La Doctora Shora

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Bajar o no bajar la fiebre, he ahí la cuestión

Por: | 13 de enero de 2012

FiebreDurante mucho tiempo, bajar la fiebre ha sido casi un dogma de fe incuestionable en nuestra sociedad y aún lo sigue siendo en muchos ámbitos. Cuando la temperatura del termómetro se eleva, amenazador, por encima de los 37 ºC se convierte automáticamente, para muchos, en dos cosas: En una señal de peligro y en el pistoletazo de salida para rebajarla cuanto antes (con los omnipresentes y socorridos paracetamol e ibuprofeno).

Nuestra cultura muestra una arraigada aversión a la fiebre y, cuando hablamos de padres primerizos, esta aversión puede convertirse en una verdadera fiebrofobia, de la cual son muy conscientes los pediatras. En buena parte, ello se debe a que detrás de la fiebre existen muchos mitos terroríficos que implican, sobre todo, a los más pequeños. El principal mito y que más miedo deja a su paso es el mito de que la fiebre puede provocar un daño cerebral grave e irreversible (algo que no ocurre salvo a temperaturas muy elevadas, por encima de 42º C). El otro mito terrorífico es la supuesta capacidad de la fiebre para provocar graves convulsiones (de producirse, son leves y suelen aparecer con fiebres bajas y, además, el tratamiento de la fiebre no las previene).

Pese a todo lo anterior, entre los profesionales médicos se está extendiendo más y más una posición racional y científica ante el tratamiento de la fiebre, lejos de los miedos sin fundamentos y generalizados en torno a ella. Los estudios clínicos comparativos sobre las ventajas y desventajas de tratar o no la fiebre se incrementan con los años y la información de la que se dispone para actuar es mucho mayor. A la vista de lo que se sabe, ¿se debe o no se debe combatir la fiebre?

 

Lo primero que debemos tener en cuenta sobre la fiebre es que es un mecanismo de defensa natural, que se produce, casi siempre, en respuesta a una infección en el que los microbichos habituales suelen ser principalmente los virus y, con menor frecuencia, las bacterias. Por tanto, la fiebre en sí misma no tiene por qué ser mala, ni muchísimo menos. De hecho, múltiples estudios constatan que dificulta la proliferación de virus y bacterias y que mejora la respuesta del sistema inmune desde diversos frentes.

¿Podría ser, entonces, que tratar la fiebre fuera, en realidad, peor que no tratarla? Los resultados que están ofreciendo los últimos estudios científicos sobre el tema reflejan que, por lo general, la utilización de tratamientos contra la fiebre no acorta la duración de la enfermedad y que existe, además, el riesgo de efectos adversos. En cuanto a mortalidad, en estudios experimentales con animales, por ejemplo, sabemos que el uso de antitérmicos eleva el riesgo de muerte (en tratamientos contra la gripe y en tratamientos frente a neumonías, entre otros). Sin embargo, son muy pocos los estudios realizados en humanos sobre este aspecto y, desde la comunidad científica médica, se solicitan con urgencia.

De entre los pocos estudios de cierta calidad que podemos encontrar sobre la relación entre antitérmicos y mortalidad, se halla el estudio realizado en la Universidad de Miami sobre 82 pacientes críticos. En él se constató que el grupo de personas que recibía tratamiento contra la fiebre a 38.5 ºC tenía una mortalidad mayor (7 personas) que el grupo de personas que recibía el tratamiento a 40 ºC (1 persona). No es un tamaño de muestra muy grande y es imprescindible que se realicen más estudios como éste con una mayor cantidad de personas pero es, sin lugar a dudas, una razón de peso para replantearse la actuación médica predominante frente a la fiebre.

Así pues, ¿qué hacer ante la fiebre? La postura más clara (planteada por instituciones como el Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica de Estados Unidos), en estos momentos, es que no hay que combatir la fiebre a diestro y siniestro sino en casos puntuales. Como se comenta con frecuencia entre los médicos: "hay que tratar a la persona y no al termómetro" y, así, según las condiciones del paciente pueden o no estar indicados los antitérmicos.

De esta forma, estaría indicado su uso, por ejemplo, en niños con fiebre y evidente malestar general (los que están con fiebre y buen estado no lo necesitarían), cuando se tiene una fiebre de 40ºC o superior o de larga duración y en determinados enfermos críticos o crónicos. De rutina, no hay que tener miedo a la fiebre, sino identificar aquello que lo desencadena y actuar con sentido común frente a ello. Aunque como en todo, hay excepciones. Sí que hay 3 casos en el que la presencia de fiebre, por sí sola, puede ser una señal de alarma:

-Fiebre por encima de los 40 ºC en cualquier persona

-Fiebre de 4 o más días de duración en niños.

-Bebé menor de 3 meses con fiebre

En los 2 primeros casos, hay que ir sin demora al médico y, en el caso de fiebre en un bebé menor de 3 meses, acudir corriendo a urgencias.

Para saber más:

La fiebre y sus mitos. Cuándo consultar al pediatra

La fiebre, esa gran desconocida

Los ¿beneficios? de la fiebre

La fiebre

Hay 29 Comentarios

Yo no les doy medicamentos a mis niños (sí, sí, tranquis, están vacunados). La única vez fue cuando uno de ellos llegó a tener 41 grados por un problema de garganta y tuve que tratárselo porque estaba muy postrado. Si tienen fiebre, cosa que no ocurre a menudo, los llevo al médico, me dice lo de siempre, que es un virus y que si no se encuentra cómodo que le dé un antipirético. Lo mismo con el antitusígeno, salvo que la tos les impida dormir no lo huelen (y cuando lo toman es un preparado de hierbas homeopático). Cuando somos los adultos los que cogemos una gripe, no tomamos nada. Baja laboral y cama, como tiene que ser.

Yo la verdad es que no suelo tomar nada porque no me encuentro muy mal cuando tengo fiebre. Sólo tomo algún paracetamol cuando paso de 39, pero con 38 o 38 y pico no. Cada año suelo llegar a esas temperaturas porque la gripe me quiere mucho :P Hay gente a la que le afecta mucho y se queda muy chafada y hay gente que no tanto.

Por lo que veo en mi caso estaba haciéndolo bien sin siquiera saberlo, jejeje. Muy interesante el artículo.

1º Algo está mal en los comentarios me dice que estoy ingresado como Esther Samper.

2º Siendo la fiebre un mecanismo de defensa natural, como bien dices, de no superar los 40º tratarla es ayudar a la enfermedad en vez de combatirla. de cajón de madera.

Lo que me extraña es la falta de estudios en este sentido, salvo el que mencionas, quizás porque el no recetar no es negocio para las farmaceúticas.

Respecto de los antibióticos en caso de gripe, agmidalitis o faringitis, la enfermedad suele durar lo mismo, unos 4-5 días, con su administración que sin ellos, además te encuentras más sano después de la enfremedad si no los has tomado o has tomado propóleo - antibiótico natural de las abejas -.

Lo digo por propia experiencia con gripes, tomando amoxicilina, propóleo y nada, y tanto con propóleo como no tomando nada el día después de la gripe ha sido más liviano.

Supongo que tampoco hay estudios sobre no tomar nada ante la gripe - pues no da dinero a las farmaceúticas.

Enhorabuena por el artículo y gracias por las varias menciones tanto personales como al trabajo que realizamos desde el Hospital de Nens.
Me gustaría añadir que el principal motivo para tratar la temperatura es mejorar el bienestar del niño o del adulto que la padece. Tratamos el síntoma y no la causa. Así que a ambos, médicos y pacientes, lo que ha de importarnos es la causa de la fiebre y no la fiebre en sí misma.
Por otro lado, me gustaría que las cosas se tomaran en su justa medida y con sentido común. Y tampoco "criminalizar" la administración de antipiréticos. El estudio de la Universidad de Miami, con pacientes críticos, no me parece extrapolable a nuestra realidad cotidiana. Aún así es un apunte interesante sobre la conveniencia biológica de la fiebre cuando se trata de combatir las infecciones.
Un saludo

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Sobre la autora

Esther Samper

"Shora" (Esther Samper) es médica y divulgadora científica especializada en temas de salud. Su principal objetivo: acercar la medicina a todos los públicos y en todas sus formas (avances médicos, consejos de salud, tratamientos, prevención...).

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