Ladrones de fuego

"... murales ganados con las armas en la mano" (Siqueiros)

Por: | 15 de octubre de 2012

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DAVID ALFARO SIQUEIROS  (1898-1974)

 

     El Poliforum es un edificio ubicado en una zona céntrica de la ciudad de México (Distrito Federal), con ocho mil metros cuadrados de superficie pintada. Fui a entrevistar a su autor, el muralista David Alfaro Siqueiros. Nos sentamos en las escalinatas de entrada al edificio. Con sus ojos de pájaro en reposo, Siqueiros se cubría la cabeza con una gorra de la época bolchevique. Parecía un tipo recién salido de una reunión clandestina. Fumaba sin parar, a la manera de los artistas de la Paramount de los años cuarenta. Mientras conversábamos pasó un ciego tanteando las paredes con un bastón rústico de puño corvo, como surgido de una película de Buñuel. Fue verlo y no verlo.
    Más que entrevista, Siqueiros convirtió nuestro encuentro en una batería de monólogos. No necesitaba preguntas, porque lo que él quería era dictar doctrina política. Quiso dejar bien claro que el derecho a la pintura mural, lo arrancaron por la fuerza gracias al prestigio alcanzado con su participación directa como soldados y oficiales en el ejército de la Revolución Mexicana. 
    En muchos de sus murales repartidos por el Distrito Federal, como el mismo Poliforum, aparecen Marx, Lenin y Zapata. Para Siqueiros esas tres personalidades eran las que representaron un movimiento trascendente durante la primera época. Y remachó: “esos murales nosotros los hemos pintado, porque ganamos la batalla con las armas en la mano”.
    Cuando le mandé la transcripción de la cinta magnetofónica, me la devolvió con algunas correcciones. Se trataba de aquellos pasajes en los que había adulado en exceso a Stalin. Posiblemente se dio cuenta que no se puede comer el pastel y conservarlo. 
    Más tarde descubrí, documentalmente, cómo en algunos puntos de los discursos que fabricó para mí pareció olvidarse de los estimulantes meses de 1936, época en la que tuvo abierto un taller de pintura en Union Square de Nueva York. El contacto mantenido entonces con los jóvenes admiradores suyos, entre ellos Jackson Pollock –quien fuera más tarde adalid del experimentalismo gestual o action painting–, fue determinante para moderar su manera de pensar. En un discurso del Congreso de Artistas –dictado en suelo estadounidense–, Siqueiros reconoció que la más moderna generación de pintores mexicanos había abandonado la tradición reciente del mural y se había dedicado a “problemas formales independientes del contenido social”. Otra vez el verbo goloso volvía a ponerle en situación comprometida. 
    El mundo del arte tiene esos vaivenes. Se pasa de la pintura por decreto –“con las armas en la mano”, para decirlo a lo Siqueiros–, al juego de ponerle bigotes a la Mona Lisa, sin ningún pudor. Algunos artistas, en vez de darse loción de afeitar, se pasan por la cara un paño con vinagre, y eso les impide, al parecer, notar que existe diferencia entre arte y documento.
    Pero nadie le puede quitar al artista mexicano el mérito de haber pintado miles de metros cuadrados de mural. Ahí quedan para la posteridad sus formidables-potentes-e-inmensas oraciones laicas. No es lo mismo un centímetro cuadrado de verde, que un metro cuadrado de verde, según puntualizaba Paul Gauguin. Puede parecer una obviedad y, sin embargo, no lo es. 
     En cuanto a lo que quiera decirnos fuera del hecho mismo de pintar, no veo razón alguna para creerle a pies juntillas, aunque lo vaya a jurar por el barro de sus zapatos. Prefiero el olor a pintura, en la seguridad de que los colores no saben mentir.

* En la imagen: autorretrato de Siqueiros

                                    [siguiente personaje Sthepen Vizinczey: 22-10-2012]

Hay 9 Comentarios

Estando en México DF, visitando la casa museo de Frida Kalho que compartió con Diego Ribera, sorprendía el fervor por Stalin que se desprendía de algunas paredes. Pero debería comprenderse que, en la época, para los utópicos y para los bienintencionados, Stalin era el abanderado en la defensa de los obreros, campesinos, explotados y miserables del mundo en general; su esperanza.
Visitando la ciudad Maya de Teotihuacán, sorprende que desde sus colosales pirámides rodaban cabezas de pobres desgraciados. Pero en su época eso representaba el bienestar de la gente, el sacrificio de unos para aplacar la ira del dios sol contra la población en general.
El arte está en el tiempo, y en cada tiempo una utopía, una solución inconclusa y frustrada. Mas la pintura de Ribera y de Kalho ha traspasado el tiempo.
Unos cuantos centenares de años antes, unos señores vestidos de armaduras y provistos de pólvora y de ignorancia irrumpieron en una de las culturas más importantes de la historia. Cometieron el mayor genocidio conocido y todo eso era para salvarles del pecado en el nombre de Cristo y de paso esquilmarles sus riquezas.
Ahora la salvación era la globalización propulsada por el capitalismo, pero ya representa el fracaso y la decadencia .
La formidable obra de Siqueiros remite a un tiempo pasado. Pero su proyección era el futuro y la decencia para el hombre. Su intención permanece y su influencia en el arte ha sido patente durante el siglo XX. Fue un stalinista porque era fiel a la utopia y porque militaba en la revolución. Pero el engaño y/o el autoengaño es la condición humana y, para muchos, una manera de vivir.
Ora bien: A ver cuantos han pintado murales como él.
Las pirámedes de Teotihuacán, la grandeza de la catedral de México, las pinturas únicas de los muralistas mexicanos: tres fantásticos productos basados en el engaño y en el autoengaño del hombre.

Este encuadre tan cinematográfico de la entrevista me lleva a pensar sobre la similitud que existe entre la fuerza dramática y narrativa de la obra mural de Siqueiros y el cine. Me parece muy directa, contundente y atrevida, en coherencia con ese idealismo y valentía que demostró, entre otras cosas, apuntándose a varias guerras.
Creo que no existe un arte aséptico, la obra de cualquier artista forzosamente ha de responder a unas coordenadas que proyecta en sus creaciones. Pero en el caso de Siqueiros, el arte se convierte en instrumento al servicio de sus convicciones con la pretensión de remover la conciencia del pueblo. En eso y, salvando las distancias, estos murales tienen mucho en común con las pintadas callejeras, los graffitis, la canción protesta...modos de expresión cuya existencia nos hizo y nos hace todavía sentirnos un poco más libres. Otra cosa es que su objeto no sea finalmente más que un simple recurso del artista, que no crea en lo que dice, que traicione sus mensajes, que todo sea, en realidad, otra película.
Supongo que ese ciego se dio luego otra vuelta sin ser visto, buscando más palabras sueltas en el aire que le hiciesen imaginar lo no visible o, quizá, lo inexistente, sabiendo que le había visto un escritor capaz de describirlo.

Creo que uno de los atractivos principales de este blog es la variedad, no sólo en el fondo y los personajes abordados, sino también en la forma. El artículo de esta semana forma parte de esos pequeños relatos-joya con los que nos ha obsequiado dosificadamente José Luis Merino. Entrelazado con la presentación de un ladrón tal vez desconocido para los no versados en las artes plásticas, se despliega ante nuestros ojos un cuento en miniatura, que también tiene bastante de filmográfico (al hilo de las metáforas empleadas). Somos espectadores (o casi actores) de ese encuentro con el muralista, en virtud de la descripción certera y gráfica de lo que allí ocurre y las sensaciones que van apareciendo y desapareciendo en la mente del que lo escribe.
Luego nos gana, en primer lugar, el romanticismo (tal vez un poco pasado de moda, pero por eso mismo más romántico aún) del arte como lucha, de la lucha como tal, sin ánimo de ganar, sólo por el afan de sentirse libre, poderoso, artista.
Pero, según vamos leyendo y el flamígero arranque del espíritu va dejando su poso, abandonamos el grito, las barricadas y toda su superficialidad (a pesar de su sinceridad), para reconocer que, a lo largo de toda la Historia, el mejor arte (sin duda, sin paliativos), en cualquiera de sus expresiones, siempre ha sido, no el conducido por una motivación social, externa, sino el introspectivo, el personal. Porque en lo esencial, en lo único, en lo absolutamente íntimo, está, en realidad, la esencia de cualquier hombre, no del grupo, sino del hombre. Paradójicamente, en el hermético espejo de uno se reflejan todos; el difuso espejo de muchos no refleja nada.
Basta con escuchar cualquier coral de Bach, contemplar un cuadro de Vermeer o leer una página al azar del Libro del desasosiego de Pessoa, para conducir la sensibilidad a la razón.

El Arte que expresa la voz del pueblo puede parecer propaganda pero en realidad es experiencia e imagen de lo que ocurre. Por el contrario el Arte por amor al Arte (Ars gratia artis) puede parecer introspección e incluso pedantería pero no es más que el reflejo de un espejo.

La gente olvida fácilmente, pero el arte recuerda eternamente, pienso tras leer la semblanza de David Alfaro Siqueiros. A instancias de Merino, “auscultador” de verdades escondidas, el mexicano se revela como un amplificador plástico de una doctrina política cargada socialmente. Creo que no hacía falta tanta vehemencia porque, al final y le pese a quien le pese, todo el arte en cuanto expresión de la sensibilidad humana, es social… Lo que creo que el muralista quería resaltar era la intención reivindicativa de sus obras por encima de cualquier otra consideración… pero no sé si es que no supo expresarse o le nubló la vista el gigantismo de sus muros reconquistados por la pintura.

Gracias José Luis, por el magnífico artículo.
No conocía al muralista mejicano; leo en Internet que peleó del lado republicano en la Guerra Civil Española donde alcanzó el grado de coronel en las Brigadas Internacionales. Esa fuerza pictórica, que está presente en su magnífico escorzo, seguro que también la tenía en su corazón. Una persona no puede pintar una pintura con ese destello sin tener una gran fuerza interior, una fuerza transformadora y comprometida. Es una pintura entre futurista, expresionista y abstracta en la que se reflejan las sensaciones no pintadas. Y es que como muy bien dice José Luis, en boca de Gauguin: “no es lo mismo un centímetro cuadrado de verde, que un metro cuadrado de verde”. Como la mayoría de los artistas Mejicanos se nota la influencia precolombina y la influencia colonial española.
Veo que es una obra de gran dinamismo, con un efecto dramático, que juega con la luz y los colores. Es como una escultura pintada, tratando de atrapar el tiempo en un instante.
Un abrazo
Santi

Mil perdones por la incorrección de mis dedos: "... lo que el artista le pone ..."

Otra tremenda cuestión traída de la mano del gran Siqueiros: el arte "ideológico" o el arte por el arte. En realidad, falsa cuestión, porque el arte lleva lo que el artista el pone, sea ideología, pasión, vacío, estética, todo junto, por partes ..., con intención o sin querer. ¿Mi punto de vista? Que en este mundo en el que el arte se ha convertido en una inversión más y se construyen almacenes en puertos libres de impuestos para que guarden sus obras los que las han adquirido sin verlas siquiera, nos hacen falta más Siqueiros y Merinos.

http://nelygarcia.wordpress.com Posiblemente Siqueiros utilizó la lucha armada en sus murales, por que así la sentía y aunque a un artista, como a todo ser, el tiempo lo cambie; dejó plasmado el sentir de un hombre, en una época. Creo que lo importante en arte, es expresar lo que se percibe en cada momento.

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Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

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