16 jun 2011

"El 15- M debe gestionar la enorme energía que ha liberado. Es el momento de pararse a pensar"

Por: Iñaki Gabilondo

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Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.
Vicepresidente, ministro, portavoz y candidato. ¿Acumula Alfredo Pérez Rubalcaba un poder excesivo? ¿Debería renunciar a todos o algunos de sus cargos en el Gobierno para concentrarse en su nuevo papel de aspirante a La Moncloa? ¿Le beneficia o le perjudica su desmesurada presencia en los medios de comunicación? El propio Rubalcaba alimentó ayer ese debate -que divide al PSOE entre partidarios y detractores de su hiperliderazgo- al afirmar que dejará el Ejecutivo si considera que sus "responsabilidades son incompatibles con las del partido", un escenario que obligaría a José Luis Rodríguez Zapatero a remodelar de nuevo su Gabinete.

"Su acumulación de competencias no plantea ningún problema desde el punto de vista jurídico, pero sí es cierto que podría restarle autonomía como candidato y dificultar que se presente a las próximas elecciones con un perfil político propio", sostiene uno de los dirigentes del PSOE consultados por El Confidencial. "Se trata de una cuestión puramente estratégica, y es Rubalcaba el que tiene que decidir si le conviene más seguir en el Gobierno o renunciar a sus cargos para volcarse en la candidatura y, de paso, dejar sin argumentos al PP".

Los populares ya han dejado bien claro que atacarán a Rubalcaba por ese flanco mientras puedan. Mariano Rajoy le restregó la semana pasada que él sí dejó el Gobierno cuando José María Aznar le designó en 2003 sucesor y candidato del PP; y ayer la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechó la sesión de control en el Congreso para recriminarle que haya "eliminado a la competencia" -en alusión a la renuncia de Carme Chacón a disputar las primarias- y reprocharle su acopio de poder: "¡Cuánto le gustan los cargos y qué poco las responsabilidades!". La réplica de Rubalcaba disparó de inmediato, dentro y fuera del PSOE, las especulaciones sobre su futuro: "Dejaré el Gobierno cuando crea que mis responsabilidades son incompatibles con las del partido".

Ventajas... e inconvenientes

El Comité Federal del PSOE se reunirá el próximo 9 de julio para proclamar definitivamente a Rubalcaba cabeza de lista en las elecciones generales. Sólo a partir de ese momento el ya candidato oficial podría anunciar su marcha del Gobierno. "La ventaja de seguir ejerciendo como vicepresidente y ministro es que tendría asegurada una gran proyección pública y mediática hasta que se celebren las elecciones", afirma un diputado socialista, "pero también tiene el inconveniente de que puede quemarle y limitar sus movimientos como candidato".

Los riesgos de que su papel de candidato socialista se solape con el de hombre fuerte del Gobierno quedaron de manifiesto el pasado martes, cuando el ubicuo Rubalcaba aprovechó su presencia en un acto institucional de la policía para arremeter contra el PP por haber cuestionado la solvencia financiera de Castilla-La Mancha. La reacción, ayer, de los sindicatos policiales fue fulminante: "Con el escudo del Cuerpo Nacional de Policía detrás no puede hacer declaraciones contra la oposición, porque mancha esta institución, y por ahí no pasamos", le advirtió el secretario general del SUP, José Manuel Sánchez Fornet.

"Sus responsabilidades en el Gobierno son perfectamente compatibles con su condición de candidato", apunta un miembro de la Ejecutiva del PSOE, que se pregunta: "¿Acaso no se puede ser presidente del Gobierno, o de una comunidad autónoma, o alcalde de un municipio y, al mismo tiempo, candidato electoral?". Su tesis es compartida por un compañero de la dirección socialista, que critica al PP por aplicar con Rubalcaba "la ley del embudo". Y pone como ejemplo a la número dos de Rajoy, María Dolores de Cospedal, que "ha sido a la vez candidata en Castilla-La Mancha, secretaria general de su partido, senadora y parlamentaria autonómica".

"Que los ministros den la cara"

Pero la división de opiniones en el seno del PSOE es manifiesta. "Lo que no puede ser es que Rubalcaba aparezca todos los días una docena de veces en los medios de comunicación opinando de todo y sobre todos", explica un destacado miembro del Grupo Parlamentario Socialista. "Los vicepresidentes y los ministros también tienen que dar la cara para que él esté más blindado. Una buena opción", añade, "sería que Ramón Jáuregui [ministro de la Presidencia] subiera un escalón y ejerza a la vez como portavoz del Gobierno, sustituyendo en esa labor a Rubalcaba".

La Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo mes de septiembre, que servirá de debate ideológico para elaborar el programa electoral de 2012, podría ser "un buen momento" para que Rubalcaba salga del Gobierno y se concentre en exclusiva en la campaña, en opinión de otro diputado socialista. "Si deja de ser vicepresidente no pasa nada, porque Zapatero y los otros dos vicepresidentes pueden ejercer sus funciones", asegura, "pero si abandona también el Ministerio del Interior habría que reemplazarle y nombrar un sustituto, aunque sólo fuera para seis meses".

Ayer, después de que Rubalcaba abriera por primera vez la puerta a su marcha del Ejecutivo, otras fuentes socialistas se apresuraron a apuntar otra posible alternativa: que, a cambio de salir del Gobierno, asuma la portavocía del partido en el Congreso, desplazando al actual titular, José Antonio Alonso. De esta forma, el candidato apenas perdería peso político y presencia mediática.

Sr Gabilondo, puedo estar con usted en algunas de sus ideas, en otras no, pero ya que usted es un periodista me gustaria que viera el siguiente enlace que le envio y pudiera denunciar la corrupcion de un estado que usa la fuerza policial para desvirtuar un movimiento que esta comenzando a hacer pensar a muchos españoles que merece la pena luchar por profundizar la democracia y mejorar el sistema economico.
Lo que hace la policia y sus jefes es propio de una dictadura

¿se va a atrever a denunciar?

El enlace es:

http://www.planetatortuga.com/modules/news/article.php?storyid=3875

Todos los democratas deberiamos denunciar esta actuacion policial y a sus mandos

El movimiento 15-M es algo que resulta ilusionante en un principio y dando por sentado que la gran mayoría de las personas que participan lo hacen realmente por unos ideales (aparte de los 4 gilipollas que se meten en cualquier manifestación o agrupación de personas que salen a la calle - por cierto, igual que aquellos idiotas que salen con la banderita española con el pajarito (¿o esos ya no son los 4 gilipollas antes citados?) - ) a mí lo que me hace mosquearme es ver en que lugares se hacen notar (Madrid (PP), Valencia (idem), Barcelona (CiU). Tal vez si les viese protestar en Soria, Zaragoza o San Sebastian no me mosquease tanto.

Estoy parcialmente de acuerdo contigo. El movimiento 15M debe establecer una estrategia, eso es indudable y debe definir que objetivos desea alcanzar. Pero también creo que, sin el uso de la violencia, las pequeñas movilizaciones como evitar desahucios y protestar en las tomas de investiduras son necesarias para conseguir que los políticos entiendan que hay mucha gente descontenta con la gestión que están haciendo. Creo que el movimiento 15M tiene un respaldo inmenso. Que la gente visible es sólo la punta del iceberg. Gracias Iñaki.

Me gustaría que pudiérais contar esto también. Bueno es información importante. Quienes son los violentos de verdad, porque vosotros sois los mismos que contásteis ecactamente la misma historia desde Egipto, verdad?
http://www.youtube.com/watch?v=YcmvzRvsf8g&feature=player_embedded

Hoy no se habla del violento zarpazo al estado de bienestar propinado por la derecha catalana y no catalana. Hoy se habla de violencia hasta la exageración mas indignante
Hoy se teatraliza con el helicoptero de Mas o el perro del diputado ciego.
Hoy la derecha y sus socios envuelven en tinta y mierda al movimiento de los indignados.
Hoy se trata de desalentar la participación ciudadana en la protesta convocada para el sábado 19.
Hoy no se habla del video en el que se muestra a policias a los que se atribuye el comiezo de los ataques violentos.
Hoy no se habla de la violenta carga en la plaza de cataluña que precedió a la convocatoria de ayer.
Hoy no se habla de la mayoritaria actuación no violenta de los que protestaran ayer.
Hoy no se habla de la indignación creciente de los ciudadanos.
Hoy no se habla de la legitimidad de la desobediencia civil, para forzar una democracia real, que acabe con las deformaciones de la actual.
Hoy no se habla de Gandi, Mandela o Lther King que co su impulso a la desobediencia civil consiguieron la desaparición de aberraciones de la democracia.

Los problemas que tú tengas con el abuelito franquista que tienes encerrado en el armario es TU problema. El partido popular, heredero de Alianza Popular y que forma el centro derecha español junto a los partidos nacionalistas similares no sólo fue fundamental en la liquidación del régimen franquista y de su democracia orgánica ¿te suena? sino que también fue junto a la UCD, al PSOE, al PCE y a CIU uno de los que elaboraron la constitución democrática española que el pueblo aprobó en referendum. ¿No lo sabías?. No me extraña, porque perteneces a ese grupo tan nefasto y que tanto daño hace a este país que es el formado por los "avispados" y los "enteraos" que tocan de oido. Sois guerracivilistas como los del siglo XIX y parte del XX y absolutamente antidemocráticos. Igual que los fascistas daban golpes de estado cuando los resultados no les convenían, los socialfascistas os inventais movimientos asamblearios pero en el fondo la idea totalitaria es la misma. Pensáis que el país es vuestro y que el único discurso válido es el de izquierda a pesar de que los datos demuestran que os lo estáis cargando. Quien tenga la paciencia de leer lo que los que se dicen progresistas han escrito esta mañana en este foro podrá ver como unos han defendido la autarquía, otros que nos vayamos de europa (sin duda para implantar su democracia asamblearia), otros cerrar las tiendas de ikea (lo que les pase a sus empleados parece que no es asunto suyo), etc, etc, etc. Cualquier barbaridad siempre que esté relacionada con el prohibir y con el culpabilizar a los demás de sus delirios. Sois como el perro del hortelano, ni hacéis nada bueno ni dejáis que los que saben lo hagan... Sois unos auténticos hijos de zapatero...

EL señor DANIEL JIMENEZ esta llevando a cabo lo que en informática se llama "ataque por denegación de servicio" : mensajes tan largos que nadie lee y quita las ganas de comentar nada , o sea "bloquea o deniega el servicio". Se debería averiguar quien está detrás , quien le paga . Pero creo que la respuesta es obvia . Pero por otro lado sus descerebrados mensajes, demuestran la razón que tiene el señor Gabilondo con sus vídeos .

El tal daniel jimenez es, como los de ayer en barcelona, alguien que no respeta los derechos de los demás. Pero para que unos desalmados vulneren las leyes, se salten las jornadas de reflexión, no acaten las resoluciones de los tribunales, ataquen a alcaldes democraticamente elegidos y cerquen y monten la que montaron ayer en el parlament es necesario que haya otros que se lo toleren y les rían las gracias. Una cosa es no censurar opiniones y otra muy distinta dejar que los reventadores actúen impunemente cuando se puede evitarlo. Pensamos que la pesadilla totalitaria y antidemocrática había quedado atrás con la liquidación del régimen franquista y su democracia orgánica pero aquí vienen los totalitarios del otro lado a imponernos la democracia asamblearia. Y encima dicen que tienen profesores y catedráticos apoyándoles e iluminándoles. Viendo los resultados, y cogiéndoles uno de sus latiguillos favoritos, se podría decir que demasiado chorizo para tan poco pan o lo u
que es lo mismo, muchos predicadores, demasiados, que no dan trigo.

dusculpen q el video no este en castellano, pero aqui un ejemplo de q los violentos no siempre son los q nos venden:
http://www.youtube.com/watch?v=YcmvzRvsf8g

El movimiento 15 M y Democracia Real Ya, Anonymous y demás grupos que han ido apareciendo ante la impunidad de políticos, banqueros y empresarios corruptos que estan desprestigiando la Democracia. Hay que recordar que esta Democracia se consiguió con muchos sufrimientos, años de cárcel, muertos, exilio y un largo etc, no piensen que esto obtuvo gratis, al igual que ahora antes había grupos de reventadores de las manifestaciones, los ultras siempre estan dispuestos a reventar y transmitir una imagen de deterioro, pero también hay que controlar las actuaciones policiales, pienso que muchos ultras estan metidos en estos cuerpos. El cabreo seguirá pues el que no esta en paro, no tiene seguridad de que mañana no le toque, mientras asistimos como continúan los beneficios de la banca y como se legisla a su favor para ayudar a salvar los sillones de los consejos de administración con dinero PÚBLICO, mientras se han dejado caer mas de 450.000 autónomos(pequeñas empresas). Los comedores sociales no dan mas de si, pero hay que seguir movilizandonos a pesar de las críticas que tratan de desprestigiar, podrán arrancar las margaritas pero no podrán para la primavera.Quizás sea el momento de una nueva Democracia.
No a la violencia venga de donde venga, Si a las movilizaciones, No a la guerra. Si a la PAZ.

PERO COMO ES POSIBLE QUE PERMITAN PUBLICAR MENSAJES COMO LOS DE ABAJO QUE SON AUTENTICAS SABANAS PERO HAY QUE SER IDIOTA PARA PENSAR QUE ALGUIEN VA A LEER A ESOS PLASTAS EMPEZANDO POR EL TAL DANIEL JIMENEZ,,QUE DEBE SER TONTO DE NACIMIENTO.

Todo el mundo sabe que los comunistas como los fascistas siempre han sido gobiernos totalitarios , Cayo Lara presidente de IU como muchos dirigentes del PSOE dicen sentirse orgulloso de ser comunista o ROJO , que es lo mismo , nunca he oído a un político del PP decir que esta orgulloso de ser fascista , eso define el camino de unos y otros , y si los Españoles no terminan de verlo les llevara a sufrir mucho

Todo el mundo sabe que los comunistas como los fascistas siempre han sido gobiernos totalitarios , Cayo Lara presidente de IU como muchos dirigentes del PSOE dicen sentirse orgulloso de ser comunista o ROJO , que es lo mismo , nunca he oído a un político del PP decir que esta orgulloso de ser fascista , eso define el camino de unos y otros , y si los Españoles no terminan de verlo les llevara a sufrir mucho

Es lógico , como en Cataluña ERC no toco bola , ahora la izquierda radical se echa a la calle a romper la democracia como en Madrid y en otras autonomías que ha ganado el PP , en Guipúzcoa como , BILDU-ETA a ganado mucho , no hay cale borrosa , en Cuba parece ser que no hay pobres indignados , por eso no hay cale borroca , la realidad es que mandan los indignados totalitarios , y los necesitados de libertad y comida no tienen ni el derecho a protestar . BILDU-ETA ayudara en todo lo que pueda a las izquierdas radicales de Cataluña ERC, Galicia BNG y el resto de España parte de IU para hacer de España un estado totalitario de izquierda ,esto seria un sueño para Hugo Chavez , Fidel Castro y Zapatero

EL GRADO DE gestión DEL MOVIMIENTO, ES UN INDICADOR DEL GRADO DE PERMANENCIA DEL CONTROL TRADICIONAL. CIERTO QUE DEBE HABER UNA ESTRATEGIA DE LUCHA, INTERNACIONAL ADEMAS, PERO, LA MODERACION ES UNA MERCANCIA BARATA VENDIDA POR LOS INMODERADOS CINICOS QUE PROVOCARON LA CRISIS

Por qué se habla siempre del movimiento como algo de otros, "los del 15M", "tienen que", "cual era su idea"... Pero no es algo que debería de ser de todos, acaso todos no estamos indignados con como se están haciendo las cosas fundamentales en este sistema.
La protesta debería de ser de todos, incluido Iñaki Gabilnondo, porque lo que se pide es tan de sentido común que sería firmado por los propios gobernantes.
Pero cuál es el impedimento de que los políticos se sienten a debatir? Por qué se empeñan en ver esto como un problema de seguridad interior, que como una llamada al diálogo y al consenso? Qué les da miedo?
Creo que la respuesta no la tiene que dar el movimiento, la gente que se está reuniendo en las plazas a debatir, la tienen que dar los que no quieren sentarse a simplemente escuchar.
Comprendo que los gobernantes a nivel mundial estan muy preocupados tambien por la situación económica, por el sostenimiento del propio sistema, pero sólo siguen las consignas que les marcan los grandes operadores económicos: bancos, empresas, economistas, porque creen que el bienestar depende de mantener las cifras macroeconómicas intactas como hasta hace dos años, y no se puede mantener.

Por tanto propongo que no sigamos hablando del 15M como algo lejano, de otros, y esperar a ver que deciden. Vamos todos a la plaza, porque a todos nos afecta.

pero es que nadie ha visto este video:
periodistas falsos:
violentos identificados: profesión mossos
http://www.youtube.com/watch?v=YcmvzRvsf8g&feature=youtu.be


CARTA ABIERTA AL MOVIMIENTO 15-M
El 15-M es un movimiento al que me siento unido por afinidad y simpatía; pero, he aquí
Algunas ideas que conviene tener en cuenta.
— Todos los jóvenes, de todas las generaciones, hemos sentido alguna vez el prurito de dar lecciones a nuestros mayores inventando nuestra propia pólvora.
— Todos los jóvenes, de todas las generaciones, hemos sido poseidos, durante más o menos tiempo, por un fuerte sentimiento de anarquía.
— Es lógico que los jóvenes del 15-M os sintáis importantes bajo la mirada de los medios de comunicación, y que disfrutéis a lo grande dedicándoos a construir vuestra propia sociedad con las herramientas de unas propuestas. Todo eso está muy bien, sois jóvenes; pero, conviene que sepáis que ese modelo de sociedad y esas propuestas hace siglos que están inventadas, y sobre ellas se han vertido ríos de tinta.
— El problema radica en que las sociedades avanzan a su aire, como impulsadas por una fuerza incoercible, extraña y ajena (para comprobarlo, basta con observar hoy en día a los antiguos ácratas-revolucionarios-de izquierdas del PSOE). Lo difícil está en lograr que estos pequeños empujones laterales, como el del movimiento 15-M, hagan cambiar de dirección a la sociedad.
— Tal vez los jóvenes de ahora lo consigáis; pero tendréis que aportar algo más de lo que habéis aportado hasta la fecha.
— Proponer a la gente hacer algo, acometer una empresa, alcanzar un fin, y que aquella se persuada y se disponga a llevarlo a cabo, es muchísimo más difícil que ponerse uno mismo en marcha sin un fin concreto y que la gente nos siga.
— El éxito del movimiento 15-M se debe a que reúne los dos principios del segundo postulado: es un movimiento, es decir, un grupo de personas que se entrega a la acción, cuyo objetivo es algo inconcreto, genérico, que puede atraer muchas voluntades. Las causas, que incitan a la protesta y a la indignación, pueden ser muy variadas. ¿Quién hoy en día no tiene un motivo para protestar o indignarse?
— La máxima, enunciada en primer lugar, está sujeta de forma determinante a las circunstancias de la sociedad. En las revoluciones bastan unas pocas aseveraciones rotundas para despertar la conciencia y la acción entusiasta de la gente. Para llevar a término cambios sustanciales en una sociedad no revolucionaria, es necesario disponer de ideas muy claras, muy argumentadas y con un soporte intelectual muy sólido.
— En las etapas revolucionarias basta la acción decidida de unos pocos líderes para que las clases más desfavorecidas se pongan en movimiento, con la finalidad de destruir el sistema imperante. En esta etapa, lo fundamental reside en la fuerza de los argumentos que justifican la destrucción del sistema. El nuevo modelo de organización de la sociedad es solamente esbozado, pues se considera que, una vez desaparecido el antiguo régimen, todo surgirá positivamente por generación espontánea.
— Cuando no se dan las circunstancias revolucionarias, son los pequeños burgueses, la ingente clase media, la mayoría silenciosa, quien determina, aceptándolos o promoviéndolos, los cambios. Así pues, en este supuesto, los cambios sustanciales, así como su proceso de elaboración, si aspiran a implantarse en la sociedad, han de seducir a la clase media.
— Suele suceder que cierto tipo de acciones, que disfrutan de algunos caracteres revolucionarios, cuando no se dan las circunstancias intrínsecas en la sociedad, terminan finalmente por desinflarse y desaparecer, si no son capaces de aportar la nueva ideología que estimule a la gente, más allá de la puntual protesta e indignación.
— No se conoce en toda la historia de la humanidad que las protestas de un grupo de personas hayan inducido a la clase gobernante, sustentada por la clase media, a promover cambios radicales en la organización de la sociedad.
— El 15-M debe asumir: a) que es, de hecho, una fuerza política. b) que la política (es decir, el establecimiento y control de las normas y reglas esenciales, encaminadas a ordenar y regular la actividad y convivencia del conjunto de los individuos de una sociedad), aun cuando se halla usurpada y manipulada por un reducido grupo de afiliados a diferentes partidos, es una obligación fundamental, inexcusable, de todos cuantos constituyen una sociedad.
— Tarde o temprano el movimiento 15-M, si desea seguir existiendo, se verá abocado a plantease una de estas tres alternativas:
a) Potenciar la línea de promover cambios sustanciales mediante un incremento de la acción revolucionaria, en espera de que en la sociedad se den las condiciones idóneas para acometer una revolución (es decir, un cambio brusco y radical de sus estructuras). b) Mantenerse en la posición de protesta e indignación, con la esperanza de que nuestros gobernantes atiendan sus exigencias y modifiquen algunos elementos no esenciales, no vitales, del sistema actual, sobre la base de las propuestas de los ciudadanos reunidas por el 15-M. c) Asumir que -dado que es una fuerza política, y dado que, en las etapas no revolucionarias, la única forma de lograr cambios sustanciales en el sistema es actuando dentro del propio sistema- tiene que convertirse en una fuerza institucional: llámese partido político, sindicato, organización no gubernamental, etc.
— Centrándome en esta última alternativa, el problema que plantea llevarla a cabo es que necesita, por una parte, que sus miembros crean en la política; por otra, disponer de una nueva ideología lo suficientemente original y fundamentada como para atraer la atención y la adhesión de esa clase media mayoritaria. Como ya he comentado, en las actuales circunstancias, no bastan los eslóganes, ni las denuncias y reclamaciones puntuales, que ya otros muchos, incluso los mismos partidos políticos y sindicatos, vienen realizando desde hace tiempo. La solución no está en denunciar e indignarse por los graves problemas, que genera el sistema bicéfalo capitalista-partitocrático, ni en reclamar soluciones a dichos problemas, sino en proponer alternativas sólidas y fiables, que permitan sustituir este sistema caduco y perversamente defectuoso.
— Es fundamental que se comprenda que, cuando hablo de ideología, me estoy refiriendo a ese conjunto de ideas esenciales que configuran la estructura básica de algo, sus primeros principios; me refiero a ese conjunto de ideas que permiten que los mecanismos, los sistemas, los proyectos, funcionen, si son acertadas. Por ejemplo: no bastan, por importantes que sean, planteamientos generales como el de sustituir el sistema capitalista, si no conocemos a fondo su estructura, su mecanismo y el porqué de su entusiasta implantación en la mayoría de las sociedades humanas, y, mucho menos, si ignoramos cuál ha de ser el sistema más idóneo y eficaz para sustituirlo. Como ya he dicho otras veces “no parece inteligente hundir el barco en el que navegamos, sin antes haber construido uno nuevo”.
Para todo el movimiento 15-M, en general, y para cuantos opten por esta opción c), me permito sugerir la senda que he descubierto y que llevo tiempo recorriendo.

Propuesta de ideología.
Mi propuesta reúne dos características. Dado que se trata de un plan, de una ideología, que presenta el aspecto de poder cambiar el sistema, la sociedad e incluso el mundo, la propuesta tiene, por una parte, un carácter global -es decir, no se refiere a un aspecto, a una circunstancia, determinada- sino que agrupa todos los elementos: políticos, económicos, laborales, sociales, etc.
Por otra parte, se centra en los fundamentos, en la raíz, en la esencia, en los primeros principios, y no tanto en las circunstancias, en los casos particulares o en sus aplicaciones puntuales. No trata, pues, de cambiar esto o aquello, sino de dar un vuelco al sistema.
Mi deseo es que vuestro movimiento 15-M, al que me siento unido por afinidad y simpatía, examine, estudie, esta nueva ideología, estas nuevas ideas, con el fin de verificar si os pueden servir, en adelante, como cauce de acción y participación política, una vez terminada esta primera etapa en la Puerta del Sol, sin que el movimiento se vea en la necesidad de inventar algo nuevo, algo que ya está inventado.
Después de fértiles años de estudio e investigación, creo disponer de las claves lógicas, que enuncian los errores de los diferentes sistemas de organización económica y política, llevados a cabo históricamente por las sociedades humanas, así como las alternativas adecuadas para lograr entre todos una sociedad más próspera, más equitativa y más racional.
Los nuevos conocimientos, reunidos bajo el epígrafe de RACIONALISMO DEMOCRÁTICO, ofrecen a todas las personas de corazón noble y despierto entendimiento, una ideología que, por una parte: desarma de manera rotunda y eficaz el entramado de los fundamentos históricamente puestos en práctica por la inmensa mayoría de las sociedades humanas; denuncia y explica todos y cada uno de los graves errores estructurales de los diferentes sistemas creados sobre la base de esos fundamentos; y, por otra: aporta el diseño de un sistema social, económico y político, que transformará radicalmente las sociedades, haciéndolas más justas, libres y desarrolladas. Todo ello sustentado en un método científico armónico, de enorme lucidez, con análisis extremadamente rigurosos y con argumentos tan sólidos, que resultan, cuando menos, difíciles de rebatir.
Me pongo a vuestra disposición para haceros llegar los libros y artículos que reúnen lo sustancial de esta ideología, y para cuantas consultas, dudas o aclaraciones os planteen estos escritos.
gulliverlavoz.es

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El País

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