Ladrones de fuego

Nº 44904 de Büchenwald (Jorge Semprún)

Por: | 04 de junio de 2012

JORGE SEMPRÚN   (1923-2011)

Jorge

     El próximo jueves, 7 de junio, se cumplirá un año de la muerte de Jorge Semprún. Voy a recordar los dos breves encuentros, pero muy gratos, que mantuve con él. El primero cuando se presentó el Premio Planeta, Autobiografía de Federico Sánchez (1977), en nuestra librería. Al acabar el acto charlamos en un aparte con el escritor. Le comentamos los nombres de algunos autores que habían presentado sus libros en aquel ámbito, entre ellos Fernando Savater. No más oyó ese nombre, Semprún mostró su asombro admirativo por la ingente cantidad de libros que había leído el escritor donostiarra. Eran las palabras enjundiosas de un colega de profesión, cosa poco frecuente en un territorio (República de las Letras) tan hostil-envidioso-y-cainita. 
     Se sabía que algunos colegas de la piel de toro la emprendieron con Jorge Semprún, motejándolo de afrancesado. Eso fue años más tarde, a partir de ser nombrado ministro de Cultura del gobierno de Felipe González (cargo ejercido de 1988 a 1991). No le perdonaban haber escrito en el idioma de Flaubert guiones de cine para directores como Alain Resnais, La guerra ha terminado (1966), Stavisky... (1974) o Costa-Gavras, Z (1969), La confesión (1970), Sección especial (1975) o Joseph Losey, Las rutas del sur (1978). El escritor nacido en Madrid, y muerto en su residencia de París, en ningún momento quiso polemizar sobre ello. Lo imagino con la natural preferencia de querer ser tanto más un escritor afrancesado que un escritor garbancero, por muy español que luciera en el carné de identidad. Solamente si se eligen seis autores franceses de los años cuarenta a nuestros días, como por ejemplo Artaud, Gide, Sartre, Camus, René Char y Genet, y se los compara con otros seis escritores españoles de ese mismo período, los resultados se inclinan a favor de la lengua francesa. 
     Mi segundo encuentro con Semprún ocurrió cuando vino a Bilbao como ministro de Cultura. Fue en un acto informal en torno a amigos comunes. En él tuvo palabras de elogio para dos escritores bilbaínos, Luciano Rincón y Jon Juaristi. Lo dijo con todo primor y atildadura, lo mismo en el habla como en el vestir. Volvió a mostrar otro rasgo de generosidad intelectual.

    Referida en dos trazos, la biografía de Jorge Semprún empieza con el exilio a Francia, junto a su padre y hermanos, hacia el final de la guerra civil española. Cuatro años más tarde intervino como miembro de la Resistencia francesa antinazi. Es apresado, torturado y deportado al campo de concentración de Büchenwald, con el número 44904. Liberado al acabar la Segunda Guerra Mundial, vuelve algunos años después a Madrid, para formar parte en la clandestinidad del Partido Comunista de España. En 1964 es expulsado del partido, junto a Fernando Claudín, porque no se someten a dogmatismos estalinistas y semejanzas. Dos décadas más tarde es nombrado ministro de Cultura. Se las tuvo tiesas con sectores de la vida sindical, cultural y política. Le reprochaban su apoyo a la primera guerra del Golfo Pérsico. Luego se enfrentó a Camilo José Cela, quien, recrecido por haber ganado el Premio Nobel de Literatura, exige apremiantemente que le otorguen el Premio Cervantes. No lo logrará mientras Semprún permaneció en el ministerio de Cultura. Se despide como ministro, sin un atisbo de rencor, antes de finalizar la legislatura.
    Veinte años después muere el novelista-memorialista-guionista. Se fue el rebelde a quien solo las piedras rebeldes fueron capaces de edificar, un pensador comprometido con el ideal europeo. Francia le rinde honores póstumos. España no lo ha hecho todavía. ¿Lo hará algún día? 

     Ha sido cosa del puro azar el encuentro en este espacio de dos Premio Nobel de Literatura. Por arriba, Camilo José Cela, y por abajo, Doris Lessing, como siguiente personaje para el próximo lunes. Frente a ese  azar, introduzco en estas líneas la presencia de una mujer, Herta Müller, Premio Nobel de Literatura de 2009. Tras sus mejillas de leche y de carmín, Herta Müller ha reconocido sentir especial admiración por Jorge Semprún, describiéndolo como un gran hombre. Nadie  definiría mejor a aquel a quien los nazis marcaron en Büchenwald con el número 44904. Solo los números son inocentes.

                                     [siguiente personaje Doris Lessing: 11-6-2012]

Hay 8 Comentarios

Jugosísimo texto, trufado de ideas interesantes, que nos provocan y nos hacen recapacitar: la generosidad (no demasiado común, en ninguna época) de un intelectual hacia otros compatriotas de esa República de las Letras, la miserabilidad y cortedad de miras de aquellos que tildaron de afrancesado a Semprún (sin darse cuenta que, para el Arte y la Belleza, poco importan las fronteras ficticias del terreno, frente a la riqueza del espíritu), el reconocimiento de Francia a la valía de un hombre íntegro, la pequeña pincelada que delata a Cela y, en suma, el retratar sutilmente y convocar la memoria de un personaje que, en los tiempos que vivimos, de ideales rebajados y mimetismos estúpidos, nos puede marcar una estela a seguir.
Y, además de todo eso, como perla central de la semblanza, recordar que Semprún sufrió la locura abominable del nazismo y sobrevivió. Las abominaciones no deben nunca vencernos, la integridad nos impulsará a levantarnos, una vez más y siempre.
Por cierto, ¡precioso título, lleno de fuerza y verdad!

Me ha complacido Santiago Fernández por la condensación y por ilustrar el post con su comentario

En la semblanza de Jorge Semprúm que Merino nos presenta esta semana se hace evidente el poder del lenguaje. Una palabra nombra una idea, objeto o estado de la realidad pero, al mismo tiempo, “insinúa” . Como llamar a Jorge Semprún “afrancesado” y no “francófilo”. En su etimología original el primero era un término que aludía a quienes admiraban la cultura francesa. Pero la política se metió de por medio y la palabra se cargó de connotaciones negativas por lo que los “afrancesados” terminaron siendo los partidarios de Napoleón en nuestro país o sea, poco menos que los traidores o anti-patriotas. Me sonrojo ante la sugerencia de que Semprúm fuera un traidor cuando toda su biografía, vital y literaria, impugna tal suposición. Ahora me pregunto si sucede lo mismo con los números, si estos también se cargan de sentido positivo o negativo ¿Qué insinúa entonces el 44904?

Maravilloso, maravilloso, maravilloso. Un tío bueno. Un señor de impresión. Un gran escritor. Un ministro excelente. Una vida seguir para aprender. Muchísimas gracias

Un hombre magnífico Jorge Semprún, mejor persona que escritor, lo que ya es decir muchísimo. Y de magnífico gusto literario por no conceder el Cervantes a Cela. Lo malo de tener criterio propio, como él, es que terminan por echarte de todos los clubes. Él tenía el recuerdo del olor a carne quemada, a sus lectores nos queda el recuerdo de un escritor exquisito y un hombre excelente.

Querido amigo José Luis:
Gracias por este escrito tan aclaratorio sobre Jorge Semprún. Poco a poco nos vas mostrando grandes personajes, con ellos aprendemos y disfrutamos de la buena literatura, esa que ya no se estila en los medios de comunicación.
¿Quién es Jorge Semprún? ¿Un escritor español que escribe en francés, un político, un pensador, un cineasta, un comunista, un intelectual comprometido con la realidad, un preso en el campo de concentración de de Buchenwald?

¿Cómo se llama? ¿Gérard? ¿Artigas? ¿Federico Sánchez? ¿Jorge?

Desde luego su vida ha sido azarosa, ha tenido tantas vidas que ha necesitado de esos seudónimos y seguramente de algunos más para poder sobrevivir.
Semprún es difícil de clasificarle: para los comunistas ortodoxos fue un traidor, para los socialistas del poder un comunista, para los españoles fue un afrancesado, para los franceses un español, para los fascistas españoles fue un republicano, para los nazis fue carne de exterminio. Hay un denominador común en Jorge: fue un hombre comprometido y libre.

Sus obras son conocidas en círculos intelectuales, pero para el gran público han pasado desapercibidas. Una de las primeras: El largo viaje, con ella abre un camino nuevo : la literatura sobre el horror del Holocausto. Esta obra es un ejercicio de memoria de una experiencia terrible que él nunca quiso olvidar. Y es que Jorge nunca quiso olvidar, solía decir que re-COR-dar y a-COR-darse llevaban dentro el término COR( en latín corazón), dando lugar a la con-COR-dia. Quiero recordar en este contexto unas palabras suyas que en los tiempos que vivimos nos hacen reflexionar: “reclamo la memoria, no el castigo, la capacidad de recordar y perdonar sólo pertenece a la víctima. Y el mal causado por los verdugos que tantas veces han devastado la historia del hombre es irreparable; es perdonable, mas nunca olvidable”

Después de esta experiencia Semprún se vació por el partido comunista convertido en Federico Sánchez. Debido a los enfrentamientos con Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo. fue expulsado del PCE, este hecho es el germen del libro " Autobiografía de Federico Sánchez", que le valió el premio Planeta de 1977.
Años más tarde, en "Federico Sánchez se despide de ustedes (1993)", Semprún narra sin tapujos sus desencuentros con los dirigentes del PSOE, encarnado en el vicepresidente Alfonso Guerra. La lucha soterrada con el vicepresidente Guerra tiene reflejo en las siguientes palabras: "la idea que Guerra quería dar de sí mismo en las innumerables entrevistas que concedía, siempre me ha parecido insoportable. Llena de suficiencia, de megalomanía, de intelectualismo kitsch, de donjuanismo andaluz de la más vulgar especie" o aquella otra en la que decía “Guerra confunde el Consejo de Ministros con alguna de las compañías de teatro universitario que había dirigido en su loca juventud"
Pocos años antes había sid

http://nelygarcia.wordpress.com. La grandeza de un escritor se reconoce por admirar a sus colegas y obviar, a los que le envidian, o detestan. Creo que todo eso se debe, a que sabe lo que es y lo que desea.

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Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

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