14 jun 2016

Guillotina o silla eléctrica

Por: Iñaki Gabilondo

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Contraviniendo mis propias intenciones, finalmente vi el debate... (en casa quien manda, manda; y luego hablan de sexo débil)...
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Resumen por si alguien no lo vio:
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Rajoy - ¡¡¡ España va bien !!! (e irá todavía mejor continuando conmigo)
Rivera - Leña al mono, pero conmigo no se mete nadie pensando en los pactos postelectorales.
Sánchez - Me hicieron la pinza entre PP y Posemos, por eso no soy presidente.
Iglesias - Estoy muy de acuerdo con Sánchez, ya no me importa el referendum secesionista, así que: ¡¡¡ hágame presidente !!!
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PD: De lo más injusto que yo he visto en política en los últimos tiempos me resulta el hecho de que el populacho culpe a Sánchez del fracaso en la formación de gobierno. En España todavía el fracaso penaliza demasiado. No se valora el hecho de encarar situaciones difíciles.

Cada vez que escucho a los qué han tenido la oportunidad de gobernar este Estado, País o como ustedes/vosotros prefieran llamarlo, me viene a la mente algo que siempre odiado: ¿Por qué tienen la virtud de convertir la verdad en mentira?.., y viceversa., ¿Por qué tienen la virtud de convertir la mentira en verdad? Digo qué es facultad de los que han gobernado por la posibilidad casi exclusiva de manejar unos datos que solo están a disposición de los gobernantes y, la capacidad de estos “señores” para transformarlos en lo que mejor les convenga en cada situación, como sucede ahora en qué vamos a celebrar elecciones generales.
Lamentable., ahora se extrañaran estos “señores” qué nuestro voto vaya para quienes no pueden manipular esos datos y de los qué esperamos que nunca lo hagan. Por su juventud, en la qué creemos..., por su preparación, qué tanto nos ha costado conseguir a quienes siempre luchamos por el bienestar de las próximas generaciones..., y..., por qué no decirlo., porque creemos en su integridad y honradez. ¿PODEMOS?., SÍ., NATURALMENTE QUÉ PODEMOS.
Buenos días.

Me sumo a la doctrina antiWitness:


RAJOY, NI EN PINTURA.

Des élections pour quoi faire ? Si la situation demeure bloquée, les discussions risquent de se poursuivre et la crise politique de s'éterniser. La porte de sortie pourrait alors prendre trois voies : le retrait de Mariano Rajoy qui remettrait le PP dans le jeu des allances, l'acceptation de Podemos de l'essentiel du pacte PSOE-Ciudadanos ou enfin l'acceptation par le PSOE de la reconnaissance des nations basque et catalane. Trois options qui aujourd'hui semblent lointaines.

Witness, ayer noche, más que nunca, Don Tancredo hizo gloriosa por veraz la ya popular máxima:

RAJOY, NI EN PINTURA.

Hace poco más de un año, comentaba en este mismo foro "Despues de las elecciones, Sanchez tendrá que elegir, si apoyar a Mariano o a Podemos, eligirá a Rajoy y ese será el fín del Psoe" Estaba equivocado, creo que con todas las dificultades del caso, habrá gobierno de progreso.

"C'est singulier, le verbe guillotiner ne peut pas se conjuguer dans tous les temps; on peut bien dire : je serai guillotoné, tu seras guillotiné mais on ne dit pas : j'ai été guillotiné."
-Stendal-

Es cierto que el PSOE es la clave del próximo gobierno, y tendrá que elegir entre lo malo conocido y lo peor por conocer. Si elige PP aunque sea sin Rajoy será su suicidio. Y también el de este país. Habrá derecha para rato. Me acuerdo de Italia con su democracia cristiana siempre en el gobierno y un PCI de lo mejorcito de lo comunista que nunca pudo gobernar. Si elige a Unidos Podemos, como la ambición de P.I. es inmensa (por eso negó su apoyo a Sánchez), querrá ser presidente y nos irá todavía peor que a Syriza. ¿Se imaginan a Iglesias en una reunión de los jefazos de la U.E.? Le van a correr a hostias y volverá con el rabo entre piernas aun mas que el griego. El señor Draghi solo tiene que apretar un botoncito y nuestra prima de riesgo sube como la espuma. Creo que la negativa a investir a Sanchez, aun con todas las limitaciones que tiene, es uno de los peores errores que se han cometido en este país y que lamentaremos a no mucho tardar. P.D. Según estudios de este mismo periódico la franja entre los 50 y 60 años tienen la llave del 26J. Es todo un aviso para navegantes

Según parece, por las crónicas posteriores, el debate de ayer no discurrió por caminos distintos a los que un servidor anticipaba ayer en estas páginas. Rajoy se defendió con solvencia y rebatió la demagogia con datos y claridad expositiva; Rivera jugó bien sus bazas y plantó cara a derecha e izquierda, resultando, al cabo, el que más obtuvo de la discusión consiguiendo volver a dar nitidez a su figura; Pablo I. disimuló todo lo que pudo su chavismo y trató de mostrarse conciliador con el PSOE sin salirse del guión populista; y Sánchez dio muestras de una suerte de resignación mortecina, fruto del desconcierto político en que se halla.
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Sin embargo, el problema fundamental del PSOE, por supuesto, no es Sánchez. Más bien podría decirse que Sánchez es un síntoma del síndrome político que padece el PSOE: la desorientación programática. El estrepitoso fracaso del socialismo marxista y la evolución de los modelos de la socialdemocracia clásica (el escandinavo principalmente, ya a un paso del liberalismo) hacia un socioliberalismo más eficiente y moderno han colocado a los socialistas españoles en una posición de incómoda perplejidaz a un paso de la estolidez.
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¿Cómo seguir explotando el ansia de paternalismo estatal que la ciudadanía española heredara del franquismo cuando la realidad europea va por otro camino y la reincidencia en las políticas tradicionales planteadas desde Suresnes depara desastres socioeconómicos como el protagonizado por Zapatero? La respuesta no es sencilla porque probablemente sea un dilema sin solución en tanto no cambie la mentalidad de la misma sociedad española, ella misma necesitada de una profundización en las reformas que le permitan seguir el paso de la modernidad.
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Cuando algunos decían que el PSOE era el partido que más se parecía a España, quizá emitieran un eslogan un punto autoindulgente pero también hacían una exposición, acaso inconsciente, del íntimo vínculo con el pasado que al centenario partido de los socialistas impide evolucionar al ritmo de la realidad europea y mundial. De hecho, la aparición de Podemos (empeorar), con su oportunismo mesiánico y su demagogia idealista, es la solución obvia para el simple contentamiento de una expectativa electoral que aspire a la ocupación del poder y no al progreso y prosperidad de la nación.
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La relativa pujanza del populismo bolivariano, con su propaganda grandilocuente, con su seductor lenguaje utópico y su alucinatoria distorsión mediatíca de la aciaga realidad democrática y socioeconómica que ha sido capaz de perpetrar en poco tiempo en Venezuela, ha propiciado que los socialistas teman cualquier replanteamiento ideológico que aspire al medio y largo plazo y, así, no es extraño que parezcan atenazados por la necesidad de conservar los votos desde el más banal uso de esa misma política pequeña, de trampantojo mediático y de discusión superficial que la extrema izquierda chavista ha traído desde el otro lado del Atántico.
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A todo ello habría que añadir otro elemento relevante, que probablemente sea el que más influencia haya de tener en el futuro inmediato del partido de Sánchez: la idea de España, la naturaleza y dimensiones de la soberanía nacional. Hasta ahora el PSOE había venido contentándose con la ambigüedad de un discurso multifacético, con apariencia distinta según la ubicación del emisor. La huida de la racionalidad que acompaña al soberanismo, su desbordamiento emocional, que encuentra en el populismo podemista un aliado natural en tanto que, falto de cualquier escrúpulo en su arribismo primario, difícilmente puede ser ya enfrentada modulando la retórica según las necesidades del momento.Ya no puede ser dicha una cosa en Cataluña y otra en Andalucía, pongamos por caso, si al PSOE le queda un punto de sentido del estado, de responsabilidad histórica o de mero patriotismo.
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Los dirigentes socialistas tendrán que decidir tras las próximas elecciones qué duración le conceden al proyecto integrador constitucional fundado en la solidaridad y la convivencia ciudadana optando por un criterio unificado que no los coloque en tierra de nadie. Tendrán que decidir asumiendo todas las consecuencias:
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O cooperar con Podemos (empeorar) en la destrucción de la soberanía nacional, la gestión bolivariana del clientelismo y sus inevitables consecuencias (desequilibrios económicos, frenazo en la recuperación y, a medio plazo, divergencia de Europa), además de convertirse en cómplice de la pérdida de callidad democrática aparejada al movimiento bolivariano.
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O contribuir a la gobernación del país dentro de los cauces de la Transición por medio de acuerdos de amplia base para generar políticas de largo aliento que impliquen a izquierda y derecha (liberales-conservadores, social-liberales y socialdemócratas auténticos; dejando a los caducos leninistas bolivarianos al margen hasta que experimenten su propia regeneración) , consiguiendo a través del consenso lo que NO podrían lograr con esa resurrección de las dos españas que desea el populismo chavista: la prosperidad general y el mantenimiento de una democracia plena.
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La cuestión, sin embargo, es cúando podrán los socialistas repensar su identidad política y con cuánto sosiego serán capaces de afrontar esa evolución. En opinión de quien esto escribe, Sánchez no atesora cualidades suficientes para pilotar ese replanteamiento profundo del socialismo democrático, atado como está a su propia ambición personal y a la pusilanimidad ingenua con que enfrenta la amenaza del populismo. Pero esto es algo que, al cabo, depende de la consideración de la propia militancia socialista.
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Todo el mundo sabe que un debate de cuatro personas con más o menos acierto en la oratoria, no es lo mismo que un debate entre cuatro equipos de gobierno.
Hablando de la economía y de los intereses nacionales.
De rendimientos del capital y del trabajo.
Tampoco es igual un debate de ideas y deseos, que el de hechos consumados.
La gente tenemos hechos consumados.
En el debate no pudimos estar representados la mayor parte de la ciudadanía.
Ni la banca, ni la patronal, ni los sindicatos, ni las amas de casa, ni la juventud, ni los funcionarios del Estado, ni los pensionistas, ni la sanidad, ni la educación, ni los niños de pecho o los enfermos de larga duración, ni la tercera edad.
etc. etc.
Debatir ideas sobre futuras actuaciones ya hemos visto en lo que queda, luego mandan las circunstancias y se rescatan los bancos con el dinero público.
Y es lo mejor que se pudo hacer por nosotros.
Dado el esquema actual, que nadie se atreve a retocar para buscar un poco de equilibrio entre las ganancias de las grandes corporaciones y las de las familias.
Por ejemplo.
Sabemos que gobernar es muy difícil, por eso se buscan equipos de expertos y de expertas.
Para hacerlo desde la justicia.
Y no desde los intereses de quienes buscan las ganancias a base de recortar los salarios.
"Trabajando más y ganando menos"
Mientras que la parte mayoritaria de todos los accionistas nacionales, o sea, la gente que paga los impuestos.
Siempre nos quedamos fuera del reparto.
De beneficios.



Yo no veo el problema en el PSOE. Puede gobernar con Podemos, su unica opción, pero no quiere. Con los otros, ni podrá gobernar y encima su apoyo sí será un suicidio. A que esperan ?

Es cierto se quedó bastante entero nuestro presidente 'en funciones', pero no está mal, ya que el verdadero problema de España es Venezuela, Irán y Grecia y esos problemas si se resolvieron y además el debate nos dejó un regustillo melancólico de la excelente España que habían planeado entre Rivera y Sánchez y que por culpa del mefistofelico Iglesias perdimos.
Seguramente viven en ese especie de refugio nuclear o líquido amniótico donde se esconden temiéndole a los resultados de sus propios actos, lástima que el ruido externo de las encuestas moleste al acogedor silencio interno que ellos se fabrican.
Por lo demás mal.

De acuerdo con el análisis. No estoy de acuerdo con el análisis sobre Rivera; Rajoy mintió por omisión, y Rivera difamó descaradamente sobre Unidos Podemos para sacar réditos electorales, demostrando que no es de fiar.

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El País

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