Cembrero

Sobre el autor

, corresponsal en Bruselas desde 2005 y periodista en EL PAÍS desde 1982 en las redacciones de Barcelona y Madrid. Ha dedicado especial atención a los temas económicos, sociales, energía y a las finanzas de las autonomías.

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junio 2012

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La crisis financiera que padece España tiene sus raíces en la burbuja crediticia que propició a su vez una desaforada burbuja inmobiliaria que cuando estalló se llevó por delante al conjunto de la economía. El euro ha actuado como una droga permitiendo a las empresas, bancos y familias endeudarse a tipos muy bajos hasta superar el 300% del PIB en su conjunto. La deuda pública por contra apenas rebasa el 71%. La acumulación financiación exterior situó a España en una posición de deuda neta exterior superior al billón de euros a mediados del año pasado, según el estudio de European Economic Advisory Group (EEAG). De todas las instituciones europeas quien tenía la mejor información de lo que estaba ocurriendo era el Banco Central Europeo, (BCE) quien tenía una visión global de toda la zona euro pero que no llevó a cabo ninguna actuación concreta para detener la hinchazón burbuja al margen de ciertas recomendaciones.

La burbuja crediticia se generó en buena medida por el ahorro alemán en busca de mejores rendimientos financieros en España e Irlanda que en su propio país. Entre 2002 y 2009, Alemania ahorró 1,6 billones de euros, de los que las dos terceras partes fueron exportados a terceros países, y la mayor parte en forma de inversiones financieras. Es decir, sin el ahorro alemán no habrían existido tales burbujas crediticias en algunos países. Esta no es sólo una historia de malgastadores del sur. En todo caso las culpas de estos enormes desequilibrios habría que repartirlas entre codiciosos del norte e imprudentes del sur. Y unas autoridades europeas que no la vieron venir. Vale la pena recordar las palabras del ex primer ministro de Irlanda John Bruton, de hace un año cuando señaló al BCE "culpable del mayor fallo de regulación por no impedir que los bancos europeos inflaran la burbuja de propiedad inmobiliaria".

Por estas deficiencias del pasado, el BCE tiene la obligación de intervenir cuanto antes para el sostenimiento de los países con dificultades aunque sólo sea para enmendar sus fallos históricos y corregir los estragos de los descontrolados movimientos de capitales.

El País

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