La novia de papá

14 jun 2012

"¿Hoy qué? ¿Champán?"

Por: Paloma Bravo

Beatles3

 

El lunes de la semana pasada escribí un post sobre la tristeza pensando en alguien que no soy yo, ni mi alterego, pero que en muy poo tiempo se me ha metido dentro. A veces hago eso: tiro los posts a la web como mensajes en una botella, a veces vacíos, a veces llenos, a veces míos, a veces ajenos, para que cada cual encuentre lo que quiera.

Cada cual o mi madre que es la única que me lee con un exceso de fidelidad y la dosis justa de escepticismo, como debe de ser: si yo titulo "días tristes", mi madre ya sabe que estoy bien. O que no, pero que no se lo voy a contar.

No como mi ex, que con esa misma fidelidad pero mucha más credulidad, grita, "¡Bien! Eso es que últimamente le falta sexo, mucho sexo". Mi novio, en cambio, puestos a ser fiel, es fiel a la ignorancia: no dice nada porque procura no leerme, no vaya a ser que se entere de algo, a él que tanto le gusta no saber...

El caso es que yo escribo porque mis amigos no me leen. Y, si me leen, no me creen. Ni Manolo, ni Koldo, ni Domingo, ni M., ni Carlinhos, ni Mario. Me leen sólo si salen en el post y quedan tan maravillosos como son, y yo les copio la url en un mail con acuse de recibo. O ni aún así.

O al menos eso creía yo, siempre tan lista, porque resulta que no, que uno de ellos, leyó la verdad justo donde mi ficción pretendía ser mentira. Muy listo el chico. Mucho. Tanto que se tomó el tiempo de redactar un mail largo e iluminarme en todos los sentidos.

Aquel lunes, a mí me habían despertado en casa con ironía y felicidad ("¿Hoy qué? ¿Champán?"), y luego publiqué el post y empecé a recibir ánimos, y negué necesitarlos, y me fui a yoga, y adelgacé, y compré unas tartas, y trabajé un poco, lo justo, y, cuando ya no daba más de mí, recibí el mail ese que cito.

O sea, éste:

A veces los días alegres son todos, o casi todos.

No por optimismo, ni por esas ganas de vivir que nos hemos echado encima para levantarnos porque no nos resignamos. A veces los días son alegres porque alguien se empeña en quererte, cuidarte y recomponerte con trocitos muy pequeños. Tan pequeños que aunque pierdas alguno puedes pegarlos sin importar el nuevo puzzle y volver a ser mejor aún que lo que eras.

A veces los días son alegres porque puedes quedarte y, si quieres, puedes irte. A veces los días son alegres porque alguien, creyéndose dios, se empeña en que su tormenta caiga sobre los demás pero no ve que los rayos le caen encima y que por encima de nuestras cabezas luce el sol. Y recuerdas que él no sabe que si quieres puedes irte. Y sonríes. 

A veces, digo, muchas veces los días son alegres por capricho y por necesidad.

Entonces, encuentras una canción, como ésta, y la gritas con los amigos de siempre y con los amigos nuevos, y les dices a los cobardes que se vayan a tomar por culo, con mucha educación y mucha calma, y no te quedas a gusto, para nada, pero sí que alivia, que dignidad sólo tenemos una y no se regenera. Para conocer los días alegres, que son todos, hay que pasar un rato gritando, pero solo un rato que nadie se merece otra cosa que nuestra alegría. 

 

Y los que lean y entiendan este mensaje, están invitados el sábado a la fiesta del champán. Y los que no lo lean, porque son amigos míos, también. Es jueves y "Here comes the Sun".

 

@PalomaBravo

 

 

 

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Hay 4 Comentarios

Te he leido, he entendido tu mensaje,...no soy amiga,...pero MUCHAS GRACIAS...porque nadie se merece otra cosa que nuestra alegria.

Ya hace tiempo que pensaba en la posibilidad de hacerme farero, como el del anuncio de Nescafé, aunque no estoy tan bueno. Llevarme allí un perro y unos cuantos libros y ver todos los días el mar. Pero tal como se está poniendo el tema, creo que ya no me vale ni siquiera eso. Por ello voy a pedir una plaza en la Estación Espacial Internacional. Me iré allí con una muñeca hinchable, unos libros, folios y bolígrafos (ni portátil, ni móvil). Iré sin perro porque creo que allí no dejan. Y en esos folios escribiré un nuevo mundo sólo para mí. Toda la basura y la podredumbre que hay aquí abajo os la dejo para vosotros. Ya la arreglareis. Si algún día lo hacéis, mandadme una paloma mensajera y puede que baje 15 días para recordar sobre todo el sonido de los bosques y del río y para ver el mar.
Viviré mal, pero sin resignación y no tendré enemigos. Y quien tenga algo contra esto que vaya a los Tribunales.
Este es el mensaje más lúcido que he escrito en mi vida.

Paloma, yo te sigo, como carlos no se me ocurre qué decir después de cosas tan bellas como las de hoy pero aqui sigo.
Que sigas los dias alegres y que vengan muchos más,
se necesitan.

Pues yo no soy tu madre y te leo. Otra cosa es que se me ocurra algo que decir. Y como tampoco me gusta ir invitando a mi blog paná, me comeré yo solo mi tiramisú

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Sobre la autora

Paloma Bravo
Soy madrastra, periodista y autora de “La novia de papá” (Plaza&Janés). Este blog no lo escribo yo, lo escribe Sol Beramendi, la protagonista de mi novela. O sea, que es ficción y, por lo tanto, absolutamente real.

Paloma Bravo

SOBRE EL BLOG

Según la RAE, madrastra es una “cosa que incomoda o daña”. ¡Y una mierda! “Tía buena (buena en todos los sentidos), lista e inmejorable” es lo que debería decir. ¿O no? El caso es que me ofrecieron crear una plataforma de “madrastras sin fronteras”, pero mis bestias me necesitan en casa, así que nos hemos quedado en un blog. Para hablar de vuestras familias y otros animales.

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