23 sep 2014

Cuidemos a nuestra madre

Por: Iñaki Gabilondo

Hay 10 Comentarios

En los paises desarrollados y en los emergentes hay un consumismo voraz que sólo detiene el no disponer de más dinero para gastar. Los jóvenes, que son el futuro inmediato, los veo idiotizados mirando sin parar la pantalla de sus smartphones, así poco a poco se pierde la sensibilidad hacia el entorno natural, ese que hay que amar, observar y reflexionar para poder ser uno a uno los que pongan freno a la destruccion de los recursos. Mi conclusion personal es que seguiremos empeorando, como humanidad y por lo tanto la parte de Biosfera que nos toca, osea la mayoría del planeta.

Lo que me hace sospechar, que cuando tengamos que salir de nuevo al espacio en serio y con urgencia, ya no seremos capitalistas, sino otra cosa. El capitalismo se beneficia de la gestión de la escasez, pero la escasez extrema lo acogota.
Cuando los recursos sean muy escasos y preciados, como el agua, los problemas ya no serán sólo económicos, sino también políticos. Ya no será el beneficio económico, sino la mera supervivencia de las estructuras sociales, la convivencia, lo que nos angustie. El paradigma de posesión privada de recursos vitales para la comunidad, en asuntos como la energía o los acuíferos, será puesto en duda.
Y como la expansión económica del capitalismo ya está encontrando límites en la biosfera, es decir, que las tasas de crecimiento o sus repuntes cada vez duran menos y tienen menos relevancia (China hace tiempo que no puede regresar al milagroso crecimiento del 10% propio de los 90) nos encontramos que gran parte del capital mundial se encuentra en juego en el mundo financiero, donde esas cifras insólitas de dinero virtual en constante movimiento son imposibles de replicarse en la masa monetaria existente. En otras palabras, la economía productiva está en una especie de animación asistida, y pendiente del mercado financiero, con episodios de asfixia. El mundo económico está bastante divorciado de la realidad de los límites del ecosistema, y quizás el único indicador vital que avizora ojeroso son los precios de la energía, sea esta renovable o fungible. La dependencia de un sistema económico fuertemente anclado en el uso del petróleo así lo indica, y no hay visos de una energía o materia prima capaz de sustituirlo a largo plazo con la misma intensidad . Dependemos de él para muchas cosas, en la agricultura y pesca intensivas, en el transporte diario, en muchas cosas que definen la normalidad económica cotidiana actual. Las alternativas que se presentan hoy día implican necesariamente un cambio radical de paradigma, tanto en consumo como en aprovechamiento de recursos.
La pregunta es si será un cambio paulatino o como respuesta a un acontecimiento súbito.

El Panel Inter Gubernamental para el Cambio Climático (IPCC), ha hecho un esfuerzo absolutamente formidable en la prognosis y de estrategia sobre este fenómeno global. En ciertos círculos se conoce mucho sobre este tema. Y continúan trabajando.
Probablemente el reto más exigente es y seguirá siendo, trasladar ese conocimiento y sensibilidad, al grueso de la población mundial.
Se justifica de sobra el esfuerzo.
No mucha gente sabe el impacto de una variación de p.e. 0,5 grados de temperatura, sobre la naturaleza. No digamos 2 o 3 grados, sobre el inmenso equilibrio alcanzado por esta, a lo largo de millones de años.
En mi opinión, ahora, tanto como tener conciencia de los fenómenos físicos desencadenados por algo así, dada la premura de la situación, toca en paralelo, divulgar las consecuencias en términos de impacto humano. En el día a día de la gente. En términos de, la más que probable escasez de bienes, el incremento de precios y costos, el aumento de enfermedades y su impacto, los desastres sobre sobre nuestras viviendas y entornos familiares, volatilidad de los riesgos por zonas y metereologia propias, posicionamiento ventajista de las multinacionales en torno a las nuevas e inesperadas necesidades humanas, requerimiento de una nueva cultura educativa en nuestros pequeños e incluso, hasta la universidad, el reto inmenso de una distribución racional del agua y su desvinculación de oportunismos mercantilistas...........y así una lista cuasi interminable de cosas.
Obviamente, la sociedad tenemos que contar con gobiernos que piensen más allá del déficit fiscal. En otras palabras.....que piensen.
En cierto sentido, al elegir las personas de gobierno apropiadas, estamos contribuyendo a luchar contra las cercanas consecuencias del C.C.
Por extraño que suene.

El problema es que no queremos y seguramente podemos darnos cuenta de la situación porque eso tiene una implicaciones que no estamos dispuestos a asumir. La bioesfera es un sistema termodinámicamente cerrado (no aislado) que está en un estado cuasi estacionario y la economía es una subesfera que en ningún caso puede ser mayor ni siquiera igual al sistema que la contiene. El paradigma económico neoclásico parte de una visión del mundo vacío, donde no hay escasez general, aunque puedan existir escaseces particulares y en donde el crecimiento del producto (en forma de PIB o PNB) es la solución a los problemas que se plantean: superpoblación (Malthus), desigualdad (Marx) y desempleo (Keynes). Sin embargo, en un mundo lleno o que tiende a llenarse es cada vez más complicado ignorar los costes de agotamiento de los recursos de baja entropía y el vertido de los residuos de alta entropía. El PIB estima actividad económica, suponiendo que es abrumadoramente positiva, sin embargo, en un mundo lleno muchos de los costes que ignora hacen que el teŕico crecimiento económico sea en realidad anti-económico, en el que los costes superan a los beneficios. Para ver hasta que punto nos engañamos consideremos que una industria contamina gravemente un rio y todo el sistema ecológico que lo rodea que presta servicios valiosos para el mantenimiento de la vida pero si precio por ser un bien público (no rival y sin posibilidad de exclusión) pero que se internaliza ese coste obligando a la empresa a limpiar y no contaminar. Eso significa un aumento del PIB por la actividad destinada a compensar el mal, que llamaremos anti-mal, pero el problema es que el PIB no registra el coste infringido al capital natural, valioso pero sin precio porque no tiene las carácteristicas necesarias para que el mercado actúe (fallos de mercado). El anti-mal lo que hace es compensar el mal, el resultado final es empate en el mejor de los casos, no el crecimiento que registra el PIB. Por otra parte, lo que llamamos producción es en realidad un proceso de transformación de recursos de baja entropía en bienes y servicios útiles para el hombre y residuos de alta entropía. Aunque la tecnología puede ayudar a disminuir la intensidad en el uso de los recursos y a limitar los residuos sólo es posible hasta cierto punto, las leyes de la termodinámica son implacables. A medida que agotamos los mejores recursos, es especialmente visible con los recursos energéticos no renovables que una vez consumidos se han perdido para siempre, tenemos que ir a los recursos marginales, peores pozos de petroleo, carbón de peor calidad, etc.. al final la energía neta que obtenemos, aunque nos engañemos con unidades de volumen en bruto, disminuye (el fracking es un ejemplo paradigmático). La transformación (producción) depende en último término de la cantidad de trabajo útil (exergía) por unidad de tiempo (potencia). Pero ese lado de los inputs, tiene otro extremo el de los residuos que impone la segunda ley de la termodinámica. El crecimiento sostenible es en realidad un oxímoron, la economía tiene una escala óptima, algo que es natural en microeconomía pero que es ignorado a nivel macro. La razón es que a nivel micro existe un coste de oportunidad, crecemos a costa de alguien, mientras que a nivel macro, para la economía neoclásica, no hay coste de oportunidad, no crecemos a costa de la naturaleza pues la naturaleza es en realidad una subesfera de la economía (imperialismo económico). El fundamento de tan absurda creencia está enterrado en el corazón de las hipótesis teóricas que sostienen el paradigma dominante y consiste en creer que el capital natural y el capital hecho por el hombre son sustitutos, cuando en realidad son complementarios, tener más barcos de pesca no sustituye tener menos peces. El cambio de modelo económico resulta imprescindible, pero eso a día de hoy donde todo el mundo sigue pensando que el crecimiento del PIB es la solución a sus problemas, a pesar de la desigualad creciente que demuestra que el "trickle down" es un memez, es imposible frenar el cambio climático, pues es absolutamente contradictorio con el modelo de crecimiento indefinido que es necesario para mantener el capitalismo.

Pocos pero muy buenos comentarios. La crisis económica ha despistado a políticos y ciudadanos del problema climático, y éste no ha hecho más que incrementarse. Mientras no se tome conciencia seria de que la Tierra no entiende de euros ni de dólares, pero sí de kilogramos de CO2 y de grados centígrados... mientras no nos sintamos parte del sistema y no "dueños" del mismo, no habrá cumbre climática que arregle esto.

Somos tan ciegos que hasta que no nos caiga el mundo encima, no nos damos cuenta de lo que sucede.
Hay una cosa evidente, los más afectados por el cambio son los países pobres, por lo tanto ¿por qué preocuparse?.
Saludos… Félix.

El deterioro del medio ambiente y la creciente escasez de recursos naturales constituyen el problema capital al que se enfrenta la humanidad entera en los próximos años, pero no acabamos de tomárnoslo demasiado en serio. La cosa tiene bastante mala pinta, porque nunca se llega a compromisos globales suficientemente exigentes y todos, los gobiernos en primer lugar, prestamos más atención a los problemas económicos del día a día. No acabamos de caer en la cuenta de que el planeta se ha quedado muy pequeño y de que estamos haciendo un uso irresponsable de sus recursos. Cuanto más tarde se adopten iniciativas de valor y a escala mundial, los problemas que se avecinan se agrandarán y complicarán aún más.
No se trata de ser pesimistas, agoreros o aguafiestas, sino de abrir los ojos a la realidad de nuestro entorno y presionar para que se tomen medidas drásticas e imprescindibles.

Analizar el problema del clima como si de un juego se tratase, podría parecer frívolo a priori. Sin embargo, observado con atención, daría para unas cuantas tesis doctorales y algún premio Nobel (¿acaso no le dieron un Nobel a Al Gore por elaborar un power point?).
Es evidente que estamos ante un juego de "suma no cero", donde al contrario que en el dilema del prisionero, la INACCIÓN de los participantes es precisamente lo que nos arrastra a la destrucción mutua asegurada. Entendiendo por inacción, claro está, ninguna acción destinada a resolver el problema, dado que los lobbies energéticos son muy activos y prolijos en acciones destinadas a disuadir cualquier iniciativa al respecto. La dinámica rectora de Adama Smith resulta ser un fraude en este modelo.
https://www.youtube.com/watch?v=IcTHiS7hQnI
Les hace actuar de la misma manera que los camellos con sus yonkis. Lo que sea con tal de que no se desenganchen. Estos lobbies ejercen gran influencia sobre los gobiernos de sus respectivos países. Estos gobiernos a su vez viven en la eterna desconfianza de lo que harán los vecinos. En este juego, ser el primero en dar el paso, significa automáticamente una desventaja competitiva con respecto al resto de participantes, que automáticamente se verían en una situación relativamente mejor desde el punto de vista económico. Así las cosas llegamos al famoso Equilibrio de Nash, donde cada participante sabe que los otros no harán nada (bonitos discursos en la ONU es lo máximo: https://www.youtube.com/watch?v=SS-32UJH_-E) y por tanto él tampoco será el primero. La única manera de acometer la causa sería como en Fuenteobejuna: Todos a una; pero en ausencia de autoridad internacional poderosa que pudiera penalizar a los tramposos, el fracaso está servido. Quizás lo más importante que se ha hecho en este sentido ha sido el protocolo de Kioto, pues se entrelazó contaminación y economía (contaminar ya no sale gratis). Esa es la buena senda.
¿Quien mató a la madre tierra? ¡ Fuenteobejuna lo hizo, Señor !
https://www.youtube.com/watch?v=Xvg3PY6vRsE

El comportamiento humano, es una rueda que gira alrededor de todos los problemas, sin ninguna intención de enmienda. El medio ambiente, la igualdad social y la justicia, entre otros, son temas recurrentes y motivos de alegres reuniones entre los responsables, con la conciencia de haber cumplido.
Esa misma rueda, si no logramos pararla para reflexionar seriamente sobre cosas importantes y no superficiales, nos llevará hacia la destrucción: pero antes muchos habrán vivido en la abundancia, y otros en la miseria y la desesperación.

Lo doloroso es que la mayoría de personas de este mundo lo vean hoy día simplemente como un tema pasado de moda, del que ya se encargarán otros.
Olvidamos que esto debe también formar parte de la lucha ciudadana.

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