Cómo evitar los malentendidos

Por: | 17 de octubre de 2014

Escalera_inferencia

Imagínate que existiera un pequeño truco para reducir los malentendidos. Es difícil de que desaparezcan al 100 por cien, lo sé, pero imagina que algunos al menos se evitan. ¿Y en qué podría consistir dicho truco? En verificar si nuestras interpretaciones son realmente hechos. Así de simple. Veamos algún ejemplo para explicarlo mejor.

Suponte que es viernes y has tenido una discusión con alguien en la oficina, con algún vecino o con algún compañero de la universidad. Te has enfadado. No ha sido una discusión acalorada, pero lo suficiente para haberte molestado. Llega el sábado y te encuentras a esta persona por la calle. Le saludas y él o ella no lo hace. Hasta aquí, todos son hechos. El problema es que la mente no se queda tranquila con los simples hechos, comienza a elucubrar y a escribir su propio guión de película. El motivo ya lo hemos comentado alguna vez. Nuestro cerebro está preparado para la supervivencia, pero no para la felicidad. De este modo, tenemos tendencia a comprender los motivos para preverlos en un futuro aunque sea inventándonoslo. Por supuesto, hay algunos que resultan más expertos que otros, ya sabemos. El proceso es muy sencillo:

Del hecho “no me saludó” paso a la interpretación de: “me ignoró cuando le saludé”. Es decir, ya presupongo que la otra persona no ha querido decirte nada. Pero el guión de nuestra película solo está empezando.

  • De la interpretación pasamos a intentar comprender las causas: “Está claro que fue por la discusión del otro día y etc., etc…” Ya comenzamos a alejarnos de la realidad.
  • Como además, buscamos controlar el futuro, pasamos al capítulo de la generalización: “Siempre que me enfado con él, se pone así”…
  • Y como es de imaginar, tomamos una decisión para acometer en el futuro: “La próxima vez le saludará otro…” o decimos expresiones peores. 

Y quizá la otra persona simplemente no te vio porque es miope y no llevaba gafas.

Pues bien, este proceso mental es lo que Argyris denominó la “escalera de inferencia”, porque nos alejamos de la realidad. Cada pensamiento que no se ciña al hecho es un peldaño para sufrir nosotros. Y aunque a veces intuimos cosas, en muchas otras ocasiones, creamos en nuestra cabeza guiones que luego no se cumplen y que nos hacen daño. Por ello, si fuéramos capaces de romper la escalera, podríamos recuperar un poco más de tranquilidad a nuestra querida cabeza.

¿Cómo evitar las escaleras de inferencia? Lo primero de todo es distinguir un hecho de una interpretación. De lo que ocurre a lo que yo opine hay un trecho que pueden ser de milímetros o de metros, dependiendo de nuestra “creatividad” o de la intensidad emocional que incorporemos.

Segundo, si hay dudas, pregunta. A veces no lo hacemos por timidez o por orgullo, pero quizá el sabor amargo sea peor que cualquiera de los motivos anteriores.

Otra alternativa es de nuevo tomar la decisión. Insistir. Quizá no te haya oído.

Y por último, evitar generalizaciones. Es poco recomendable irse al mundo del “siempre, nunca”. Es un trampa mental que hace mucho daño.

En definitiva, nuestra mente también es un músculo que se puede entrenar. Cuando nos ocurren ciertos contratiempos, si no paramos de darle vueltas, podemos sufrir en exceso. Por ello, es mejor verificar si estamos en el camino correcto, reducir nuestras interpretaciones, evitar generalizaciones o la búsqueda de causas que quizá no existan y, por supuesto, poner un poco de templanza a nuestras acciones. En este punto, me gusta la síntesis que hacía Santa Teresa:

“La mente es la loca de la casa”. Y, muy posiblemente, tenga razón en buena medida de nuestros contratiempos.

Imagen: Escalera de inferencia de Chris Argyris

Hay 8 Comentarios

Hola Ula, en primer lugar, que cualesquiera hechos, por estar dentro del ámbito de la descripción, estén cargados de teoría y que, en línea con ello, no existan hechos brutos. Y que, además, un criterio de verificación de hechos humanos no sea, o no parezca, en todos los casos (si alguno) fiable o convincente (para todas las partes involucradas), no parece que sean, en contra de lo que se sugiere, "cuestiones meramente filosóficas". Y si, en efecto, lo son, no basta con enunciarlo hay además que argumentarlo.


En segundo lugar, que uno escriba un texto de lo que sea, ya sea "psicología psitiva" o "álgebra lineal", no le exime de rigor conceptual. La etiqueta "psicología positiva" no comporta la simplificación deseada.


En último lugar, argumentar, presentar un texto, y defender la posición frente las objeciones es parte del "conocimiento científico". Defender una postura alegando, injustificadamente, que se trata de "meras elucubraciones" para cometer, acto seguido, la falacia consistente en simplificar la postura del contricante para rebatirla, a saber, diciendo que " si no ves la diferencia entre ambos tipos de "conocimiento" entonces...", entonces eso que se hace no es algo que merezca llamarse "conocimiento" o "ciencia" si se cometen falacias y se blinda el texto ante objeciones sin que ese blindaje lleve consigo razones ni argumentos.

LeonKa creo que te estás refugiando en cuestiones meramente filosóficas y esta entrada trata sobre la 'psicología positiva'. La próxima vez que te encuentres con una situación que te preocupa en exceso, valora qué conoces "realmente" y qué son meras elucubraciones, porque aunque el conocimiento "puro" quizá no sea posible, seguro que puedes distinguir entre ambas.

No es lo mismo que alguien no te salude (hecho interpretable, pero hecho al fin y al cabo) que llegar a la conclusión que lo ha hecho por rencor (mera especulación que puede ser correcta o no). Y si no ves la diferencia entre ambos tipos de "conocimiento", entonces te diría aquello de que "el movimiento se demuestra andando": demasiada especulación!


El artículo, en líneas generales, además de emplear algunos conceptos sin una debida coherencia, aconseja cosas cuya realización es cuanto menos improbable.

En primer lugar, la frase «verificar si nuestras interpretaciones son realmente hechos». Puede ser una trivialidad si se considera que toda interpretación es
realmente un hecho, en concreto, un hecho humano. Pero es que en línea inversa, hay quienes defienden que no hay hechos si éstos no son interpretados, o sea, que no hay entidad sin identidad. El supuesto de que hay «hechos simples» (la etiqueta no es obviamente muy adecuada) requiere, pues, de justificación. Puesto que «hechos simples» o «hechos brutos» son entidades no teóricamente neutrales. No hay, sin embargo, justificación alguna al respecto.


En segundo lugar, se nos dice: «(...) Te has enfadado. No ha sido una discusión acalorada (...). Hasta aquí, todos son hechos.» Ajustándonos a la terminología de la autora. El considerar que la «discusión no hay sido acalorada» parece que también es una interpretación porque determina como un juicio de valor la discusión de una manera en particular, a saber, «como siendo acalorada». Así, eso no es «un hecho» tal y como se pretende sino interpretación.


Y, en último lugar, lo que se dice tampoco parece convencer a alguien que dudara de la respuesta. Para aquel, al que no se le devuelve el saludo porque presuntamente alguien «no la vio porque es miope y no llevaba gafas», esta explicación puede resultarle una excusa muy poco elaborada y que ha aparecido una vez ha sido compelido por una pregunta o aparecido sólo una vez que se ha intentado reforzar o sustituir las razones, etcétera. Pese a esta "verificación", uno podría seguir considerando como válidos sus motivos iniciales por considerarlos más plausibles que los ofrecidos por el que se excusa o explica.

Por tanto, el consejo que se nos da de que «hay que verificar si las opiniones/interpretaciones se corresponden con la realidad (humana)», no es, sin entrar ahora en densos comentarios, suficiente porque para verificar los hechos es requisito que estos hechos estén bien determinados como tales. Y presumiblemente los hechos humanos no tienen la determinación necesaria para ser verificados.

el título del artículo y el planteamiento del mismo puede ayudar, pero desde luego en las relaciones humanas no siempre dos mas dos son cuatro; escogiendo el mismo ejemplo, cuando una persona no saluda a otra no tiene que ser porque quiera ignorarla, puede ser que influya la sorpresa de encontrársela de forma imprevista, unido a un pensamiento rápido de si el deseo de saludar será o no recíproco, unido, todo ello, a la posible timidez , se crea un cóctel, que cuando se toma aire y se recapacita, la otra persona se ha ido, todo puede suceder en pocos segundos.
En muchas ocasiones hay hechos que complican aún más estas situaciones, estos hechos, del que uno de los actores puede ser responsable, pueden provocar graves consecuencias, multilaterales y, según la opinión de él, irreversibles, lo que favorece este tipo de comportamientos, porque desconoce si hay reversibilidad, y, desde luego, si la hubiera no dejaría de sorprenderse.
Por eso los malentendidos es normal que se produzcan en situaciones difíciles.

:( :( :( :(

He leído este artículo que me parece interesante, porque trata de hacer una reflexión a partir de un hecho concreto. Pero como siempre, tenemos la tendencia de créer que la razón es una sola y que evidentemente nos pertenece. El análisis es casi convincente, pero las concluciones vuelven a tomar el mismo camino una y otra vez. Tanto jusgamos si creemos que no nos saludan porque nos quieren ignorar, como en el caso donde pienso que es miope y se le perdieron los espejuelos. El ser humano puede muy bien discernir y de hecho no creo que podamos abstraernos de tratar de interpretar un hecho. No por eso estamos especulando, solo tratamos de entender el por qué. La escaleta de inferencia es un hecho inevitable para el sentido comun, yo creo que lo que deberiamos es dejar de un lado el orgullo y cualquier otro sentimiento que pueda enturbiar la justa decodificación del hecho en concreto. Pero pedir a un ser inteligente de analizar solo los hechos y no las motivaciones que lo producen es un poco limitado en cuanto a análisis. No creo que podamos comprender un hecho solo por lo que es. Porque un hecho en si no es mas que una accion y no tiene sentido en si misma, adquiere su razón de existir cuando es mitivado por una sircunstancia o por un sentimiento etc. Pero en fin es solo mi criterio, el hecho de compartirlo no quiere decir que solo queria hacerlo.

¿sin empatía y sin generosidad? ¿yo? no creo que haya una persona más empática y generosa, tanto que roza la tontería, es de herencia por parte de padre.

Por supuesto que siempre damos por sobre entendido que se trata de personas normales y corrientes.
Sin ningunas connotaciones personales físicas o psíquicas que les condicionen.
Porque cada persona es un mundo, por genética y por carencias de diferentes tipos de afectos, por ejemplo.
Y las cabezas, son como los brazos o las piernas, o los músculos o los huesos.
Que cada cual tenemos lo que nos ha dado Dios.
Y es con ese material con el que tenemos que apañarnos y tratar de salir adelante.
O sea, que hemos de poner mucho empeño, y buena voluntad, y cultivarnos a conciencia para educarnos a nosotros mismos, dentro de nuestro entorno.
Pasando del pronto incivilizado, a un reposo que nos permita contar hasta tres, antes de decir una impertinencia o en el peor de los caso, lanzar una coz.
Porque nos hemos creído que nos estaban poniendo de hoja de perejil, y no era así.
Que era solo un ejemplo, o que era solo una parábola en tercera persona, o que estábamos a cien y en cuanto estornudó la persona que tenemos enfrente le dejamos toda la caballería.
Por un equívoco, por una pamplina, por estar pasados de vueltas, y no respirar despacio, sintiéndonos seguros de nosotros mismos.
Antes de tirar piedras al tejado de los demás por un por si acaso.
Sin sentir empatía, ni tener generosidad.
Llenos de aristas.

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Sobre el blog

En el laboratorio de la felicidad analizamos experiencias, recogemos investigaciones y aportamos claves para vivir de un modo más saludable y optimista. Ponemos un microscopio para entendernos un poco mejor a nosotros mismos en nuestra relaciones personales y profesionales y ofrecemos fórmulas prácticas para incrementar nuestras dosis de felicidad en el día a día.

Sobre la autora

Pilar Jericó

Pilar Jericó. Curiosa del ser humano, de las emociones y de las relaciones personales. Es socia de la consultora Be-Up, coach y doctora en organización de empresas. Escritora de ensayos y novela y conferenciante internacional desde 2001. www.pilarjerico.com.

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