Ha muerto Doris Lessing, la autora de Canta la hierba. La fui a ver a su casa de Londres, con mi hija Eva, que hizo la traducción precisa de la conversación que tuvimos en la habitación más alta de la casa en la que se recluyó huyendo siempre de la parte más abundante de la fama.

Ahora que ha muerto Doris Lessing le he preguntado a Eva algunas de las cosas que recordaba de aquella visita y me refrescó la memoria de lo que sucedió en el otoño de 2007, cuando tocamos a su puerta. Yo recordaba su desdén por el éxito, su olvido de las abundantes felicitaciones que aguardaban abajo, en la puerta de la calle, a que ella acudiera alguna vez a recogerlas; pero estaba harta de subir y de bajar, de modo que dejó que todo esperara mientras ella se recuperaba del susto de la noticia pero sobre todo de las visitas y de los parabienes, así como del insistente sonido telefónico que ya la tenía más que harta.

Aún así nos recibió, nos regaló aspirinas y paracetamoles, nos dio agua y quiso que estuviéramos cómodos en su casa grande de la que ella había decidido entonces habitar sólo un pedazo. Eva, por su parte, me refrescó otras memorias que están en los libros de la propia Doris.

“En su autobiografía”, me escribe Eva, “Doris Lessing contaba el proceso de su escritura, que consistía en caminar mucho por la habitación en un estado que ella llamaba de wood gathering, que es algo así como reunir lana o hacer la madeja. Estaba pensando sin mucha conciencia de en qué estaba pensando. Sólo después se ponía a escribir”.

         “Y lo que recuerdo de su experiencia del comunismo”, prosigue Eva, “es que tal y como lo contaba se parecía mucho a la experiencia de estar en una secta negando la realidad, y ella no daba crédito a que pudieran seguir dentro de esa inmoralidad. Pero siempre fue muy valiente y muy honesta, también cuando se fue de África con su hijo pequeño, dejando allí a los otros dos, que tardaron mucho en perdonarla. Aquellos primeros años en Londres, de efervescencia política y pobreza, están muy bien contados. Pero en seguida, con la primera novela, se convirtió en una voz pública, y encabezaba manifestaciones”.

         Hasta ahí, lo que subraya Eva; me hizo ilusión que me acompañara. Mucho antes de que ella naciera y viviéramos juntos en Inglaterra mi maestro Domingo Pérez Minik me habló de Doris Lessing cuando yo era un adolescente en la isla, y Canta la hierba estuvo entre los primeros libros que él me impulsó a comprar con la insistencia con que los maestros le muestran a sus discípulos el camino de lo que deben ser sus lecturas.

A don Domingo, que había muerto en 1989, le hubiera gustado saber que la hija y el padre habían ido juntos a rendir homenaje a una de sus grandes damas de la literatura en inglés. Y allí estábamos. Hoy me he acordado mucho de aquella mujer esquiva y cálida a la vez, y de aquel anglófilo que me puso a leer hace ahora tantos años.

Canta la hierba, pues, por los dos, por Domingo y por Doris, en este blog que incluye también las entradas que esta semana hice en el programa Hora 14 de la cadena Ser. Entre los asuntos, el merecido premio de las Letras al autor de Antagonía, Luis Goytisolo. Y, cómo no, una referencia amarga a la realidad de Madrid estos días. Parece que al fin ha acabado la basura, pero la secuela que deja, de desidia y de fracaso en el gobierno de la ciudad, arrancan rabia y desolación civil, como si la ciudad navegara sola y no en las mejores condiciones.

 

ENSAYO DEL INFIERNO

Que Madrid lleve tantos días soportando su basura es un ensayo general del infierno. A la ciudad le han estallado sus tripas y sus desechos en la cara; la paciencia suicida con la que la política acepta que esa situación alcance cifras de record indica la falta de pulso con la que se discute en los despachos para arreglar lo que importa en la calle. Lo que pasa es un descrédito para la política y produce una sensación de dejadez que ninguna ciudad se merece.

 

ANTAGONÍA

Luis Goytisolo me dijo un día que él quería medirse con Proust y con Joyce. Su ambición siempre fue la vanguardia, estar antes de que sucedieran las modas. Antagonía  es su gran obra. Pero ahí no se paró, siguió inventando, desde la calle de su infancia hasta las escaleras del erotismo; ha construido una obra que ha merecido ahora el premio de Las Letras Españolas, lo cual lo consagra otra vez como el veterano que es desde que era un adolescente asustado que se explicaba escribiendo.

 

AMOR POR GEORGIA

A unos pasos de la Gran Vía de Madrid se puede ver una crónica estremecedora de la vida. Está en la galería Juana de Aizpuru. Son fotografías de Cristina García Rodero. En 1995 fue a Georgia, la exrepública soviética, con Médicos sin Fronteras, y retrató allí la angustia y el dolor de las guerras, la locura y el aislamiento, y también la risa y el sosiego, la lluvia y la miseria, la juventud y la muerte. Y el hambre. Salí de allí tan conmovido como si hubiera ido a la vez al infierno y a la gloria.

 

VIVA NUNCA MAIS

No sorprende que el regocijo mediático con que algunos han recogido la sentencia que deja sin culpables la tragedia del Prestige haya alcanzado a Nunca Mais, la noble manifestación contra aquel despropósito. Que nadie se extrañe: hace once años, los que ahora atacan a aquellos ciudadanos que gritaron en las calles Nunca Mais fueron zaheridos desde esos mismos medios. Y  han vuelto a gritar desde la madriguera del insulto. Modestamente grito Viva Nunca Mais.

 

 

 

[El texto sobre el último libro de Guillermo Cabrera Infante lo escribí para Clarín de Buenos Aires. A continuación, las ráfagas que bajo el título El revés y el derecho, que viene de un libro de Albert Camus, se emiten cada día en Hora 14 de la Ser. Ahí hay un texto sobre el centenario de Camus y una reflexión sobre los Erasmus, emitido antes de que el ministro Wert recificara].

 El libro más íntimo de Guillermo Cabrera Infante se puso a la venta en España, ocho años después de la muerte del autor de Tres tristes tigres. Es Mapa dibujado por un espía, lo publica Galaxia Gutenberg y estuvo oculto desde que el escritor lo guardó, en torno a 1970, cinco años después de ocurrir lo que él cuenta en este libro desgarrador. Aquí Cabrera Infante, que escribía sus crónicas de cine con el acrónimo G. Caín, describe minuciosamente sus meses en La Habana mientras aún era consejero cultural de la embajada cubana en Bruselas.

         Es un libro sencillo e impresionante; los que hayan leído la prosa veloz, expresiva, calurosa e incluso ruidosa, de su libro más famoso, Tres tristes tigres, se hallarán aquí con un Cabrera Infante melancólico y circunspecto, atravesado por una herida que le duró allá donde fue, en el exilio, hasta su muerte. Él le había dicho a su mujer, Miriam Gómez, que no tocara esos papeles que había escrito poco después de salir de La Habana con sus hijas. Y ella, años después de la muerte de su esposo, tomó el sobre en el que se guardaban esas páginas y se las dio al editor Toni Munné, que las leyó sobrecogido. Miriam Gómez decidió que este libro inédito debía formar parte de las obras de su marido. Todo lo que escribió Cabrera Infante lo tiene a él como materia. Por tanto, esta larga confesión es parte indisociable de su literatura.

         No es un libro en el que aquel Cabrera Infante que nos acostumbró a los juegos de palabras y a la música como vértebras de sus historias se divierta describiendo. Desde que se inicia Mapa dibujado por un espía él se propuso narrar una a una, casi cronológicamente y con un increíble lujo de detalles, todo lo que ocurrió desde que recibió en Bruselas la noticia de la muerte de su madre, Zoila Infante, hasta el momento en que se despide para siempre de La Habana. Lo que sucedió en medio fue un cúmulo de humillaciones que le despertaron a él al conocimiento de la deriva cubana hacia el autoritarismo burocrático y brutal, que lo tuvo a él como rehén. A él y a tantos. Como recibió ese impacto en primera persona, y en ese proceso participaron quienes habían sido amigos suyos, el trauma significó para él un trayecto infernal que sólo podía disolverse, y se disolvió, con la marcha. Y con la escritura.

         Como había hecho en La Habana para un infante difunto, Cabrera Infante se sirvió de su memoria infinita; los detalles más nimios, como la composición de las comidas o los horarios de sus encuentros, se alternan en este libro obsesivamente minucioso con los grandes hechos que perturbaron allí su vida y luego su propia experiencia de la vida. Aquella Cuba que él había contribuido a generar, en tiempos revolucionarios, había decidido usurpar la idea misma de la revolución y ya no era, en 1965, ni la sombra de lo que él y sus amigos habían soñado. Además, sus amigos ya eran otras personas; poco a poco aquel sueño que hubo una vez se convirtió en una pesadilla cuya estratagema era la de aburrirlo atemorizándolo. Estaba ya en su apogeo la política de delación y de denuncia, y él vivía en medio de la tormenta perfecta que el régimen de Castro había organizado para prevenir a los disidentes; en nombre de la revolución, disidente podía serlo cualquiera, siempre que alguien lo hubiera señalado.

         Ese es el corazón del libro, la explicación de cómo se había ido inclinando Cuba hacia el infierno imprevisible que luego se haría famoso merced al caso Padilla; pero Cabrera Infante vivió estos episodios algún tiempo antes y nunca había publicado con tanto pormenor todo lo que está escrito en este libro hasta ahora inédito. Ese pormenor tan obsesivo y tan preciso le da al libro el tono de un exorcismo, como si desnudándose ante la máquina de escribir (algo que ocurría, además, en la realidad física, pues muchas veces escribía desnudo, en el exilio de Londres) pudiera sacarse de dentro los múltiples y tremendos demonios que se quedaron en su interior en aquel deplorable periplo.

         Para los lectores de la obra de Cabrera Infante (que viene publicando completa la citada editorial Galaxia Gutenberg) este es un testimonio escalofriante e imprescindible. En primer lugar, explica la pavorosa experiencia de un ciudadano al que poco a poco la revolución cubana va dejando sin identidad y sin derechos y por tanto explica la procedencia de la rabia melancólica del escritor hacia aquel periodo al que se refiere y que en definitiva tiñe la historia del castrismo. Y es imprescindible porque pone en perspectiva aquel famoso Tres tristes tigres; completa su obra, en realidad, nos muestra ya de cuerpo entero al autor de Cuerpos divinos. Cuando Tres tristes tigres ganó el premio Biblioteca Breve de Carlos Barral, Cabrera Infante aún era diplomático cubano. El libro se iba a llamar Vista del amanecer en el trópico. Después recibió el nombre con el que se hizo tan notorio. Ya no había que celebrar el amanecer que un día pareció que se despejaba en el trópico. Ya Cuba era, para el escritor, para tanta gente que él trató en ese periodo, el triste infierno que va creciendo en Mapa dibujado por un espía, esta despedida que Cabrera Infante hizo de la tierra cuya presencia se le quedó pegada a la piel del alma.

 

ERASMUS

Al final de su vida Semprún me dijo que los Erasmus valen más que lo que cuestan. Para él, que estudiaba aun cuando los nazis provocaron la guerra, esas becas eran la idea de la reconstrucción de Europa. El presidente de Europa, Durao Barroso, dijo ayer que era mejor no recortar de educación. Y al mediodía supimos que España rompía su carnet de los Erasmus. La noticia no puede tener dentro un síntoma más dramático.

 

 

CANAL NOU

La usó sin medida y ahora la cierra. La convirtió en un elemento de propaganda y la puso a disposición de los corruptos. La manipulación a la que fue sometida Canal Nou por el poder político está en la historia nacional de la infamia de los medios públicos. Ahora Fabra dice que no la puede sostener y aprovecha la peor coyuntura de la crisis para pasarla a negro. El Gobierno valenciano no ha tenido escrúpulo alguno de borrar así lo más negro de su propia historia.

 

EL CÍRCULO DE BELLAS ARTES

Este es un aviso. El Círculo de Bellas Artes de Madrid sigue representando la ambición modernizadora de este país. Cultiva el debate, lo fomenta, ha hecho que entre nosotros mejore la calidad de la conversación. Pues bien, ahora se le ha retirado el noventa por ciento del dinero público que apoya su gestión, y aún así resiste. El descuido oficial hacia su existencia me parece un síntoma más del empobrecimiento cultural que vive España.

 

LA IGNOMINIA

Hace treinticinco años fue torturado y asesinado por militares argentinos el padre del actor Juan Diego Botto, que se vino al exilio español con su madre, Cristina Rota. Ella ha enseñado el oficio del teatro a muchísimos intérpretes españoles. Hoy Juan Diego declara en Buenos Aires como víctima de la barbaridad militar que puso a Argentina bajo la ignominia de la dictadura. Él dijo ayer que la justicia tarda, pero llega. Ahora él tiene casi la edad de aquel terrible recuerdo.

 

ALBERT CAMUS

Cien años de Albert Camus. Una literatura que retrata al hombre en su desamparo. El extranjero  es una reflexión moral sobre la culpa. En La peste describió la devastación moral de nuestro tiempo. En La caída enjuició la hipocresía de la justicia. En El revés y el derecho dejó escrito este lema para vivir: “El sol que reinó sobre mi infancia me privó de todo resentimiento”. Un periodista que convirtió la duda en su alimento más radical.

 

 

 

 

Crónicas de la nada y del mundo. 5. Pensar para vivir

Por: | 03 de noviembre de 2013

Peter Sloterdijk dijo esta semana en Santiago de Compostela, y así fue recogido en una excelente entrevista que le hizo para El País Xose Hermida, que a Europa regresan ahora los fantasmas que la destruyeron en el pasado. Tiempo de desencanto y de ira, época en la que el pensamiento hace falta para detener la barbarie. Es, además, la época en la que otra vez necesitamos escuchar voces del pasado, para que nos cuenten en qué piedras ya habíamos tropezado.

Me conmovió leer en Babelia el recuerdo que Miguel Mora, auxiliado por el hijo de Camus, hace del novelista cuyo compromiso con el pensamiento parte de la visión asombrada de la barbarie a la que alude Sloterdijk.

Vivimos en un tiempo de infinito desamparo, otra vez; los seres humanos regresamos a la contemplación asustada de la barbarie, y necesitamos puntos de apoyo, reflexiones con las que ayudarnos en medio de la miseria económica, política, cultural y civil.

Leer, leer, buscar en la lectura el consuelo y la razón del compromiso.

Actuar contra la banalidad es actuar contra el mal. En 1993 redescubrí a Albert Camus, que había sido una lectura imprescindible en mi adolescencia; a esa lectura le debo una de las líneas más sugerentes y que más me influyó entre todo lo que leí entonces, al abrigo de las nubes argelinas de mi propio pueblo, el Puerto de la Cruz.

Escribió Camus: “El sol que reinó sobre mi infancia me privó de todo resentimiento”.

Lo escribió en un texto que él tituló El revés y el derecho. Ahora escribo en la radio una sección que se llama así; en Babelia también se llama así mi intermitente sección de lecturas viejas, y así, El revés y el derecho, se titula también la serie de cartas que cada semana nos enviamos a través de Diario de Avisos mi amigo Juan Manuel Bethencourt y yo. En este blog de hoy incluyo la carta que le envié a Juan Manuel (la suya está en la web del citado periódico, y estará en twitter) así como mis habituales ráfagas en el programa Hora 14 de José Antonio Marcos en la Ser.

 

 

PENSAR PARA VIVIR

Me alegra mucho que me lleves hoy, querido Juan Manuel, al terreno del ensayo, en el que te instruyes con tanto provecho, y me alegra mucho de que lo hagas en un periódico. Observo con cierta inquietud que hay cada vez menos referencias a los pensadores en la prensa diaria; a pesar de que nos hacen tanta falta los prescriptores de ideas, los que las amasan para que los demás nos acerquemos a ellas, para debatirlas o para deglutirlas, cada día los periódicos y los demás medios se preocupan más de la creación y, muchas veces, de la dialéctica de la nada, de las declaraciones y de las contradeclaraciones. Estamos contribuyendo mucho desde la prensa a esta época insustancial en la que vivimos, preocupados más por los dimes y diretes que por las ideas que pueden conmovernos y mover el mundo; y esa culpa la están pagando los ciudadanos políticos y los ciudadanos periodistas en primer lugar, pues ellos tienen (tenemos, tú y yo, por ejemplo) la obligación de ir al fondo de las cosas. En lugar de ello, la falta de pensamiento nos conduce a la superficie de casi todo. En ese estado de complacencia nos halló la crisis, y cuando ésta acabe seguiremos sonriendo como bobos, a la espera de que alguien piense por nosotros. Así que me alegro mucho de que reivindiques el ensayo, y que pongas en primer plano ese de Volpi, precisamente. Lo leí hace algunos otoños, me llevó a pensar, precisamente, en la capacidad que tienen los narradores (tú los citas: Semprún, Muñoz Molina, el propio Volpi) para expresar testimonio de su tiempo, narrando precisamente lo que ven para que el resultado de esa crónica se convierta en materia de pensamiento y de discusión. En cierto modo, esos son ensayistas impresionistas; sus impresiones explican la desazón del siglo XX, que hemos heredado multiplicada en el siglo XXI. Sigue leyendo, y sigue instruyéndonos, querido ensayista.

 

 

LAS PALABRAS Y EL DOLOR

En la tremenda situación de la muerte las palabras dicen poco. Ha pasado ahora en León: el aire venenoso acabó con la vida de seis mineros. José Hierro reclamaba ante hechos así el respeto del silencio, las palabras no valen. Y César Vallejo, tiempo antes, expresó así el escalofrío: “Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza. ¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora”. Lo dicen los poetas, ante la situación tremenda de la muerte el recuerdo es un abrazo, dolor en silencio.

 

CHIRINO Y GIBSON

Dos artistas ocuparán hoy salas del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Uno es Martín Chirino, 87 años, es uno de los escultores  más importantes del mundo, sigue golpeando el hierro. El otro es Ian Gibson, el irlandés que se enamoró de Lorca y de la generación del 27. La escultura de Chirino nace del suelo y se convierte en viento. Gibson bautiza su monumental libro sobre Buñuel. Los dos trabajan en silencio. Hoy merecen el foco.

 

CALLAR AL QUE INFORMA

Pasó en España, en 1997. A Aznar no le gustó cómo informaba sobre su gobierno el grupo en cuya radio hablo ahora y trató de arruinarlo, metiendo además a sus directivos en la cárcel. En Argentina, a la presidenta Kirchner no le gustó cómo informaba el grupo Clarín acerca de su acción de gobierno y legisló para desguazarlo. Ahora está a punto de conseguir su propósito: callar al que informa, para gobernar sin oponentes. Modos de atentar contra la democracia. 

 

 

VIVA LA RADIO

Escucho siempre la radio. Oí a Francino hablar en La Ventana con los ganadores de los Ondas y evoqué mi experiencia de oyente de la radio. Más de medio siglo oyéndola, abriendo mi vida al mundo gracias a lo que oía en la vieja radio que mi padre trajo a casa, agarrando el alambre de la antena con los dedos de los pies para que sonara mejor. Oír la radio es fue lo más grande que le pasó a mi vida. Gracias a los que la hacen, premiados o no.

 

 

OJALÁ EL PERIODISMO

Hablé con estudiantes de periodismo, quieren ingresar en este oficio en tiempos turbulentos. Escasea la publicidad, es difícil la vida de los quioscos. A los estudiantes les dije que es, sin embargo, el mejor momento para prepararse, porque después de esta nube negra el periodismo será mejor, y ellos serán los que lo hagan mejor. La sociedad no permitirá que se rompa su espejo. Como decía Albert Camus, vale la pena vivir para este oficio.

 

 

Fue la semana en que mi tierra, Tenerife, y su capital, Santa Cruz de Tenerife, celebró el cuarenta aniversario de la primera exposición internacional de arte en la calle, que concentró en la ciudad un gran número de esculturas de distintos artistas españoles, europeos y americanos. Aquella concentración de arte fue entonces una explosión que hacía presagiar una continuidad que no se produjo a pesar de los esfuerzos de los organizadores y promotores, los integrantes de la Comisión de Cultura del Colegio de Arquitectos de Canarias.

Ahora, cuatro décadas más tarde, la generosa aportación de la Fundación La Caixa y la Fundación Henry Moore (que ha enviado a la isla nuevas obras del gran escultor del siglo XX) han revivido aquel acontecimiento, al que desde hace algún tiempo el Ayuntamiento de la ciudad presta una atención que en otras épocas se ahorró. A ese acontecimiento dedico la carta que semanalmente me cruzo con mi colega Juan Manuel Bethencourt en el Diario de Avisos. Su respuesta se puede leer en la sección de Opinión del citado periódico insular y en Twitter. De resto, ahí van también mis comentarios en Hora 14 de la cadena Ser. Esta semana incluyo dos recuerdos a dos músicos, Manolo Escobar y Nacho Sáenz de Tejada; de este último tengo una larga experiencia personal, pues fue amigo y compañero en mi periódico. Una enfermedad fulminante se lo llevó. Mi recuerdo está aquí y es imborrable.

 

 

LA ESCULTURA EN LAS CALLES DE SANTA CRUZ

 

Hace cuarenta años un joven periodista isleño que no eras tú, pero que podrías haberlo sido si hubieras estado ya entonces en el oficio, contemplaba con asombro y fascinación profesional el esfuerzo generoso de un grupo de profesionales a favor de una idea que parecía una locura.

Aquella idea, que era verdaderamente una locura, iba a ser la I Exposición Internacional de Escultura en la Calle, que convertiría a Santa de Tenerife en la capital del mundo del arte en la calle. Nació esa idea en el seno de la Comisión de Cultura del Colegio de Arquitectos de Canarias. Nombrar a uno solo de los numerosos profesionales que trabajaron en la arquitectura de esta insólita y atrevida iniciativa sería injusto con todos, porque todos arrimaron el hombro, con un objetivo, el de hacer partícipe a la ciudad de los beneficios del arte, de la durabilidad de la apuesta estética que constituía ese conjunto de esculturas de artistas muy diversos que, a su vez, manifestaron con generosidad su disponibilidad y su apoyo.

Suelo decir que los proyectos más duraderos de los que ha habido en las islas recuerdo Los Sabandeños, la Fundación César Manrique y el Instituto científico que propulsó en la Universidad de La Laguna el profesor Antonio González. La I Exposición Internacional de Escultura en la Calle debería estar en esa lista de proyectos importantes que han vencido la clásica indiferencia hacia lo que aquí nace y es importante.

Ahora, ya ves, nuevas obras de Henry Moore se incorporan a las esculturas que ya había, gracias a la iniciativa de las fundaciones Moore y Caixa, y a la receptividad del Ayuntamiento. Es una noticia que marca la conmemoración de estas cuatro décadas. Santa Cruz mira ya hacia aquella locura con la sensatez que merece; ojalá convierta lo que entonces fue una idea feliz en una realidad permanente. Aquello fue concebido como un regalo a la ciudad. Yo estaba allí, se me olvidaba decírtelo.

 

LA LENGUA DESCUIDADA

 

En los congresos de la Lengua se dice siempre que al español lo defienden los maestros y la lectura. En este que se celebra en Panamá se ha vuelto a decir. Es lógico. Lo que no parece lógico es que al tiempo los estados en los que se habla español, incluida España, se disminuyan los horarios de lectura y de enseñanza de la lectura. Como eso es así, esa preocupación que siempre se expresa me parece, con perdón, una expresión de hipocresía.

 

HABLAR CON LA MÁQUINA

El progreso parece que es hablar con máquinas. Me pongo en el lugar del progreso y llamo a la seguridad social. No hay otro modo de comunicarse para una cita que a través de teléfonos en los que te responden mensajes grabados. Después de doce intentos padezco la desesperación del que se siente incapaz de aguantar que la voz que le indica qué tiene que hacer jamás emita ni un suspiro ni una ayuda más allá que la que está al alcance de los números que exige.

 

VIVAN LAS ESCUELAS LAICAS

 

El educador Francisco Ferrer i Guardia fue fusilado el 13 de octubre de 1909 por sus ideas libertarias. Antes de que los soldados le apuntaran, aquel hombre de 50 años, gritó ante el pelotón: “No tengo miedo a la muerte. Vivan las escuelas laicas. Vivan los niños”. Cuando yo era un niño capaz ya de retener lecciones de mi madre me contó ese episodio de la vida de la educación libre en España y en el mundo. Hoy amanecí recordando a aquel discípulo de Rousseau.

 

 

EL PREMIO DE MUÑOZ MOLINA

Hoy [viernes26 de octubre] recibe Antonio Muñoz Molina el premio Príncipe de Asturias de las Letras. En 1981, tras el golpe de Estado, José Hierro recibió el primero de esos galardones que llevan el nombre del heredero, ante el que el que poeta pronunció un resonante discurso civil. Tantos años después le hablará otro escritor comprometido con lo que pasa. El libro Todo lo que era sólido de Muñoz Molina es una reflexión inquietante, un gran poema civil, sobre este atribulado país.

 

NACHO

Una enfermedad fulminante acabó el último domingo con la vida de un hombre dulce, radical y justo que contribuyó además a hacer mejor la música española de este trozo de siglo. Era Nacho Sáenz de Tejada. Era crítico de música, productor, condujo el gusto y aconsejó a artistas para que fueran mejores. Trabajé con él en EL PAÍS y dejó en mi el ejemplo de su voluntad para entender y para hacer entender, sin estridencias, sabiendo que cuanto más se sabe mejor se dice. Nacho. Quién iba a decirnos que un día ese nombre se iba a pronunciar en pasado.

 

EL ADIÓS A MANOLO ESCOBAR

El último jueves supimos que había muerto Manolo Escobar, 82 años de vida. Hizo bandera de una música, la música popular española, que defendió con alegría e insistencia incluso en tiempos en que ya solo se bailaba en las fiestas de los pueblos. Detrás de esa capacidad suya para convertir la copla en una expresión del sentimiento había un ser consciente de la importancia de otras disciplinas artísticas, como la literatura o la pintura, y era un buen lector y un gran conocedor del arte. Probablemente fueran las distintas pasiones que alimentó las que lo convirtieron también en un ser que tuvo amigos en todas partes.

El discurso de Muñoz

Por: | 26 de octubre de 2013

Hay una virtud, entre otras, en el discurso de Antonio Muñoz Molina ante el príncipe de Asturias en la recepción del premio que lleva el nombre de éste.

    Fue un discurso sobre el oficio de escribir y culminó con una reflexión sobre el oficio de vivir. En el aliento de esas palabras está la más antigua preocupación del ciudadano: cómo puede vivir solo y sin los otros, cómo puede crear, o trabajar, sin tener en la mente la circunstancia que hay alrededor, la miseria, el desempleo, la crisis que se lleva por delante la ilusión, la esperanza de tantos.

    En la relación que ese discurso del escritor tuvo con el propio discurso de Don Felipe transitó la figura pensante de Miguel de Unamuno, alertando sobre la perniciosa vocación de soledad, de soledad fratricida muchas veces, que ha alentado en el alma de España con perniciosa frecuencia.

    Muñoz Molina (cuya literatura fue glosada con estimable profundidad por el heredero, que habló de "la literatura de Muñoz", y es raro oírlo, porque uno asocia siempre en este caso a Muñoz con Molina) es un escritor comprometido con su oficio y con su tiempo; como se lee en sus libros (léase el último, Todo lo que era sólido, Seix Barral) y en sus columnas, ese compromiso no viene solo de lo que se asocia al oficio de escribir, sino al oficio de vivir; en ambos se requieren actitudes y virtudes relacionadas con el vigor cívico, con el rigor en el manejo de los materiales imprescindibles, la imaginación, pero también la observación de la realidad, y además el análisis de la realidad para intervenir en ella, para cumplir el reto camusiano de afrontar la escritura como algo mucho más profundo, más radical, que el simple arte de comunicar lo que siente el alma o lo que ésta percibe como literatura.

    Igual que hizo José Hierro, al que aludió, cuando el poeta recibió este mismo premio tras el golpe de Estado de entonces, y ante el mismo Príncipe, que entonces se estrenaba en público, el escritor manejó su desconcierto ante lo que les sucede a millones de ciudadanos como él que no tienen trabajo y que además no consiguen darle sentido a la esperanza de vivir.

    El escritor Muñoz Molina y el ciudadano Antonio Muñoz Molina juntaron, como en su caso sucede siempre, el compromiso de escribir y el compromiso de vivir para mostrar las virtudes y las incertidumbres de un solo oficio, el de la ciudadanía. Como él dijo, escuchándole estaban sus hijos, que no conocieron su tiempo, y que por tanto no conocieron tiempos peores, y su madre, doña Antonia, que sí conoció tiempos mucho peores. Vestida de rojo, sonriente, me fijé en ella mientras hablaba su hijo. En realidad, el escritor estaba ahí enviándole una carta a ella, a sus hijos, desde su tiempo, al pasado y al futuro. Quien conozca la raíz de su escritura sabe que ahí habló no solo el literato sino el ciudadano que es el autor de El viento de la luna. Me di cuenta la emoción que había escuchándole en un palco preciso (donde estaban su mujer, Elvira Lindo, sus hijos Antonio y Arturo, su hermana Juani), y me fijé en cada uno de sus rostros. En cada uno de ellos había una parte de la historia que él fue contando aunque en un caso hablara de literatura y en el otro hablara del reto de vivir.

EL RUMOR, EL MORBO Y EL ARGUMENTO

Cuando recopilo estas intervenciones que hago a diario en el programa Hora 14 que dirige José Antonio Marcos en la Cadena Ser escucho precisamente en esta emisora, en el programa A vivir que son dos días que tiene a Javier del Pino como director, un debate muy interesante sobre uno de los principales males del periodismo español: el sensacionalismo. Partieron del caso de la niña de Santiago, Asunta, y recorrieron diversos periodistas con distintas responsabilidades o experiencias profesionales y a partir de esos ejemplos desmontaron las bases mentirosas en las que se sustenta la defensa aviesa del sensacionalismo.

En general, lo que se dice es que esos tratamientos informativos (el de la citada niña, el de Marta del Castillo, el de las chicas de Alcásser, el de Vahninkof…) importa al público: La razón es que el público ve, lee y escucha todo lo que tiene que ver con cada uno de los elementos del caso, sean estos especulaciones o rumores.

Contaron estos compañeros (Xosé Hermida, Elena Sánchez, Pedro Costa, Gervasio Sánchez…) detalles espeluznantes de lo que periodistas de cierto nivel, reputados en función de la audiencia que obtuvieron u obtienen, fueron capaces de aportar o sugerir para situarse en lo alto de los shares de audiencia. Vergüenza de oficio que es capaz de destornillar lo básico (la verdad, el respeto a las personas) para sintonizar con lo peor del instinto humano: el morbo ante la desgracia.

Me alegró que hicieran ese programa en A vivir… Y me avergonzó una vez más comprobar la sustancia de ese periodismo al que descalificaron con tanto argumento estos colegas.

 

Y ahora, esas intervenciones diarias, a las que hoy añado un texto que publiqué en Diario de avisos de Tenerife, dentro de mis habituales diálogos con el periodista canario Juan Manuel Bethencourt. La conversación entera está en mi twitter (@acosmejuan). El texto es un homenaje a Madrid, hermosa ciudad con la que fui desconsiderado en uno de mis comentarios anterios.

 

 

ME GUSTA MADRID

 

Madrid me gusta. No tiene mar, ese es un problema. La gente habla muy alto, ese es un problema que comparte con toda España (o con casi toda: los catalanes hablan más bajito, como los vascos y como los gallegos; no es comparación, es comprobación). Los canarios hablamos altísimo. Estamos acostumbrados a hablar en los bares, por ejemplo, donde la acústica es insoportable, y gritamos para cualquier cosa como si fuéramos tertulianos. Pero me gusta Madrid. Tiene buen aire, han mejorado sus bares, algunos barrios se han embellecido por dentro más que por fuera. Malasaña tiene unas librerías y unos bares en los que da gusto estar. A pesar de la piqueta de la crisis, cafés antiguos, como el Gijón o el Comercial, siguen existiendo, tan acogedores como siempre. El Museo del Prado vale una ciudad y mucho más que un país, un mundo. Y aquí está el Guernica de Picasso, en el Reina Sofía, como testimonio de la tragedia que destrozó aquel pueblo vasco y que aún mantiene en vilo la memoria española. Un respeto para Madrid. Pasa por malos momentos económicos, administrativos y políticos, pues creo que quienes llevan sus riendas no están a la altura de su historia ni de sus esperanzas. Es una pena, pero de esa saldrá Madrid. Madrid, qué bien resiste. Ahora Madrid está en una dura batalla por ser lo que quiere ser y por dejar de ser aquello en lo que la han convertido: en una ciudad mustia y cansada. Pero si miras en el subsuelo de Madrid (donde acaso está su altura) verás músicos, actores, jóvenes escritores y viejos escritores, gente que siempre hubo en una ciudad así haciendo lo que le da la gana para convertir Madrid en algo distinto de lo que parece en la superficie. Una ciudad de gente que no se rinde. Como en Grandola, aquí te puedes encontrar en cada esquina un amigo, y en este caso ese amigo, querido Juan Manuel, soy yo mismo, que te abraza desde Madrid a punto, por cierto, de irme a Tenerife.

 

 

 

 

 

POETA MONTALBÁN

Creó paradojas, como esa frase, “Contra Franco vivíamos mejor”, juntó la música popular con la historia y fabricó un “manifiesto subnormal” que fue la proclamación camp más atrevida de la cultura española bajo el franquismo. Escribía como si no hubiera tiempo que perder y adivinó, en un poema escalofriante, su propia muerte en algún día ansioso de Bangkok. Y en Bangkok murió Manuel Vázquez Montalbán tal día como hoy hace diez años. Inolvidable poeta, querido periodista.

 

HACER OPACA LA CULTURA

A raíz de la desgraciada descalificación del cine español hecha por el ministro de Hacienda se ha reavivado el debate sobre si la cultura debe recibir subvenciones o no. Es un subterfugio. Lo que quieren es instalar en el cerebro de la gente la idea de que la cultura es superflua. Por esa vía llegarán a descalificar la escuela, porque no es rentable, o la salud, porque para qué la necesitan ya los que ya están muy enfermos.

 

VERGÜENZA DE LA TALIDOMIDA

Un periodista británico obligó al Gobierno de su país y a la empresa que fabricó la talidomida a indemnizar a los afectados por este medicamento. Ese periodista se llama Harold Evans, dirigía entonces el Sunday Times. Ahora en España se juzga el caso de la talidomida. Da escalofrío pensar que hace cuarenta años los ingleses juzgaron ya a los que allí difundieron esa medicina y aquí hemos tardado una eternidad en recompensar a los que en España padecieron ese desastre.

 

MIRADA CLARA

Clara Sánchez dijo anoche, al celebrar el Planeta, que durante años su padre le preguntaba por qué ella no ganaba ese premio. Su padre murió este año, no la ha visto ganar. La escritura es una pasión y es la ilusión de otros. La explicación que dio Clara de su alegría es en sí misma un relato, una dedicatoria y un homenaje. González Sinde, la finalista, dice que la escritura la sacó del bucle político. Escribir, decía Bellow, te salva o te redime. Miren qué razón tenía.

 

VIVA VALLE

A este país se le ha caído la autoestima. Cuidado. Para elevarla hay que mirar la cartelera, aunque no lo hagan los ministros. Acaban de estrenar en el Teatro Español una versión extraordinaria de Tirano banderas, de Valle Inclán. Comprobar que España tiene un autor así, tan moderno, tan estimulante, y tan salvaje, es una buena noticia, aunque Valle tenga ya tantos años. Pero hay que agarrarse a lo que tenemos para que el ánimo no se despeñe. Vayan al teatro, verán la vida en vivo.

 

Fue la semana en la que Alice Munro volvió a ponernos a leer cuentos; la vida es como sus historias, delicada y brutal, cruzada por el espanto que reside bajo el aparente sosiego. De esas cuestiones trató, entre otras, mi semana en la radio. Estos son los comentarios de estos días en Hora 14. El de Alice Munro está ampliado para este blog.

 

ELEGANCIA EN LA TRAGEDIA

Escribe como si la soledad de los hombres (y de las mujeres “descontentas de su destino”, dice Elvira Lindo) pudiera reflejarse más en el silencio que en las palabras, como si la tragedia se pudiera adivinar mejor por los susurros que la alimentan. Los sucesos parecen cotidianos, minúsculos, y de pronto se sabe que ella está alumbrando el asombro. Como en los cuentos de algunos que podrían ser sus discípulos, Raymond Carver o Jumpa Lahiri, lo que pasa no está ocurriendo en realidad, hasta que surge la catástrofe, que es un latigazo verbal, una insinuación que rasga como los cuchillos de Borges, que es también, por así decirlo, parte de su escuela, donde ayer la situó Javier Marías. Esa escritura se parece a la propia mirada de Alice Munro: suave e implacable a la vez, lejana pero también delicadamente cercana. Sus historias son simples e inquietantes, como los cuentos que no se atrevían a contarnos cuando éramos niños. En el mundo que creó Chejov ha habido cuentistas como ella, pero hasta ahora el Nobel miró para otro lado. Onetti, por ejemplo, estaría feliz de saber que alguien que también usa sus materiales de inteligente intriga atraviesa las paredes académicas de Estocolmo. “La dureza brutal” (es lo que dice Muñoz Molina sobre la esencia de sus historias, la infancia) de esta escritura limpia, breve, clara como “un vaso de agua”, es un escalofrío y una metáfora de un mundo en el que la tragedia es lo que se susurra.

 

NOCHE DE LAMPEDUSA

Hace años un emigrante albano fue expulsado de las costas de Italia, con miles de compatriotas suyos. Él dijo, cuando le preguntaron qué sentía: “No importa, ya vi las luces de Brindisi”. Ahora cientos de africanos murieron tratando de llegar a la costa de Lampedusa, huyendo de su miseria. Uno de los que trató de rescatar a los moribundos contó cómo le miraba una mujer mientras se hundía perdida ya para ella la luz de Europa. Con qué miseria apagamos la esperanza. 

EL CADÁVER DEL LIBRO SIGUE VIVO

Te hablo desde la Feria del Libro de Fráncfort, la más grande de la industria editorial. En 1996 aquí precisamente se certificó la inmediata muerte del libro. Y ya ves, sigue vivo. Como escribía César Vallejo en su poema, el cadáver sigue muriendo. Hay un cierto regocijo en los agoreros. El libro no va a morir, se ve aquí, en Fráncfort, donde una vez se adivinó su muerte. Los editores se están preparando, en todo caso, para la resurrección. El libro siempre resucita.

EL PODER DE LA MAQUINITA

Uno de los grandes hallazgos de la humanidad es Internet. Es, dicen, la gran biblioteca del mundo. Mientras eso se afirma, nuestro gobierno desnutre las bibliotecas públicas, no porque hayan dejado de ser vitales para la educación de los ciudadanos, sino porque no merecen la atención del dinero público. En la era de la sabiduría global vamos a ser cada vez más analfabetos, y todos tan contentos dándole a la maquinita para que cobren los que fabrican las maquinitas.

LA OSCURIDAD NO SERÁ ETERNA

Una vieja editora inglesa me preguntó en Fráncfort cómo aguantaban los jóvenes españoles el paro que los manda fuera de este país o los mantiene aquí desesperados. Una joven me preguntó ayer en Ciudad Real, donde se celebra el Foro de la Juventud, qué debían hacer, si luchar o desistir. En estas circunstancias, lo revolucionario es luchar y seguir estudiando, actuar y prepararse para saber más. Dar guerra. Esta oscuridad no puede ser eterna.

 

 

Crónicas de la nada y del mundo. 1

Por: | 07 de octubre de 2013

Los músicos de la calle

Lamentable imagen: un tribunal madrileño va a decidir qué músicos van a a poder tocar en el metro y en las esquinas de la ciudad. Ayer EL PAÍS explicó en varias páginas cómo se deteriora la ciudad, cómo se empobrece. Este es un factor más: convertir al músico en un reo posible; alguien explica desde el estrado quién puede, quién no puede cantar en la calle. A veces la música es sólo un rasgueo, la explicación poética de una impotencia, el primer grito de alguien que no sabe, o no puede, decirlo de otra manera. Se instaura un régimen de escuchas y se destruye la posibilidad de la música. Madrid no sabe qué hacer para ser peor, una ciudad menos abierta, más desconfiada, obligada por la burocracia a ser más aburrida y más rígida. Hay algo que pasa, también: se están cerrando quioscos, los periódicos son pájaros que ya no pueden piar; a la crisis de la prensa se ha unido la crisis de los que venden prensa. Cuando no se venden periódicos las sociedades están explicando mucho más que lo que parece. Ahora Madrid ha querido expresar, desde la música, que no tiene ni idea de lo que significa cantar también en tiempos oscuros. Acabo de llegar y ya me quiero ir de nuevo.

Lampedusa

Siguen llegando noticias terribles de Lampedusa, donde desembarcó la tristeza nombre a nombre, persona a persona. Una tragedia no es una tragedia, es cientos de tragedias cuando hay cientos de nombres de personas en la lista de los damnificados. Pero aunque fuera uno solo, una sola persona, la tragedia sería multitudinaria, porque apunta al corazón de la humanidad. Hemos convertido el mundo en una posibilidad incesante de tragedia; la primera es la desigualdad, la opulencia se sienta en una mesa de la que se despeñan mendrugos de pan. Al otro lado del mundo, muy lejos de esa mesa, millones de seres humanos no saben qué es el pan caliente. La consecuencia es lo que ocurre en las aguas de Lampedusa. No es una metáfora literaria, es la herida del mundo que de vez en cuando no se puede soportar y surge en la frontera misma de la mesa de los opulentos.

Hay de Segovia

Antes de irme --estuve en Argentina, ahora me voy a Fráncfort-- estuve en Segovia, en el Hay, el festival literario que junta a gente de todas partes para hablar de libros de una manera insólita: serenamente, cordialmente, como si el diálogo no se hubiera acabado en el festival anterior y se siguiera luego. Esta es la primera sensación que tuve en los primeros Hay a los que acudí. Los escritores suelen ser reacios a hablar con otros escritores, se les suelta más la lengua cuando tienen enfrente a periodistas, o cuando éstos se sitúan en medio para hacerlos hablar con sus colegas. Esa es mi impresión. El Hay --Peter Florence, Cristina Fuentes, su equipo...-- ha tenido en cuenta este rasgo y ha inaugurado una manera de hacerlo con enorme éxito, en Europa, en América, en África... La gente de mi generación ha vivido pendiente de las entrevistas de prensa o de revistas para ver qué dicen los autores. Desde el Hay, hay que vivir pendiente de lo que dicen en el Hay los escritores de las nuevas generaciones. Es una enciclopedia literaria peripatética que siempre acaba con dos rosas blancas, las que anuncian que es hora de acabar el diálogo. Me parece que es uno de los mejores inventos de este mundo raro que protagonizan los escritores en el uso de la palabra.

Las luces de Brindisi y la semana de la vergüenza

Por: | 05 de octubre de 2013

Esta semana más de trescientos emigrantes africanos perecieron en las costas de Lampedusa, Italia. El papa Francisco dijo que le venía a la cabeza la palabra vergüenza. La humanidad no para de tener motivos para la vergüenza. Hace años un emigrante albano exclamó, tras ser expulsado de la costa italiana en virtud de las normas despiadadas de la Unión Europea y de Italia: "No importa, ya he visto las luces de Brindisi". Lo contaron Jorge Semprún y Juan Cueto: esa expresión, "las luces de Brindisi", explicaba la desolación y la esperanza, la esperanza desolada de quienes no teniendo nada arañan la posibilidad de trasladarse adonde hay poco para poder subsistir. Son las luces de Brindisi las que persiguen estos desesperados que ahora, por ejemplo, han muerto a las puertas de Lampedusa. Vieron la luz y luego la muerte. Vergüenza, dice el papa. Vergüenza. Aquí les dejo, por otra parte, la secuencia de mis breves comentarios diarios en Hora 14, el programa de José Antonio Marcos en la cadena Ser.

LEJANIA

Decía el irlandés Samuel Beckett que un isleño jamás abandona de verdad la isla. Lo recordé en Tenerife esperando cinco horas a que despegara del aeropuerto de Los Rodeos el avión de Air Europa que debía llevar a cientos de pasajeros a Madrid. Las islas no son solo un estado mental; están lejos, y cuando los aviones fallan y se produce un retraso así, además sin alternativa, no hay que maldecir la distancia sino el hecho cierto de que haya cada vez menos vuelos entre Canarias y la Península.

FALSAS AMISTADES

Hay ahora tanta apelación a la amistad, desde Facebook, desde twitter, desde los programas rosa de la tele, que se pensaría que estamos en un momento de gloria. Por esos medios se hacen amistades de la consistencia del agua, se derraman en cuanto se declaran, pues no se basan en otra cosa que en la cantidad. La amistad es ahora un negocio para esos medios. Nos convencieron de que estamos solos y hemos caído como moscas en las falsas compañía.

TANTA LUZ

Ahora nos han cambiado la hora. Estamos sin luz, nos ponen más luz. De la luz verdadera, de la luz del día. No sé por qué esta insistencia mundial en que tengamos más claridad cuando ilumina tanto lo oscuro. Benedetti tiene ese hermoso poema sobre la mujer bella y en lo oscuro. El otoño trae estas cosas: es la estación más melancólica del año y le quitan desde temprano su seña de identidad. El otoño es oscuro, para qué lo queremos iluminar.

LA VERGÜENZA

Un ministro franquista de la Vivienda, Vicente Mortes, se indignó cuando vio, hace cuarenta años, cómo estaban las viviendas de un barrio canario. Exclamó: “Se me cae la cara de vergüenza”. Su jefe de prensa, un papista, trató de disuadir a los medios de publicar esa expresión. Mortes diría luego que eso fue lo más digno que dijo siendo ministro. Ahora han tratado de eliminar lo que dijo Rajoy en una entrevista norteamericana. Los políticos están rodeados de papistas.

LO QUE FUIMOS

Fueron revolucionarios pero no tan solo por el pelo. Dejaron en la música algunas apelaciones a la nostalgia, Yesterday, y a la locura, Straberry fields forever, pero sobre todo explicaron que la música era un camino para la rebeldía y para destrozar la seguridad de los pulcros. Los Beatles. Ahora vuelven, en la colección que anuncia EL PAÍS, y en la película feliz que estrenará David Trueba. Quizá nos guste recordarlos porque representan lo que una vez nos puso en el camino de lo que queríamos ser.

 

Los Beatles y el cansancio del siglo

Por: | 30 de septiembre de 2013

El siglo XX nació cansado y, en el caso de España, triste y amodorrado. Avanzó en manos de las guerras, una de las cuales nos afectó en el corazón y en la sien, y dañó la facultad de pensar y de ser. En el mundo, mientras tanto, la costumbre se convirtió en un antídoto ante la sorpresa terrible de las invasiones y de los asesinatos.

Cuando ya se hizo irrespirable ese hábito de vivir tristes, cerrando y abriendo conflictos a la vez, ocurrieron algunas cosas que desembocaron, por ejemplo, en las pintadas que inauguraron la playa hallada bajo los adoquines del 68.

Mientras tanto habían elegido a un papa simpático y popular, Juan XXIII; se había inaugurado, para romperse en seguida, la esperanza de Cuba, y todos teníamos en las habitaciones el poster del Che junto a un retrato mojado de Brigitte Bardot. Mataron a Kennedy, es verdad, y nos dieron algunos días libres en este país que no renunció a la caspa a pesar de que el verano tibio nos trajo a los turistas.

En esta atmósfera vinieron los Beatles (literalmente, vinieron a España, y descansaron en mi pueblo, Tenerife, por ejemplo; Lennon vino a rodar a Almería, además).

Ahora algunos consideran (siempre hay precipitados del juicio lento) que aquella fue una música domesticada. Al contrario, vista en el momento exacto en que empezó a existir fue una combinación sabia, casi arriesgada, de melancolía y transgresión; glorificó la libertad de recordar (Yesterday es una buena memoria) y de romper (Strawberry fields forever inauguró la psicodelia de Hoffman llevada a la música, antes de Pink Floyd), hicieron cine y baile, e inundaron el mundo de un símbolo que ahora es tonto y que entonces era como abrirle una cicatriz a una sotana: el pelo largo.

Estaba tan cansado el siglo que hasta lo más simple parecía una ventana abierta. Hasta el origen de los Beatles era simbólico: de una cueva salió la luz, como en los recuentos metafóricos de Platón, y además salió esa luz en Liverpool, que no era nada más que un agujero oscuro en aquella Inglaterra a la que la guerra la dejó preguntándose por el porvenir de su empobrecimiento. Fueron recibidos, es verdad, por Su Majestad La Reina, pero ellos se burlaron de lo más alto y de lo más solemne, como harían después los Monty Python por otros medios, igualmente sarcásticos.

En ese sentido jamás me olvido de una escena larga de Qué noche la de aquel día, que parecía concebida para los hermanos Marx y que protagonizaron ellos. La broma terminaba lanzando por el váter de un tren al caballero gris que simbolizaba ahí lo rancio de Inglaterra.

Hicieron que Londres fuera swinging (y con qué genio hizo Guillermo Cabrera Infante el retrato del ascenso y el descenso de esas calles, Carnaby St sobre todo) y que todos nos pusiéramos a cantar como si el siglo se hubiera despertado para siempre. Luego no fue cierto, el siglo siguió muriendo, como el cadáver en el poema de César Vallejo, pero qué feliz pareció el tiempo en que la música de los Betales nos convención de que hasta la melancolía era un ritmo moderno.

Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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