Ladrones de fuego

Cabrera Infante el de los tigres

Por: | 12 de marzo de 2012

GUILLERMO CABRERA INFANTE (1929-2005)

 cabrera

    Ya está en las librerías el primero de los ocho volúmenes que conformarán las Obras Completas del escritor cubano Guillermo Cabrera Infante. El libro es una recopilación de escritos cinematográficos, bajo el título El cronista de cine. Lo han editado al alimón Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores. Volverán a cobrar vida sus escritos, con las dos musculosas novelas, Tres Tristes Tigres y La Habana para un infante difunto, a la cabeza. Es uno de esos escritos el que viene presto a mi memoria. Fue un día de noviembre de 1979. Presentamos en Bilbao, en la librería donde yo trabajaba, la segunda de las novelas citadas, La Habana para un infante difunto.

    Su autor llegó a nuestra ciudad acompañado de su esposa, la actriz Miriam Gómez. Les recogí en el aeropuerto de Sondika. Venían de Londres, donde residían. Como estaba concertado, acudimos a varias emisoras de radio. Brillante, sutil, satírico y con un gran derroche de humor, Cabrera se lucía en cada encuentro radiofónico... 
    Cubiertos los compromisos con los medios de comunicación, nos trasladamos a la Universidad del País Vasco, en la localidad de Leioa (a unos pocos kilómetros de Bilbao). Según lo programado por la editorial (Seix Brral), figuraba un encuentro con alumnos de periodismo del citado centro docente.
    El hemiciclo del salón de actos de la Universidad estaba lleno hasta los topes. El autor de Tres tristes tigres, Vista del amanecer en el Trópico, Exorcismos der esti (l) o, Mea Cuba, entre otros ejercicios literarios, comenzó por darnos a conocer cómo gestó su nuevo libro. De pronto, varios de los asistentes empezaron a preguntarle sobre Cuba, la Revolución, Fidel Castro y el pueblo cubano. El interrogatorio parecía un tercer grado policial. Quienes preguntaban debían saber que Cabrera Infante era un firme opositor al régimen de Fidel Castro. Mientras el escritor mostraba sus puntos de vista, desde las butacas se le increpaba agriamente. Era como escapar del trueno para dar de bruces con el relámpago. La disputa se convirtió en un no sé qué y un sí sé qué, cada vez con una mayor agresividad verbal por parte de los estudiantes. Viendo el cariz que tomaba la situación, intervine para apaciguar los ánimos. No recuerdo cuáles fueron los argumentos y el tono de mi improvisada defensa. Lo cierto es que surtió efecto. Lo que estuvo a punto de convertirse en un violento y desaforado tumulto, acabó como el silencio de los nidos. 
    A la atardecida, presenté a Cabrera Infante en la librería. Dije cómo a partir del comienzo del libro, con el adolescente Cabrera Infante descubriendo el sexo, toda la obra es un constante juego de palabras, un tour de force del lenguaje. Los chistes, los gags, las parodias convierten cada página en estallantes carcajadas. Pese a la apariencia festiva, el libro requiere una atención máxima, ya que está lleno de digresiones, aliteraciones y paronomasias. Hay renovados modos sintácticos, y hasta forzamientos del lenguaje, además de referencias cultas al mundo del arte, la música, el cine y la literatura. En el momento de responder a las preguntas de los asistentes, Cabrera deleitó a todos con la gracia de su verbo caliente. 
    De vuelta a su casa londinense, el cubano me escribió dos cartas, pronta una segunda, por si no había recibido la primera. “Sé que sin ti mi presencia en el hemiciclo de la universidad habría sido un desastre. En primera porque soy refractario a hablar en público. En segunda porque mi timidez se convierte en exabrupto y agresividad al menor descuido... Luego la lectura que hiciste de mis páginas en tu librería fue magistral. Envidio tu capacidad de improvisación, tu dominio del gesto y de la voz que además no pertenecen a la pesada escuela histriónica española. No había nada aleccionante en tus palabras sino un mero compartir tu lectura –que además no proponías como única. En fin la lección de un maestro ala Ionesco”.
    Agradecí en lo que valían para mi ego (pobre gorrión de miseria) las palabras de Cabrera Infante, para dejar bien sentado lo más rápido posible que el único maestro de esta historia era él: acucioso ilusionista del lenguaje, a la manera de sus admirados Swift, Sterne, Lewis Carroll, Joyce, Nabokov, Queneau...

[siguiente personaje David Russell]

Hay 7 Comentarios

¡Qué nivel tiene este blog, que hasta figuras como Zoé Valés intervienen!
A mi modesta esquina, el escrito de Merino me ha llegado en dos direcciones. Por una parte, me ha invitado a una reflexión sobre lo variable que es el pensamiento político: cómo, en la época en que Cabrera Infante visitó Bilbao, el régimen castrista se antojaba un bastión romántico contra el imperialismo norteamericano y ahora resulta un resto un tanto histriónico que se parece más a aquello que se quería combatir. Así preferimos el pensamiento artístico (el puro, el verdadero), que no depende de modas o inclinaciones. Por otra parte, me ha traído, fresco, el aroma de un recuerdo lejano: el de escuchar la voz pausada y sonora de Cabrera, con el convencimiento de que, en ese momento y para esa idea, no cabía frase ni razonamiento mejor, y el suave reposo de recibir inteligencia y humor en acertadas dosis.
Gracias una vez más, Merino, por compartir recuerdos y agitar los nuestros.

Quizá, a muchos cubanos disidentes les cueste entender con qué romanticismo se ha visto desde fuera al régimen de Castro. A ello han colaborado muchas cosas. Obviamente en los países que han sido sometidos a dictaduras de derechas ese romanticismo ha sido aun mayor. El hecho es que hasta que no se han evidenciado las injusticias y abusos de poder del régimen con los testimonios directos de quienes los han sufrido, desde fuera, agarrados a una utopía hasta ahora imposible, hemos querido pensar que el comunismo es factible y que rebelarse contra el imperialismo de Estados Unidos y la dictadura del capitalismo es un ejemplo de valentía a seguir.
Cabrera Infante lo debía de saber, sin embargo, los tigres universitarios agitaron al suyo y, al parecer, perdió los papeles. Posiblemente sus experiencias en Cuba le hacían incapaz para contemporizar con los estudiantes. Luego, debió de arrepentirse de su actitud.
El caso es que todos llevamos un tigre dentro, y quién escribe este blog supo aplacar a las fieras en su papel de presentador-moderador-domador, y luego exponernos los hechos que evidencian, que por mucha capacidad expresiva, dialéctica y humorística que tenga un escritor, no siempre su habilidad para comunicarse, y de adaptarse a la situación ha de responder a las expectativas de sus lectores y, menos aún, en momentos complicados cuando ha de ser utilizada para adormecer a nuestros demonios interiores.

Después de leer el MAGNIFICO GRACIAS de Zoé Valdés, quizás todo lo que escriba es superfluo. En ocasiones lo breve es lo verdadero.
A pesar de todo, lo intentaré: José Luis describe muy bien el momento que se vivió en la Universidad del Pais Vasco, allá por los 80. Conozco a varias personas que allí estuvieron y como Jose Luis, al igual que un torero, hizo ese quite monumental al gran escritor .
La reacción es fácil de explicar : Cabrera Infante era un personaje de culto, para muchos lectores, por su profundo sentido de la libertad (mal entendido por muchos), por su vitalidad, por el sentido del juego, o por la ruptura con la tradición cultural cubana; luego no es extraño que aquellos alumnos universitarios, que vivían con pasiones encontradas los primeros pasos de un país democrático, estuvieran “atentos” al escritor de moda, ya que en sus cabezas habitaba un "semidios"(me refiero a F.Castro)
Muchos de los escritos de Cabrera son “mágicos” y es que no hay magia en su literatura sino imaginación; una imaginación desbordante, en ocasiones barroca, al igual que Carpentier. De igual modo hay señalar una relación interesante entre Cabrera Infante y el gran Julio Cortazar, a través de la incorporación, en su escritura, de la música, del cine,… de la vida: Es como si la Maga de Rayuela estuviera escondida entre las rayas de los Tigres de C. Infante.

Hay una frase que le gustaba decir a Cabrera, en referencia a su vieja Habana: “Las ruinas me encontrarán impávido”. Pero no fue así, cuando regresó a la Habana, en 1965, y vió sus ruinas, se encontró muy conmovido, no impávido y musitó : ¿Son éstos los restos de mi madre?
De vuelta a Madrid, se propuso reconstruir La Habana mediante la memoria y revivir su esplendor perdido. Esa labor le llevó más de un cuarto de siglo. Y es que la memoria es la primera y última máquina del tiempo.

No me resisto a trascribir un texto de Guillermo Cabrera:


“¿Quién escribe? ¿Quién habla en un poema? ¿Quién narra en una novela? ¿Quién es ese yo de las autobiografías? ¿Quién cuenta un cuento? ¿Quiénes conversan en esa imaginada pieza de sólo tres paredes? ¿Qué voz, activa o pasiva, habla, narra, cuenta, charla, instruye –se deja ver escrita-? ¿Quién es ese ventrílocuo oculto que habla en este
mismo momento por mi boca –o más bien por mis dedos?”

Gracias Jose Luis
Un saludo
Santi

Magnífico, gracias.

Como sastre de palabras, Cabrera Infante era capaz de entretelar ficciones tan reales como la vida. Manejaba el lenguaje usando diferentes pespuntes hasta armar historias repletas de humor vertiginoso y juegos de significados. Hijo pródigo de su isla, no sorprende que utilizara en sus primeros años como escritor el pseudónimo de G. Caín, el descendiente incómodo de la primera familia disfuncional del mundo: él mismo lo llegó a ser para el régimen castrista. En la cuidada semblanza que Merino construye a través de su propia interacción con el cubano, se nota el malestar que le producía hablar de política en sus compromisos profesionales. En aquel momento era difícil que la audiencia de aquella Universidad vasca lograra separar al escritor del exiliado político. La pronta intervención de José Luis consiguió que la atención volviera a caer sobre el primero, aunque el segundo permaneciera cosido en su dobladillo.

http://nelygarcia.wordpress.com. Cuando en un acto público interviene la política, es fácil la alteración de las ideologías contrarias: sin embargo la sabiduría central y el equilibrio de ambas, utilizado por usted, debería de ejercitarse en todo momento.

Como dicen al otro lado del Atlántico, qué bueno poder conocer esta otra mirada de los grandes artistas. José Luis, consigues a la vez engrandecerlos y humanizarlos. En cualquier caso, alguien como él, cuya familia se exilió a Cuba por comunista y que participó tanto como lo hizo en los comienzos del régimen después de haber sido perseguido por Batista, debería haber sido consciente de lo que le esperaba en la universidad y haber sabido manejarlo. Menos mal que contaba contigo y que supo agradecerlo, como hago yo con este reducto de arte y paz.

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Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

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