Objetivo deseado de los gobiernos: La felicidad interior bruta

Por: | 10 de noviembre de 2015

Feliz

“El cuidado de la vida humana y la felicidad... es el único objetivo legítimo de un buen gobierno”. Thomas Jefferson 

Los gobiernos deberían incluir un nuevo objetivo en sus agendas: La felicidad interior bruta. De acuerdo, puedes pensar que esta afirmación está sujeta a la moda de este concepto, pero me temo que no es así. La felicidad se ha convertido en uno de los objetivos más universales y ya en 1776, la Declaración de Independencia de Estados Unidos defendía que todos los hombres tienen derecho a perseguir la felicidad. Por tanto, no parece que sea una moda, sino una necesidad inherente del ser humano y ha sido en el pasado siglo cuando se ha comenzado a incluir en la agenda de los gobiernos de las naciones. Y el país que ha dado el paso no ha sido uno hiperdesarrollado, sino todo lo contrario: uno chiquitito y aislado en el Himalaya. Fue el rey de Bután, Jigme Singye Wangchuck, quien en su discurso de coronación, promulgó y sembró la semilla: "La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto". Era el 2 de junio de 1974 y desde entonces no ha parado de ganar seguidores, desde simples ciudadanos a premios nobel, economistas afamados, escritores, políticos…

Hoy la felicidad nacional bruta es un indicador que se debería tener en cuenta además del Producto Interior Bruto (PIB). El famoso PIB surgió en el Departamento de Comercio estadounidense, en la década de 1930, como medida de cálculo que permitiera evaluar la recuperación económica tras la Depresión. Así que no es de extrañar que tenga sus problemillas. Como asegura un pensador de la talla de Jeremy Rifkin en su libro La civilización empática, el PIB solo mide el valor de la suma total de bienes y servicios económicos generados durante un período de doce meses, que está muy bien, pero que no significa que refleje la felicidad de las personas.Es más, incluso el creador del cálculo del PIB, Simon Kuznets, escribió al Congreso estadounidense en 1934, sobre el riesgo de medir el bienestar de un país solo por sus ingresos nacionales. Treinta años después, Kuznets, el padre de la criatura, volvió a arremeter contra su propia medida diciendo que “es necesario tener en mente varias distinciones entre la cantidad y la calidad del crecimiento [...]. Los objetivos que marquen un mayor crecimiento deberían especificar un crecimiento en términos de qué y para qué”. En otras palabras, un país puede ser muy rico en términos de PIB, pero gran parte de la población sentirse profundamente desgraciada: porque el dinero no da la felicidad superado un umbral, como hemos escrito varias veces; porque las diferencias de clases sociales tampoco se recogen en la medida que sirvió para salir de la Depresión de hace casi un siglo y porque toda esa riqueza se puede distribuir a decisiones que nos dejen completamente infelices.

Hemos ganado en esperanza de vida y en capacidad para acceder a una mayor información. En los países occidentales donde no sufrimos epidemias o guerras, nos hacemos más preguntas sobre la felicidad y el sentido de nuestras vidas que no nos habíamos formulado antes. Y los gobiernos también han de tener en cuenta estas inquietudes. Es cierto que cuando las crisis económicas están encima de una mesa, es difícil plantearse cuestiones de otro tipo. Pero ahora, quizá sea el momento de ir incorporando el concepto de Felicidad Nacional Bruta en las agendas de los dirigentes, como está impulsando la ONU y la OCDE. Desde 2012, se publica anualmente World Happiness Report a iniciativa de Naciones Unidas y en 2011, la OCDE creó el índice OECD Better Life Index. Y ¿qué es lo que hace feliz a las personas y qué países tienen los niveles más altos de felicidad?

Según el Informe mundial sobre la felicidad 2015, los datos que revelan el grado de felicidad de los ciudadanos de un país incluyen la esperanza de vida saludable, el apoyo social, el PIB per cápita, la felicidad de los niños, el capital social, la economía civil, la ausencia de corrupción y el bienestar subjetivo. En la comparación con los resultados del OCDE Better Life Index se descubre que los países más felices son aquellos en los que se promueve la construcción de lazos sociales fuertes, con servicios públicos bien gestionados y con un fuerte sentido de comunidad.

¿Sorpresas en cuáles son los países con mayores índices de felicidad? No las hay. Los diez primeros son Suiza, Islandia, Dinamarca, Noruega, Canadá, Finlandia, Países Bajos, Suecia, Nueva Zelanda y Australia.

¿España? En el 36 de entre 158 países.

 “No son las riquezas ni el esplendor, sino la tranquilidad y el trabajo, los que proporcionan la felicidad”. Thomas Jefferson

 

Hay 7 Comentarios

Fantástico artículo!!! La felicidad es algo que todo el mundo desea y en verdad, puede ser un indicador: la felicidad interior bruta. Si queréis profundizar, os aconsejo un blog que sigo: http://www.lafelicidadestadelante.com sobre temas de felicidad, motivación....

Muchas gracias Ramón, Begante, Oyum y Pablo Antón por vuestras aportaciones. La Felicidad Nacional Bruta es una medida que da sus primeros pasos en Bután, y un ideal para el resto de países, que tanto la ONU como la OCDE comienzan a esbozar y que se compone de numerosas variables de las cuales el PIB es una más. El tiempo nos dirá -:)

Quizás sería mas justo medir el grado de bienestar de un pueblo, porque el grado de felicidad es tan íntimo y diría privado, que me resultaría muy difícil saber si los interesados son verdaderamente sinceros. Según los dictadores, sus súbditos son los más dichosos del mundo y cuidadito con llevarles la contraria.

Quizás sería mas justo medir el grado de bienestar de un pueblo, porque el grado de felicidad es tan íntimo y diría privado, que me resultaría muy difícil saber si los interesados son verdaderamente sinceros. Según los dictadores, sus súbditos son los más dichosos del mundo y cuidadito con llevarles la contraria.

La FNB es mucho más manipulable por los gobiernos. El PIB es un dato objetivo, los ciudadanos podemos valorar si crece o no, cuales son las razones, etc, si un sátrapa dice que según los estudios de su gobierno ha crecido mucho la Felicidad Nacional Bruta a pesar de la crisis, la violencia o la corrupción y que ello legitima la continuación de su acción gubernamental.....

Un tema que nos sorprende y mucho, porque de los gobiernos que llevamos conocidos apenas se ocuparon algunos del rubro del Bienestar ciudadano, y eso porque les rinde preferencias a la hora de votar y en cuanto hallaron la ocasión lo primero que hicieron fue suprimir el Estado de Bienestar. Que los gobernantes piensen en la Felicidad del Pueblo es hasta ahora inaudito. Lo del rey de Bután es una magnífica referencia.

El artículo de Pilar es muy sugerente... establece la relación entre ética y economía con un nuevo indicador, que denomina Felicidad Nacional Bruta (FNB). Resulta evidente que la felicidad es un producto ético que guarda relación con el producto económico conocido como producto nacional bruto (PNB) Sin embargo, la relación no es absoluta ya que la riqueza, en si misma no puede evitar el sufrimiento que provocan las guerras, el desamparo, y la pérdida de los seres queridos. Curiosamente, nunca me había pasado por la cabeza ese tipo de indicador. Gracias Pilar por encenderme la chispa mental.

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Sobre el blog

En el laboratorio de la felicidad analizamos experiencias, recogemos investigaciones y aportamos claves para vivir de un modo más saludable y optimista. Ponemos un microscopio para entendernos un poco mejor a nosotros mismos en nuestra relaciones personales y profesionales y ofrecemos fórmulas prácticas para incrementar nuestras dosis de felicidad en el día a día.

Sobre la autora

Pilar Jericó

Pilar Jericó. Curiosa del ser humano, de las emociones y de las relaciones personales. Es socia de la consultora Be-Up, coach y doctora en organización de empresas. Escritora de ensayos y novela y conferenciante internacional desde 2001. www.pilarjerico.com.

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