Dónde está la cultura del esfuerzo

Por: | 19 de marzo de 2014

Effort

Un amigo mío me contó la siguiente anécdota: Iba en el coche con sus hijos, salió a echar gasolina y al regreso, el niño mayor de seis años comenzó a gritar enfadado porque no le había comprado unas patatas fritas. El padre arrancó el coche y el niño gritó aún más. Cuando se le pasó el berrinche, después de casi 30 minutos, le dijo al padre: “Tú siempre me has dicho que puedo conseguir todo aquello que me proponga. Yo quería unas patatas y tú no me las has dado”. Y aquí está el principal problema de la educación a las futuras generaciones: se confunde el esfuerzo con el capricho. La psicología positiva nos enseña que podemos soñar, que debemos luchar por los que anhelamos, pero todo ese camino no está exento de trabajo y de esfuerzo. El mero deseo no es suficiente. Las cosas debemos ganárnoslas. Y desgraciadamente, no parece que se esté enseñando a los niños a conseguir las cosas por el esfuerzo y no “porque yo lo valgo”.

Necesitamos recuperar la cultura del esfuerzo. Es el único camino para desarrollar el talento, para ser competitivo como persona y como sociedad. No hay nadie brillante que no tenga detrás de sí muchas horas de entrenamiento. Como concluyó Howard Gardner, después de estudiar a personas extraordinarias por su desempeño: todos ellos habían trabajado duramente durante al menos diez años. Malcolm Gladwell  lo bautiza como la regla de las 10.000 horas de trabajo y Larry Bird, uno de los grandes jugadores de la NBA, lo resumió del siguiente modo:

 

“Es curioso, cuanto más entrenamos, más suerte tenemos”.

 

Es posible que los niños estén “pagando el pato” de la educación espartana que hemos vivido en otras generaciones o de separaciones dolorosas, donde se intercambia cariño por caprichos. Muchos padres con una buenísima intención no siempre están preparando a los futuros profesionales y ciudadanos para un mundo donde el talento va a ser diferencial. La cultura del esfuerzo conlleva soñar un objetivo, proyectar una estrategia, identificar posibles recursos, crear nuevos hábitos y, por supuesto, asumir la posible frustración. El capricho no entiende de “no”; mientras que el esfuerzo conoce los obstáculos, pero no se rinde ante ellos. De ahí que sea tan importante, y desgraciadamente, la educación no parece que esté orientada a la cultura del esfuerzo; ni los sistemas educativos más volcados en cuestiones políticas, que en herramientas prácticas para la vida. Necesitamos enseñar inteligencia emocional y la necesidad de ganarnos las cosas por el trabajo que realizamos.  

Educar no es fácil, lo sabemos, pero no olvidemos que España está a la cola de los resultados de excelencia académica (estamos en el puesto 34, según el informe PISA, de los países de la OCDE). Posiblemente, si pudiéramos recuperar la cultura del esfuerzo algunos de dichos resultados cambiarían. Y no lo olvidemos, todo comienza en casa y en cada una de las enseñanzas que brindamos a nuestros hijos hasta el momento en el que nos paramos a echar gasolina.

Imagen: bionicteaching, Licencia Creative Commons 

Hay 41 Comentarios

Este artìculo pràcticamente describe el trabajo de 5 años, tratando de lograr con mi hijo de 17 años que a los 12 años decidiò luchar por sus sueños de ser un tenista profesinal. Comparto que el artìculo se refiere màs a la superaciòn personal y puedo resumir en lo siguiente: Un niño de 12 años, mi hijo, decide que es lo que desea ser
en su vida adulta. Yo como su mamà por màs que MI SUEÑO era que sea el primer paraguayo en jugar en la NBA siguiendo la tradiciòn familiar jajajaja decidì apoyarlo en un 100% porque en el fondo de mi corazòn solo deseo que èl sea feliz. Esta carrera comienzò cuando mi hijo me pregunta que pasarìa si èl no sigue, valga la redundancia, la tradicìon familiar. A esto conteste que yo lo irìa a apoyar en el deporte que èl escoja que lo importante era lo que èl querìa. Asi comienzo a trabajar solo en el tenis todos los dìas, varias horas, comenzo a jugar torneos locales, comenzò a destacarse medianamente no hacia tampoco mucha diferencia, lo ùnico que su fìsico era un plus, actualmente tiene 2 mts. Yo como buena deportista y profesora de ballet o no se si tal vez yo era la ùnica que veia talentoso a mi hijo jajjajajaa decido llevarlo a Buenos Aires buscando una opiniòn màs profesional para saber hasta que punto invertir en un sueño tan anhelado por mi hijo. Busco en internet las opciones y segùn mis criterios escojo una en particular. Contacto con ellos y lo llevo 15 dìas a una clìnica, donde lo evaluarìan y me entregarìan un informe detallado de si tenìa o no futuro como tenista. Lo preparè casi un año para esta experiencia ya que percibìa en su caràcter la falta de concentraciòn y ESFUERZO querìa todo pero el precio a pagar no alcanzaba el sueño que desea lograr. Y comenzaba una etapa durìsima de pre adolescencia, donde la rebeldìa formaba parte de su estructura. Despuès de esta experiencia comenzaron los esfuerzos en crescendo, las frustraciones, los logros, las satisfacciones pero es ahi como padres no podemos aflojar. Enseñarles que no pierda la FE, que luchen por los sueños, por lo que aman hacer porque eso los harà felices y se corre el riesgo de no lograrlo pero la satisfacciòn de haber dado lo mejor de uno es incalculable. En este caso que mi hijo es un chico muy inteligente pero muy tìmido e inseguro puedo afirmar que hoy a sus casi 18 años ya lleva viviendo 1 año en Miami lejos de su familia, viviendo con su entrenador, viajando por el mundo, conociendo jòvenes que estàn buascando lo mismo que èl, està aprendiendo a conocerse, a aprovechar sus talentos y fortalecer sus carencias en este caso la falta de esfuerzo, en esta vida llena de soluciones ràpidas, a asumir sus responsabilidades y las consecuencias de sus decisiones (ya sea en su vida o en la cancha) y aunque no llegue a ser un Nadal que este tratando de superarse es la mejor experiencia de vida, le està enseñando que nada en la vida es gratis que todo tiene un costo ya sea emocional o econòmico. En este caso ambos porque el tenis es un deporte extremadamente costoso y asì como yo, su mamà, dejo de tener cosas o darle prioridad a las de èl, tiene que valorar y saber que somos un equipo el pone su esfuerzo y yo el mìo. Despuès de 5 años actualmente es el mejor tenista junior de nuestro paìs, jugando torneos para tratar de bajar su ranking y entrar a los Gramd Slam juniors y llegar a las Olimpiadas Juveniles de China. Pero esta 2 semanas no fueron buenas para èl no consiguiò ni un solo punto, o sea, falta terminar de madurar y convencerse que solo con su esfuerzo logarrà superarse. Que falta el tramo final!!!! Si no logra ser un tenista profesional lo esperan varias universidades con becas que ya es un gran logro. Porque en condiciones normales me serìa imposible pagarla. Y estoy segura que cualquier camino que el destino le depare estarà listo para subirse al caballo blanco que lo llevarà a la cima. Lo importante es estar preparado para cuando esto sucesa!!! Solo pasa 1 vez en la vida!!!! Para mi esto resume el artìculo, que a pesar de no traer en su esencia el Esfuerzo y la entrega pero sì el talento y el fìsico (en el caso especìfico de mi hijo, hay veces que sucede al revès) trabajando SE LOGRA seguro que si no me convierto en una viejita millonaria jajjajajaja soy una mamà orgullosa de haber criado un ser humano responsable y ùtil a la sociedad, con valores morales fuertes!!!
Publicado por: Alba Cordero |

Gracias por los comentarios.
Lara, todos nos equivocamos pero es cierto que existe la tendencia de la ley de la compensación: lo que yo no tuve, lo intento dar. Y es verdad que la educación se enmarca en un contexto histórico, como dice Uxio. No es fácil educar. Posiblemente, sea lo más difícil de todo.
Gracias, Pierre, Ana, Picasso.
Rodrigo, me gusta mucho la matización que haces. Muy buen resumen.
Y totalmente de acuerdo, María. Los padres debemos dar ejemplo.
Jorge, euroralista, me temo que no comparto vuestras opiniones. La cultura del esfuerzo no conlleva la competitividad o la consecución de bienes materiales; sino superarse a uno mismo. El listón es interior, no exterior. No comparto las culturas tremendamente competitivas porque creo que han de compensarse con las colaborativas. Y en mi opinión el consumismo es la gran cárcel para la felicidad. El esfuerzo es por la propia satisfacción de lo conseguido… Es posible que quizá se haya malentendido con el ejemplo. Pero si queremos desarrollar nuestro talento, tendremos que superarnos a nosotros mismos. Así de simple.
Por cierto, he borrado alguno que recogía faltas de respeto innecesarias.

Totalmente de acuerdo con los comentarios de Jorge. El artículo tiene un pase para explicar el comportamiento infantil, pero en cualquier persona madura el interés personal genuino y la pasión por un objetivo será lo que verdaderamente impulse y motive a dedicarse a alcanzarlo, no una "cultura del esfuerzo" que ya implica obligación forzada y no verdadero deseo. Y, sobre todo, está la escandalosa y reveladora alusión al dogma liberal capitalista de la competitividad, que muestra nítidamente al servicio de quien está esta psicología de la "positividad", "inteligencia emocional", "cultura del esfuerzo", etc con que quieren alienarnos y hacernos creer que el problema está en nosotros y no en un sistema perverso. Nunca mejor dicho, que no nos coman el coco.

¿Cómo se le enseña la cultura del esfuerzo a un adolescente que ve que hay gente que ha estudiado dos carreras, dos masters, habla tres idiomas y está trabajando en un Burger King? Estos artículos son escritos por personas que crecieron en otra época, con unos valores enfocados al 'tener' por encima de todo. Gente adoctrinada a la que le vendieron que si tienes muchos títulos y ganas mucho dinero, te compras un chalé y un BMW serás feliz. Y por encima esas mismas personas son tan esclavas del sistema que son incapaces de verlo de tal modo que ellas mismas defienden esos valores, como si de forma inconsciente su ego no les permitiese admitir que su vida está construida sobre cimientos frágiles que en cualquier momento se pueden venir abajo, como estamos viendo. Una sociedad que educa en la competitividad en lugar de la cooperación no es una sociedad sana, y como dijo Krishnamurti "no es saludable estar bien adaptado a una sociedad enferma".

Con lo que necesitamos terminar es con la cultura de la corrupción ,del peloteo ,la vagancia de los maestros ,las mentiras de los psicólogos ,las ideas huecas del marketing y los master de economía en Harvard

"(...) para ser competitivo como persona y como sociedad." Esta frase refleja por qué la sociedad está podrida.

Mentiras dicen algunos .
Aquí también hubo una época que apretaba el hambre y pocos salían titulados universitarios , ahora resulta que en países catalogados por las ONGs como dignos de ayuda humanitaria todos sus habitantes son poliglotas titulados universitarios ,mientras aquí apenas conseguimos que los chavales terminen la titulación de peones agrícolas .
En Noruega ,también se divorcian los padres y los niños tienen tele de plasma y video consola y van de categoría en sus estudios .Si fuese por las patatas fritas ,los hijos de los ricos serian todos tontos ,dado que se les da todos los caprichos del mundo .

Como estudiante de máster del profesorado he aprendido mucho sobre lo que se debe y no se debe hacer para enseñar. Sin embargo, no he tenido una cosa más clara y es que los niños aprenden por imitación. Si no ven a sus padres leer, no leen, si no ven a sus padres intentando algo no intentarán. Por tanto, para enseñarles a conseguir algo mediante el esfuerzo, hay que mostrarles cómo.

Yo siempre he distinguido entre desear algo y tener ganas de algo. En la enseñanza muchos alumnos desean aprobar sus asignaturas pero tener ganas supone añadir esfuerzo al deseo. Desde el sofá se puede desear cualquier cosa. Para demostrar las ganas de algo hay que levantarse.

No se puede volver atrás el reloj , la vieja cultura del esfuerzo venía de una cultura totalmente distinta de la actual, para bien y para mal. Los padres no viven aislados de la sociedad, y si un hijo pregunta ¿por qué yo no puedo tener lo mismo que los demás? . Hay que ser muy fuerte y raro para mantenerse firme. En fin la pulsión de no ser menos que el vecino, es muy fuerte y así doma a las personas la sociedad de consumo

1% de inspiración y 99% de transpiración.

Toda la razón al artículo. Un ejemplo muy claro vivido en mis propias carnes: alumnos de segundo de ESO a los que doy una charla de orientación académica y profesional. Tras la charla, paso una hojita donde pueden marcar con una cruz aquellos temas de los que les gustaría recibir más información, y dos líneas debajo para concretar qué más quieren ampliar. Pues todos marcaron cruces de querer más información, pero conforme iba recogiendo las hojas y les iba indicando que debían escribir, en no más de dos líneas, la información que deseaban, casi todos (26 de 30) borraron las cruces y ya nadie necesitaba saber más. Dicho por ellos:"es que escribir me cansa".
Con eso está todo dicho, señores. Y así es cada día.

Pues aunque ha citado la palabra Psicología, estoy de acuerdo con la autora.

A ver qué os parece la voz de esta chica. http://www.youtube.com/watch?v=G-JZJvcT2Q0

Al final siempre se intenta dar a los hijos lo que uno no ha recibido y nunca sabemos como acertar
http://laragarabatea.blogspot.com/

Hablando de niños, os dejo con el cuentecillo "¿Tiemblas?", de chavales de colegio.
http://loscuentostontos.blogspot.com.es/2013/04/20-tiemblas.html#cuento20

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En el laboratorio de la felicidad analizamos experiencias, recogemos investigaciones y aportamos claves para vivir de un modo más saludable y optimista. Ponemos un microscopio para entendernos un poco mejor a nosotros mismos en nuestra relaciones personales y profesionales y ofrecemos fórmulas prácticas para incrementar nuestras dosis de felicidad en el día a día.

Sobre la autora

Pilar Jericó

Pilar Jericó. Curiosa del ser humano, de las emociones y de las relaciones personales. Es socia de la consultora Be-Up, coach y doctora en organización de empresas. Escritora de ensayos y novela y conferenciante internacional desde 2001. www.pilarjerico.com.

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