Ladrones de fuego

Oraciones laicas de Vicente Rojo

Por: | 20 de enero de 2014

VICENTE ROJO (1932)

Vicente_rojo

      El pintor-escultor-grabador Vicente Rojo nació en Barcelona, en 1932, y vive en México, desde 1949. Pasó de republicano catalán a convertirse en republicano mexicano. Su quehacer plástico se ha desarrollado a lo largo del tiempo en encabalgadas series: Señales, Negaciones, México bajo la lluvia, Pirámides, Códices, Volcanes construidos, Frases, Alfabetos,... Vicente Rojo ha acompañado con imágenes a poetas como Octavio Paz, Álvaro Mutis, José Emilio Pacheco, José-Miguel Ullán, Olvido García Valdéz, Andrés Sánchez Robayna, entre otros. Sin apenas salirnos de la poesía, algunos escritores han ponderado las excelencias de este artista. Menciono a los mexicanos Juan Rulfo y Octavio Paz, y al español José-Miguel Ullán. Con todo, quiero significar la presencia viva  de la lúcida intensidad (murmullo de ribera) de las respuestas de Vicente Rojo, expresadas a continuación. Son como plegarias u oraciones laicas. "La lucidez es la herida más próxima al sol", recordaba el poeta René Char. Algo tiene la poesía cuando son tantos quienes la ignoran...

     ¿El arte es la apoteosis de la soledad?
    
 Siempre me ha parecido imposible (a mí y creo que a algunos otros, incluso famosos) precisar lo que es el arte. Si trato de explicar mi trabajo (algo que me resulta difícil), sí considero que lo puedo definir como una contradicción: sólo pienso que puede ser compartido si lo hago en la más absoluta de las soledades.
     ¿Tenía razón Antonin Artaud, cuando dijo al llegar a México que los artistas son, en el plano social, esclavos del sistema?
    
Para Artaud, que era un antisistema, todos los seres humanos somos esclavos. Claro que algunos más que otros, pero ¿cómo saberlo? ¿Artaud se salvaba? 
    ¿La emoción puede llegar a convertirse en una idea?
    
Las ideas surgen, por supuesto, de las emociones: lo mismo del amor o del desamor. La emoción mayor es la libertad.
    ¿El gran arte es suave como la inocencia, obsesivo como el juego e imprevisible como la duda?
    
No creo que el gran arte sea suave. Según me parece entender, sí es obsesivo, pero por supuesto tan poderoso como la inocencia, el juego o la duda.
     ¿Hay colores tímidos-exaltados-tristones-emotivos? ¿Algunos colores son más locos que otros?
    
Para cada obra, los colores tienen valores propios. En mi caso, la relación entre ellos es lo que me inquieta: no es el mismo un azul junto a un rojo que junto a un ocre. La locura está siempre presente.
    ¿El arte es el presentimiento de la verdad?
    
 Ya se ha repetido muchas veces: El arte es la verdad a través de una mentira. No recuerdo quién fue el primero en enunciarlo con tal precisión.
    ¿El artista persigue todos los días ir al encuentro del niño que lleva dentro?
    
Si me permito hablar de mí mismo (lo que ya he dicho, se me dificulta), no voy al encuentro del niño que fui, sino del que sigo siendo
     ¿Pintar es tener un misterio que decir... y decirlo?
    
La pintura es un gran enigma que se abre a muchos misterios. Cómo desentrañarlo es el misterio mayor.
    ¿Se hace arte para humanizar la realidad?
    
Si existe alguien que hace arte para humanizar la realidad, la propia realidad lo desmentirá.
    ¿El arte es la mayor inocencia del hombre? 
    
Sólo de manera inocente (y aquí aparece el niño de nuevo) es como el arte existe.
    ¿No es enfermiza la insistencia en preguntar qué es el arte, y no preguntarnos qué son los pájaros, el mar, el aire, las flores y los acantilados? 
    
La respuesta está en la pregunta: los pájaros, el mar, el aire, las flores o los acantilados, eso es el arte.
    ¿Los proyectos son países para el que los tiene y arena para los demás?
    
De nuevo las contradicciones: un país propio busca siempre la percepción (si tiene éxito) de los demás (si es que existen convertidos o no en arena).

                              [siguiente personaje William Saroyan: 27-1-2014]

                       

Hay 7 Comentarios

Qué profunda respuesta: “ la emoción mayor es la libertad”
La foto de Vicente trasmite paz, compromiso. El creador con su obra, los brazos cruzados, enfundado en una chaqueta azul, sonrisa infantil en sus labios, una mirada limpia. Vicente está como esperando algo al otro lado de la foto. Es una foto que emite luz.
Él es uno de los grandes artistas mexicanos. Artista plástico, diseñador grafico, director de arte, periodista, maestro impresor. Es miembro de la llamada “Generación de la Ruptura” que fue la que “terminó” con la tradición artística de los grandes muralistas mexicanos; si bien a él le gusta más la expresión de la “generación de la apertura”, ya que en sus creaciones ha ido experimentando con nuevos lenguajes visuales, y expresivos.
He leído algunas declaraciones suyas, me quedo con la siguiente: “Trabajo con triángulos, círculos, cuadrados, pirámides o conos, por ejemplo, que son formas que nos rodean. En una mesa hay rectángulos; si vemos un coche, ahí están los círculos de las llantas… Aunque en mi obra no hay figura humana; mis diseños están basados en elementos geométricos muy reales y concretos”
Es curioso que los elementos más imaginarios como son las ideales figuras geométricas se conviertan para Vicente en los más reales elementos. Curiosa paradoja.

Sé que a Vicente no le gusta hablar de su vida personal; quiero desearle mucha felicidad junto Bárbara y recíprocamente. Un abrazo para los dos.
Por último, quiero agradecer especialmente el buen hacer de José Luis Merino por acercarnos cada semana a personas tan interesantes. Gracias José Luis.
Un saludo
Santi

Cuando, a través de su larga e importantísima serie “México sobre la lluvia”, uno se sumerge en la pintura de Vicente Rojo, le sobrevienen impresiones y sensaciones de tal potencia plástica que se diversifican en múltiples puntos de vista que resumidamente voy a plantear:
Vicente Rojo utiliza la lluvia como una lente tras la que ve aumentado, pormenorizado y alucinado el país que habita , conoce y ama. A lo largo de ésta serie, [el agua, la geometría (siempre en diálogo con el color que se desborda), el goteo texturial, los colores, la artesanía de los pueblos mexicanos, las tramas hipnóticas de los textiles indígenas, la tierra y el polvo y la sangre, los volcanes, el movimiento perpetuo, la emoción abstracta, la cascada infinita, los cambios constantes de luz, el olor (porque la pintura de Rojo es olfativa), el mar (que es devuelto por las nubes a la tierra en un tiovivo eterno), las pirámides de Teotihuacán pero también los perfiles de las fábricas, el arco iris, la vibración... en fin, una obra que alimenta los ojos y se columpia por los estómagos. Obra universal producida desde el regazo de una melancolía que inunda al observador] se respira el caleidoscopio que es México.
Pero la lluvia también es sonido. Estos cuadros de Vicente se oyen y se escuchan (como tambores) y se tocan con los ojos que juegan en el ilimitado baile del agua; de la pintura.
Aquí hay, sobre todo, pintura pura en un almanaque de colores serpenteantes y profundos. Una suerte de psicodelia mística.
“México bajo la lluvia” es como un acorde de guitarra interminable y multiplicado por mil en el tiempo y en el espacio, en el cerebro y en el corazón, en la realidad (real como el ojo mortal, perecedero, pero perenne en su intensidad transitoria) y en la imaginación, entre el agua, la tierra el aire y la luz.
Toda la extensa y meticulosa obra de Rojo es un tratar de alcanzar la libertad a través de una pugna, o quizás una alianza, o tal vez un pacto, entre un instinto constructivo y una ambición lírica. O como dijo Octavio Paz: “Rojo es riguroso como un geómetra y sensible como un poeta”. Una sensibilidad que recibe el poso del plácton que Vicente ingirió en su Mediterráneo originario y que él une y disuelve con las culturas mexicanas diversas e incisivas entrelazadas con sus experiencias vitales.
Paul Klee y Antoni Tápies son dos de sus referencias pero su trabajo está trufado de la inercia de su propio caminar, un caminar que ya es vuelo universal.
Solo por la serie “México bajo la lluvia” se puede considerar a Vicente Rojo uno de los más importantes pintores del continente americano de todos los tiempos. Pero todas sus series (y me acuerdo ahora de una: “Paseo de San Juan”) rozan una altura que se convierte en vértigo para el espectador. Un vértigo gratificante, pues toda su extensa obra navega entre el misterio y la revelación.
Gracias, Vicente Rojo, por pintar bien.

No sé lo que es el arte, pero este señor hace del razonamiento un arte.

Dejo enlazado un microcuento sobre el arte y como cambia su significado con la edad. Si les apetece leer, pinchen mi nombre.

¡Un saludo!

El misterio no radica tanto en el arte en sí como en el artista, individuo incomprendido por causa de su sensibilidad exacerbada que le hace percibir la realidad de maneras extra-curriculares. Para un pintor, un cielo sin nubes no es solo una mera mancha azulada: es una apuesta a las infinitas posibilidades que la emoción reflexiva puede generar en el ser humano. Vicente Rojo encontró en México una forma distinta de hablarle a los colores, las formas y los volúmenes. A través de su conversación con Merino encontramos a un artista que vive sumergido en la contradicción y que venera la naturaleza como el lienzo último.

No conocía a Vicente Rojo, hasta que ha entrado por la ventana de los "ladrones" de José Luis Merino.
Por la foto, parece un hombre bueno, sereno y dulce. Por sus respuestas (de un nivel superior a muchas de las reflexiones de los artistas plásticos que, sacados fuera de su medio a la abstracción e incorporeidad del pensamiento, a veces resultan demasiado insípidos) a las densas y certeras preguntas, se trasluce alguien profundo, a quien el tiempo ha otorgado sabiduría sin perder la sencillez ni la nitidez.
En verdad, se trata de oraciones laicas porque, así como el arte, según Vicente, son los pájaros, el mar o el aire, la plegaria, como medio de acercarse más a la propia esencia del hombre (o a la Belleza, o a Dios, ¿no son tal vez lo mismo?), puede elevarse en la contemplación de un ocaso, en la delicadeza de unas rosas que ya se inclinan un poco más o en la certeza de la primavera cuando aún recrudece el invierno.
Deliciosa entrevista.

Pienso que el arte transciende todo razonamiento.
Sentir los momentos y plasmarlos por medio del color, es una línea entre muchas otras.

Grande Vicente Rojo, que ha sabido ser único y ha tenido la rara humildad de los genios de poner su arte al "servicio" de otros. Me quedo con la madeja de sensaciones de sus pensamientos, arte locura, obsesión, inocencia y enigma.

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Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

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