22 abr 2014

Bipartidismo: ¿estabilidad o inmovilismo?

Por: Iñaki Gabilondo

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Pienso que lo imperioso es deshacernos de ambos partidos, desmantelarlos para los restos. Han tenido todos estos años de democracia para convertir España en un vergel tanto material como social, pero tenazmente se han dedicado a constuir una estructura parasitaria que permea todos los estametos de la sociedad. Estructura que corrompe las instituciones democráticas, las cuales se desentienden de la primordial misión de todo ente público, que es el desarrollo económico y social. Se han convertido en inmensas instituciones privadas, cuyo único fin es mantenerse en el poder para seguir gobernando el pesebre de la riqueza pública, ofreciendo del mismo a entidades privadas afines, que sin dádivas son incapaces de competir.
Han dinamitado el concepto de partido que se recoge cualquier Constitución democrática, asemejándolo a una organización de malhechores.
Éstos dos partidos ha callado y permitido con su inacción que sus gobernados hayan sido timados por el sistema bancario, y defraudados por cualquier gran empresa que asome por nuestro horizonte Hispano, principalmente por aquellas grandes empresas que regalaron a los intereses privados.
Si nos centramos en los efectos que éstos dos partidos provocan sobre el Poder Judicial, nos encontramos con indecencia y desvergüenza: Tribunales que obcecada y suciamente persiguen a los Jueces independientes del sistema parasitario.

Electoralmente hay que devastarlos, no tenemos otra solución.

El problema no es sólo el inmobilismo del bipartidismo, sino el tipo de bipartidismo que tenemos en España. A diferencia del modelo americano, por ejemplo, donde la conexión de los parlamentarios es mucho mayor con sus bases, en España lo que tenemos son dos grandes bloques con disciplina de voto donde se castiga la diferencia y la división interna. A mayores, en España se ha destruido la separación de poderes: el ejecutivo es elegido por la mayoría del legislativo, y a los miembros de los más altos órganos del poder judicial también los elige el legislativo... que está controlado por los monolitos que son los partidos. Por no mencionar las claras afinidades de la prensa, los sindicatos y muchas organizaciones sociales.
Así que yo claramente estoy a favor de la rotura del bipartidismo porque obligará a que se busquen de nuevo unos consensos fundamentales y, con suerte, se reinstaure una decente separación de poderes que rompa con esta partitocracia. Al menos así tendremos una democracia digna del siglo XX, ya que no del XXI...

Si el voto de un elector de Teruel vale mucho más que el voto de un elector de Sevilla, y si además el voto de un elector de Teruel que vote a IU inevitablemente regala su voto al PP o al PSOE, ¿dónde está la democracia? El bipartidismo viene de ahí, de la ley electoral, que es injusta y está hecha precisamente para que sólo dos partidos se repartan el poder. De ahí sólo puede salir inmovilismo y putrefacción porque ese reparto bipartidista del poder es inamovible y no puede haber ningún tercer partido que pueda gobernar.

La cuestión es que la cosa no es tan sencilla como parece puesto que el significado de las palabras se desliza entorno a un significante maestro que le proporciona sentido, por lo que no son lo mismo los derechos de la mujer en entorno al maestro “democracia liberal” que en el de las culturas islamistas – aunque los dos pueden emplean el mismo significante no se parecen en absoluto en lo que designan. Y como también en la comunicación, la incertidumbre descrita en la teoría matemática de la información es fundamental, -no es lo mismo hablar de tales derechos de la mujer que de feminismo, puesto que el segundo contenido es subconjunto del primero-, dependiendo de cómo se manejen las palabras se siembra más esta, o no.


Lo que puede explicarnos algunas cosas de los partidos y al bipartidismo. Puede parecer que nos ofrece más ambigüedad e incertidumbre una mayor número de partidos, y que solo dos alternativos mayor estabilidad. Aparentemente, si somos capaces de percibir que esta no es la estabilidad que de la que hablamos al referirnos al asunto político. ¿De qué estabilidad estamos hablando si como en el caso primero nada más que se llega al poder la oferta electoral queda desintegrada como en una voladura con explosivos? ¿No estaremos hablando de aquella que emana del compromiso, a través de los votos, entre representantes y representados por el programa que elegido los pone en el poder?


No se trata por tanto, en este caso, de bipartidismo o no, sino de la forma en la que este se presenta y la absoluta carencia de democracia que opera como significante maestro; así como de la incertidumbre que representa votar cada cuatro años para, de inmediato, dejar de ser el gobierno del pueblo pasando al arbitrio de los dos grandes partidos. Mientras no haya mecanismos de participación ciudadana, sino “esto” que como “basura representativa” se nos ofrece, más incertidumbre no vamos a tener con una multiplicidad partidista.

Necesitamos poder discutir con libertad de pensamientos, sin hipotecas preconcebidas. Hemos llegado a un punto en el que en el momento en que abrimos la boca lo primero ques aparece ews el cliché en el que quedamos insertados haciéndose inútil cuanquier reflexión consiguiente

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