Ladrones de fuego

El gentilhombre Julian Barnes

Por: | 29 de abril de 2013

JULIAN BARNES   (1946-    )

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     El escritor inglés Julian Barnes se disculpó en una carta manuscrita –de letra bella y puntiaguda, semejante a la de un gentilhombre de Stratford–, con estas palabras: “Lo siento, pero he sido entrevistado tanto en estos últimos doce meses, que no puedo ni ver ninguna pregunta más”. 
     Me puse a pensar si su negativa obedecía a un hastío real o si el verdadero motivo de su renuncia a responder sería porque mis preguntas no tenían nada que ver con los temas de sus novelas. También era probable que, como me ocurriera con Doris Lessing, las preguntas le podían haber parecido absurdas y sin sentido...
     Esa simetría de silencio puede llevarnos al mundo egolátrico del creador. Todo lo ajeno a la propia creación es prescindible. En sus obras se ve como el único habitante del planeta. En cada pasaje, la precisión será tal que hará pensar en los secretos de la naturaleza...
     La escritura produce no pocas patologías, sobre todo durante la gestación de las obras. No importa que se trate de grandes logros o de ínfimos resultados. Si el creador es artista de verdad se verá impulsado por demonios. Cuando sus ideas sean dulces, lo serán más allá de la mermelada. En tanto sus sentimientos bajen hasta lo más abyecto, conseguirá ponernos en disposición de aceptarlo por bueno o, por el contrario, pasaremos rápidamente la página para librarnos de su efecto repulsivo. Transitará de la idiolalia a la afasia sin apenas darse cuenta.
     Julian Barnes es uno de los siete novísimos novelistas británicos de la llamada Generación Granta, junto a Martin Amis, Ian McEwan, William Boyd, Kazuo Ishiguro, Graham Swift y Salman Rushdie. Las dos novelas de mayor éxito de Barnes son El loro de Flaubert (1984) y Una historia del mundo en diez capítulos y medio (1989). Le siguieron otras, Hablando del asunto (1991), El puercoespín (1992), junto a dos novelas, finalistas del Premio Booker, Inglaterra, Inglaterra (1998) y Arthur & George (2005), además del libro ganador del Premio Booker, El sentido de un final (2011).  
     Este racimo de autores podrían ser los primeros en asegurar que la vida de las palabras y la de los que viven de ellas es un respirar continuo, mientras el mundo va fabricando sus días sin fin. Todos estamos inmersos en ese barro. 
     De todo ese barro, distingo la figura del poeta, como alguien que inspira más compasión que la del novelista y, aún mayor, que la del filósofo. Al poeta le importa, por encima de todo, sentir que expresa por medio de palabras todos los movimientos que no puede realizar. Sabe, o cree saber, que en el arte de escribir hay un objeto que solo se encuentra en el escrito mismo. Y por saber todavía más, él –que se mueve dentro del no saber–, sabe que a nadie se le obliga escribir. Se escribe porque está en la sangre de cada cual o porque no se vale para otra cosa...
     Alejé de mí la evocadora ausencia de Julian Barnes, reafirmándome en que su negativa a contestar las preguntas que le envié a su casa de Londres –debidamente traducidas al inglés–, era por no haberle preguntado sobre sus novelas o por las obsesiones vividas en ellas... 
    La mayoría de los novelistas o aquellos adscritos al yo-me-amo-a-mí literario piensan que fuera de su universo de ideas y proyectos lo demás no existe. Toman la novela como el cetro máximo de la literatura. No siendo así, me cuesta creer que Barnes haya pensado que si accediera contestar iba a notarse que tiene los pies planos o cosa parecida.

                                [siguiente personaje Augusto Roa Bastos: 6-5-2013]

Hay 5 Comentarios

Yo creo que escritor es quien enseña escribiendo. No me refiero a lo didáctico, sino a lo que está oculto o apagado en muchos de nosotros.
Solo que el poeta lo hace con menos líneas y está más atento a la pusión. Y el tiempo es el que es. Por ejemplo: hoy es tiempo de Quevedo o no existe el tiempo para el poeta. y por eso escribe. Bueno,...
Agradezco la presentación. No he leído a Barnes.
Pero me cuesta pensar en egocentrismo aunque si lo dices, puede ser cierta evidencia pasajera.
¿Eso es egocentrismo o son orejeras?
Hay que tener en cuenta que no siempre se está preparado para responder; más aún cuando se acaba de hacerlo. Un libro es una respuesta, o más, a una pregunta. Y quizás las que le enviaste, no le interesaron.
¿Cuál era tu interés? ¿Crees que no deseaba mostrarse sino como el escritor?
Es dificil y estoy contigo en que merece la pena el esfuerzo. Y entiendo tu decepción.

Siempre he pensado que uno escribe porque le gusta leer. Al menos ese es mi caso y apostaría a que es también el de muchos otros. Merino, en esta entrevista que no pudo ser de Julian Barnes, reflexiona sobre el significado de la literatura para los que la aman y no pueden pasarse sin escribir aquello que anhelan haber leído. Creo que los escritores, al menos los de ficción –me abstendré de opinar sobre los poetas-, son inconformistas crónicos que buscan capturar con palabras las sensaciones, sentimientos y experiencias que se perderían de otra manera si no se grabasen en negro sobre blanco. Son caza-humos y letra-dependientes, inventores de realidades que multiplican la nuestra. Hoy, esta entrada del blog, nos habla a todos los amantes de la literatura pero, en especial, a los que rellenan(mos) cuartillas con permiso de la imaginación.

http://nelygarcia.wordpress.com. La escritura se introduce en el interior de los personajes creados, para que emerjan sentimientos inconfesables, o extraños, que de alguna forma permanecían en estado latente, dentro de las profundidades del creador. Como usted señala la vida de las palabras, al igual que toda existencia, respira entre contradicciones y a veces inconscientemente, en egocentrismo.
La poesía es la esencia libre y sincera, que vuela por encima de todo razonamiento.
http://www.fabook.com/pages/Nely-Garc%C3%ADa/368054793274553?ref=hl

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Muchas gracias, José Luis, por haberme "abierto el apetito" de Julian Barnes, novelista al que ahora me acercaré con el refrendo de tu pluma. Tantas veces nos resulta imposible llegar a las verdaderas razones de alguien ... De ahí una de las múltiples magias de la poesía, eso no importa, importa lo que nosotros vemos y sentimos a través de ella. En la novela, sin embargo, habiendo menos del autor, éste importa más. En cualquier caso, con las distintas formas de arte pasan cosas parecidas, y es que todos los artistas tienen sus pequeñas o grandes formas de locura, y el hecho de que las deriven hacia el arte hace que gocen de mi (casi) plena indulgencia.

¡Bendita "evocadora ausencia", la de Barnes, que provoca una reflexión tan honda y certera sobre el acto literario y la egolatría del creador!
Merino nos interpela, una vez más, nos sacude y nos empuja al borde del abismo, para obligarnos a contemplar el laberinto del creador, sus extásis y sus mediocridades e, indefectiblemente, su incurable vanidad. Además, delimita la sutil línea que separa la poesía del resto de disciplinas literarias, otorgándole la corona merecida del pensamiento.
Resonarán en mí, toda la semana (y más), dos frases: "Todos estamos inmersos en ese barro" y "Se escribe porque está en la sangre de cada cual o porque no se vale para otra cosa". La vida es literatura y la literatura es la vida, fuera de esto, en realidad, no hay nada, salvo el amor.

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Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

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