Ladrones de fuego

Joaquín Vidal: el mejor de todos

Por: | 20 de agosto de 2012

JOAQUÍN VIDAL     (1935-2002)

Joaquin vidal

    Mientras que en otros tiempos la fiesta brava se manifestaba como un rito de vida y muerte, y era considerada como emblema de breves pasadas glorias, en la actualidad no es sino un reducto de presentes largos males. Estos males los fue denunciando el inolvidable e irrepetible Joaquín Vidal. En sus crónicas, plenas de conocimiento, gracia e ironía, ponía al descubierto las argucias fabricadas por la dominante tríada compuesta por empresarios-ganaderos-toreros. 
    Vidal vivía apartado del trasmundo de los toros. Huía del taurinismo como de la peste. Él asistía a las ferias más importantes de España para dar fe de lo que acontecía en los ruedos. Enviaba las crónicas a su periódico y no quería saber más nada hasta el inicio de otro nuevo ciclo torero. 
    Por eso, y por decir la verdad sin paliativos, se le consideró un detractor de la fiesta. Ahí estaban los profesionales del halago, palmeros sempiternos de las figuras, para corroborarlo, capaces de crear tumescentes campañas en su contra. Pero como si decían misa con capuz de esmeraldas. Vidal los despreciaba con su silencio a todos y a cada uno.
    Guardo recuerdos estupendos del no menos estupendo Joaquín Vidal Vizcarro. A partir de mediados de 1998 hasta su muerte, acaecida el 10 de abril de 2002, me convertí en ayudante suyo en las ferias de San Sebastián y Bilbao. Mi labor consistía en estar atento a cualquier circunstancia que se diera en torno a cada corrida. Lo mismo acudía a la enfermería, cuando había heridos, a recoger los partes médicos, para que Joaquín los diera en sus crónicas, como escribía una pequeña columna sobre tal o cual curiosidad relacionada con esas ferias compartidas. 
    En determinadas ocasiones le vi emocionarse cuando algo excepcional pasaba en el ruedo. Allí estaba el aficionado que llevaba dentro, sintiendo los muletazos puros que ponían de manifiesto en ese momento la verdad del toreo. La eternidad es verdaderamente el instante. Vidal lo sabía, porque sabía escuchar la música callada del toreo y los gritos suaves de los mejores pases. Mas esto ocurría muy de tarde en tarde. 
    Ante la abundosa mediocridad de la crítica taurina, nada extraño contenía el bolígrafo azul de Vidal que no estuviera impregnado de verdad. Nada ni nadie le hizo cambiar. Su muerte supuso para los buenos aficionados una pérdida mayúscula. Se quedaron sin la referencia profunda, seria, cabal de aquel que contaba la verdad, sin ambages ni camelancias. 
    A partir de la muerte de Joaquín Vidal, volvieron a cobrar vuelo los reyes de la coba, esos aguamaniles de la fiesta. Algunos bajo el estigma de críticos corruptos y otros como críticos alondra (esos que escriben permanentemente para las madres de los toreros).
    Además de la relación periodística mantenida, conseguimos trenzar en lo personal un nexo de buena amistad. Todos los inviernos estábamos al corriente de nosotros y de nuestras familias respectivas, a través de cartas cruzadas. Tengo en mi poder una docena de cartas suyas. En ellas se palpa su manera de ser tierna, abierta, entrañable, trufada de seria cabalidad. Expresaba noticias y afectos con una prosa clara, honda, precisa. Sus cartas se convertían en bellas crónicas de amistad. ¡Qué pena más grande sentí cuando la muerte se lo llevó por delante!

                                [siguiente personaje Alfonso Navalón: 27-8-2012]

Hay 9 Comentarios

Sr. Ramonco, usted habrá leído y rellenado muchos cuadernos de Rubio, pero literatura como tal ha tocado poca. O quizá me equivoco, y es como el que ha recorrido el mundo y parece que nunca ha salido de casa. En cualquier caso, mejor que este blog para usted, permítame sugerirle un apasionante volumen de Vacaciones Santillana.

¡Ya apareció el alumno aventajado de la clase de primaria!
Pero, en el mundo real, fuera de academicismos rígidos y estériles, no siempre se siguen escrupulosamente las reglas de los manuales de gramática y estilo, lo que ha dado lugar, en toda la historia de la literatura, a no pocos logros, a la evolución en la transmisión de pensamientos y emociones y a estimulantes retos para lectores inteligentes y sin prejuicios.
Honestamente, creo que el escrito sobre Vidal está a la altura del propio Vidal, es ameno, tiene ritmo y, no menos importante, tiene corazón, lo que, en estos tiempos, cada vez se echa más en falta, en todos los órdenes de la vida y, por supuesto, de la intelectualidad (más allá de tal o cual coma).
De todos modos, mucho mejor que yo, expresaron lo que yo he intentado esbozar Montesquieu ("Un hombre que escribe bien no escribe como se escribe, sino como él escribe. Y, a veces, habla bien cuando habla mal") o Sainte-Beuve ("Un miembro de la Academia escribe como se debe escribir. Un hombre inteligente escribe como escribe").
Y tanto uno como otro salieron, indemnes, de la clase primaria para desarrollar su carrera literaria. Por suerte...

" en la actualidad no es sino un reducto de presentes largos males"
Insisto. REDACCIÓN ESPANTOSA. ES UNA PENA QUE, EN UN ARTÍCULO DEDICADO A UN GRAN ESCRITOR, SE COMETAN FALTAS DE PRINCIPIANTE. A ESTE BECARIO HABRÍA QUE FORMARLO MUCHO MÁS.

"Mientras que en otros tiempos la fiesta brava..."
Señor Merino: Las comas existen. Tal vez sea una noticia para usted, así que estará de enhorabuena. Entonces, esta frase, bien escrita, leerá: "Mientras que, en otros tiempos, la fiesta brava..."

" reducto de presentes largos males"
Si, en el orden en el orden habitual en castellano, primero se pone el sustantivo, y después, el adjetivo o los adjetivos, "presentes" sería un sustantivo, y "largos" y "males", adjetivos. Entonces, esta frase no tiene ningún sentido. Y, si lo tiene, se me escapa, seguramente, porque no tengo la enorme inteligencia del redactor de esta noticia.
¿No será, tal vez, "males presentes y largos", o sea, "males" como sustantivo, y "presentes y largos" como adjetivos, ambos separados por una conjunción (o una coma), como me enseñaron en la escuela primaria?

Amigo José Luis, casualmente estas vacaciones tuve la enorme suerte de coincidir con un personaje entrañable: recitador de poesías, tabernero y amante de los toros. Se llama José Emilio y su compañera Marian (desde este magnífico blog les quiero saludar). José tenía una pasión desbordante por el crítico taurino Joaquín Vidal. Me contó que acercándose la época cálida compraba el País todos los días buscando con verdadero entusiasmo las crónicas taurinas del gran Vidal. De hecho abría el periódico siempre por la página de Vidal, luego pasaba a Peridis, El Roto , Forges, … para abandonar el periódico en cualquier esquina; no sin antes recortar su crónica y guardarla en su cartera, ya atiborrada de papeles, y por la que salían las muletas, las verónicas, Los Curros, ...
Para él Joaquín Vidal era lo más. Sus crónicas hacían afición. Esa manera tan poética de describir la fiesta de los toros.
Y es que Vidal era un filósofo del mundo taurino, “El trapío -escribía Joaquín Vidal- es aquello que se ve y no se puede explicar”
Quizás el mejor homenaje que podemos hacer a Vidal es transcribir alguna de sus crónicas.

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Dedicada a la suerte de matar
“La suerte de matar a volapié es según hizo Joselito en el quinto toro: perfilarse en corto, bajar la muleta para que el toro humille, herir sin alargar el brazo, salir ligerito y limpiamente por el costillar. Esa estocada merecía una oreja y se la dieron”
Plaza de Vista Alegre, Bilbao 24 de agosto. Séptima corrida de feria( El Pais 25/7/90)
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Al toro
“Salió un toro de casta brava a eso de las siete y media de la tarde, y eran las tantas de la madrugada cuando aún discutía la afición si mereció la vuelta al ruedo que le dieron las mulillas con todos los honores, bajo una cerrada ovación del público puesto en pie”
Plaza de Las Ventas, Madrid, 7 de junio de 1990 ( El Pais 8/6/90)
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El estilo Manolete
“El toreo de Manolete fue muy discutido por los aficionados de la época porque traía unas formas nuevas que desdecían la regla clásica del parar, templar y mandar. Y, sin embargo, su éxito fue rotundo, alcanzó unas proporciones de popularidad sin precedentes y caló tan hondo que su estilo quedó convertido en norma para las posteriores promociones de toreros. Manolete hizo escuela y su manera de torear es básicamente la que han venido utilizando la mayoría de los toreros hasta nuestros días” ( El Pais, 28/8/97)
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El Yiyo
“Vino de suplente y ahí está, candidato a triunfador de la feria. Yiyo, esa es la figura. Yiyo, torerazo. Torero completo, en todas las suertes. Torero en la brega, en quites, y con la muleta, artista y dominador. El repertorio de la tauromaquía plasmé ayer Yiyo ante la asombrada cátedra de Las Ventas, y cuando ya lo había desgranado con auténtica exquisitez, se most

Esto demuestra que en los toros pasa como en todos los ámbitos de la vida, siempre son los más escasos los que dicen la verdad de frente y no lamen corvas, pero también son los que quedan en el corazón.

La personalidad del que se sabe libre es lo más auténtico que existe.

No me gustan los toros, pero las crónicas de Joaquín Vidal las devoraba.

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Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

El País

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