4 de mayo de 2014

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Primera-portada-paisLo único que supe cuando salió el primer ejemplar de EL PAÍS el 4 de mayo de 1976 es que el periódico había salido a la calle. Ya es leyenda que se rompieron ejemplares mientras tanto, que la máquina dio innumerables disgustos y sustos a los que se habían congregado para celebrar la fiesta. Pero, al fin, el periódico salió a la calle, para satisfacer la necesidad social de un periódico nuevo en un mundo que se abría a universos democráticos que hasta entonces se habían guardado en los corazones de la clandestinidad. Se había muerto Franco, España empezaba a ser otra.

         Pero yo era corresponsal en Londres, y el periódico era de papel. No podía pulsar una tecla y hallarme con la primera cabecera, la primera noticia, la primera foto; todo aquello era de papel, tanto es así que ahora cuando imagino un periódico siempre lo imagino de papel. Como si fuera un viejo contando batallitas, si pienso en un diario, si cuento lo que vi en él, si me imagino una noticia y la digo, en mi mente tengo el recuadro, la mancheta, la tinta, las letras, todo sobre un papel. Así es la vida a los 65 años, casi cuarenta después de que mi amigo Julián Martínez me llevara, el 5 de mayo de 1976, el ejemplar arrugado del periódico EL PAÍS del 4 de mayo de 1976.

         Hoy es 4 de mayo de 2014. Acabo de estar en Argentina. Allí le daba a una tecla, sobre la mesa de un hotel sin nombre, en una ciudad que apenas se despertaba, y de pronto todo lo que mis compañeros (en España, en América, en Roma, en Londres, en París, en México, en cualquier sitio) habían elaborado con un esfuerzo que yo conozco y que llegaba a mi sitio, donde yo estuviera, sin desayunar, sin saber aún (como aconsejaba Rafael Azcona) que funcionaba mi mano izquierda, y que era útil aún mi mano derecha, que mi corazón latía, o que mi vista seguía mirando por mi, que mi tacto me conduciría a afeitarme, por ejemplo…, sin saber nada de eso yo ya podía saber qué pasaba en el mundo. Sin papel, si bajar a ningún sitio, sin combatir con las teclas supersónicas de un ascensor cubierto de espejos, sin sacar un peso del bolsillo, sin pedirlo, sin hablar con nadie, yo ya lo sabía todo. O casi. En el ipad, en la computadora, en el teléfono, ya estaba ahí el ejemplar del periódico, hecho seguramente con las mismas artes intelectuales, con el mismo corazón, con que entonces hicieron otros compañeros aquel ejemplar roto que me entregó Julián Martínez en una esquina de Fleet Street, la calle de los periodistas viejos en la ciudad de Londres, donde ya no hay periódicos, ni quioscos, por cierto.

         Pues han pasado casi cuarenta años y casi todo cambió. Menos el corazón de los periódicos, la gente que lo hace, la ansiedad con que los jóvenes (y los viejos, es cierto) se siguen sentando ante la máquina de escribir (que ahora ya tampoco existe) para decir qué pasó, cómo pasó, a quién le paso, cuándo pasó y, además, sobre todo, por qué pasó.

         Hoy EL PAÍS que en años sucesivos fue dirigido por Juan Luis Cebrián, Joaquín Estefanía, Jesús Ceberio y Javier Moreno, comienza una nueva etapa, cuando el 4 de mayo de 2014 me trae todos aquellos recuerdos del periódico que salió entonces y que me llegó arrugado a Londres. Al frente, Antonio Caño, que ahora era corresponsal en Washington, donde en un tiempo también recibió el periódico como en la lejanía de los tiempos también recibiría arrugado el periódico de hacía unos días. Ahora él se estrena como director, con un equipo nuevo. Les deseo, desde la vejez que permite recordar lo que hacía un antiguo corresponsal cuando apareció el primer número, toda la suerte del mundo al frente del periódico al que he dedicado, con afán y con ganas, lo mejor de mi vida. 

Hay 8 Comentarios

Juan querido: me has hecho llorar. El modo en que tú le has entregado la vida a El País, la intensidad con que los has hecho, queriendo tanto a tantos de ustedes, no la he visto como en ti. Eres ejemplar. Un beso Grande, Angeles

Con casi 10 días de atraso llego a este post después de haber pasado un montón de veces para ver si actualizaba.
Supe que estuvo aquí en la feria del libro, que lo escuchó un montón de gente y que se los puso en el bolsillo en la entrevista que le hizo canela (mujer super cálida que recuerdo de cuándo nos contaba cuentos a todos los niños que la veíamos por la tele en "La Luna de Canela")
Con mucho más tiempo de atraso me entero de que ud fue corresponsal en londres (otra ciudad "donde tanto placer habita")
Son 40 años de cambios en la noticia, pero no en su poder. Habrá que esperar que Caño lo use con responsabilidad, seguiremos leyendo y comparando
Espero que la haya pasado muy bien en Buenos Aires (A esta altura imagino que la conoce mejor que yo)

Bibiana Fernández simajovich

Yo sigo viajando en tren cada dos semanas ciento y pico de kilómetros con un solo fin; comprar un periódico de “papel” en mi lengua materna. Me gusta humedecer mi dedo indice y pasar hoja por hoja escuchando su crujir. Me chifla, me encanta el olor de las letras imprimidas. Desde que me regalaron un portátil, también busco mi lectura en él, pero... no es lo mismo. Estimado sr. Cruz, con su permiso, adopto su último páfarro. Saludos cordiales.

Maestro Cruz

Te felicito por estos 38 años en el periódico y a tus compañeros.Siempre espero lo mejor y ahora también,ojala se cumpla los buenos deseos y Caño este a la altura del prestigio de ese periódico.

Saludos Paco

A finales de los 90 del siglo pasado :D empecé a leer El País. De aquella vivía en Buenos Aires, en " la capital ", en el barrio de Belgrano, caserón de tejas ( eso dice ese tango, yo no vi ningún caserón ). Me gastaba una pasta Gansa, y el del domingo llegaba el martes siguiente. España era otro mundo, mi anhelado " nuevo mundo ", eso trasmitía ese periódico y el contraste con los periódicos argentinos y en general con la realidad que a cada uno le tocaba vivir. Yo vivía un desencanto personal permanente, y también general, todo estaba mal y todo iría a peor. Así que El País fue un catalizador de ilusiones. Ahora vivo en el segundo gran desencanto pero, que maravilla esta comunicación, cuantas posibilidades que seguramente no se aprovechar.
Siempre que leo o escucho a Juan Cruz tengo la sensación que no hice nada o lo que es peor, no leí casi nada. No importa, el 90 % de lo que hice y deje de hacer no tiene importancia. Vivir es maravilloso y es un momento, le doy las gracias por todo, por este blog y esos post de Cortázar / Rayuela, siete piezas maestras, creo que siete. Hoy encontré esto y me pareció una joya, de una entrevista a Julio Cortázar en 1979.
“Un día en mi vida es siempre una cosa muy hermosa, porque yo me siento muy feliz de estar vivo. No tengo ninguna intención de morirme, tengo la impresión de que soy inmortal. Sé que no lo soy, pero la idea de la muerte no me molesta y tampoco le tengo miedo. Le niego existencia, entonces, eso me ayuda a vivir de una manera... ¿cómo decirlo? Bajo el sol, solar.

Yo estoy muy contento de estar vivo, y además hay una cosa en la que poca gente piensa. Creo que es un prodigio maravilloso que todos nosotros seamos seres humanos, que estemos en lo más alto de la escala zoológica, por un azar puramente genético. Porque tú no eres responsable de ser quien eres. Venimos de una larguísima cadena genética y cuando yo veo a una gallina o una mosca que también han nacido de las mismas cadenas genéticas, me maravillo por ser un hombre y no una gallina. Yo soy un hombre, con todo lo bueno y lo malo que eso tiene. Y estoy contento de haber tenido una conciencia, de haber visto lo más que una conciencia puede ver del planeta. Y no te hablo más”.
http://vivianamarcelairiart.blogspot.com.es/2012/06/entrevista-julio-cortazar-en-mi-corazon.html?utm_source=BP_recent

Sr. Cruz, me ha dado un ataque de nostalgia, nada comparable a su último párrafo que me ha parecido muy triste y perdóneme si no le he interpretado. Cualquier tiempo pasado no debería ser el mejor pero en el caso de El País, y del país, sí que lo es y no sólo porque entonces todos fuéramos más jóvenes, usted y los lectores como yo. Es que entonces, en 1976, "tot estava per fer i tot era possible" como decía Martí i Pol. Y la realidad en 2014, es la que es. Un saludo muy cariñoso.

Hemos madurado con El País, nos conocimos hace 40 años tal día como hoy. Sufrimos con los atentados diarios de ETA como el periódico, por el sabíamos lo que se decía en los corrillos de extrema derecha cuando los sepelios, cuando intentaron matar a Aznar y cuando destrozaron media generación de la juventud del País Vasco con su venenosas consignas.
Con el periódico de papel, teníamos 24 horas para pensar en la noticia, verla de distintas vertientes y al final descansábamos seguros que habíamos conseguido llegar a la mejor forma de entenderla.
Hemos llegado a los cuarenta años de matrimonio con El País, y hemos conocidos varios directores, con diversas maneras de entender la actualidad en sus Editoriales, pero siempre con la pedagogía de enseñarnos las formas y maneras de vivir en Democracia, que todos somos iguales ante la Ley.
Luego la vida como siempre nos ha demostrado que si no tienes padrino, no te bautizan.
ENHORABUENA a El País y a quienes durante estos 40 años han trabajado para educarnos y enseñarnos que había otra forma de vida.
Salud y Resistir.

Qué nostalgia me da el periódico sin color y sin tilde. Será que yo también envejezco. Tal vez sea añoranza de la juventud, o de los tiempos largos. Porque la inmediatez de hoy lo acelera todo. No solamente las noticias. La inmediatez acelera la vida, que es lo mismo que decir que acelera el óbito, y provoca cierta ireflexión generalizada.
Pero es cierto. El periódico, aún digital, sigue dando una pensada a los acontecimientos con mayor o menor fortuna. Que Antonio Caño lo haga bien no solamente va a beneficiar a El País. También al país. Suerte, pues.

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Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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