16 jun 2011

"El 15- M debe gestionar la enorme energía que ha liberado. Es el momento de pararse a pensar"

Por: Iñaki Gabilondo

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Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

DANIEL JIMENEZ , debes ser un tío feo, pero feo de verdad.. de esos que a falta de poder echar un buen polvo, te dedicas a JODER aquí. Piérdete, frustrao!!!
Iñaki, guapo, haz algo para eliminar a esta escoria de aqui... please.

Creo que hay un interes muy compartido entre la clase politica de dejar a los de 15-M neutralizado, lo de ayer fue el 1er paso hacia ese objetivo, el 2º paso ya viene muy pronto: justificar la represión policial Y LA PERSECUCIÓN MEDIATICA desde la derecha a base de lo que ocurio ayer y por ultimo formularan una vaga propuesta que se negociaran entre ellos pq ellos creen que emanan del pueblo. ¿De que serviran las propuestas de los 15-M si no lo van a tener en cuenta igualmente? Nadie quiere firmar su propia carta de funeral y estamos hablando de los que demonizan la Democracia: la corrupción, abundancia de proyectos politicos eclipsados por los grandes señores del negocio, falta de alternativas politicas etc

Iñaki ., por que no publicas la carta que envio Enrique Mugica a Zapatero --- donde le señala que " no habra dias en el calendario para perdonar lo que has hecho " refiriendose a su responsabilidad por haber metido a Bildu en las instituciones ... y como llama la atencion que el 15 M no se manifiesta en el pais vasco .. ni contra el gobierno... todo es confuso y difuso ... contra los bacos contra los poderes democraticos... vamos lo que hay es una indignacion contra este gobierno mayuscula ... que son unos incompetentes integrales.....y donde estan las reformas ?? quemando los dias... y cada dia esta peor la situacion en la deriva total.. y ellos atornillados...

A DANIEL JIMENEZ.... NO SERAS UNO DE ESTOS QUE TIENEN CONTRATADO POR UNOS 1500 TORPEDEANDO ESTE FANTASTICO MEDIO EN QUE LAS NOTICIAS SON INERACTIVAS. POR LO MENOS NO RECITAS LA BIBLIA COMO EN OTROS.POSDATA NADIE LO LEE ES MAS PERJUDICA LA INTENCION CON LA QUE SE HACE. INTENTALO CON OTRA COSA.

Creo que voy a hacer como el Dany...Supongo , quiero suponer, que detras del 15-M hay una carga ideológica de mucho calado. Y tan ambiciosa que tiene que dar pasos cortos y meditados para llegar tan lejos como debe. Supongo que somos muchos los que compartimos la idea de que otro mundo mejor y más justo es , no solo posible, si no el único viable a medio plazo, pue si la humanidad no camina en esa dirección , no tiene ningún futuro. Un mundo superpoblado, contaminado, con escasez de nergía y alimentos , se aboca a una escalada de conflictos y de violencia . Y lo que nos ha acabado de poner en pie es que los políticos del continente europeo, uno de los pocos lugares del planeta donde se vive con un cierto nivel de bienestar y seguridad, en lugar de defender y de intentar que se extiendan por todo el mundo los valores que se habían convertido en nuestra seña de identidad, en esta crisis han acabado por rendirse a los intereses mercantilistas y vemos que los que la han generado no tienen que responder de sus responsabilidades , que se desvía el dinero que haría falta para relanzar la economía en pagar movimientos especulativos, que no se legisla para que hechos como los ocurridos no vuelvan a ser posibles...Es para indignarse. Se hace necesario un movimiento ciudadano, tan amplio como sea posible, pacífico , pero persistente que haga entender a los políticos que si no sirven a los intereses del pueblo al que dicen representar ,no pintan nada en un Parlamento , esa democracia rehén de los mercados es una mera farsa. Porque nosostros sí creemos en la democracia, pero en una democracia que va mucho más allá que esa que ahora se intenta impulsar , vía civil de por medio si hace falta, en los países árabes, que no consiste solamente en votar cada cuatro años para que un palamentario a quien no conoces , que un cierto partido que te parecemás afín a tus ideas ha puesto en la foto. Eso es confundir el medio con el fin.La democracia que no tenga como objetivo garantizar el mayor nivel de participación ciudadana, de libertades personales, pero también de bienestar y seguridad posible a sus ciudadanos no es merecedora de este nombre.Y en nuestro país concretamente parace que en los últimos años ha calado la percepción de que podemos decir que vivimos en democracia porque cad cierto tiempo somos llamados a las urnas, pero luego las instituciones no funcionan,en el Palamento se aprueban o se rechazan leyes que nos afectan a todos merced pactos en los que son decisivos intereses ajenos a la idoneidad o a los defectos de la ley en cuestión, la justicia se enquista en sus persigue a los jueces en lugar de a los ladrones,algunos políticos actúan en su propio beneficio sin ser por ello excluidos del sistema....En fin, etcétera , etc....Ese ha sido el caldo de cultivo de 15-M que apareciese en la calle era solo cuestión de tiempo. Ya lo ha hecho y como dije al principio , como el camino es largo los pasos tienen que ser cortos , pero incansables. A corto plazo , el primer objetivo pasa por una regeneración de la política en nuestro país,cambio de la ley electoral , imposibilidad de que políticos implicados se presenten en las elecciones, participación ciudadana directa en la aprobación mediante referendum de ciertas decisiones que nos van a afectar a todos muy directamente, impulsar la reforma fiscal más redistributiva , con mayor contribución de las rentas más altas, revisión del los tipos de contratación laboral, cambio en los sistemas de cotización de las empresas por trabajador que disuada del fraude de la economía sumergida,revisión de la participación de las rentas salariales en en los beneficios que se derivan del crecimiento de la riqueza del país, pacto por la educación,en fin hay mucho por hacer y mucho que pedir... A medio plazo ,ir impulsando la extensión del movimiento por todo el continente para impedir que con la excusa de la coyuntura económica no desmantelen en unos años los logros que se han tardado decenios en conquistar. Y a un plazo más largo, pero no demasiado, que no queda tiempo para tanto, caminar hacia cambios a nivel mundial, para que la globalización que nos ha traído el final del s XX no suponga una generalización de la destrucción del planeta, de la competencia y de la miseria a barra libre para todos, sino una verdadera ocasión de encuentro y de esperanza para la humanidad.

HIPÓCRITAS Y CALUMNIADORES: VENCERÉIS PERO NO CONVENCERÉIS.
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La Razón: “Si Rubalcaba entiende que, como candidato socialista a las próximas elecciones generales, no le conviene aplicar la Ley a los ‘indignados’, debería dimitir ya como ministro del Interior, pues los intereses generales deben prevalecer sobre los particulares”. ¿Pero cómo se atreve esta gentuza a utilizar la palabra DIMITIR y la de INTERESES GENERALES, qué saben ellos de eso? Ahora valoran sobremanera el resultado de las urnas del 22M, que si no les favoreciera utilizarían la conspiración y la calumnia, o simplemente llamarían “borregos” a los que se olvidaron de ellos.
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Una de las dos estúpidas “isabeles” se atreve a difamar y calumniar a E.Hessel por su librito “Indignaos” (casi 2 millones vendidos) y supongo que deliberadamente ha olvidado el correspondiente “Reacciona” de JL. Sampedro, y otros grandes “progres”, pero, ¿los habrán leído siquiera, o no los han entendido? Parte de sus contenidos están en vuestra Biblia, ¡so hipócrita ignorantes! ¿Cuándo entenderán estos franquistas que Rubalcaba no es Fraga Iribarne?, prefieren ignorar que nada tuvo que ver con el 13M y justificar las mentiras de Aznar y su pusilánime Acebes tanto a la prensa como a todas las embajadas.
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Bien, que sigan con el sistema de Goebbels: los 5 millones de parados (mentira: el 50% los tienen los “emprendedores” en la economía sumergida) y que la crisis la ha traído este Gobierno, ¡y el domingo a misa de doce!. Cuando los más de 3 millones de “desencantados” vuelva a negarles el voto, ¿a quién les echarán la culpa? Ah, claro, pues a los “INDIGNAOS” dirigidos por Rubalcaba y ZP, jolín, que parece que hoy estoy un poco torpe. Estos son tan atrevidos que son capaces de apropiarse de la Ilustración, la Enciclopedia y de nuestra Constitución, sin haber movido un dedo.
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Hay que ver cómo le gustan las medallas a este Aznar, claro, siempre que las pague otro. La suya no la pudo conseguir del “lobbing” de USA (se le vio el plumero). Ahora le toca a Thatcher, y porque el inútil de Reagan ha muerto, si no, le entrega Doñana. ¡Viva el liberalismo que nos ha traído esta CRISIS INTERNACIONAL!

este Jimenez es un virus ???la perorata ... es infumable..

nada nada. leña al mono

ya esta denunciado a la policía. Solo es cuestión de poco tiempo.Seguiremos informando

DANIEL JIMENEZ basta de invadir espacio publico, ¿pq escribes un comentario tan largo ocupando toda la pagina y pegas 4 veces lo mismo? ¿Para ti o para que pudieramos leerlo todos? Un poco de respeto hacia todos los participantes de este espacio? Si tienes tanta gana de rellenar, crea tu propio blog y aqui pegas la dirección? ¡Menuda cosa! ¡que horror de personalidad! ¡Y que error dejarlo salir con la suya! concentrate en el tema que toca para hablar

No os preocupéis cavernícolas que de eso ya se encarga Fredy

la promocion del sr. Jimenez es tan absurda como somnolienta ... en cuanto al 15 M el generador de este movimiento no es otro que el consabido maquinador y manipulador del sistema.. y al cual se adhirieron algunos de los ingenuos indignados con justificacion., lo que lo hace ilegitimo es que va contra todo sistema democratico ., y solo se representan a si mismos sin ninguna propuesta valida .. esto nacio antes de las elecciones pretendiendo incendiarlas y pervertirlas ., como los socialistas sabian que iban a perder ... se inicia un populismo callejero kalebarroka - radicalistas que coincidentemente nunca señalan a Zapatero y sus complices como los causantes de esta debacle y con mas de 5 millones de desempleados... eso ya es sospechoso . y a Zapatero no le preocupa la tension ni las revueltas y mucho menos a Rubalcaba .. que ha sido tolerante y se ha escondido defendiendo el derecho de esta ocupacion callejera y desatendiendo y dejando en la indefeccion a millones de ciudadanos que tambien tienen derechos y han sido violados .. y a esta dupla parece preocuparles mas como se manifiestan estos oportunistas alborotadores mercenarios del gamberrismo .. pareciera que quieren la insurreccion .. la clasica revuelta sociota de siempre.. para que la gente olvide que hay mas de 5 millones de desempleados y que el riesgo de este pais de ser intervenido ... esta tocando indices maximos...y estan muy ocupados candidateando y desatendiendo sus obligaciones.. el movimiento esta totalmente desprestigiado los cambios se hacen votando y en los sitios que corresponden el congreso, las universidades... etc.. estos son movimientos manipulados y con propositos claramente politico.

Y pensando bien , alguien se debe haber molestado mucho , pero mucho , para que ahora tengamos al TONTO de DANIEL JIMENEZ con sus andanadas de mensajes . Los chicos del 15-M y Ud deben haber metido el dedo en algunas llagas y a muchos les debe estar doliendo mucho . Repito , muy bueno el video de hoy !

En fin, etcétera , etc....Ese ha sido el caldo de cultivo de 15-M que aparecise en la calle era solo cuestión de tiempo. Ya lo ha hecho y como dije al principio , como el camino es largo los pasos tienen que ser cortos , pero incansables. A corto plazo , el primer objetivo pasa por una regeneración de la política en nuestro país,cambio de la ley electoral , imposibilidad de que politicos implicados se presenten en las elecciones, participación ciudadana directa en la aprobación mediante referendum de ciertas decisiones que nos van a afectar a todos muy directamente, impulsar la reforma fiscal más redistributiva , con mayor contribución de las rentas más altas, revisón del los tipos de contratación laboral, cambio en los sistemas de cotización de las empresas por trabajador que disuada del fraude de la economía sumergida,revisión de la participación de las rentas salariales en en los beneficios que se derivan del crecimiento de la riqueza del país, pacto por la educación,en fin hay mucho por hacer y mucho que pedir... A medio plazo ,ir impulsando la extensión del movimiento por todo el continente para impedir que con la excusa de la coyuntura económica no desmantelen en unos años los logros que se han tardado decenios en conquistar. Y a un plazo más largo, pero no demasiado, que no queda tiempo para tanto, caminar hacia cambios a nivel mundial, para que la globalización que nos ha traído el final del s XX no suponga una generalización de la destrucción del planeta, de la competencia y de la miseria a barra libre para todos, sino una verdadera ocasión de encuentro y de esperanza para la humanidad.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Sr Gabilondo , debe esta Ud pegando donde más duele , para que el TONTO de DANIEL JIMENEZ se tome tanto trabajo escribiendo , aunque no sea más que con "copiar y pegar" . Pero sigo el consejo de MARUJA y puedo seguir leyendo solo los mensajes de la gente normal . Sigo sus videos y el el hoy es especialmente bueno . Siga así Sr Gabilondo .

.Comparto la reflexión pero añado, el movimiento 15M lo apoyamos personas de muchos estratos sociales y de diferentes perfiles académicos. Basta interesarse por leer su embrionaria página Web para darse cuenta de que se sabe lo que se quiere y que tarde o temprano se le dará forma a todo ese conglomerado de ideas positivas para desde dentro canalizar esa fuerza y cambiar la forma actual de concebir la política y encontrar en el derecho al voto la verdadera forma de mejorar el sistema democrático y sacar de las instituciones a los deshonestos, malversadores, canallas y demás jauría que facilitan el discurso de los fascistas, los golpistas, los que no creen en la democracia, y los ultra conservadores, como lo demuestran ya algunos comentarios en el foro. No facilitan las cosas las imágenes de los Mossos d’Escuadra apaleando a ciudadanos indefensos de forma inhumana y casi sádica que no repelían la agresión y que se manifestaban pacíficamente por que están cansados de gente que utilizan la política con fines lucrativos y perversos o introducir policías de paisano para reventar manifestaciones pacíficas o criticar al conjunto de ciudadanos que nos identificamos con la idea fundamental del 15M para de este modo desacreditarles y sin embargo no realizar públicamente autocríticas, eludiendo mirarse el ombligo para asumir la gran parte de culpa y si no toda del porque hemos llegado a esta situación, y en lugar de ir contra los culpables se arremete contra los que denuncian la situación y a los culpables.
Se pide a la justicia y a los medios policiales diligencia y dureza para actuar contra ciudadanos INDIGNADOS y se comprueba con estupor esa eficacia frente a la ineficacia y falta de diligencia, causa de parte de la INDIGNACION , con que se tratan las causas abiertas, pendientes o por abrir del montón de CORRUPTOS que medran en las instituciones. Es fácil hacer comentarios menospreciando a parados, desahuciados, jóvenes sin futuro o explotados y pedirles moderación en sus manifestaciones en la calle y en la forma verbal con que deben expresarse, cuando quien los hace y los exige se encuentra conduciendo un Mercedes, o está atendido por su servicio doméstico en su chalet o mansión , o está confortablemente tumbado en una hamaca al borde de una maravillosa piscina mientras se está fumando un enorme puro que le reafirmarse en su oposición a la ley antitabaco y al gobierno que la promovió. Estos sí que son demócratas, respetan la democracia y velan para dejarla como está, vaya ser que al final se les acabe el chollo.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la cam