Ladrones de fuego

"Antoñete": conocimiento y verdad del toreo

Por: | 13 de agosto de 2012

ANTONIO CHENEL “ANTOÑETE”    (1932-2011)

Antoñete 

   El 23 de octubre de 2011, al día siguiente de la muerte de Antonio Chenel Antoñete, envié un correo electrónico en forma de carta a Manolo Molés -programa "Los Toros", de la Cadena SER-, para que se lo hicieran llegar a la actual esposa e hijo del torero madrileño.

     Queridos amigos:
    Siento enormemente la pérdida de ese gran hombre que fue vuestro ser querido. Lo de gran hombre no es una frase. Es una justa y clara definición. Todos los aficionados al toro hemos sentido hacia él un especial cariño como persona y una admiración máxima como torero. Porque fue un torero de época. Lo que sucede es que no se daba importancia, estando como estaba siempre dispuesto a ensalzar a otros toreros (a los buenos, porque sabía distinguir entre verdad y apariencia). Además, como lo teníamos tan cerca de la realidad cotidiana del toro, no daba tiempo a verlo ni juzgarlo como el torero excepcional que llegó a ser. 
     Tuve la suerte de verle torear de novillero en Bilbao varias tardes seguidas. Él y el venezolano Joselito Torres alternaron juntos, al menos un par de veces. Aquel Antoñete de entonces tenía dentro de sí la tauromaquia entera en su cabeza y en sus venas. Cincuenta años después se lo recordaba al propio Antonio, argumentándole que cuanto fue después –que fue mucho y muy bueno–, era una prolongación mejorada, según mi parecer, de lo que apuntaba el tesoro de aquellas jóvenes muñecas. Y el diestro dijo estar totalmente de acuerdo...

     Mas yo estoy aquí, tecleando en este ordenador de sueños, para deciros lo siguiente (con el mayor de los respetos y el mejor de los sentimientos):
     creo que los muertos son los mayores dadores de vida para aquellos a quienes quisieron y para los que les quisieron. La vida no puede acabar en el morir, si el recuerdo de quienes les amaron es ahondado, duradero, permanente. Lo señaló Cicerón con acuciosa profundidad y precisión: “La vida de los muertos está en la memoria de los vivos”.
     Más todavía: considero que la gran herencia que nos dejan los muertos consiste en estar presentes en imagen viva (evocación viva) con todos nosotros. Esa imagen viva es su más alto don. Es como si quisieran estar vivos, exclusivamente para que vivamos sin pena ni depresiones ni negruras futuras. Ya la muerte no les afecta. Por el contrario: su muerte viene a ser un aliento de vida (vida que será más vida a cambio de sobreponernos en todo momento) (porque la vida es una suma de interminables momentos).
     Con un conmovido abrazo, (mi nombre y apellido)

    * Pese a que la carta vaya dirigida a la actual esposa del torero, Karina Bocos, y su hijo, el texto de condolencia se hace extensivo a su primera esposa, Pilar López-Quesada, y sus seis hijos.

    ** La imagen parece corresponder a un viejo torilero, en espera de recibir la orden de abrir la puerta de los chiqueros. No es así. Se trata del propio Antoñete, un torero con más de cuarenta años poniéndose delante de los toros, pasando por fases repletas de altibajos, retiradas y reapariciones. Entre otros muchos, dos toros marcan la cima de sus éxitos. Los dos corridos en la plaza de Las Ventas (Madrid), como son el toro blanco de Osborne, Atrevido (1966) y el toro de Garzón, Cantinero (1985). Esa dilatada historia profesional le fue posible gracias a su profundo conocimiento de los toros, junto al valor-verdad-pureza implícitos en su toreo. Queda su nombre en la memoria

                                [siguiente personaje Joaquín Vidal: 20-8-2012]  

 

 

Hay 4 Comentarios

Evocador y generoso el recuerdo vivo de diestro tan "de verdad" como fue Antoñete, el artículo de esta semana nos trae, además, un tesoro en forma de obituario, un consuelo, un alto vuelo a través del tiempo, la pérdida, la rebeldia ante ésta, la fortaleza para seguir adelante, el amor siempre fresco y fragante cuando es sincero y hondo.
Vale para el diestro y vale para cualquier ser amado que se haya alejado (al menos en apariencia).
Grande Merino, con el hermoso pretexto de abrazar la memoria de Antoñete nos ha ofrecido una auténtica perla de conocimiento del corazón humano y sensibilidad para alumbrar alguno de sus ángulos más oscuros y otorgar paz.

Qué razón llevas José Luis cuando dices que la vida se compone de pequeños e interminables momentos, que cercenan el tiempo y dividen el espacio, en un antes y un después. Cada uno de ellos nos deja una débil huella en nuestro ser: una arruga de preocupación, unos ojos vivos de emoción, unas palabras seguras, una música que nos susurra la armonía, el recuerdo del aire fresco en nuestro rostro, la voz de un amigo, la lectura de un texto memorable, la emoción de un discurso, la impresión de una bella obra artística, la limpia mirada de un niño, la despedida de un ser querido,..
Me gustaría pensar que el famoso toro blanco de Osborne dejó a Chenel una mecha blanca en su cabellera, una huella imborrable que paseó por plazas y micrófonos.El crítico del periódico ABC D. Antonio Díaz-Cañabate realizó una magistral crítica de la faena “Este “Antoñete” esta superior, está por encima del toro. ¡Chico, que manera de torear! ¿No se te cae la baba de admiración? A mí, sí. ¡Ves tú! Esto es diferente, esto no tiene nada que ver con lo que vemos todos los días, con lo adocenado, con lo trivial, con lo grotesco”, “Mira esos apuntes de verónicas. No está mal; cortitos, pero finos, suaves”.
Chenel es uno de los grandes toreros de la historia, no sólo por torear bien, también por destilar un profundo amor y cariño por todo lo que significaba el mundo taurino. Y es que cuando las cosas se hacen con cariño, valor, verdad y pureza( como José Luis pone en todos sus escritos) el éxito está asegurado.
Como dije en un escrito anterior no soy aficionado a los toros pero admiro profundamente a las personas que dedican toda su vida en pos de la perfección, sea artística, científica o deportiva. Antoñete, demostró lo largo de sus sesenta añostaurinos que la búsqueda de la verdad y la autenticidad se puede encontrar en el toreo, con temple, arrojo, estudio y mucho valor.
El gran aficionado a los toros, Joaquín Sabina, le dedicó un bello soneto:
……………………..

“Esta tarde la sombra esta que arde,
esta tarde comulga el mas ateo,
esta tarde Antoñete(dios lo guarde)
desempolva la momia del toreo.

Esta tade se plancha la muleta,
esta tarde se guarda la distancia,
esta tarde el mechón y la coleta
importan porque tiene importancia.

Esta tarde clarines rompehielos,
esta tarde hacen puentes las tormentas,
esta tarde se atrasan los mundiales.

Esta tarde se mojan los pañuelos,
esta tarde, en su patio de Las Ventas,
descumple años Chenel por naturales”
…………………………………………….
También hay que recordar la bella poesía de Alejandro Cintas y José Luis Cantero:

“Te criaste en la plaza de los toros,
en el barrio madrileño de Las Ventas,
desde niño te llamaron Antoñete
los maestros más famosos de la fiesta,
pero tú que ya soñabas con capotes y muletas
y vestido de torero, torero.
El girón de luna blanca que

Era una delicia escuchar sus comentarios con Manolo Moles. Sólo hablaba cuando era necesario, cualidad tan admirable como difícil de encontrar. Se le adivinaba el aire triste y desvalido, como un galán de cine de los 50. Jose Luis, gracias por recordarlo y traerlo de nuevo a la vida: "La vida no puede acabar en el morir, si el recuerdo de quienes les amaron es ahondado, duradero, permanente"

Corría el año 1953 y en cuartel de infantería de Madrid un hombre enjuto y alto apuraba un pitillo. El destino de todos los hombres nacidos en el año 32 estaba ya escrito: tenían que pasar 2 años fuera de su entorno por el bien de la patria. Sigamos el relato. De la cantina del cuartel sale una figura espigada pero fornida, alta pero elegante, con un caminar sincero, como si supiera que nadie sabría jamás todo el arte que llevaba en las muñecas. Aquel hombre caminó ligero hacia la figura que apuraba el cigarrillo y sin más le espetó lo siguiente: -Soy torero-.
El fumador se quedó perplejo y lo miró desde la soledad de su suelo. -Es verdad, mira-. Dijo el torero enseñándole un recorte de periódico. Desde entonces el servicio militar fue mucho más sencillo para aquel sensible fumador que esperaba al destino sentado frente a la cantina y que pasó 2 años maravillosos junto a un tal Antonio Chenel actuando como espada en sus novilladas. Aquel fumador era mi padre.

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Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

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