
En fin la historias que no se aprenden se repiten.
Salud y Resistir.

Querido Juan: La alegría y la nostalgia de los Beatles sí que le dió fuerzas al siglo. Yo no tuve que enseñarles a mis hijos la pasión por su música, ellos fueron sólo hacia ese mundo. También habrán de ir mis nietos y los tuyos a cantar Yesterday seguros de que los problemas fueron los de antes. Besos, Angeles

El siglo XX, como Dionisios, nació dos veces. Así como el siglo XVIII fue apolíneo y el XIX se dilató más allá de sus límites bajo el signo de Saturno, el siglo que todos los que aquí escribimos tenemos sentimentalmente por nuestro compartió con el hijo de Zeus y Sémele el aciago destino, sucesivamente, de salir del seno materno antes de su momento y de abandonar el muslo de su padre en el justo instante en que el tiempo de una nueva ebridad nacía con él. Una ebriedad que arrebataría a los seres humanos de distintas formas y que concitaría el regocijo de toda clase de bacantes desenfrenadas: unas, antropófagas y orgullosas de tal hábito culinario-festivo, como Guevara (El Che, che), Adolf (“¿Qué Adolf?”) y Dzhugashvili (Uncle Joe, por más señas; despistantes, ciertamente); otras, ávidas lotófagas y, por ese vicio, propensas a toda clase de fantasías retóricas con diversos grados de irracionalidad seductora, paradójica como pocas en los muros tristes de París; y otras, en fin, tan modositas, autoindulgentes e inocuas como los Beatles, los Rolling-Stones y el largo etcétera de criaturas precoces graduadas con honores en selectos kinder-gärten, que no consiguieron redimir jamás con semejante alma mater los inevitables estragos una infancia interminable.
Estamos, por tanto, a menos de un año de conmemorar el segundo nacimiento del siglo XX y uno se pregunta si la hybris que marcó los hitos del siglo acabó realmente con él cuando los esforzados prusianos pasados por la piedra de don Vladimir (Putin, claro; no Ilich Ulianov, todavía hay clases) la emprendieron a martillazos con la mampostería berlinesa a los pies de la Brandemburger Tor en el exitoso "happening" de todos conocido. Ahí sigue el nacionalismo irredento dando todavía la tabarra, apenas tocado por la racionalidad desde los tiempos de Fichte; ahí está la claque de Marx (don Carlos) todavía aplaudiendo en la angostura del camarote-pecio de los Marx (don Groucho, don Chico, don Harpo, don Zeppo…), como si la momia del espectro que “recorre Europa” no estuviera a estas alturas más mojada que un dodotis tras una noche de Hallowen; ahí está aún la secta del la escuadra y la plomada, haciendo no sé que guarrerías so capa del mandil, cual imberbe amedrentado por el coco del VIH…
En fin. Dionisios murió joven, como el siglo XX. No ha habido siglo de más corta existencia. Quizá el XXI sea el siglo de Hades o tal vez Dionisios resucite de sus cenizas para empezar de nuevo, esta vez con una educación reglada en el más selecto kinder-garten, “comme il faut”, en tanto los Beatles le arrullan el sueño con un dulcísimo “yesterday”. Todos podemos aspirar a la ilusión de otra pesadilla.

En ese sentido jamás me olvido de una escena larga de Qué noche la de aquel día, que parecía concebida para los hermanos Marx y que protagonizaron ellos. La broma terminaba lanzando por el váter de un tren al caballero gris que simbolizaba ahí lo rancio de Inglaterra.
Juan, a mi se me quedo grabada una palabra que repitieron los cuatro, uno tras otro cuando se sientan frente a Inglés conservador. "muy PULCRO" "muy PULCRO".
empezamos a reír todos los espectadores y no había forma de frenar la risa.
Fueron y siguen siendo mis referentes musicales.
Salud y Resistir.

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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