La novia de papá

Sobre la autora

Paloma Bravo
Soy madrastra, periodista y autora de “La novia de papá” (Plaza&Janés). Este blog no lo escribo yo, lo escribe Sol Beramendi, la protagonista de mi novela. O sea, que es ficción y, por lo tanto, absolutamente real.

Paloma Bravo

SOBRE EL BLOG

Según la RAE, madrastra es una “cosa que incomoda o daña”. ¡Y una mierda! “Tía buena (buena en todos los sentidos), lista e inmejorable” es lo que debería decir. ¿O no? El caso es que me ofrecieron crear una plataforma de “madrastras sin fronteras”, pero mis bestias me necesitan en casa, así que nos hemos quedado en un blog. Para hablar de vuestras familias y otros animales.

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08 feb 2011

Campos de Castilla

Por: Paloma Bravo

0906-riaza-majaelrayo

A mi padre le habría gustado ser castellano. De Castilla La Vieja.

Mi padre, Beramendi de apellido y anónimo de nombre (a él no le gusta mi blog y prefiere que no se le reconozca), es de un pueblecito de Navarra (no el que lleva su apellido, no; uno cercano, pegadito a Arruitz).

No me entendáis mal: le encantan su valle, sus amigos y su Osasuna, pero él es austero, noble y pedregoso. Discreto, silencioso y otra vez bueno.

"Un hombre bueno en el buen sentido de la palabra bueno", que diría Machado.

A mi padre no le gusta que yo lo pase mal. Y creo que le gusta aún menos que se lo cuente.

Por eso, hace ya dos o tres novios que me pidió que le mantuviera al margen.

"Mira, Sol, me dices que éste sí, que no te lo has inventado, que es maravilloso de verdad, y luego me toca recoger tus pedacitos. No quiero saber nada".

Hace bien.

Yo tenía sólo 20 años cuando le pedí que me acompañara al campo con Oso. Todas las tardes, yo metía a mi perro en el coche y me lo llevaba a las afueras, a que corriera una hora, a que yo no oyera nada.

Aquel día le pedí a mi padre que me acompañara para darle una primicia: que estaba enamorada, que me iba de casa.

- Papá, tendrías que oír su voz.

Mi padre no dijo nada esa tarde. Tampoco meses después, cuando le confesé, llorando, que la voz estaba hueca.

Eso fue hace muchos años y muchos novios. Ahora mi padre sólo me pide que no se lo cuente: él sabe que si no se lo cuento, la vida es menos real para mí.

Lo que pasa es que Pablo es mucho Pablo. Y, además, las hijas de Pablo abultan, gritan, ríen y dan felicidad. Y no se lo cuento pero mi padre lo oye.

Igual que oye también tambores de guerra y embarazos.

Quizá lo que tiene que hacer mi padre es lo que siempre ha soñado: irse a un pueblo de Segovia, cerca de Ayllón, a releer a Machado, a olvidarse de nosotros.

Quizá lo que yo tengo que hacer es irme con él.

 

P.D.: a Beramendi y sus alrededores.

 


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07 feb 2011

"Esto es lo que hay"

Por: Paloma Bravo

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Conozco a un brasileño inteligente y curioso que lleva tres o cuatro años viviendo en España y asegura que, en su experiencia, la frase más triste de los españoles es también la más frecuente.

"Exclamar '¡Esto es lo que hay!', suspirando un poco, es más español que la tortilla de patatas".

Mi amigo asegura que lo decimos para todo, para el trabajo que no nos gusta, para la pareja que no nos llena, para nosotros mismos cuando no nos soportamos, para el Gobierno que tenemos y que a veces no nos merecemos...

Me hizo pensar y buscar el diccionario.

En tercera acepción, que es la que me interesa, la RAE define "resignación" como "conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades". Y yo por la tolerancia y la paciencia firmo lo que haga falta, pero no por la conformidad.

Si sabes lo que quieres, hay que currárselo; si sabes lo que no quieres, hay que dejarlo atrás.

Lo digo por las parejas, por los trabajos, por las miserias. Lo digo por los amigos, por la familia, por las aficiones.

Lo digo por uno mismo.

Lo digo porque tiene razón Balzac: "La resignación es un suicidio cotidiano", si te resignas, te matas un poquito cada día.

Lo digo, también, porque a veces es mayor el miedo al éxito que el miedo al fracaso.

Lo digo porque creo que esto no es lo que hay si uno no lo quiere.


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06 feb 2011

"¿Y tú qué me das?"

Por: Paloma Bravo

Comiendo-dinero

(La imagen es de aquí).

 

Me escribe Ramón. No le conozco, pero él confía en mí porque ha leído mi novela y cree que sé querer y cree también que le puedo entender.

No digo que tenga razón, pero no será por no intentarlo.

Ramón tiene una hija, una ex y una novia. Ramón adora a su hija. Ramón está luchando por pasar más tiempo con ella.

Ramón habla con su ex y su ex le remite a su abogada. La abogada no ve ningún problema en la petición de Ramón. Y se lo dice.

"Ningún problema, Ramón. Claro que puedes ver más tiempo a la niña. Pero... Dime una cosa, ¿tú qué ofreces a cambio?".

 

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05 feb 2011

Dr. Martens

Por: Paloma Bravo

Dr-martens

La otra noche iba caminando por Malasaña (barrio entre pijo, alternativo y macarra de Madrid) cuando un tipo me pegó un empujón.

- ¡Tú, Sol, eres una z****!

(Los asteriscos los pongo por M. Le he dicho mil veces que si reproduzco un diálogo real no aplica su norma de evitar las palabrotas escritas, pero no escucha y hoy no quiero discutir).

- ¿Y tú de qué me conoces?

- De tu blog, z****.

- ¿Tu nombre, por favor?

- Yo soy mecagoentuputamadre@webmail.com.

A vosotros no os dice nada esa dirección de correo, porque detrás de los comentarios sólo veis el seudónimo, pero yo lo veo todo: es la dirección que pone uno de los más agresivos participantes en el blog, uno que, día sí día no, aunque va por rachas, me insulta a mí, a mi familia y a algún pobre incauto que comenta sin odiarme (ojo: hablo en masculino por aquello del anonimato, pero este sujeto no es necesariamente un tío).

A mí no me dan miedo los cobardes, pero sí la violencia. Intento razonar:

- ¿Y por qué no me dices tu nombre?

- Porque no lo necesitas, z****.

- Eres muy educado.

- Y tú muy z****.

- Y tienes mucho vocabulario.

- Y tú eres una z****.

- Perdona, me voy, que me aburre esta conversación.

- No te vas a ninguna parte, Z****.

- Dime solo una cosa: ¿por qué me lees?

- Porque necesito desahogarme. Y tú me gustas.

Esa noche llovía y yo llevaba las Dr. Martens que conservo de mi pasado anarquista y semipunki. He sido muy macarra, pero nunca maleducada: si algo no te gusta, si alguien no te gusta, ¿por qué escupir con lo fácil que es evitarlo y sacarlo de tu vida?

Pues no. A mecagoentuputamadre@webmail.com lo que le gusta es vomitar sobre mi blog.

Que (n)os sea leve. De momento, otra vez Iggy Pop. Más que nada por si funciona como los dientes de ajo frente a los vampiros. Y, si no, mis Dr. Martens y yo nos sentiremos en casa y bien acompañadas.

 

 

 

P.D.: este post está dedicado a Peter y a Nacho. Ellos saben por qué.

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04 feb 2011

Las edades del hombre

Por: Paloma Bravo

Benjamin-button2

(La imagen es de "El curioso caso de Benjamin Button", la peli de David Fincher basada en un relato de Fitzgerald, sobre un hombre que nace anciano y muere niño).

 

Tengo un seguidor (firma "expatriado") a quien no le gusta que hable de trabajo. Ya me gustaría a mí no tener que trabajar (por dinero, digo) y hablar todo el rato de la piel (o sea, de mis afectos). No puedo, chico, qué le vamos a hacer.

Si quieres, en vez de sobre trabajo, hablamos sobre pensiones, que está de moda y nos afecta, y sobre la juventud que no es eterna pero lo parece hasta que ya no cobras más.

Te cuento:

El otro día escuché al grandísimo Carlos Barrabés clasificar las edades del ser humano.

Él decía (y seguramente lo cito mal, pero toda la brillantez del argumento es suya) que hay dos edades en los extremos en que los seres humanos somos y estamos indefensos: la niñez y la vejez. Pero matizaba que no hay que contarlas de manera convencional, matemáticamente, sino con sensatez:

  • La niñez llega hasta los 12 años
  • Desde los 12 a los 35 (yo diría 45) el ser humano está en plena juventud
  • A partir de los 35 (45 para mí, que ando ganando tiempo) en su madurez hasta que llega la enfermedad
  • Y ahí, en la enfermedad y sólo en la enfermedad, aparece la vejez que vuelve a hacernos dependientes.

(Carlos, perdona si lo he explicado mal, sabes que te compro el argumento).

No voy a decir yo hasta cuándo hay que trabajar, pero sí me gusta pensar, como Carlos, que "No tenemos excusa para dejar a nadie atrás" en sus momentos más difíciles.

Por ejemplo, en China se está planteando obligar por ley a que los hijos visiten y cuiden a sus padres mayores (no me lo invento, lo contaba el New York Times el fin de semana pasado). Si no, los padres pueden demandar a los hijos que los abandonen.

Acabo sin soluciones y llena de dudas, pero no, creo que no se puede regular el amor filial por decreto.

Para compensar, cito otra vez a Carlos, porque siempre obliga a pensar, porque me gusta lo que dice, lo que hace y lo que es: "El universo se acelera, nuestro mundo también. ¿Qué es lo más disruptivo? ¿Ser lento o ser rápido...? Probablemente los más disruptivo sea SER." A cualquier edad. En cualquier familia. En cualquier trabajo.

 

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03 feb 2011

El jefe de todo esto

Por: Paloma Bravo

Ordenes

 

Nota previa: supongo que me la voy a cargar. Ayer escribí de otra manera: "Nos gustas más cuando eres seria" fue el comentario casi unánime, y hasta mi fiel Bigdí se quedó sin críticas. Lo siento. No consigo estar siempre en el mismo lugar, y, desde luego, no consigo ser intensa de forma permanente. Voy a iros cambiando el paso, el tono, las historias. Es lo que pasa en mi vida y, por tanto, es lo que pasa en mi blog. Ayer fue un día tristísimo por razones que no vienen al caso; aún así, hoy me tengo que ocupar de lo práctico. Aquí va y perdonadme: no sé cuándo ni cómo, pero algún día volveré a ser seria, profunda, certera y todas esas cosas que me dijisteis ayer.

 

 


 

Soy una privilegiada y soy una pringada. Las dos palabras con "p", las dos cosas juntas.

¿Por qué? Pues porque puedo pagar una canguro y porque, obviamente, en mi vida manda ella.

Igual por eso Pablo y yo discutimos poco. No tenemos margen: siempre firmes y obedientes a las órdenes de Shirley.

(Por cierto, canguro compartida con la custodia: la mitad de la semana, con la ex; la otra mitad, con nosotros. Aporta continuidad a la vida de las niñas, reduce el coste económico, la recomiendan 9 de cada 10 dentistas...).

 No duerme en casa, pero tiene su "habitación propia": luminosa, bonita, preparada... Con su sofá y su televisor, con sus fotos y los dibujos de Eva y Teresa. Con su ordenador y su conexión a internet (lo prometo: para que hable con su familia, para que use skype, para que haga lo que quiera).

En nuestro dormitorio también tiene su espacio: un pequeño altar. Allí rezamos como buenos laicos (yo con más devoción que Pablo, todo hay que decirlo) para que no enferme, que no nos deje, que no se cabree.

En realidad, en vez de rezar es más práctico actuar: no olvidarnos de comprar los yogures con mango que le gustan, pedirnos el día libre cuando ella tiene médico, no cabrear a las niñas para que no se chiven...

Y mimarla.

Y darle la razón.

Y seguirla mimando.

Si nos fallara la canguro, nuestra vida se autodestruiría como los mensajes de Mortadelo y Filemón. Como dice mi amiga Marta, "lo peor no fue separarme del padre de mi hija, lo más terrible fue que me dejara la canguro unos meses después. No sólo me destrozó la vida, también me hizo pensar y, por fin, darme cuenta de algunas culpas".

Pues eso.

Aprovecho este momento para enfrentarme a Shirley con cobardía (a pesar de su control sobre internet, no me lee. Se lo ha dicho a las niñas: "La señora es una frívola y yo no leo frivolidades").

Shirley es dulce con ellas e increíblemente dura conmigo. No dice nada, pero su reproche me fulmina cada noche: llegas tarde, llegas mal, no vales para nada.

Lo dice con la autoridad que le confiere el ser una cuidadora sensacional.

"Oye, guapa, que vengo del trabajo, y si no curro, no puedo pagarte. ¡No te pases!", le grito en silencio.

Da igual.

"Que yo no soy su madre y su padre tampoco ha llegado...".

Es tan poderosa su mirada que me vuelve desleal. Culpo a Pablo, me escaqueo... Y no arreglo nada.

Eva y Teresa me reciben junto a ella, abrazadas las tres, haciendo frente común. No sé qué he hecho, en qué he fallado esta vez, pero ellas sí y, además, tienen razón.

"Lo siento", digo, esta vez en alto.

Y de madrugada, insomne, le juro a Pablo que no vuelvo a llegar antes que él: si me voy a llevar una bronca, que sea suya, que durmiendo juntos lo compensamos todo.

- Sol, eres una paranoica.

- Lo que tú digas.

Al día siguiente, Shirley nos anuncia que se va un mes a Brasil, a ver a su familia.

- ¿No puede ser en verano?

- No.

- Que las niñas tendrán campamentos y nosotros vacaciones... Que te podrás ir dos meses...

- No.

Shirley no es muy habladora, pero tendrá sus razones. ¿Y ahora dónde encontramos una canguro para el mes de marzo? Que las quiera, que las cuide, que la quieran, que... Que sea como Shirley sin poder nunca serlo.

Pablo entra en crisis de ansiedad, y yo, que no soy paranoica pero sí pragmática, me pongo a mandar mails pidiendo socorro a todos mis amigos con hijos. La respuesta más positiva que recibo es un "¡Qué chungo!".

 

P.D.: El título de este post es, obvio, un homenaje a la peli homónima, de Lars Von Trier.


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02 feb 2011

Sigue pasando

Por: Paloma Bravo

Amantes_1

 

Febrero de 2011.

Sigue pasando.

Ese hombre casado (o esa mujer, que no me voy a poner a discriminar por sexo y tengo que contar una historia, así que, por favor, entended todo en genérico). Ese hombre casado, digo, que no te cuenta grandes dramas porque respeta a su mujer y no habla mal de ella, pero...

Pero que sí, que se siente y se muestra disponible. O lo parece.

Y al otro lado, una mujer que suele tener mucho contacto con él (trabajo, amigos comunes, lo que sea). Una mujer que tiene su propia vida.

Una relación que evoluciona.

Sólo hay una vida y en unas semanas ya se han querido, ya se han tocado, ya se han echado de menos, ya se han necesitado, ya se han hecho daño.

Sólo han pasado un par de meses y ella sabe que tiene por delante un día de añoranza y de fantasmas, pero lleno de mensajes. En eso él no se corta. Los enmarca, claro, con dos llamadas: a las 9 de la mañana, a las 9 de la noche. No es que sea germánico, no. Son sus horarios de coche, de soledad, de ausencia de testigos: de garaje a garaje.

"Te dejo, mi amor, que entro en el despacho".

"Te dejo, mi vida, que llego a casa".

Cada día es toda una vida: conquista a las 9, enamoramiento en horario laboral, abandono por la noche.

Cada día es demasiado.

Pasan unos meses más.

Ella no pide nada, él tampoco da.  

Desgaste, dolor, sexo.

Un poquito más.

Ella se nota despegándose.

Algunos días no coge el móvil por la mañana. Otros no contesta los mensajes. Y ya casi nunca contesta por la noche. Tiene otros planes que no son nada especial: sólo no pensar en él.

Pasa la vida.

Pasan las vidas.

Siguen pasando.

 

 

 

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01 feb 2011

El sexo del arte

Por: Paloma Bravo

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(Ilustro esta entrada con el Kamasutra porque reconozco que he estado muy tentada de hacer "publicidad engañosa" y titularla, como por despiste, "El arte del sexo" para multiplicar la audiencia de mi blog y las posibilidades de que alguien compre mi novela. Pero no, soy un poco más sensata).


Anoche cené con dos hombres. Son atractivos, son amigos míos, los adoro, pero...

Pero les gustan los zombies.

Y a mí no.

(¡Hala, ya lo he confesado! Que vengan corriendo los comentarios: que soy ajena al tema, que no me entero, que... En ningún caso va a ser peor que lo de anoche).

Antecedentes: éstos son mis dos amigos del alma. Nos juntamos y podemos hablar de todo. Incluyendo, porque les gusta putearme, de si estoy más o menos buena que la última vez (coinciden en que cada vez menos, por cierto, "Pablo te escurre, tía").

Quiero decir que nunca nos hemos discriminado. Pero ayer, los muy cretinos, me excluyeron.

¿Hablaban de fútbol? No. ¿Sexo? Tampoco. ¿Alopecia? Negativo.

Hablaban de zombies, ya lo he dicho.

Yo quise intervenir. No como experta, sí como espectadora.

- Calla, Sol, que tú eres tía.

Ése fue A., que se volvió para seguir hablando con D.

D. ni me miró, pero como estaba sentado a mi lado le pude girar la cara (agarrándole fuerte de la barbilla, sí, qué pasa):

- ¿Pero de qué vais?

D. me lo explicó con más condescendencia que paciencia: "Sol, asúmelo. Tú eres muy tío, pero las mujeres no sabéis nada de zombies. Sólo os gustan los vampiros. Así, lánguidos, con ganas de morderos y dejaros enamoradas para siempre..."

Y en ese punto dio por finalizada la explicación y yo di por terminada mi cena y mi amistad hasta que, caprichosos como son, volvieron al sexo y del sexo a mí (no como tema, sino como amiga) y ya no les dejé irse.

Cuando llegué a casa, medio dolida, medio bebida, le pregunté a Pablo: "¿Tú sabes cuál es la diferencia entre un zombie y un vampiro?".

Mi novio el intelectual no dudó un segundo: "Los zombies son los de '28 días después' y nos gustan a los hombres. Los vampiros, como los de 'Crepúsculo', son cosa de niñas..."

"...Sol, tampoco pongas esa cara de ofendida. Hay libros para mujeres y libros más masculinos... El arte es cosa de hombres, como el fútbol; a las mujeres os gusta que os lo den todo ya digerido, envuelto en amor y en esas cosas. A los hombres nos gusta la vida como es, empezando por la muerte. Por eso nos gustan los zombies...".

Ahí me cansé.

Pablo me putea cuando me ve vulnerable (si no, no se atreve) y tengo una imagen de dura que mantener: "Mira, guapo, soy yo la que ha salido y ha llegado tarde, soy yo la que más lee y tú el que menos entiende, pero como eso no pareces tenerlo claro, mañana me traes el desayuno a la cama y llevas a las niñas al cole para que yo mime mi resaca..."

"...Y ahora me muerdes".

 

P.D.: os recomiendo "Diario de un zombi", de Sergi Llauger (Dolmen Books). Porque me lo regaló Álvaro Fuentes y él sí que sabe. Esta entrada está dedicada a él, a Nacho y a Domingo.

Y, sobre todo, se la dedico a Emi, mi editora, que tiene cara de niña buena y, aunque no me lo cuenta, es una malota y una experta en zombies.

 

 

 

 

 

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