El oficio 3. El señor Fuentes sigue en nómina

Por: | 09 de septiembre de 2014

 1290726006_850215_0000000000_sumario_normal[Antes de empezar déjenme seguir…, con los comentarios de los lectores a la entrada de ayer. Un lector al que le agradezco mucho el tirón de orejas pone de manifiesto mi error al usar la palabra caterva, que tiene sentido peyorativo, para definir a un grupo de autores. Tiene él razón y yo no tengo perdón de Dios. Perdón.]

He pensado mucho en este asunto que hoy traigo hasta ustedes. Y sobre él no he leído nada más oportuno ni divertido que lo que escribió Juan Carlos Onetti en uno de aquellos artículos que escribió para la agencia Efe en la época en que la dirigía Luis María Anson.

Onetti, uno de los escritores más extraordinarios de la lengua española del siglo XX, fue periodista hasta la última hora de su vida; leía diarios, escribía en ellos, e incluso escribía en Cartas al Director. En una ocasión célebre, cuando Camilo José Cela insistió en arremeter contra los jóvenes autores españoles, él salió en defensa de Antonio Muñoz Molina, que había sido cruelmente, e injustamente, alanceado por el marqués de Iria Flavia, que entonces se sentía con licencia para matar.

Además de periodista, el autor de El astillero era un lector de periódicos que usaba su lápiz rojo para poner de manifiesto nuestros errores, nuestras reiteraciones y, sobre todo, nuestra tendencia a caer en lugares comunes.

El artículo al que me refiero era un ataque de Onetti al señor Fuentes. Según él, se cita con tanta frecuencia a ese señor en los reportajes, en las crónicas y en las columnas de los periódicos que éstos deberían tenerlos en nómina. Decía Onetti que no había texto en el que no apareciera ese señor Fuentes como punto de referencia, y era cierto: por entonces tomé la costumbre de subrayar todas las veces que ese recurso aparecía en los periódicos; su abundancia producía sonrojo.

Ese artículo de Onetti, como la mayor parte de los que escribió el maestro, obedecía al propio esquema de sus conversaciones: parecía serio e incluso circunspecto, pero en el desarrollo de sus argumentos tendía a tomarte el pelo, o a tomárselo a sí mismo. En esta ocasión le tomaba el pelo a una situación que ha prosperado, decía él, en el periodismo español: los periodistas y los columnistas alardean de fuentes que jamás citan por su nombre. El lector, piensan los que construyen sus textos sobre aguas movedizas, debe dar por sentado que las fuentes aludidas existen y que el periodista no se las inventa.

Onetti no se lo creía. Según él, el periodista usa ese genérico (Fuentes, el señor fuentes) por su propia comodidad, pues en efecto es posible que haya accedido a esas opiniones de las que se sirve, o a esos datos, pero nada le impide que sea honesto y dé pistas sobre quién se los dio.

Los anglosajones, que seguramente usan el término tanto como nosotros, suelen acercarse a la naturaleza de la fuente, aunque no siempre lleguen a citar a la fuente misma: ofrecen datos que le garantizan al lector que en efecto ese señor Fuentes existe. Si no se quiere descubrir la fuente, basta con decir a qué grupo representa, por qué es interesante utilizarla u otros detalles que le den cuerpo. Si la fuente se queda en el genérico el lector está autorizado a no darla por buena y a atribuirla a ese señor Fuentes que según Onetti debe estar en la nómina de las periódicos a la vista de lo abundantemente que aparece en ellos.

Entre las razones de esta abundancia de referencias a fuentes debe estar la pereza del periodista, que conoce de un asunto y considera que citar fuentes le da prestigio, aunque la fuente sea él mismo; es cierto, además, que en España abundan las reuniones confidenciales entre políticos y periodistas y entre empresarios y periodistas, y eso ha dado curso a numerosas informaciones o rumores no acreditados a los que luego le pone voz el señor Fuentes.

El resultado de este recurso es el descrédito progresivo de la palabra fuentes y por tanto el progresivo deterioro de ese señor que sigue en nómina y cuyo apellido, como preveía Juan Carlos Onetti, ha terminado cansando a los lectores que quisieran saber de dónde demonios viene lo que sabemos los periodistas.

Foto: Juan Carlos Onetti y su perra la Biche, en su cama, en el piso de Avenida de América, 31, de Madrid. / DOLLY ONETTI

Hay 12 Comentarios

Estoy totalmente en contra de la utilización del burka y de ejemplares de prensa digital o de papel en los espacios públicos. El respeto a los derechos y a la dignidad del ser humano está por encima de todo.

A un le sigue intrigando la identidad de la fuente de los papeles de Bárcenas. Aun demostrado que fue fidedigna y de toda solvencia, como todas las fuentes, su revelación sería un detalle por parte del diario. La pena es que como todas las fuentes también es confidencial, y con santa libertad de expresión hemos topado.

Para Barceló: con haber releído el primer comentario habría visto claramente que ese "hechar" era deliberado. Pero no me tome la molestia y herré, que dicen por ahí que es de bestias :))

Para mangstadt: Ni trapos ni embestidas. Solamente he tratado de homenajear al maestro ante su incorrecta caterva de ayer, y lo mejor que se me ocurrió fue dejar un "hechar" cual bomba de profundidad pero en sentido solidario, aun cuando creo que avisaba de ello. Lamento de veras que le haya podido causar cualquier disgusto mi broma y le ruego me disculpe. Saludos.

Hace muchos años (en 1990, creo) me pasó una cosa curiosa. Fernando Fernán Gómez había publicado una página en la que elogiaba el oficio de los reventadores de estrenos teatrales. Me lo tomé a la tremenda, con una interpretación literal, y escribí una carta a El País Semanal a la atención de FFG. Un par de semanas después me dedicó su pagina, en la que lamentaba que no hubiera sabido leer entre líneas y captar su auténtica intención, que era el de reprochar su proceder a los reventadores. Han pasado más de veinte años. A veces soy capaz de leer entre líneas y otras veces, como parece que ha ocurrido ahora, se me escapa el sentido irónico pretendido por otro comentarista en los foros. Como decían en la antigua Quiniela hípica, la de los años 80, algunos caballos correrán con anteojeras :))

Publicado por: mangstadt | 09/09/2014 16:50:04
Entiendo que no se comprenda la ironía en la escritura, pero estoy seguro que el maestro Juan Cruz entendió convenientemente mi "echar" pavoroso, como así lo entendió el comentarista Sherca a quien envío un agradecido saludo. Es lo que tienen estos tiempos tan difíciles, que ni la solidaridad en la escritura se puede practicar. ¡Tiempos aquellos de La Codorniz y su lectura entre líneas!

A Sherca: si hay alguna ironía en el uso de "hechar" por parte de Barceló que no he captado, lo siento, se me escapa. Si lo que pretendía era mostrar el pico del trapo para ver si alguno embestía, conmigo lo ha conseguido.

Todo ser humano necesita la información para poder formar un conocimiento sobre las cosas, conocimiento que a su vez le es necesario para la toma de decisiones que afectan a su vida. Por eso existe el periodismo, porque hay una necesidad humana de información. El problema está en que el poderío económico de los más fuertes trate de manipular el periodismo, en su propio beneficio. la información resultante (o la falta de información) no será libre en ese caso, y producirá insatisfacción y frustración en el receptor de la información. La información por lo tanto puede ser una forma de dominación de la persona. En mi opinión en España la información no es todo lo buena que debería de ser, por estar los medios de comunicación en manos de grupos de presión capitalistas que mediatizan y manipulan la información a su conveniencia, para lo cual muchas veces tienen que contar con la indispensable colaboración del periodista, que por dinero se plegará a las directrices de manipulación o desinformación que le serán sugeridas o impuestas desde la jerarquía informativa a la que se subordina.

Si Onetti escribiera hoy, serían muchas las palabras a las que consideraría "desacreditadas" por culpa de los periodistas. Yo os ofrezco una: ICONO. (mangstadt, perdóname, pero creo que no has entendido el comentario de Barceló. ¿Déficit de comprensión lectora, quizá? A menos, claro, que me equivoque yo, algo que tampoco debes descartar...)

A Barceló: para muestra, un botón. En el verbo "echar", lo primero que se echa es la hache esa que no va al principio.

¿Cómo que no tienes perdón de Dios? Bueno, pensándolo con más calma quizás tengas razón, pero de tus lectores no tengas la más mínima duda. Un borrón lo hecha cualquier escribidor, y ahí te dejo una buena muestra de ello como solidaridad a tu caterva. Pues estaríamos buenos ante el personaje que admiro y, sobre todo, más envidio de este país (por algo he leído más de una vez tus Egos revueltos...). Un saludo del mejor teclista del país, jejeje.

Existe un famoso libro de un editor de una prestigiosa revista científica (R.A.Day, creo recordar que se llama) que afirma que cuando en un artículo científico decimos: "Es bien sabido que..." significa que no nos hemos molestado en mirar quién hizo el descubrimiento. Es decir, el Señor Fuentes también trabaja en las revistas científicas.
Un saludo, Juan.

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Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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