04 feb 2016

A encerrarse en el frontón

Por: Iñaki Gabilondo

Hay 60 Comentarios

por: Witness | 04/02/2016 11:07:53
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Witness, pasa por alto la actitud irresponsable de Cameron y de la dictadura China en su Jeu de Paume. Vivimos en la dictadura que marca China, la marca China, la que gasta 40 millones por Jackson. Mejor nos vamos preparando a la destrucción de los mercados, de la City, por la vía del todo vale en el fútbol. Magnates rusos propietarios de la costa levantina, de clubes insignes británicos de fútbol, jeques árabes financiando clubes de la Liga Española de fútbol, chinos también haylos, etc., y no pasa nada
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Yo, al menos, no te he oído quejarte sobre eso que las noticias deportivas, nos bombardean a diario (ok), que dice bastante de la calidad democrática, si nos atenemos a las estadísticas con las que nos sueles obsequiar, de los mercados.

"Et au fond, se dresse un fronton arrondi, vieux mur monumental, contre lequel les pelotes viendront frapper...." --Pierre Loti-

Les niveaux d'investissement dans l'UE ont fortement baissé à cause de la crise et restent trop faibles. Nous avons besoin d'investir pour moderniser nos systèmes de protection sociale et financer l'enseignement, la recherche et l'innovation, rendre l'énergie plus respectueuse de l'environnement et son utilisation plus efficace, moderniser nos infrastuctures de transport et déployer largement le haut débit ultrarapide.

Yo no acabo de entender lo que es Europa.(Soy un poco corto de luces)
-Pero me afecta directamente,en mi vida diaria.(Deuda principalmente)
-Y principios.(Legalite,Egalite,Fraternite).
Que es Europa?

Cuando existe un marco consensuado de valores, debe existir también un mecanismo concertado para asegurar su permanencia; en el caso de Europa, ese marco y ese mecanismo se encuentran definidos en los tratados: el conjunto de acuerdos internacionales que voluntariamente todos los países han accedido a respetar y que sitúa el interés común de varios cientos de millones de ciudadanos del continente por encima de las particulares ansias de hurtar, para el provecho de más o menos amplios grupos nacionales o locales, ese bien colectivo sobre el que se asienta la convivencia transcultural y transfronteriza. Ante las dificultades de esta segunda década del siglo XXI, sin embargo, ha habido, por parte de las autoridades de varios países, una reiterada transgresión de ese mecanismo en sucesivos episodios de comportamiento desleal: falseamiento de las cuentas públicas, dilapidación de los recursos europeos, intentos de desligitimación de las instituciones… Para tapar las consecuencias de esos comportamientos, muchos políticos han recurrido al victimismo, esa inveterada forma de buscar un causante externo de lo que, en el fondo, es responsabilidad fundamentalmente de los que más han practicado la insolidaridad y el juego sucio. Algo, como bien dice don Iñaki, de lo que tenemos cumplida muestra en nuestros propios nacionalismos hispanos.
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La duraderas paciencia y solidaridad europea con los ciudadanos helenos, por ejemplo, fue correspondida con escasas muestras de reciprocidad. De hecho, los gobernantes griegos, sobre todo desde que Syriza accediera al poder, han actuado tomando a los países cuyos pueblos refrendaran los valores comunes recogidos en los acuerdos fundacionales de la Unión menos como socios y copartícipes en un proyecto común que como una suerte de finca de la que el señorito absentista se beneficia a distancia y que, cuando no le suministra cuanto desea porque adquiere conciencia de la irregularidad de la situación, se convierte en motivo de vilipendio y de odio, en morada de un enemigo, en definitiva. Ese comportamiento nacionalista hasta el desvarío, ese hurtar la cara al compromiso con los valores comunitarios es justamente el terreno abonado para los populismos de toda laya, para la obtusa idea de que lo cercano y enclaustrado se basta a sí mismo en un pequeño mundo de compartimentos estancos que retornara al pasado para hallar un feliz paraíso de ficciones simples y cuentos de la abuela al amor de la lumbre.
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Por otra parte, no hay que confundir el discurso de los valores (que, en el caso de Europa corresponden a los de la democracia liberal: libertad, justicia y progreso) con el de los medios y los fines. Afortunadamente, disponemos de ejemplos sobrados suministrados por la experiencia milenaria por la que ha atravesado nuestro continente para poder discernir qué medios son más útiles para alcanzar el fin de una sociedad cada día más próspera y libre. Y no son precisamente los medios a los que pretende retrotaernos la izquierda al modo de Syriza los que mejor resultado han dado, sino todo lo contrario. Cuando los socios europeos tratan de que Grecia cumpla los compromisos y normas aceptados por todos, cuando intentan que sus esfuerzos solidarios con el pueblo griego no acaben de nuevo en un derroche de gasto improductivo, cuando plantean la necesidad de que la economía griega adquiera capacidad para generar recursos con que financiar sus gastos, están precisamente propiciando que la población de sus propios países no se sienta decepcionada por la idea de una Europa unida, corresponsable de su futuro colectivo y, a la vez, están señalando cuánto se han alejado (o quizás, cuán mal han entendido) los ciudadanos helenos de la senda originaria, que apuntaba al futuro y no al pasado.
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Porque, en definitiva, la Unión Europea es una idea contraintuitiva, elitista en su mejor sentido, una construcción racional realizada no desde abajo, desde el ciudadano que comparte vivencias con quienes tiene alrededor, sino desde arriba, desde la percepción histórica de los hombres de estado que contemplan la realidad en una atalaya situada por encima de lo cotidiano. Cuando esa visión abarcadora, propiciada por cierto idealismo humanista -para el que no todos los europeos están preparados o dispuestos- por cualquier razón se debilita, surge la mezquindad del burócrata o el arribismo del demagogo para medrar con la minucia o la desconfianza, con grave riesgo para ese gran diseño que excede el momento concreto y el problema coyuntural. Por eso es necesario que el conjunto no se convierta en un ramillete de excepciones sino que haya una demanda constante de respeto no ya de nación a nación, sino de cada una con el principio, el valor, de una realidad compartida que, cada día que pasa, la evolución cultural y soiológica de la Humanidad hace más interdependiente. El gran peligro de este tiempo que vivimos es la reaparición de quienes pretenden erosionar esa concepción magna y novedosa en favor del regreso a la pugna medieval. El que Putin, Le Pen, Maduro y Pablo I., etc , jalearan la irresponsabilidad de Tsirpas pone de manifiesto que el gran enemigo de Europa sigue siendo el nacionalismo reaccionario en cualquiera de sus manifestaciones ideológicas.
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Pues, ciertamente, Europa tiene muchos enemigos, tantos como las ideas de democracia liberal y de libertad individual. Cuantos participan de ese interés porque la pujanza económica y cultural del continente no haga más patente la mezquina evolución de las sociedades autoritarias y cerradas convergen en la explotación de cualquier dificultad interna que pudiera surgir para elevar su apuesta por el antieuropeismo particularista, e incluso coadyuvan a generar ese descontento de cuantos, crecidos en una comodidad y bienestar cuyo alcance no quieren o no pueden valorar en sus justas dimensiones, apenas pueden avizorar las consecuencias de ser manipulados por la demagogia y encerrados en la estrecha concha de la desconfianza. La corriente de refugiados que, desde el año pasado, ha inundado el continente, por ejemplo, da toda la impresión de haber sido dirigida ex profeso hacia el territorio europeo para generar ese “sálvese quien pueda” al que son empujados quienes apenas saben mirar más allá del corto plazo.
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En el Jeu de Paume se encerraron burgueses liberales del Tercer Estado para construir la Nación de todos. Ese primer paso, sin embargo, ya sabemos en qué acabó: en la usurpación de los valores de la libertad por quienes ocultaban el ansia de poder del rencor revolucionario y que, al cabo, no depararon sino la dictadura, la pobreza y la reacción. Tal que en Rusia, tal que en Cuba, tal que en Venezuela.¿Tal que en España... otra vez

Lo más difícil también podría ser lo más fácil si se observaran las dificultades con sentido común. Como siempre repito el mundo nunca permanece extático, y las sociedades si quieren progresar deben de acompañarle en su inevitable ritmo. Los valores ya no son los mismos y al poner en práctica los nuevos se topan con la resistencia de una minoría de privilegiados anclados en los pedestales del poder, que sienten un temor desmesurado de que el cambio les obligue a bajar algún peldaño y actúan con desesperación sin pararse a pensar que la vida es efímera, y la convivencia en armonía esencial para el progreso. Todo cambio resultaría simple y fácil, si la percepción de las sociedades tuviese más altura global, y reflexionara sobre ello.
En nuestro país como en Europa las modificaciones en el ámbito de valoración es necesario, e inexorable. El que se efectúen de forma progresiva y sin traumas, depende de las capacidades políticas.

Escuchando voces no desde ahora ya hace años que la Union Europea es un fracaso ,,Cameron quiere salir de esta Union aunque no esta en el euro ¿que nos deparara en un futuro quizac no lejano

Visualizo a PoDEMOS en actitud de partido de gobierno, como si tuviera experiencia acumulada suficiente para una labor de gobierno ilusionante.

Ahora mismo estoy visualizando lo que probablemente detestan los mercados, Bruselas y otros. ¡Efectiviwonder! Esos, los mercados de la corrupción y de los paraísos fiscales. Si, eso es, visualizo a un partido, PoDEMOS, sentado a hablar con el PSOE, en actitud de responsabilidad y de ilusión por cambiar este país.

No me ha quedado claro lo qué dices, “hay qué encerrarse en el frontón”..., o, “encerrémoslos en el frontón”. Esto de la unión europea y lo de los países que forman la unión europea, el nuestro entre ellos, mientras los qué van y los qué elegimos para que vayan a representarnos y a ayudarnos en nuestras necesidades; no pierdan el protagonismo, el suyo, el qué les afecta a ellos, y pierdan así mismo las ganas de apropiarse de lo qué no es de ellos y, mientras, no dejen de considerarse esos seres supremos, superiores, qué viven con unos privilegios desproporcionados y vuelvan a ser humanos , esto, no tendrá arreglo, pues lo único qué están consiguiendo es hacer más grande la brecha de la desigualdad y, curioso, salen beneficiados, esos y esas, a las qué les pagamos el “jornal” para que nos ayuden. ¿Sera, qué de lo único qué se preocupan es de ellos?...Qué empresa más buena, dirán, es, con seguridad plena, la mejor de Europa.

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