16 jun 2011

"El 15- M debe gestionar la enorme energía que ha liberado. Es el momento de pararse a pensar"

Por: Iñaki Gabilondo

Hay 365 Comentarios

FPRMACION, INFORMACION Y LIBREPENSAR

Quiero votar a los que mandan, quiero votar los consejos de administracion de las corporaciones de eso que llaman el mercado. Alli es donde evidentemente se toman las decisiones que marcan la diferencia, en el parlamento deciden de que color lo pintan.

Pero los politicos y la politica podrian ser la espada de fuego en manos de los ciudadanos si los ciudadamos supieran manejarla sin quemarse.

FORMACION, INFORMACION Y LIBRE PENSAR

iñaki, la tarjeta roja tb es pa tí y toda la parentela de los pedrojotas, izquierdos, jimenez losantos, el empollón de la clase cesar vidal... menudo grupito de burguesitos independientes de sotogrande village estáis hechos!

Bueno... y finalmente... ¡QUE RESOLVIERON EN EL PARLAMENT CATALA...???
Porque de eso... no se habla... :-(((

Ahí está el problema: el poder financiero que se impone y corrompe al político, cuando este último es el único que le podría poner coto y buscar una distribución más justa de la riqueza y del poder. Los ricachones no van a cambiar su juego con nada, ocupados como están en estafas masivas, pero en una democracia, aunque sea representativa, sí es posible actuar sobre los políticos, obligándolos a defender a la ciudadanía. Esta es la gran baza que puede jugar el 15-M. Los medios al servicio de los poderosos los atacan por algo, lo mismo hacen que nos despertemos.

Iñaki mira como en los disturbios del 11 de junio en valencia hay un instigador que es un policia infiltrado. Son 2 videos.
http://www.escolar.net/MT/archives/2011/06/os-estan-toreando.html

Curioso que a los únicos a los que no ataquen sea a los socialistas.

Es esto el 11M de las próximas elecciones, Ru-GAL-Kaaba?

el movimiento itinerante gamberro.. feroz y solo basta ver la pinta que tienen .. para entender de donde vienen y quien los mantiene ... los cambios se hacen con los votos y en los sitios y las formas democraticas... este movimiento es antidemocratico .. ataca el sistema como principio... sentados en las calles no van a lograr nada .. utilicen la cabeza -- parece que les han hecho un lavado de cerebro -- a los bancos se les exige a traves de leyes que debe imponer el gobierno y este desgobierno de Zparo y su complice Rubalcaba .. cargando 5 millones de desempleados .. mientras hay contubernio los bancos cancelan cuentas al psoe y al gobierno y a cambio reciben que no se les investigue por sus abusos... en cuanto alguna de las partes no coopera... pues pasa lo que estamos viendo ... el gobierno denuncia... y presiona .. la realidad es que los bancos funcionan con el dinero que la gente deposita en sus cuentas y ellos los invierten y ganan en las transacciones.. pero en el fondo el dinero no es de ellos .. y si un gobierno vive del dinero que le prestan y para pagarles - tiene que sacar el 75% de lo que ingresa -- el pais esta en quiebra.... asi que estos indignados no estan muy preparados ... es un movimiento aparentemente acefalo , cada quien dice y piensa una cosa diferente pero en el fondo quieren que todo sea gratis y rosa....

Buenas noches amigo. Es dificil empezar, porque no quiero dorar la pildora ni parecer trágico. Esto es para tí y para todas esas personas que considero abiertas y sanas.
No pertenezco fisicamente al movimiento 15M. No he estado en ninguna acampada ni he paticipado en asambleas, pero soy uno de ellos - Gracias Internet !!! -, siento como ellos y nunca me cansaré de twitear agradecimientos; eso sí, estaré el próximo 19J en la manifestación de mi ciudad.
Antes de escribir esto, lo he comentado con amigos y familiares y, pese a las dudas, me he decidido. Creo sinceramente que es el momento del cambio, estoy convencido que se cumplen todos los parámetros para que así sea y de ahí este ruego para contigo. No dejes de hablar por favor. Sé que ya lo has hecho en alguna ocasión y siempre defendiendo la actitud del 15M, pero a tí , a vosotros, a los que teneís credibilidad y más medios para llegar a miles de personas, este movimiento os necesita, porque ahora empiezan los engaños y los experimientos, los intentos enconados de disolución, las grandes mentiras de la mayoría de los medios ...
Me siento un poco estúpido inntando explicarte algo que sabes mejor que yo. Perdón. Mi ruego encarecido es que tu discurso no se quede en anécdota, que tu apoyo sea claro, entendible sobre todo para esa mayoría silenciosa que no accede a las redes sociales, pero sí ve la televisión, escucha la radio y lee algo de prensa y, por lo tanto, estan convencidos de lo de perrosflautas, okupas, vagos, etc
Por supuesto que esto es a título individual. Seguramente el 15M no aprobaría esta carta, porque la ciudadanía no tiene que implorar, sólo exigir sus derechos.
Aún así yo te lo pido.
Pase lo que pase, gracias por ese granito de arena que yá has puesto. Un saludo.

Eduardo.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Palabras vacías. ¿Qué esperar del periodismo, si está tan asociado a los mismos poderes financieros que dice Iñaki que la política? (Véase la importancia tan ridícula de la micro-noticia sobre Botín, gran patrocinio y semi propietario de El País). Los periodistas exigen reflexión y autocrítica, pero aún no he visto a ningún medio hacerlo, ni a ningún periodista reconocer sus errores, su ineficacia, la inmoralidad que fondea y asoma en su profesión día tras día. La violencia es condenable. Pero ojalá se condenara con la misma fuerza, desde los medios, la contradictoria y horrible cara de nuestros políticos. (Léase, por ejemplo, este párrafo encontrado con lupa en este mismo periódico, hoy mismo: "El Pleno del Congreso de los Diputados rechazó el martes con los votos de PSOE, PP, CiU y PNV una moción de ICV que planteaba una serie de iniciativas para "poner la economía al servicio de las personas". Entre las medidas que incluía se pedía "actuar con la máxima contundencia" contra las 659 "grandes fortunas" titulares de cuentas bancarias en Suiza sin declarar, haciendo público el listado de denunciados." ... Qué descorazonador!

Canalizar esa energía...? En los 70 se canalizó a través de los partidos y ya vimos en qué terminó. En los mítines del 77 el PCE, la cara visible de la resistencia, llenaba plazas, pabellones,... y luego el resultado fué mínimo. Había caído en la trampa de la respetabilidad, de la legalidad que ahora proponen desde medios de comunicación, políticos, etc. El PSOE que había estado desaparecido canalizó ese deseo de cambio con el beneplácito de la derecha y de los militares. Y el final de esa historía es en la que nos encontramos ahora. Qué ejercen cierta violencia..? También la banca la ejerce con los embargos, apoyadas por las fuerzas del orden a las que nunca se ha visto proteger a los obreros despedidos ante el patrón voraz, y han tenido varios millones de ocasiones para hacerlo

algunos de los convocantes "indignados " son batasunos.... y ahi estan todos los borregos siguiendoles... claro estos quieren acabar con el sistema ... ya nosolo hacen kaleborroka en el pais vasco ... ahora en toda España., tienen a Bildu en las instituciones y ya se estan metiendo en todos lados... hay que agradecerle a Zapatero y a Rubalcaba --- y a los magistrados progres... ya estan recibiendo el dinero de todos los ciudadanos y ademas ahora convocando sentadas y agresiones... y Rubalcaba muy tolerante ... y dice que inteligente... con ellos con el resto que se fastidien...

Simplemente enorme Iñaki. Un saludo.

Es tremendo ver a todo un país,y no menor,balbuceando inventos e intereses,condenas y exhortos,depositando esperanzas.... alrededor de un perro inflado.Claro que,no hace demasiado tiempo podías escuchar a unos 40 millones hablando como Condemor,el Pecador de La Pradera.

Es tremendo ver a todo un país,y no menor,balbuceando inventos e intereses,condenas y exhortos,depositando esperanzas.... alrededor de un perro inflado.Claro que,no hace demasiado tiempo podías escuchar a unos 40 millones hablando como Condemor,el Pecador de La Pradera.

Quizá,pero,uno se imagina pedir a los que,a lo mejor están corriendo aún tras Forrest Gump,que se parasen y pensaran.Seguramente,se les borraría la energética sonrisa a todos éllos y se cagaría la película.Siempre fué del gusto de la curia lo de "Dejad que los niños se acerquen a mí",aunque éllos no sepan a qué vienen.

Quizá,pero,uno se imagina pedir a los que,a lo mejor están corriendo aún tras Forrest Gump,que se parasen y pensaran.Seguramente,se les borraría la energética sonrisa a todos éllos y se cagaría la película.Siempre fué del gusto de la curia lo de "Dejad que los niños se acerquen a mí",aunque éllos no sepan a qué vienen.

Yo soy más rápido que usted.
Soy más fuerte que usted,
y con certeza, voy a durar, mucho más que usted.

Usted puede pensar que yo soy el futuro,
pero está equivocado. Usted es el futuro.

Si pudiese desear alguna cosa...
desearía ser humano para saber lo que significa...
tener sentimientos, tener esperanzas, angustias, dudas,
amar.

Yo puedo alcanzar la inmortalidad,
basta con no desgastarme...
Usted también puede alcanzar la inmortalidad.
Basta con que haga tan solo una cosa notable:

http://www.youtube.com/watch?v=D57NTsAfhCY

"Es el momento de pararse a pensar".
Este movimiento asambleario es imposible de que pueda pensar, ya que tiene la "virtud" de que toda idea es válida por extravagante que sea, por tanto, el caos.
Por otra parte la izquierda, tanto IU como el PSOE, están acechando ver la posibilidad de atraer este movimiento a sus redes políticas con sus propuestas, cosa imposible, de momento.
Además por muy pacifistas que muestren tienen una semilla prerevolucionaria en el sentido de que quieren transformar las cosas sin saber como.
En el chiringuito que han dejado en la Puerta del Sol para que la ciudadanía haga sus propuestas para la regeneración del sistema democrático, hay un cartel que dice: "NO TENEMOS SOLUCIÓN, LA BUSCAMOS", de lo que se deduce que tienen un cacao mental que no se aclaran.
El domingo piden es su manifestación "CONTRA EL PACTO DEL EURO", como si pudieran influir estos ingenuos en la política europea.
Por último unos cuantos miles de indgnados se arrogan la representación de la sociedad, de todos los que no votan en las elecciones, cuando siempre hemos tenido un porcentaje de ciudadanos que no lo hacen por distintos motivos y en la última consulta bajo la abstención seguramente como respuesta al 15M.
También hay que tener en cuenta que no se debe confundir la simpatía que hayan podido generar entre parte de la población, y otra cosa sería canalizar sus propuestas democráticamente mediante una representación en las próximas elecciones generales, y ya veríamos el apoyo verdadero.

EL 19 DE JUNIO TODOS A LAS CALLES!!!

En Granada, desde el 4 día pos 15M estamos inmersos en un periodo de reflexión. Sólo que muchos pensaron que había que aprovechar el tirón de las acampadas... Ahora, creemos que no deberíamos parado ésta reflexión, la comenzamos de nuevo, sólo que no estando seguros de que haya nuevas actividades que desdibujen la idea inicial.

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