Ladrones de fuego

Carta a William Saroyan

Por: | 27 de enero de 2014

WILLIAM SAROYAN   (1908-1981)

William-saroyan1

    Carta dirigida a William Saroyan en el momento de su despedida del mundo de los vivos. 
    Querido William:
    El otro día dieron la noticia de que habías muerto, allá en tu casa de California. Dijeron que al saber que tenías una enfermedad incurable, llamaste a tu editor para preguntarle, “y ahora, ¿qué?”. Parece que te estoy oyendo, porque eso es la vida: para cuando te quieres dar cuenta estás preguntando, y ahora, ¿qué? Toda muerte trae consigo esa eterna pregunta...
    No encuentro mejor respuesta como volverme a ayer... Y me fui a tus libros. Ahora estoy sentado al borde de tus labios, escuchando cuanto dices. Te aseguro que al leerte es como si no hubieras muerto.
    De tu extensa producción literaria, novelas, cuentos, piezas teatrales, incluidos los inolvidables títulos como El tigre de Tracy y Mi nombre es Aram, a mí el que me gana por encima de todos es el libro que escribiste en París, cuando ya eras un escritor consagrado. Me refiero al titulado Cartas desde la rue Tibout. Me gusta, porque se adapta a la definición de Franz Kafka: “la forma epistolar implica descubrir una rápida vicisitud de un estado permanente, sin que la rápida vicisitud sufra las consecuencias de su rapidez; implica dar a conocer un estado permanente mediante un grito, y que la permanencia coexista con el grito”.
    Sigo. A través de tus cartas he sabido cómo eres. Me interesa todo lo que dices en ellas. En esas cartas aparece tu vida entera: el origen armenio de tu familia; la pobreza de la infancia; tus incontables oficios para poder contribuir al sustento familiar; la calle (la siempre dura y, al mismo tiempo, maravillosa calle), esa universidad de donde salen los mejores escritores; en fin, tu yo entero en esas cartas...
    Y es por eso que al reparar en tu juvenil oficio de vendedor de periódicos, he querido escribirte esta carta de despedida, justamente desde un periódico. Es un periódico que está lejos de California; pero eso no le hace, porque las palabras viajan, viajan y se unen a los hombres, y los pueblos...
    Claro que también sé que si uno pone aquí, fulanito ha muerto, eso no es nada en comparación con la verdad. Tú sabes que no siempre reparamos en las gentes desaparecidas en el entretejido de la ciudad donde vivimos. Gentes, cuyos rostros vemos cada día, y en un santiamén dejamos de verlos. Mientras para nosotros es un pequeño borrón en la memoria, esas desapariciones son mortalmente dolorosas para sus familiares. Ellos viven esos días entre la pena infinita y el desgarro interior, junto a otras muchas negruras. Las palabras no pueden dar exacta cuenta de lo realmente sentido. Lo que se siente va más allá del contenido de las palabras. Cada muerte es absurdamente incomprensible. Todo este parlamento para decirte que algunos tipos como tú, no deberían morir nunca.
    Ahora que estoy pensando en ti profundamente, se me ocurre que es una lástima que las raíces de los hombres buenos, como tú, no puedan ser traspasables. De todos modos, me conformaré con seguir escuchando el rico manantial de tu voz inconfundible.
    Agradecido por todo lo que nos has dado, recibe mi más cariñoso abrazo, con un último ruego, tomado de ti mismo: “no vayas; pero si tienes que ir, saluda a todo el mundo”.

                              [siguiente personaje José Emilio Pacheco: 3-2-2014]

Hay 5 Comentarios

Perfecta, absoluta. La despedida a Saroyan, a modo de carta-reseña periodística, tiene todo lo que debe tener y no le falta nada.
Emoción sincera y transmisible por el talento que desaparece (pero permanece, como faro, en nuestro deambular intelectual) , observación certera de la realidad que pasa inadvertida la mayoría de las veces (siendo, sin embargo, la que nos rodea y, de vez en cuando, nos ahoga sin darnos cuenta).
Cita poderosa la de Kafka (como todas las de él), entrañable la de Saroyan (que revela, en una frase, al personaje).
Primorosos, el ritmo, la redacción y la sutil naturalidad, revestida de un encantador desenfado.
"Y ahora, ¿qué?" A esperar el artículo de la próxima semana, para volver a sentirnos agasajados (y, mientras, tal vez releer algo de Saroyan).

Gracias José Luis por esa carta.
Uno de los momentos más agradables de la semana es abrir tu blog y leerte. Es un placer. Eres capaz de ordenar las palabras bajo un todo poético, como si de una melodía se tratara. Frases cortas, en ocasiones largas, pensamientos ,.. se alternan formando una gran orquesta de palabras y sentimientos. Esa manera de escribir, tan tuya, me atrapa desde la primera línea. Es igual que sea Saroyan, Borges, Cortazar o Bach. Tú eres el verdadero protagonista de esta historia por capítulos que denominas “ Ladrones de fuego”
En esta ocasión reflexiones respecto a la despedida. El escritor H. Miller un día escribió a A. Nin “¿Qué son las despedidas si no saludos disfrazados de tristeza?”
Al leer tu carta, José Luis, he pensado lo contrario “ Las despedidas son saludos disfrazados de alegría”, alegría de saber que estamos VIVOS.
Un abrazo
Santi

"Los poetas no tienen biografías. Su obra es su biografía" decía Octavio Paz y eso parece aplicarse tanto a William Saroyan como a tantos otros que se han ido. Si escribir y leer es cosa de vivos, dialogar con un autor puede hacerse desafiando el tiempo y el espacio. ¿No es la Filosofía una conversación interminable con filósofos que han desaparecido? La literatura es algo parecido, aunque sin tla obligación de probar nada. Y si como dice Merino en este retrato del autor norteamericano, “las palabras no pueden dar exacta cuenta de lo realmente sentido” pero son un buen sucedáneo de la realidad.

¿Qué puede hacer un creador si no es, gritar en los momentos adecuados y expresar lo absurdo de la existencia como lo hizo Kafka?.
Seguramente que este escritor comprendió la urgencia, y utilizó el efímero tiempo para plasmar, por medio de los personajes, los avatares que la vida conlleva y de esa forma justificó su paso por el mundo, haciendo que su obra siga viviendo un tiempo.

Maravillosa carta que, homenajeando dulcemente al escritor, es aprovechada también como sabia y sentida despedida a todo el que nos deja. Porque toda muerte es llorada por alguien y siempre hay alguien sufriendo una despedida.

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Sobre el autor

Jose Luis Merino

Jose Luis Merino nació en Bilbao. Vive en esa ciudad. Es autor de 14 libros de arte y literatura. Trabaja en la actualidad en cuatro más, asimismo de arte y literatura. Ha tenido muchas edades. Ahora tiene la edad que representan sus palabras.

Sobre el blog

Como lo haría un fotógrafo de palabras, en este blog aparecerán retratos o semblanzas de gentes de la cultura. La mayoría de ellos son ladrones de fuego, en el sentido rimbaudiano del término. También se hablará de arte y poesía (el único ángel vivo sobre la tierra), en tanto se descubre cuánto hay de auténtico y de falso en esos dos universos.

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